El dibujo

Si bien el ser humano ha dibujado a lo largo de todas las etapas de la historia, fue durante el Renacimiento, en los siglos xv y xvi, y coincidiendo con el comienzo del uso del papel en Europa, cuando el dibujo se convirtió en la disciplina artística que hoy en día conocemos. Pasó entonces a considerarse el fundamento de todas las artes plásticas, un paso previo de gran importancia en la realización de cualquier obra.

Sin necesidad de entrar en detalles, se puede definir el dibujo como la creación de formas mediante trazos sobre una superficie adecuada, como es, por ejemplo, el papel. Para su realización se recurre a muy diferentes materiales: lápiz, carboncillo, tinta o pastel, entre otros.

Los elementos fundamentales de cualquier dibujo son el punto, la línea y el trazo. Además, un dibujo puede poseer diferentes niveles de acabado; es decir, puede proporcionar mayor o menor información sobre el objeto del mundo real que representa. Un boceto es un dibujo preliminar, carente de detalles, que facilita una primera idea del objeto. En el otro extremo se encuentra el dibujo concluido, abundante en detalles e información.

Una modalidad particular es el dibujo técnico, el cual tiene como finalidad proporcionar información precisa e inequívoca sobre el objeto representado. A diferencia de lo que ocurre en el dibujo artístico, aquí la importancia no reside en la belleza de la obra final, sino en la objetividad de la información que facilite. Para esta disciplina de dibujo se emplean instrumentos especiales, como son las escuadras, los cartabones, los transportadores de ángulos y los compases.

Un elemento de gran importancia dentro de todo tipo de dibujo, y en el dibujo técnico en particular, es la perspectiva. Mediante ésta se crea la impresión de profundidad que permite plasmar sobre el soporte del dibujo –que es plano– una parte del mundo real dotada de tres dimensiones. La perspectiva cónica y la caballera son dos de los tipos más importantes.

El punto, la línea y el trazo

En el dibujo, y en general en todas las variantes del lenguaje plástico-visual, el elemento más simple es el punto. Dentro de este ámbito, el concepto de punto se diferencia mucho del que posee en las matemáticas o en la geometría, donde carece totalmente de dimensiones. Como elemento del lenguaje visual, el punto puede poseer dimensiones, forma, color y diferentes tipos de contorno. La variación y combinación de estas cualidades, así como la organización de los puntos en agrupamientos, son herramientas que contribuyen a dotar de expresividad al dibujo.

Las líneas dotan de expresividad a la composición. En las imágenes, un boceto de Miguel Ángel para la Capilla Sixtina en donde usa líneas de distinta intensidad para dar al dibujo volumen y plasticidad, y dibujo técnico de antiguos bombarderos soviéticos en el que todas las líneas tienen la misma intensidad.

Las líneas dotan de expresividad a la composición. En las imágenes, un boceto de Miguel Ángel para la Capilla Sixtina en donde usa líneas de distinta intensidad para dar al dibujo volumen y plasticidad, y dibujo técnico de antiguos bombarderos soviéticos en el que todas las líneas tienen la misma intensidad.

El siguiente elemento en orden de importancia es la línea, que es el resultado del deslizamiento de un punto sobre una superficie. Su principal función es definir los bordes de las formas. La expresividad de una línea depende de factores como el grosor, el color, la intensidad, la uniformidad, el material con el que haya sido trazada y, por supuesto, su recorrido. Las líneas uniformes y bien definidas proporcionan una impresión de orden y objetividad: sirven para comunicar de modo claro una información visual. Es lo que ocurre, por ejemplo, en los gráficos estadísticos, en los planos técnicos y en los mapas. Por el contrario, las líneas en las que hay variaciones de intensidad, color, o cualquier otra de sus cualidades, resultan más apropiadas para la expresión artística. El agrupamiento de líneas en un mismo sentido, horizontal, vertical o diagonal, dota al dibujo de tensión y, por tanto, de mayor expresividad. Se dice entonces que éste posee movimiento.

El trazo es el elemento con el cual se representa una forma en un dibujo. No hay que caer en el error de confundirlo con la línea ya que en realidad, puede componerse de una sola línea, de una combinación de éstas o bien de una combinación de líneas y puntos. Entre los numerosos tipos existentes los hay finos, gruesos, continuos, discontinuos, quebrados y tenues.

Un dibujo traduce una parte del mundo real, provisto de tres dimensiones, a un conjunto de trazos emplazado sobre una superficie de sólo dos dimensiones. Para que la observación de esos trazos produzca una idea clara de la parte de la realidad que representan, es necesario emplear numerosas técnicas expresivas. Al igual que ocurre con las líneas, la elección de un tipo de trazo u otro implica dar informaciones diferentes sobre el objeto (la parte de la realidad) que representa. Un trazo fino e intermitente produce una impresión de vaguedad e indefinición, mientras que los gruesos dan idea de peso y fuerza. Los cambios en el tipo de trazo pueden indicar alteraciones en el objeto representado, como variaciones de material, textura o iluminación.

Técnicas de dibujo

Las diferentes técnicas de dibujo vienen determinadas por el material que se emplee para su trazado.

Tres de las técnicas de dibujo más utilizadas son la del lápiz, carbón y sanguina. En las imágenes, Aspasia, dibujo con lápiz de Eugène Delacroix; Retrato de muchacha, carboncillo de Alberto Durero, y Atlante, dibujo a sanguina de Annibale Carraci.

Tres de las técnicas de dibujo más utilizadas son la del lápiz, carbón y sanguina. En las imágenes, Aspasia, dibujo con lápiz de Eugène Delacroix; Retrato de muchacha, carboncillo de Alberto Durero, y Atlante, dibujo a sanguina de Annibale Carraci.

Tres de las técnicas de dibujo más utilizadas son la del lápiz, carbón y sanguina. En las imágenes, Aspasia, dibujo con lápiz de Eugène Delacroix; Retrato de muchacha, carboncillo de Alberto Durero, y Atlante, dibujo a sanguina de Annibale Carraci.

Puntas metálicas. Se trata de varillas finas de metal, concluidas en punta. Las hay de plomo, de mezcla de plomo y estaño, y de plata. Las puntas de plomo pueden utilizarse directamente sobre papel, su trazo es gris pálido y se puede borrar fácilmente. Por su parte, las de plata requieren que el papel sea tratado previamente mediante la aplicación de una capa de color. El trazo también es gris pálido, pero después se oxida y adquiere un tono marrón, volviéndose imborrable. En cualquiera de los casos, puntas de plomo y de plata, el trazo que dejan es fino. Fueron muy utilizadas en la antigüedad.

Lápiz. El tipo más habitual es el de grafito mezclado con arcilla. Deja un trazo fino, regular y de color gris. Los hay con diferentes grados de dureza, dependiendo de la proporción de grafito. Presenta la cualidad de servir tanto para el trazado de líneas y puntos como para la realización de sombreados.

Carboncillo. Es uno de los materiales más antiguos. Consiste en palillos de diferentes clases de madera: sauce, vid o brezo, entre otras, calcinados a alta temperatura. Sus trazos son muy expresivos y pueden difuminarse fácilmente para crear efectos de claroscuro. Con el fin de que el dibujo a carboncillo no se desprenda de la superficie, es necesario aplicarle una sustancia que lo fije a ella. En el pasado, los fijativos eran soluciones de goma en alcohol que se pulverizaban sobre el dibujo. Los fijativos modernos se aplican mediante un spray y se componen de acetato de polivinilo mezclado con un disolvente. Existe otra variedad de carboncillo: el carboncillo comprimido. Está compuesto por polvo de carbón, en concreto antracita dura, aglutinado con goma arábiga. Se presenta en forma de barras o en lápiz. Es más duro que el carboncillo convencional y sus trazos poseen una textura aterciopelada.

Sanguina. Es en realidad un tipo particular de lápiz, también conocido como lápiz rojo. Se compone de arcilla ferruginosa y el color de su trazo se ubica entre el rojo y el marrón.

Clarión. Se trata de una pasta de color blanco, en forma de barra, compuesta por una mezcla de yeso y greda. Se utiliza sobre papeles de color o para realizar efectos de luz en dibujos trazados con lápiz o sanguina.

Pastel. Se compone de una pasta de pigmentos naturales en polvo mezclados con un aglutinante, que puede ser goma o jabón. Esta pasta se presenta en forma de barras de diferentes durezas, dependiendo de la proporción de aglutinante. Hay pasteles de diferentes colores. Se pueden aplicar a superficies de diversos tipos, tanto blancas como de color, siempre que éstas posean cierto grado de rugosidad. Al igual que ocurre con el carboncillo, para que el dibujo permanezca sobre el soporte es necesario aplicarle algún producto que lo fije.

Los pasteles pueden ser utilizados para el dibujo o la pintura aunque suelen ser considerados dentro de los instrumentos del primero debido a su forma de lápiz. En la imagen, pastel de Eugène Delacroix, Estudio del cielo: Atardecer.

Tinta. Es una sustancia fluida, de color oscuro, que se aplica mediante plumas y pinceles. Se compone de un elemento principal mezclado con un diluyente que puede ser agua, aceite o goma arábiga. En función de cuál sea el elemento principal, se diferencian varios tipos: la tinta ferrogálica, por ejemplo, tiene como elemento principal el pigmento de hierro mientras que el de la conocida tinta china es polvo de carbón, el del bistre es ceniza de madera y el elemento principal de la de sepia es la tinta extraída de este molusco. Dentro de la técnica que utiliza estos materiales hay que destacar la conocida como aguada, en la que la tinta se diluye en agua y se aplica con un pincel.

Acuarela. Aunque las acuarelas se pueden emplear para el coloreado de superficies, gracias a su fluidez también es posible utilizarlas para el trazado de líneas. Se componen de pigmentos pulverizados mezclados con goma arábiga, que a la hora de la aplicación se diluyen en agua en la medida que se desee. El trazo es transparente y muy luminoso.

Gouache. Al igual que la acuarela, puede emplearse tanto para la pintura como para el dibujo. También está compuesto por pigmentos aglutinados con goma, mezcla a la que se le añade yeso para darle opacidad.

Soportes de dibujo

Los soportes son las superficies sobre las que se realiza el dibujo. Entre los diferentes tipos existen importantes variaciones de color y textura. La elección de uno u otro condiciona las técnicas de dibujo que es posible emplear sobre ellos. En teoría se puede dibujar prácticamente sobre cualquier superficie que sea más o menos plana: piedra, cerámica, metal, cristal, etc. Sin embargo, los soportes más habituales a lo largo de la historia han sido dos: las pieles de animales tratadas y el papel.

Las pieles de animales fueron muy utilizadas en Europa a lo largo de la Edad Media. Se trataba principalmente de pieles de ternera, oveja o cabra, a las que se eliminaba el pelo, y luego se ablandaban y estiraban. Tras esta preparación, ya podían ser utilizadas para realizar sobre ellas dibujos o escribir textos.

Aunque la tinta ha sido empleada habitualmente por todo tipo de artistas, se trata de un medio muy vinculado al arte oriental y especialmente al japonés. En la imagen, Paisaje anónimo japonés.

El papel, inventado por los chinos en el siglo ii d.C. y llevado a Occidente por los árabes, no comenzó a emplearse en Europa de forma sistemática hasta el siglo xv. Hoy día constituye el soporte de dibujo más utilizado. Originariamente se fabricaba macerando en agua fibras vegetales de lino, algodón o cáñamo, y luego triturándolas. La pasta resultante se vertía sobre una fina malla de metal, montada en un marco de madera, y que servía como soporte. Formaba así una lámina fina.

Se dejaba sobre la malla mientras se escurría y ganaba consistencia. A continuación la lámina se hacía pasar por una prensa para terminar de extraerle el agua. Una vez concluido el papel, se le podían aplicar diferentes tratamientos para adecuarlo al uso que se le fuera a dar. Por ejemplo, se podía bañar en cola para así reducir su capacidad de absorción, o comprimirse entre placas metálicas para alisarlo y dotar de brillo a la superficie. En el siglo xix, debido al aumento de la demanda, comenzó a utilizarse celulosa de madera en la composición del papel y se inventó un sistema que permitía fabricarlo de forma continua, en lugar de hoja a hoja.

El dibujo técnico

Dentro de los diferentes tipos de dibujo hay uno que cuenta con especial importancia desde el punto de vista práctico: el dibujo técnico. Su objetivo es representar un objeto de un modo preciso e inequívoco. La belleza visual de un dibujo técnico no posee importancia; sí que la tiene, en cambio, la exactitud de la información que proporciona. Resulta por tanto evidente que es una disciplina muy diferente a la del dibujo artístico. También se diferencia de éste en el uso de unas herramientas especiales y en el hecho de estar sujeto a una normativa.

Boceto, croquis y vistas ortogonales

A la hora de llevar a cabo un dibujo técnico, se puede proceder siguiendo varios pasos, de complejidad creciente. El primero consiste en la realización de un boceto del objeto que se desea representar. Es decir, un dibujo aproximado, sin excesiva precisión, que facilite una primera idea del objeto. Lo habitual es que los bocetos se tracen a mano alzada: empleando sólo el lápiz, sin ayuda de reglas, compases ni otros instrumentos propios del dibujo técnico. Pueden introducirse ciertos elementos informativos, que proporcionen información sobre el objeto. Estos elementos pueden ser sombreados que destaquen el volumen o notas con datos sobre las dimensiones, partes o materiales.

El siguiente paso es el croquis. Se diferencia del boceto en que posee una mayor precisión. En el croquis ya no basta con facilitar una idea general del objeto, sino que hay que mostrar cómo es éste desde diferentes puntos de vista: alzado, planta y perfil. Para su realización se emplean instrumentos de dibujo técnico.

Un paso ya muy próximo al dibujo final consiste en el trazado de las vistas, o proyecciones, ortogonales del objeto. Estas proyecciones facilitan información precisa de cómo es el objeto desde diferentes puntos de vista. El método que se ha de seguir es primero, imaginar el objeto situado sobre el papel, de forma que sus caras queden, unas en posición paralela al papel, y otras en perpendicular. Para trazar el alzado, se escoge el punto de vista que proporcione mayor información del objeto. En una casa, por ejemplo, sería la vista de su fachada principal. Se gira el objeto de modo que el lado que se ha escogido como alzado se sitúe paralelo al papel. A continuación se trazan unas líneas visuales que pasen por los vértices del objeto y sean perpendiculares al papel (plano de proyección). Con esta información, se traza sobre el papel la proyección del alzado del objeto. Para realizar la planta, se gira el objeto 90° hacia arriba respecto a la posición anterior. La planta, en el ejemplo de una casa, es la vista de ésta al mirarla desde arriba. En este caso, se repite la proyección de los vértices y el trazado sobre el papel. Finalmente, para obtener el perfil, se vuelve a la posición del alzado, la primera de todas, y se gira el objeto 90° hacia la izquierda. En una casa, el perfil corresponde a la vista de su costado y para plasmarla, se debe repetir la proyección de los vértices y el trazado sobre el papel.

Un paso importante a la hora de realizar un dibujo técnico sobre un edificio es trazar sus vistas ortogonales (planta, alzado y perfil) y acotar el proyecto. El resultado debe ser similar al de la figura.

Las cotas

Las cotas son el paso final en la realización de un dibujo técnico. Son un conjunto de líneas y cifras emplazadas en las vistas ortogonales de un objeto y que facilitan información sobre las dimensiones del mismo. Se componen de líneas auxiliares, de cota, límites de cota y cifras de cota. Las primeras, las líneas auxiliares, se trazan perpendicularmente a las aristas del objeto. Las líneas de cota se trazan paralelamente a las aristas e indican el espacio del que se va a dar información sobre su dimensión. Los límites de cota consisten en unas marcas en forma de puntas de flecha sobre las líneas de cota. Por último, las cifras de cota son valores numéricos, habitualmente expresados en milímetros, que indican la dimensión de la arista. Se sitúan en posición centrada y sobre la línea de cota cuando ésta es horizontal; cuando es vertical, a su izquierda y en sentido ascendente.

La acotación de un dibujo técnico ha de realizarse de modo riguroso, puesto que es mucha la información que depende de ella. Para evitar errores y ambigüedades, el proceso se realiza siguiendo una serie de normas establecidas.

La perspectiva

Se ha mencionado con anterioridad que el dibujo persigue la plasmación de una parte de la realidad, dotada de tres dimensiones, sobre un medio de dos dimensiones, como es el papel. Mediante el uso de la perspectiva se crea una impresión de profundidad en esa superficie plana.

Existen diferentes tipos de perspectiva, entre los que se pueden destacar la caballera, la axonométrica y la cónica, pero todos ellos se basan en un mismo principio que puede ser explicado mediante el siguiente ejemplo. Si el espectador se sitúa frente al objeto, por ejemplo una casa, y dispone un papel entre sus ojos y ésta, observará cómo sobre el lienzo se «dibuja» una imagen reducida (a escala) de la casa. Esta imagen reducida es el resultado de hallar los puntos en los que cortan el papel las líneas imaginarias que van desde los ojos del espectador a cada uno de los vértices del objeto. La unión de dichos puntos crea el perfil de la casa: no sólo de su alzado sino también de su perfil en perspectiva, es decir, tal y como se ve desde el punto de vista del espectador.

La perspectiva cónica

Este tipo de perspectiva, además de crear una clara sensación de profundidad, ofrece una visión realista de los objetos representados. Por otro lado, hay que señalar que la escala de los objetos varía dentro del dibujo; dos caras de un objeto, que en la realidad poseen las mismas dimensiones, pueden aparecer con diferente tamaño.

Las líneas del dibujo en la perspectiva cónica se dirigen hacia un punto alejado, conocido como punto de fuga, el cual puede situarse a diferentes alturas. Se pueden diferenciar dos clases de perspectiva cónica: la frontal y la oblicua.

Elementos de la representación de un objeto en perspectiva.

Perspectiva cónica frontal. Es aquella en la que una de las caras del objeto representado se sitúa sobre el plano del papel; en otras palabras, con su cara frontal paralela al plano del dibujo. Existe un único punto de fuga. De modo simplificado, los pasos que se han de seguir para el trazado serían los siguientes. En primer lugar se traza la cara frontal del objeto, paralela al plano del papel, la cual no sufrirá ninguna deformación respecto al original. Posteriormente se sitúa el punto de fuga, la posición del cual dependerá de que se quiera obtener una vista desde una posición más o menos elevada. A continuación se trazan las líneas de proyección desde los vértices de la cara frontal hasta el punto de fuga. Dentro del marco que definen estas líneas, se dibujan las caras del objeto paralelas a la inicialmente trazada. Sus dimensiones resultan algo menores, con lo que se logra la impresión de profundidad. Por último, sobre las líneas de proyección, se trazan las caras restantes del objeto.

Realización de una perspectiva cónica frontal de un cubo paso a paso.

Perspectiva cónica oblicua. Es en la que existen dos puntos de fuga, ambos situados sobre una misma línea horizontal. Al igual que ocurría con el punto de fuga en la perspectiva cónica frontal, esta línea puede estar emplazada a diferentes alturas: por encima del objeto representado, por debajo o a su misma altura. De modo simplificado, los pasos que hay que seguir serían los siguientes. Primero se traza la arista del objeto más próxima al plano del papel. Se sitúan los puntos de fuga a la altura que se desee y, a continuación, se trazan líneas de proyección desde los vértices de la arista dibujada hasta los puntos de fuga. En los marcos que estas líneas definen, se trazan las caras del objeto que confluyen en la arista. Desde los puntos de corte de las líneas verticales de las nuevas caras dibujadas con las líneas de proyección, se trazan nuevas líneas de proyección hacia los puntos de fuga. Sobre ellas se dibujan las caras restantes del objeto.

Realización de una perspectiva cónica oblicua de un cubo.

La perspectiva caballera

En esta modalidad de perspectiva, la representación de los objetos se lleva a cabo con ayuda de tres ejes de coordenadas: OX, OY y OZ. Sobre el papel, los tres ejes se disponen del siguiente modo. El eje OX se sitúa en un ángulo de 0° respecto a la horizontal y OZ perpendicular a él, es decir, formando un ángulo de 90°. El eje OY, por su parte, puede tener cualquier ángulo respecto a OX aunque lo habitual es que disponga de 135°.

La perspectiva caballera permite la representación de un objeto en profundidad desde un punto de vista más elevado. Aunque fácil de utilizar, puede resultar problemática si el objeto cuenta con elementos circulares.

Para el trazado de los objetos, las caras frontal y posterior se sitúan en paralelo al plano formado por los ejes OX y OZ mientras que su perfil será paralelo al eje OY. La anchura (OX) y altura (OY) del objeto mantendrán así las proporciones reales mientras que la longitud o profundidad (OY) se obtendrá de aplicar a su magnitud real un coeficiente de reducción (por ejemplo 2/3).

La perspectiva caballera resulta sencilla de emplear, salvo cuando el objeto representado incluye algún elemento circular. Si ocurre así, es mejor situar tales elementos en la cara frontal (el plano del papel), para que puedan representarse como círculos y no sufrir deformaciones por causa de la perspectiva. En el caso de que los elementos circulares queden emplazados en las caras laterales, en la superior o en la inferior, deberán ser representados como elipses.