La escultura

Si la pintura representa un paso adelante respecto al dibujo en cuanto a que aquélla amplía el uso de la luz y el color, la escultura aporta respecto a ambos un cambio aún más notable: el volumen. La escultura es tridimensional, se puede tocar y, en ciertos casos, rodear para observarla desde todas las direcciones. Este carácter tridimensional conlleva que la escultura posea características propias, como son el peso; el volumen, o el modo en que se desarrolla en el espacio; el movimiento y el equilibrio.

Las esculturas se dividen en dos tipos fundamentales, dependiendo de cómo sea su soporte. Las estatuas o bultos redondos poseen tan sólo un soporte inferior, y por tanto, pueden ser rodeadas por el espectador. Los relieves, por otra parte, están sujetos a un soporte lateral, lo que impide que sean rodeados; el espectador debe limitarse a observarlos frontalmente.

Las técnicas escultóricas se dividen básicamente en dos tipos, las de sustracción de materia y las de añadido de materia. En las primeras se parte de un bloque de material del cual se van eliminando partes hasta dotarlo de la forma deseada. Los materiales empleados suelen ser principalmente diferentes tipos de roca y de madera.

En el segundo tipo de técnicas, las de añadido de material, se parte de un bloque de material al que se da forma, añadiéndole nuevas cantidades cuando es necesario. Un tipo especial de estas técnicas es el fundido, aplicado sobre todo a metales.

Las características especiales de la escultura, la diversidad de técnicas que es posible aplicar y la versatilidad en cuanto al uso de materiales, dado que en teoría cualquier materia sólida sirve para crear esculturas, otorgan a esta disciplina artística un gran poder como medio de representación de la naturaleza.

Henry Moore, Grupo familiar. La tridimensionalidad, el peso y el volumen son tres de las características que definen a la escultura respecto a la pintura o el dibujo.

Elementos básicos de la escultura

La escultura es un medio de expresión artística en el que un material sólido es trabajado hasta dotarlo de la forma tridimensional deseada. El hecho de poseer tres dimensiones otorga a la escultura ciertas particularidades que la diferencian notablemente de otras modalidades artísticas, como el dibujo o la pintura. La primera de ellas es la posibilidad de introducir sensaciones táctiles. La escultura se puede tocar, cosa que no es posible, por ejemplo, con el dibujo o el cine.

Otras dos particularidades, íntimamente ligadas entre sí, son el peso y el volumen. Las obras escultóricas poseen, en primer lugar, un peso, que es el del material con el que están fabricadas. Ofrecen además una sensación de peso, transmitida por la figura representada. En segundo lugar, al ser tridimensionales, las esculturas cuentan con volumen, es decir, se extienden, ocupando una porción del espacio. También pueden incluir agujeros y espacios huecos que son una parte más de la pieza; reciben el nombre de «volúmenes negativos».

Hay otro aspecto relacionado con la tridimensionalidad de la escultura que es necesario mencionar. Poseer volumen convierte a la escultura en un medio más eficaz para la representación de la naturaleza, que, por ejemplo, el dibujo. Esto se debe a que los elementos reales que el artista representa en su obra cuentan con un volumen, el cual, en este caso, puede ser reproducido. De este modo, tanto la escultura como el observador se encuentran en un espacio de tres dimensiones; la cercanía entre ellos es mayor.

Diseño: el movimiento y el equilibrio

Salvo en casos aislados, las esculturas son estáticas. Sin embargo, uno de los aspectos fundamentales a la hora del diseño de las piezas es, precisamente, y aunque parezca contradictorio, el movimiento. Este término, aplicado a la escultura, hace referencia en realidad a la sensación de movimiento, a la impresión de que las figuras representadas son dinámicas, capaces de moverse. Esta impresión se logra mediante el ritmo, la tensión y la acción.

El Gladiador Borghese es uno de los principales ejemplos de cómo se puede representar la tensión en la escultura. En ella se adivina la acción que debe seguir realizando el modelo, por lo que se puede decir que la estatua posee movimiento.

El ritmo de una escultura viene dado por la representación de figuras ondulantes; por la abundancia de líneas verticales, horizontales y diagonales, y por la existencia de posiciones inestables. La tensión, en cambio, se puede definir como la representación de un movimiento en potencia, es decir, como la representación del cuerpo del objeto antes de iniciar la acción. Por último, la acción, es decir, el movimiento o actividad que está realizando la figura representada, se asocia con determinado tipo de movimiento.

Muy relacionado con esto se encuentra otro aspecto crucial del diseño escultórico: el equilibrio. Éste se puede descomponer en tres tipos diferentes. El primero de ellos, y más obvio, es el equilibrio físico. Las esculturas deben ser estables, han de contar con un soporte que les permita mantenerse en pie. El segundo tipo está relacionado con la composición. Las diferentes partes de una escultura deben distribuirse e interaccionar armoniosamente, de modo que unas zonas no queden descompensadas respecto al resto. El tercer tipo es el que se refiere a las esculturas que representan figuras humanas, las cuales han de reproducir el equilibrio que el hombre guarda sobre sus pies.

Tipos de escultura

Las obras escultóricas poseen un peso que puede llegar a ser muy notable, por lo que requieren un soporte. Según sea éste puede dividirse la escultura en dos tipos diferentes: la estatua y el relieve.

La estatua o bulto redondo

Se dice que una obra escultórica es una estatua o bulto redondo cuando su soporte está situado en la parte inferior de la misma, levantándola del suelo. De este modo la obra puede rodearse para ser observada por todas sus partes.

Desde antiguo se ha creído que las estatuas son el tipo más noble de escultura, de ahí que hayan sido empleadas en abundancia para la representación de imágenes religiosas e históricas. Se han utilizado también como medio para realizar retratos y, al igual que ocurre en la pintura, éstos no tienen necesariamente que reproducir de un modo fiel los rasgos de la persona retratada, sino que pueden incluir modificaciones que resalten determinados rasgos y cualidades de su personalidad. Esto ocurre sobre todo cuando se trata de personajes que han contado con relevancia social o histórica.

A su vez se pueden diferenciar varios tipos de estatuas o bultos redondos basándose en cuáles sean las figuras que representen. Así se tendrían las estatuas ecuestres, que representan a personas montadas a caballo o los bustos, los cuales son representaciones de la cabeza y los hombros de una persona.

El relieve

El segundo tipo de obras escultóricas es el relieve, utilizado con frecuencia para la representación de escenas históricas e incluso para la narración de historias. Estas obras se caracterizan por estar sujetas a un soporte lateral, por lo que no pueden rodearse para ser observadas por todas sus partes. Sólo pueden ser observadas frontalmente. Las obras están realizadas en el mismo bloque de material que actúa como soporte. Cuando las esculturas están realizadas excavando hacia el interior del material se habla de relieve hundido. Si se trabaja del modo contrario, es decir, si las figuras representadas se sitúan por encima del fondo, entonces se habla de relieve saliente.

Dionisos descubre a Ariadna, mediorrelieve decorativo de un sarcófago de época romana. A diferencia de la escultura de bulto redondo, la escultura en relieve no puede ser rodeada.

En el caso del relieve saliente se pueden distinguir tres tipos diferentes, dependiendo de cuál sea el nivel de resalte de las figuras respecto al fondo. Se denomina altorrelieve cuando más de la mitad del volumen de las figuras sobresale del fondo. En el caso de que sólo la mitad del volumen de las figuras sobresalga del fondo se llama mediorrelieve, y es un bajorrelieve cuando menos de la mitad del volumen de las figuras sobresale del fondo.

Tabla 1. Tipos de esculturas según el motivo.

Trabajo previo: el modelo

Sea cual sea el tipo de obra escultórica y la técnica que se vaya a emplear para llevarla a cabo, es necesaria, previamente, la elaboración de un modelo. Éste constituye una primera plasmación de las ideas del artista y servirá como referencia a la hora de realizar la obra definitiva.

Puede ser que el modelo se reduzca a una serie de esbozos trazados en papel o dibujados. Sin embargo, lo más habitual y útil es que sea en tres dimensiones y cuente con las mismas proporciones que ha de guardar la escultura final. Los materiales que se suelen emplear son la arcilla, la cera y el yeso, principalmente, puesto que son económicos y de sencillo manejo. Otro motivo por el que se utilizan estos materiales es que admiten correcciones; el artista puede así experimentar e ir realizando modificaciones progresivas hasta que el modelo termina por ajustarse a la idea que tiene en mente. Existe otro motivo práctico para la realización de modelos ya que, en numerosas ocasiones, las obras escultóricas son encargos hechos por un cliente. El modelo es entonces necesario para que éste apruebe la propuesta del escultor.

No hay que considerar el modelo como una obra de calidad inferior a la de la escultura final. En muchas ocasiones a lo largo de la historia, el trabajo del escultor se ceñía prácticamente a la realización del modelo, que elaboraba con enorme cuidado hasta sus últimos detalles. Eran después sus ayudantes quienes se encargaban de esculpir la obra final, mediante la copia del modelo y el traslado minucioso de sus proporciones. Por último el escultor remataba la obra y se hacía cargo de las partes más complejas, como por ejemplo, el rostro.

Técnicas escultóricas de sustracción de materia

Las diferentes técnicas de escultura vienen dadas inicialmente por el material utilizado, ya sea piedra, madera, metal, cera u otros. Por otro lado, dependen del proceso que se va a seguir: o bien ir retirando partes de ese material hasta alcanzar la forma final de la escultura, como ocurre cuando se talla un trozo de madera, o bien ir dando forma al material y añadiendo más cantidad de éste cuando sea necesario, como es el caso del modelado con arcilla. El primero de estos casos recibe el nombre de sustracción de materia.

Las herramientas empleadas para sustraer materia suelen ser instrumentos metálicos punzantes, martillos y brocas. En la actualidad son utilizadas herramientas accionadas por aire comprimido. Cuando el material empleado es lo suficientemente blando, como la arcilla, pueden bastar las manos para trabajarlo. Entre las técnicas de sustracción de materia se encuentran el esculpido y el tallado.

El esculpido

Esculpir es labrar un material duro, como la piedra o el mármol, hasta darle la forma deseada. Los materiales empleados con más frecuencia son las rocas. Éstas presentan una serie de ventajas que las hacen especialmente idóneas para la escultura. En primer lugar, la mayoría son resistentes al agua y a las variaciones de temperatura, por lo que pueden emplazarse en exteriores. Por otro lado, existen abundantes tipos de roca, en gran cantidad y en todos los lugares del mundo, pudiendo ser obtenida en forma de grandes bloques, por lo que es posible elaborar esculturas de gran tamaño. Las rocas, además, poseen una estructura y textura homogéneas, y aquellas que son de grano fino pueden pulimentarse.

Desde el punto de vista de la escultura, dentro de las rocas se diferencian dos tipos: las metamórficas y sedimentarias por un lado, y las ígneas por otro. Las rocas metamórficas y las sedimentarias son generalmente más blandas. Entre ellas se encuentran el alabastro y la caliza pero también el mármol. Por otra parte, las rocas ígneas, debido a su particular proceso de formación, poseen una mayor dureza. Entre ellas están el basalto y el granito.

Mármol. Desde antiguo ha sido el material más valorado para la escultura. Se trata de una roca metamórfica, cuyo color depende de las impurezas que contenga, pudiendo variar entre el pardo, el rosa, el amarillo y el blanco, siendo este último el más apreciado. Posee una gran homogeneidad y es sencillo de trabajar. Su superficie es además muy tersa y uniforme, provista de una leve transparencia, lo que dota a las piezas escultóricas en mármol de un bello acabado y juego de luces y sombras. El uso de este material alcanzó su auge y mayor nivel de calidad durante el periodo de la Grecia clásica.

Debido a su aspecto, dureza y facilidad de trabajo, el mármol ha sido uno de los tipos de roca más utilizados en la escultura esculpida. En la imagen, la denominada Piedad (Pietà) de Miguel Ángel.

Granito. Se trata de una roca ígnea, granulosa, dotada de una enorme dureza, por lo que es difícil de trabajar. La gama de colores abarca el rosa, el amarillo, el azul claro y el gris. Dada su solidez y carácter de roca inalterable, el granito se ha utilizado en abundancia a lo largo de la historia para la representación de imágenes religiosas y monumentales.

Diorita. Es también una roca ígnea, y por tanto dura. Una vez pulida, su superficie adopta una textura tersa, provista de brillo.

Basalto. Es una roca ígnea y dura. Su color es gris, aunque puede adoptar tonalidades más oscuras, próximas al negro, y también verdosas. Fue un material escultórico muy usado en la antigüedad. Entre los trabajos realizados con basalto destacan los enormes bustos de la isla de Pascua.

Arenisca. Se trata de una roca sedimentaria. Es porosa y poco compacta, fácil tanto de extraer como de trabajar. No se puede pulimentar en la misma medida que otras rocas de mayor dureza. Los colores son claros: verdosos, ocres y grises. Fue la roca utilizada en India para esculpir numerosas imágenes del dios Buda.

Caliza. Es una roca sedimentaria, con dureza de grado medio. Los colores van desde el blanco hasta el gris oscuro, casi negro, pasando por el amarillo y el pardo. Puede ser pulida.

Alabastro. Es una roca de origen sedimentario. Es blanda y tiende a agrietarse y romperse fácilmente, por lo resulta complicado trabajar con ella. Su color es blanco o beige. Una vez pulimentada adopta un aspecto translúcido y brillante.

Negro de Sudán, de Charles Cordier, en azabache y alabastro. Aunque el alabastro es abundantemente utilizado en escultura, suele ser empleado para obras destinadas a interiores debido a su fragilidad.

El tallado

Al igual que el esculpido, el tallado consiste en ir retirando partes de un material hasta darle la forma deseada. Se diferencia en que, mientras que el esculpido se aplica a materiales duros, como la roca, la técnica del tallado emplea materiales blandos como son la madera y el marfil.

La madera. El trabajo escultórico en madera presenta una serie de inconvenientes. El primero es la limitación en el tamaño de las obras, que se encuentra ceñida al tamaño de los troncos de donde se obtiene la materia prima. El único modo de elaborar grandes esculturas de madera es realizarlas por partes que posteriormente son ensambladas.

Otro inconveniente radica en que la madera no es un material uniforme, sino que presenta irregularidades e imperfecciones. De aquí que el acabado de las esculturas no sea tan bueno como el de las realizadas, por ejemplo, con mármol. El modo de ocultar las irregularidades en la superficie de las obras es pintándolas. Se obtiene así la llamada madera policromada.

Por otro lado, es necesario tener en cuenta que la madera es un material orgánico y por tanto sujeto al deterioro. Es atacada por la humedad, los cambios de temperatura y por determinados organismos, como termitas y hongos. Por este motivo son escasas las obras en madera realizadas en la antigüedad que han sobrevivido en buen estado hasta el presente. En general, las obras escultóricas en madera se destinan a ser exhibidas en interiores. Algunas de las maderas más utilizadas en la talla son el roble, el olmo, el pino, el cedro y el ébano.

Los egipcios hicieron gran uso de la madera para sus esculturas, debido en parte a la sequedad del clima, que impedía su deterioro. Durante el periodo clásico de Grecia y Roma, el empleo de la madera decayó, dejando paso al uso del mármol. En la edad media se volvió a utilizar la madera en abundancia, en especial para la representación de figuras religiosas, a menudo policromadas.

El marfil. Es el material del que están hechos los cuernos de elefante. Las piezas de mayor tamaño proceden de África, al ser mayores las especies de estos animales que allí habitan. También pueden emplearse dientes de hipopótamo o cuernos de narval, y existen tallas prehistóricas realizadas en colmillos de mamut. El color es blanco, aunque tiende a volverse amarillento con el tiempo. Al igual que en el caso de la madera, existe la limitación del tamaño de las piezas, ceñida al de los colmillos. Se trata de un material duro, denso y de elevado coste, por lo que aunque para tallarlo se emplean las mismas herramientas que para la madera, el trabajo debe ser más cuidadoso.

Madonna, de Giovanni di Turino. Dado que la madera puede deteriorarse con rapidez, la mayor parte de las obras escultóricas en este material suelen estar destinadas a interiores.

Técnicas escultóricas de añadido de materia

En las técnicas vistas anteriormente se partía de una pieza de material a la que se van eliminando partes. Por el contrario, en las técnicas de añadido de materia se emplean materiales blandos a los que se da forma con facilidad, incluso con las manos, sumándoles nuevas cantidades de material cuando es necesario, hasta llegar a la forma deseada (modelado). Otro subtipo es el de la fundición, mediante la cual un material metálico se calienta hasta su temperatura de fusión, volviéndose líquido. A continuación se vierte en el interior de un molde elaborado previamente, donde cobra forma.

Modelado

En esta técnica, se utilizan materiales blandos, como la arcilla o el yeso, que pueden ser trabajados con las manos.

La arcilla. Es un material sencillo de conseguir y que una vez mezclado con agua posee gran maleabilidad. Precisamente esta cualidad dificulta la realización de esculturas de gran tamaño de arcilla, dado que su propio peso las hace doblarse. Para evitarlo se emplea una especie de esqueleto interno, denominado alma, que las dota de consistencia. La arcilla puede trabajarse directamente, o bien con la ayuda de un torno. Las piezas se dejan secar al aire libre hasta que pierden la mayor parte de la humedad y luego se cuecen en un horno, a temperaturas entre los 700 y 1.400 °C, para que cobren dureza. La arcilla fue muy utilizada durante la prehistoria para la elaboración de estatuillas, así como por los egipcios, los etruscos y en la época mesopotámica. Su uso decayó con el auge de la escultura en mármol en el periodo clásico. Entre las piezas elaboradas con arcilla destaca el Ejército de Terracota, fabricado por orden del emperador chino Qin Shi Huangdi (221-210 a.C), y compuesto por más de seis mil figuras.

Probablemente el grupo escultórico en arcilla (o terracota) más conocido del mundo es el de los llamados guerreros de Xián, fabricado por orden del emperador chino Qin Shi Huangdi (221-210 a.C). Se trata de más de 6.000 figuras a escala real y todas de formas diferentes.

La cera. Para poder trabajarla es necesario fundirla antes. Después, cuando comienza a enfriarse, se convierte en un material muy flexible y fácil de modelar. Al igual que ocurre con la arcilla, su maleabilidad obliga al uso de esqueletos internos o almas, realizadas habitualmente con alambre de cobre. El uso de la cera en la escultura se limita sobre todo a la elaboración de modelos para futuras obras, o bien para la fabricación de moldes destinados a la fundición.

El yeso. Una vez mezclado con agua, se trata de un material muy blando. Es muy empleado para la realización tanto de modelos como de moldes pero además cuenta con valor propio como material escultórico.

Fundición

Los metales han sido materiales muy utilizados en la escultura. De todos ellos, el más importante es sin duda el bronce, resultado de alear cobre con estaño. Destacan también el oro, la plata, el cobre y el plomo. En los últimos tiempos el aluminio y el hierro han venido cobrando importancia creciente como materiales escultóricos. Los metales presentan las ventajas de su dureza, resistencia y de verse inalterados por la intemperie. Otro punto a su favor radica en la elevada resistencia que poseen frente a los esfuerzos de tensión, a diferencia de lo que ocurre con la roca o la madera. Por tanto, el metal permite una mayor libertad de diseño que estos otros materiales.

El método más habitual para la escultura en metal es la fundición. Se calienta el metal hasta fundirlo y a continuación se cuela en un molde, donde adoptará la forma deseada. Finalmente el molde se desmonta, obteniéndose así la escultura metálica.

Técnicas escultóricas de ensamblaje y soldadura

Las piezas escultóricas realizadas mediante los procedimientos de ensamblaje y soldadura se componen de varias partes, elaboradas independientemente, y que luego son unidas. Los métodos de unión pueden ser pernos, remaches, o bien la soldadura. Las piezas soldadas o ensambladas se diferencian de las producidas por otros medios, como el esculpido, el tallado o el modelado, en que en estos casos son fabricadas a partir de una masa homogénea de material, mientras que el ensamblaje y la soldadura exigen al menos dos piezas.

El metal puede ser utilizado también como material escultórico, ya sea de forma individual o dentro de un conjunto que haga también uso de otros como el mármol. El primero de estos casos es el que aparece en la obra de Fernando Botero, La mano.

La unión mediante soldadura, aplicada a metales, consiste en fundir y posteriormente juntar las superficies que se desean unir. Para ello se emplea una antorcha de oxiacetileno, además de una pequeña cantidad adicional de metal fundido. Los materiales más empleados en este tipo de esculturas son los metales, entre los que destacan el hierro, el aluminio, el plomo y el cobre.

Hierro. Se trata de un metal dúctil y tenaz. Para esculpir con hierro se calienta éste hasta la temperatura a la que se vuelve maleable. Posteriormente se le da forma golpeándolo o cortándolo. El procedimiento recibe el nombre de forja.

Aluminio. Como material de escultura, el aluminio es muy reciente. Debido a su dificultad de obtención y elevado coste, no comenzó a emplearse hasta mediados del siglo xx. Es un metal de color gris mate, inoxidable, blando y ligero. Una vez pulimentado posee un gran brillo.

Plomo. Se trata de un metal pesado y excepcionalmente blando. Sin embargo, su resistencia a la corrosión ha hecho que sea utilizado para obras que han de estar en contacto con agua, como las fuentes.

Bronce. Desde la antigüedad ha sido uno de los metales más utilizados en escultura. Posee un color rojizo y es dúctil y maleable. Las esculturas de pequeño tamaño se realizaban golpeando y cortando directamente el metal. Un método algo más sofisticado consistía en fundirlo y verterlo en un molde que le daba una primera forma. Luego, una vez frío, mediante golpes se le dotaba de la forma final.

Otros materiales de escultura

Los avances técnicos han propiciado el descubrimiento de nuevos materiales, que junto con la incorporación de técnicas propias de la construcción, han ampliado las posibilidades creativas de la escultura. Algunos de estos nuevos materiales que han alcanzado gran éxito en su aplicación al ámbito de la escultura son el hormigón y el plástico.

Hormigón. Es una mezcla de áridos, es decir, arena y pequeños trozos de roca, con cemento. Dependiendo de los tipos de roca y cemento que se empleen se obtienen mezclas de diferentes colores y texturas. No comenzó a emplearse en la escultura hasta mediados del siglo xx.

Elogio al horizonte, de Eduardo Chillida. La escultura moderna ha pasado a hacer uso de nuevos materiales como el hormigón o el plástico.

El hormigón posee la mayoría de las características que tienen las rocas como material escultórico. Es duro y resistente a la intemperie, además de ser barato. Presenta además la ventaja de, cuando todavía el cemento no se ha endurecido, poder ser modelado. Si es reforzado con un esqueleto interno de acero, obteniéndose el llamado hormigón armado, se vuelve resistente a los esfuerzos de tracción (estiramiento), con lo que se gana en libertad de diseño. Por último, si se le aplican técnicas propias de la industria de la construcción, pueden llevarse a cabo esculturas de hormigón de enormes dimensiones.

Además de modelado, el hormigón también puede ser moldeado. En este caso particular, los moldes reciben el nombre de encofraduras.

Plástico. Es un material muy interesante para la creación escultórica. Es ligero, duro, resistente a la intemperie, se puede trabajar tanto en caliente como en frío, además de poder cortarse, pegarse y doblarse. Dado que el material en sí mismo posee un aspecto poco atractivo, lo normal es que sea coloreado mediante el añadido de pigmentos en su composición, o bien pintado posteriormente. Algunos de los plásticos más utilizados son el metacrilato, el poliestireno, la fibra de vidrio y el policloruro de vinilo, también conocido como pvc.

Además de los ya señalados, los materiales empleados en la escultura, y en especial en la escultura moderna, son innumerables. Pueden utilizarse desde materiales permanentes, como el ámbar, el jade o los cantos rodados, hasta materiales efímeros, como el hielo, la arena y la nieve. También se hace uso de materiales fruto de una elaboración previa, que puede ser sencilla, como en el caso del papel maché o el ladrillo, o más compleja, como ocurre con los tubos fluorescentes.