Formas y géneros musicales

El término forma tiene, en el contexto de las artes plásticas, una significación que hace referencia a la apariencia, es decir, a la organización o disposición espacial que adopta la materia con que está hecha una obra. La forma hace que ésta gane significado y se convierta en un medio efectivo de transmisión de un contenido, una idea o una emoción. Aplicar este término al arte musical requiere una concepción más amplia, pero el significado sigue siendo válido. La forma musical es el modo de organización de los elementos musicales que hace que éstos tengan coherencia y compongan un conjunto unitario con sentido. Por tanto, es capaz de comunicar aquello que el artista ha querido expresar. Tal como señaló el compositor Arnold Schönberg, «la función principal de la forma es mejorar nuestro entendimiento. Al producir inteligibilidad, la forma produce belleza».

Los motivos musicales se organizan en frases, temas, periodos y episodios de mayor o menor duración, que guardan una evidente relación con las palabras, sintagmas y oraciones propias del lenguaje hablado, y, al igual que las oraciones se tienen que organizar de forma lógica para componer un discurso coherente e inteligible, los episodios musicales se organizan en formas para comunicar de forma efectiva aquello que los autores quieren transmitir al oyente. En definitiva, la forma es la sintaxis musical. Los principios fundamentales que guían la organización del discurso musical son la simetría y el equilibrio, factores que aportan la unidad necesaria a una obra. Ambos se logran mediante la técnica de la repetición y el reconocimiento de un fragmento melódico, armónico o rítmico, entre los que se intercalan episodios de contraste que proporcionan una sucesión de tensiones y distensiones. Las diferentes formas musicales son los diversos modos en que se produce esta repetición. Éstos varían en función del estilo musical, de la época en que aparecen y del gusto particular del artista.

Formas musicales básicas

Las obras musicales que constan de un solo movimiento y por tanto tienen un escaso desarrollo se conocen como formas básicas. Entre ellas se distinguen las que se articulan por medio de la repetición de frases y las que recurren a la imitación de temas. Entre las primeras se pueden encontrar las formas primaria, binaria y ternaria, el rondó, el lied y las formas imitativas.

Forma primaria

Es aquella composición musical de escasa duración constituida por una sola frase musical, llamada estrofa, que se repite varias veces. Estas composiciones también reciben por ello el nombre de monotemáticas. Entre éstas se encuentran muchas canciones populares en las que se repite la melodía y varía únicamente la letra de la canción, como las coplas estróficas y los romances.

Forma binaria

Las obras musicales compuestas de dos frases que contrastan porque presentan diferente material melódico se conocen como formas binarias. Son innumerables las composiciones escritas en forma binaria en todas las épocas históricas y en todos los géneros musicales, desde las canciones con estribillo características de la música folclórica de muchas culturas, la mayor parte de las canciones de música pop y rock, las danzas propias de los siglos xvii y xviii y numerosos lieder o canciones de concierto del periodo romántico y posteriores. Según el modo de repetición de estrofa y verso, se suelen distinguir entre formas binarias simples y compuestas.

Muchas de las composiciones de jazz están basadas en formas binarias compuestas, una de las más populares de todos los tiempos entre los compositores.

Las binarias simples son aquellas que constan sólo de estrofa y estribillo que se alternan cierto número de veces. Es habitual en este tipo de canciones finalizar con varias repeticiones seguidas del estribillo. La música popular y las composiciones de música moderna abundan en este tipo de estructuras. A veces se intercala entre alguna de estas repeticiones un pequeño interludio o puente, de duración siempre menor que la estrofa o estribillo y a menudo instrumental, que presenta un motivo melódico nuevo de poca entidad. Las binarias compuestas, en cambio, son las composiciones que disponen la estrofa y el estribillo dentro de un conjunto unitario, denominado coro, que se repite varias veces. Las binarias compuestas pueden presentar tres formas.

La primera de estas formas es característica de gran cantidad de éxitos de los musicales de Broadway de todos los tiempos y constituye la estructura más importante de los estándares de jazz, como As time goes by, de Hermann Hupfeld, la popular canción que aparece en la película Casablanca. Muchas de estas canciones están compuestas sobre frases de ocho compases que forman una estructura de 32 compases heredada de algunos lieder. Su equilibrio ha cautivado a compositores de todas las épocas y estilos.

La segunda de las formas binarias corresponde a la estructura típica de allemandes, courantes, zarabandas, gigas, chaconas, pasacalles, algunos minués y otras danzas instrumentales estilizadas que componen las suites barrocas. La estructura de estas danzas se basa en la repetición exacta de los dos episodios que las componen.

Las formas y géneros musicales «cultos» se han nutrido en numerosas ocasiones de otras formas populares como el minué. En la imagen, El minué, de Giambattista Tiépolo.

La tercera estructura binaria es la típica del blues, género de canción popular que surgió hacia comienzos del siglo xx entre la población negra del sur de los Estados Unidos. Fundamentada casi siempre en textos relacionados con la pérdida de un amor, de la libertad o cualquier otro estado de abatimiento profundo, los coros de blues lo componen generalmente dos versos rimados, de los cuales se repiten el primero y el tercero. La característica más destacada del blues consiste en el uso que se hace de las llamadas blue notes, alteraciones descendentes de algunas notas que confieren un aire especialmente melancólico a la composición.

Forma ternaria

Es aquella que se ajusta a la fórmula ternaria, es decir, la sucesión de tres partes sin solución de continuidad: una inicial, que expone el carácter melódico de la pieza; un episodio contrastante, donde se emplea material de otras tonalidades y motivos melódicos claramente diferenciados, y una tercera parte, que puede ser totalmente nueva o bien una versión más o menos alterada de la primera, finalizada con algún tipo de coda.

Ejemplos de formas ternarias se pueden encontrar en todo el repertorio musical, aunque son mucho más usuales en la música clásica. Uno de los más característicos es el minué ternario. El minué es una antigua danza francesa en compás de tres tiempos que fue incorporada de forma esporádica a las suites, práctica muy utilizada, entre otros, por Johann Sebastian Bach. Esta composición evolucionó a lo largo del tiempo desde el aire moderado y ceremonioso que tuvo a comienzos del siglo xvii hasta el vivo movimiento rebosante de ornamentación propio de los compositores clásicos. A menudo un minué iba acompañado de un segundo minué, llamado trío, porque era ejecutado por tres solistas de la orquesta para diferenciarlo del anterior. Los minués y tríos podían tener forma binaria o ternaria, pero en ambos casos era usual hacer repeticiones.

El llamado minué de tipo sonata cuenta con un minué y un trío, después del cual se repite el primer minué con o sin repetición de sus partes. En la época clásica, por ejemplo, los terceros movimientos de las sinfonías y sonatas de Franz Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart empleaban esta fórmula minué-trío-minué. El minué fue evolucionando durante el periodo clásico hacia un espíritu más juguetón y un tempo más vivo conocido como scherzo, palabra italiana que significa broma, diversión. El scherzo, que conserva la forma ternaria, fue utilizado en profundidad por Ludwig van Beethoven entre el movimiento andante y el final. Algunos repiten de forma exacta el tema inicial, y otros, como los de Beethoven, lo reexponen considerablemente variado.

Muchas de las piezas cortas de escasa duración del periodo romántico, como los nocturnos y mazurkas de Frédéric Chopin o los impromptus de Franz Schubert, están escritas en la misma forma ternaria que el scherzo, y en estas piezas la reexposición del sujeto se realiza también de forma más elaborada y rica. Debe mencionarse aquí que de todas las formas ternarias la más importante es la sonata, que se examinará con detenimiento en el epígrafe dedicado a las formas compuestas.

Rondó

En esta forma musical el sujeto o motivo melódico principal reaparece a lo largo de la obra tres o más veces, entre las cuales se insertan episodios musicales con claros contrastes. A menudo, al final de la pieza se suele escribir una pequeña coda. Esta forma musical deriva del rondeau, una danza cantada de origen francés de los siglos xii y xiii en la que la parte musical es ejecutada por un solista que canta las estrofas o coplas y el coro responde entonando el estribillo, llamado ritornello. El rondó aparece como uno de los movimientos de sonatas, conciertos y sinfonías, preferentemente en el último lugar, y es característico de los movimientos finales de las sonatas de Haydn.

Lied

Las llamadas canciones de concierto son composiciones de cámara escritas sobre todo para voz y piano –también hay lieder para voz y orquesta– cuya característica más destacable es la total compenetración de música y texto en una unidad completa, por lo que, en rigor, no cabe considerarlas meras canciones con acompañamiento musical.

No obstante, su estructura formal depende en gran medida del texto y escapa a un encasillamiento rígido, aunque se articula según periodos más o menos simétricos. Los lieder más sencillos adoptan la forma primaria estrófica y la de canción con estribillo, lo que sugiere su indudable origen en la canción popular. Los más complejos pueden tener formas binaria (simple o compuesta) o ternaria, o bien ser lieder continuos, caracterizados por seguir una forma libre que se acopla al texto de un poema.

Richard Strauss fue uno de los compositores más destacados del género lied, el cual destaca por la inusual compenetración de la música y el texto de la canción.

Los lieder, tanto por su sencillez de estructura como por su temática popular, constituyen en cierto modo la versión romántica de los antiguos madrigales de los siglos xvi y xvii, y a su vez son la fuente de inspiración de la moderna canción popular. El considerado creador de esta forma musical fue Franz Schubert (1797-1828), quien compuso más de seiscientos lieder, casi siempre sobre temática amorosa, añoranzas sobre el paisaje de la tierra natal o la infancia perdida. Otros compositores destacados de lieder son los decimonónicos Robert Schumann, Johannes Brahms y Hugo Wolf y el autor de la primera mitad del siglo xx, Richard Strauss.

Formas imitativas

Algunas composiciones no poseen una forma estructural basada en periodos sucesivos claramente diferenciables, sino en un conjunto de voces engarzadas de modo contrapuntístico que se imitan unas a otras. Las obras contrapuntísticas son propias de los siglos xv y xvi y se utilizaron mucho en contextos tanto religiosos (corales, motetes y obras para órgano) como profanos (madrigales, ballatas, caccias y obras similares). Sin embargo, la técnica de composición contrapuntística alcanza también épocas más cercanas y ha sido utilizada, por ejemplo, en composiciones de música serial.

De entre las diversas composiciones contrapuntísticas, la fuga es quizá su expresión más sofisticada. Cabe advertir que existen fugas de muy diversas estructuras, tan diferentes en detalles importantes que algunos autores niegan a éstas la categoría de forma musical y prefieren hablar de la fuga como un procedimiento. No obstante, existen ciertas características formales comunes. Las fugas se articulan en tres secciones, en la primera de las cuales realizan su aparición los motivos melódicos imitados en todas las voces. A continuación se desarrolla una sección media, en la que se suceden los cambios de tonalidad; a menudo, esta sección se caracteriza por la utilización de notas largas y silencios que acentúan el contraste con la sección final, en la que se recupera la tonalidad inicial. Cerca del final aparece el llamado stretto, episodio en el que la respuesta entra antes de que el sujeto acabe, superponiéndose las dos voces. Por último es frecuente finalizar con varios compases de coda.

El madrigal es un tipo de obra polifónica cuya composición está basada en poemas de temática pastoril o amatoria y su estructura se adapta, al igual que el lied, al texto. Así, los hay que guardan el rigor estrófico, a menudo con estrofas de tres versos, y otros que poseen libertad lírica. Es habitual que los madrigales acaben con la repetición de un episodio que ayude a equilibrar la composición.

Partitura del madrigal Reina soberana de Petrus Vila (siglo xvi). El madrigal es una obra polifónica de carácter imitativo (las voces contrapuntísticas se imitan unas a otras) que tuvo mucho éxito durante el Renacimiento.

Formas compuestas

Las obras musicales que se articulan en varios movimientos se conocen como formas compuestas. Son obras, por tanto, de grandes dimensiones, y su carácter puede ser muy variable. No se examinarán aquí las grandes composiciones vocales, como la ópera o la misa, que se verán en el siguiente capítulo, sino únicamente las de carácter instrumental.

Algunas de las formas compuestas consisten sólo en una colección de formas simples. Entre ellas es destacable la suite, una serie de danzas estilizadas de estructura binaria que alcanzaron su apogeo en los siglos xvii y xviii. De éstas, las que aparecen con mayor frecuencia son la allemande, danza de origen germánico de movimiento moderado y escrita en compás cuaternario (a veces en binario); la courante, una danza viva en compás ternario cuya segunda parte es más larga que la primera; la zarabanda, danza española de probable origen árabe o persa, de compás ternario y movimiento lento, noble y austero, antecesora del movimiento lento de las sonatas y sinfonías clásicas y románticas, y, por último, la giga, de origen inglés, compás ternario y movimiento muy vivo. Además de éstas, en las suites se podían añadir otras danzas como el minué –seguido de su trío–, la bourrée, la musette, el pasapié y el pasacalle. A veces se precedía toda la colección de danzas de una pequeña pieza instrumental, generalmente un preludio, una toccata o una fantasía.

La música instrumental fue ganando en importancia hacia el siglo xvi, y en el xvii comenzó a fraguar una composición instrumental de carácter serio, articulada en varias partes de formas tanto binarias como ternarias, a la que se denominó sonata, palabra italiana que significa sonar y que se refería de forma específica a los instrumentos de cuerda, de la misma forma que las toccatas se refieren a los instrumentos de teclado y las cantatas a la voz. La primitiva sonata se dio en dos variantes diferentes, llamadas sonata da camera (sonata de cámara) y sonata da chiesa (sonata de iglesia) y compartió ciertos aspectos con la suite, sobre todo la aparición del minué y el trío. Pero lo que diferencia a la música de sonata del minué es la inexistencia de los aires de danza. Una evolución lenta de esta forma cristalizó hacia finales del siglo xviii, en pleno periodo clásico, como una de las estructuras musicales de mayor complejidad: la sonata, composición escrita para uno o más instrumentos y dividida en sus orígenes en tres movimientos.

La forma sonata y su evolución

Hacia el siglo xvii apareció un tipo de composición instrumental de forma binaria, derivada de la chanson, un tipo de canción vocal francesa y flamenca. Esta composición guarda cierta relación formal con las danzas componentes de la suite, pero carece de los aires de la danza. Se trata de una música cuyo único propósito es la música misma. La sonata del siglo xviii, o sonata antigua, posee una forma binaria y se desarrolla a partir de un único tema melódico.

A Antonio Vivaldi se le atribuye el haber establecido la pauta típica de los conciertos, estructurados en tres movimientos: allegro-lento-allegro.

La primera sección comienza con la exposición del tema en la tonalidad original, tras lo cual se realiza un desarrollo en el que se exploran las posibilidades rítmicas y melódicas del tema y se modula a la tonalidad dominante, tonalidad que se asienta con una cadencia. Esta primera sección se repite de forma exacta. La segunda sección comienza con una reexposición del tema o con un desarrollo en esta tonalidad de los motivos melódicos y rítmicos que la caracterizan, y continúa con un pasaje modulante en el que se recupera la tonalidad principal, se reexpone o desarrolla el tema y se finaliza con una fórmula cadencial final en dicha tonalidad. Esta segunda sección también se repite de forma exacta. Ejemplos de esta forma monotemática y binaria se encuentran en las sonatas de Domenico Scarlatti.

Se considera que la forma moderna de sonata comienza con Carl Philipp Emanuel Bach, hijo de Johann Sebastian y uno de los más eminentes compositores del clasicismo. La sonata moderna es bitemática y ternaria, es decir, consta de tres episodios musicales, conocidos como exposición, desarrollo y recapitulación, estructurados en torno a dos sujetos o motivos melódicos muy diferenciados. En la exposición, el primer sujeto lo componen uno o varios motivos melódicos breves de gran intensidad rítmica que aparecen en la tonalidad principal, y el segundo sujeto posee mayor interés melódico y aparece en una tonalidad diferente, generalmente la dominante o la relativa. La exposición suele terminar con una pequeña coda y la repetición del primer sujeto. Durante el desarrollo –la sección más breve de la composición– tiene lugar una elaboración musical compleja en la que se suceden las modulaciones (cambios de tonalidad), los adornos melódicos y los episodios de intensidad dramática. En la recapitulación se vuelven a exponer ambos sujetos, pero esta vez los dos en la tonalidad principal, ligeramente modificados y elaborados de forma extensa y finalizados con una coda que ayuda a asentar la tonalidad principal.

La sonata se articula en varios movimientos –a veces tres, pero, sobre todo, cuatro–, que responden casi siempre al orden rítmico o de movimiento considerado como el más equilibrado: rápido, lento, moderado, rápido. La forma particular de cada uno de los movimientos responde a la fórmula básica: primer movimiento en forma sonata; segundo movimiento de forma ternaria que puede ser un tema con variaciones, un rondó u otro movimiento sonata; tercer movimiento también ternario, normalmente un minué o un scherzo con su correspondiente trío, y cuarto movimiento de forma sonata o rondó. Todos estos movimientos se relacionan entre sí por un parentesco tonal. Debe entenderse que estas características no son en ningún caso normas rígidas, sino meras pautas establecidas por el uso, y como tales conocen multitud de excepciones. Por ejemplo, la conocida sonata en do sostenido menor Claro de Luna de Beethoven presenta el primer movimiento en forma de lied, el segundo es un scherzo y el tercero aparece en forma sonata, y la dinámica de tempos es adagio-allegretto-presto.

La sonata es una forma compositiva importante porque aparece en multitud de ocasiones. El nombre de sonata se utiliza para composiciones de un solo instrumento o uno con acompañamiento. Si se compone esta forma para tres instrumentos se denomina trío, cuarteto para cuatro, etc., y si es una partitura para orquesta recibe el nombre de sinfonía. Entre los compositores del clasicismo, Haydn y Mozart cultivaron sonatas con gran brillantez. Con Beethoven se inició la sonata romántica, que contó con partituras de grandes maestros como Brahms, Chopin, Liszt y Tchaikovski. Numerosos compositores del siglo xx han continuado escribiendo páginas con esta estructura musical.

El concierto

Una forma musical compleja compuesta para un instrumento solista (o, más raramente, para varios, e incluso para secciones orquestales) y acompañamiento de orquesta es un concierto, palabra derivada del verbo italiano concertare, que significa llegar a un acuerdo. El concierto –que surgió hacia finales del siglo xvi– fue en sus inicios una pieza destinada a una mezcla de timbres contrastantes, varios instrumentos y voces que realizan partes diferentes y se unen para formar un conjunto armonioso. El concierto con instrumento solista, tal como se conoce hoy día, data del Barroco. En sus inicios podía articularse en cuatro o más movimientos, pero fue Antonio Vivaldi quien estableció la pauta general de tres movimientos: allegro-lento-allegro. Su estructura formal corresponde a la de la forma sonata a la que se le eliminan el minué o scherzo y el trío.

Algunos conciertos se componen para dos, tres o más instrumentos solistas. Una variante típica del Barroco lo constituye el concierto grosso. En éste un grupo de instrumentos, llamado concertino, ejerce de solista y entabla un diálogo musical con el resto de la orquesta, que constituye el grosso o ripieno. Georg Friedrich Haendel escribió grandes conciertos grossi en los que los concertinos eran instrumentos de viento. Su forma musical fue, sin embargo, un tanto indefinida.

En los conciertos, el solista juega un papel esencial ya que es él quien debe expresar mediante su virtuosismo, el carácter de la obra. Habitualmente, el piano y el violín (como el que toca el afamado Yehudi Menuhin en la foto) han sido los instrumentos por antonomasia para este tipo de fragmentos musicales.

Una de las características más destacables de los conciertos la constituye el papel del solista, que debe realizar una exhibición virtuosística de sus cualidades técnicas y expresivas en diferentes episodios musicales. El momento estelar del concierto es una gran cadencia que realiza el solista, sin acompañamiento orquestal, y que aparece generalmente en el primer movimiento, justo antes de que la orquesta emprenda la repetición del sujeto temático. Antaño, esta gran cadencia se dejaba abierta para que fuera el solista quien improvisara con sus propios recursos técnicos, pero desde Beethoven es común escribir esta parte. Algunos conciertos presentan también otra cadencia al final del tercer tiempo. El piano y el violín han sido los instrumentos solistas para los que se han escrito mayor número de conciertos.

La sinfonía

Como anteriormente se ha comentado, la sinfonía es una modalidad específica de sonata cuya partitura no se destina a ningún instrumento concreto, sino que proporciona las pautas musicales de toda la orquesta. No obstante, la sinfonía presenta ciertas características determinantes que se explican a continuación.

Derivada de un término griego que significa «unión de voces concordantes», la palabra sinfonía comenzó a utilizarse para designar las oberturas de las óperas primitivas y los primeros oratorios. El término hacía referencia a la necesaria concordancia instrumental de este pasaje musical. A finales del siglo xvii quedó definida su estructura en tres movimientos: allegro, adagio, allegro. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo xviii la sinfonía se escindió en dos grupos: la sinfonía escénica y la sinfonía de concierto.

Los compositores del periodo clásico introdujeron ciertos cambios en el modo sinfónico: ampliaron los registros orquestales con mayor y más variada instrumentación y añadieron un cuarto movimiento a su estructura. La nueva sinfonía quedó fijada de la siguiente manera: un primer movimiento (allegro en forma de sonata), un segundo (andante o adagio), un tercero (scherzo o minueto) y un cuarto (nuevo allegro en forma de sonata o de rondó). El espectacular corpus sinfónico de los tres maestros del clasicismo, Haydn, Mozart y Beethoven, marcó el camino definitivo de la sinfonía. Con Beethoven, autor de transición entre el clasicismo y el romanticismo, la sinfonía se enriqueció con la aportación de la voz humana («Himno a la alegría» de la Novena sinfonía).

Beethoven marcó un antes y un después en la historia de las sinfonías al asociar la voz humana a la parte instrumental.

A lo largo del siglo XIX, los maestros románticos escribieron páginas sinfónicas excepcionales, entre las que destacaron las obras de Schubert, Schumann, Mendelssohn, Berlioz, Brahms y Tchaikovski. Con Anton Bruckner, en la transición entre finales del siglo xix y los comienzos del xx, la sinfonía evolucionó en cuanto a la complejidad instrumental y la duración de las composiciones, lo que alcanzó su culminación en la obra de Gustav Mahler (algunas de sus sinfonías necesitan la participación de numerosos solistas y grupos corales y otras tienen una duración superior al doble de las sinfonías estándar) y en otras páginas de los inicios de la pasada centuria. A lo largo del siglo, la sinfonía fue elaborada por todos los compositores de prestigio y participó de la disparidad de estilos que ha caracterizado esta compleja época artística: dodecafonismo, atonalidad, realismo, música aleatoria, minimalismo, etc. Stravinsky, Sibelius, Shostakovich, Britten y otros muchos han compuesto destacadas páginas sinfónicas en este periodo.

Formas libres

El ideal de libertad propio del espíritu romántico se reflejó en el estilo musical de muy distintos modos, entre los cuales se encuentran la profunda renovación de las formas musicales tradicionales como la sonata y la proliferación de obras menores de carácter íntimo, escritas sobre todo para piano, que expresan una impresión o sentimiento con formas bastante libres. Algunas de ellas toman en ocasiones la estructura binaria y ternaria de las grandes obras, con las que se componen miniaturas de sinfonías y sonatas, y otras son totalmente libres. No obstante, estas formas libres se articulan en torno a un motivo melódico que se desarrolla y reexpone en un contexto tonal de diversas maneras sujetas al único gusto del compositor. Existe una enorme variedad de estas obras, entre las que destacan las siguientes:

Nocturno. Se trata de una pequeña pieza de carácter poético intimista y movimiento lento que adopta en un buen número de ocasiones la forma de lied ternario. John Field fue el forjador de esta composición, elevada a sus más altas cotas expresivas por Frédéric Chopin en el primer tercio del siglo xix.

Capricho y fantasía. Ambas son obras muy similares, llenas de movimiento y de espíritu alegre. Se caracterizan por sus líneas melódicas y armónicas audaces que conducen de forma caprichosa a lo imprevisto.

Bagatela. Pieza corta para piano, de espíritu ágil, que también toma en muchas ocasiones la forma ternaria y suele finalizar con una coda de considerables dimensiones.

Impromptu. Palabra latina que significa improvisación, es una pieza que adopta en muchas ocasiones la forma de canción o lied de estructura ternaria, con una exposición, un desarrollo melódico central y una reexposición con coda. Chopin y Liszt compusieron impromptus de gran belleza.

Estudio. Pieza pequeña escrita con fines pedagógicos, con los que se intenta vencer una dificultad técnica en un instrumento. Muchos de ellos alcanzan una elevada categoría artística, como los de Frédéric Chopin, Franz Liszt y Johannes Brahms.

Durante el siglo xx, el género sinfónico se enriqueció gracias al eclecticismo musical de algunos de los grandes compositores de la centuria como Igor Stravinski (arriba), Jean Sibelius (centro) o Dmitri Shostakovich (abajo).

Durante el siglo xx, el género sinfónico se enriqueció gracias al eclecticismo musical de algunos de los grandes compositores de la centuria como Igor Stravinski (arriba), Jean Sibelius (centro) o Dmitri Shostakovich (abajo).

Durante el siglo xx, el género sinfónico se enriqueció gracias al eclecticismo musical de algunos de los grandes compositores de la centuria como Igor Stravinski (arriba), Jean Sibelius (centro) o Dmitri Shostakovich (abajo).

Momento musical. Composición musical breve de carácter íntimo, a modo de escena infantil u hoja de álbum. Schubert compuso varios memorables.

Rapsodia. Pieza musical compuesta por diversos motivos melódicos sin relación entre sí que se engarzan libremente con el único objeto de obtener un resultado brillante. A menudo se compone de dos movimientos: lento-allegro.

Poema sinfónico. Se trata de una página para orquesta que intenta transponer en sonidos musicales temas tratados por otras artes, como la literatura o la pintura. La estructura de los poemas sinfónicos es completamente libre, y puede desarrollarse en uno, dos o tres movimientos. Formalmente, su homogeneidad viene señalada por la inclusión de diversas reexposiciones temáticas que resaltan el motivo de la obra. Notables compositores de estas piezas han sido Liszt, Tchaikovski, Richard Strauss y Sibelius.

Franz List compuso numerosas obras con fines pedagógicos (estudios) que destacan dentro del panorama musical por su alta calidad artística. En la imagen, el cuadro de Joseph Danhauser Franz List al piano, en el que el compositor aparece rodeado de otros grandes artistas como Berilos o Paganini.

Formas libres de la música contemporánea. Desde el pasado siglo, numerosas composiciones de la llamada música «contemporánea» no siguen los caminos preestablecidos. Sus formas son en gran medida intencionales, es decir, se encuentran más implícitas que explícitas, y están escritas bajo parámetros musicales extremadamente variados y dispersos.

Las formas musicales japonesas están fuertemente vinculadas al género teatral, ya sea éste aristocrático (teatro no) o popular (teatro kabuki). En la imagen, representación teatral perteneciente al género kabuki.

Formas no occidentales

La cultura india desarrolló un tipo de forma musical basado en tres elementos principales: la raga, que representa la dimensión melódica de la música y que utiliza repeticiones de versos de rítmica precisa y considerable longitud; la tala o armazón rítmico, cuyos acentos siguen las inflexiones de la melodía, y la kharaja, que denomina al análogo de la dimensión tonal o armónica de la composición. Las formas compositivas indias suelen contar con una introducción de tempo lento llamada alapa, cuyo desarrollo culmina, sin solución de continuidad, en una sección de carácter estrófico cuya métrica particular caracteriza a cada uno de los ragas, y un final con fuerte presencia de percusiones, a menudo en polirritmias, que acelera progresivamente el tempo.

En estrecha relación con estas formas indias se desarrollaron las propias de la cultura árabe. La música árabe tiene una función litúrgica y ceremonial. Sus melodías, llamadas maaqam, son líneas melódicas llenas de melismas articulados en distancias interválicas más reducidas que las occidentales. La dimensión rítmica de la composición se denomina iqa y se basa en la aparición sucesiva de sonidos huecos y agudos.

Los usos musicales del lejano oriente se hallan muy relacionados con sus representaciones dramáticas. El teatro medieval japonés, llamado no, se basa en un canto ejecutado por una voz solista o un coro, con acompañamiento de una flauta de pico, llamada shakuhachi, y tres instrumentos de percusión. Este tipo de teatro aristocrático tuvo su contrapartida en el kabuki, representación popular que incorporó diversas danzas relacionadas con el budismo cuya ejecución se acompaña con los mismos instrumentos que el no. Los usos musicales de China y Japón se basan en gran medida en melodías articuladas en torno a la escala pentatónica.