El cine

Cuando el día 28 de diciembre de 1895, en París, los hermanos Auguste y Antoine Lumière realizaron la primera exhibición pública de una película, no podían imaginar la repercusión que al cabo de poco tiempo alcanzaría su invento. En aquella sesión los espectadores pudieron presenciar la imagen en movimiento de un tren a su llegada a la estación. Algunos de ellos, horrorizados, salieron huyendo. Creyeron que el tren iba a arrollarlos. Desde entonces las cosas han cambiado mucho. El cine, que comenzó siendo tan sólo una atracción de feria, se ha convertido en un espectáculo de enorme aceptación popular, además de una de las formas de arte más representativas del mundo moderno.

El permanente deseo del ser humano de representar la realidad de un modo lo más fidedigno posible condujo a la invención de la fotografía. Aún quedaba sin embargo una dificultad por salvar: había que dotar a las imágenes fotográficas de movimiento. Esto sólo se consiguió cuando la tecnología alcanzó el nivel necesario para poder transformar las cámaras fotográficas en cámaras de cine, que deben ser capaces de realizar, al menos, 24 fotografías por segundo.

Además de requerir un notable soporte técnico, el cine también difiere de otras formas de arte en su modo de comunicar mensajes al espectador, en cómo narra las historias. El cine posee un lenguaje expresivo propio, en el cual interviene de forma destacada el manejo del tiempo y del espacio.

En las postrimerías del siglo XIX, los hermanos franceses Auguste y Antoine Lumière fueron los primeros en exhibir películas ante el público. La imagen muestra uno de sus carteles anunciadores.

Dadas las grandes necesidades de financiación, personal y equipamiento técnico para realizar una película, no es de extrañar que el proceso cinematográfico sea largo y complejo. Éste se encuentra dividido en una serie de etapas, como son la escritura del guión, la filmación y el montaje, en cada una de las cuales intervienen profesionales especializados. A lo largo ellas la película va tomando forma y ganando en poder de comunicación.

La técnica del cine

El cine, como medio de expresión, representa un paso adelante respecto a la fotografía, puesto que incorpora el movimiento a las imágenes, pero, en su aspecto técnico, ambas disciplinas guardan mucho en común. De hecho, una película de cine no es más que una sucesión de numerosas fotografías individuales. Entre estas fotografías existen pequeñas diferencias, de modo que cuando son proyectadas seguidas se crea una ilusión de movimiento.

Conjunto de fotogramas de una película de animación. La técnica cinematográfica se basa en el efecto óptico creado por la rápida sucesión de numerosas fotografías estáticas e individuales.

Esta ilusión de movimiento se basa en una propiedad que posee el ojo humano, conocida como principio de persistencia retiniana. Cuando una imagen llega a la retina del ojo, una señal nerviosa es enviada al cerebro, donde dicha imagen se procesa. Pero si la imagen desaparece repentinamente, el envío de señales al cerebro se prolonga todavía durante un breve periodo de tiempo. Debido a esto, si a continuación ante el ojo aparece una imagen diferente, el cerebro no percibirá que se ha producido un salto, sino que «verá» esta nueva imagen como una continuación de la anterior. Esta persistencia posee una duración aproximada de una décima de segundo, aunque puede ser mayor en la oscuridad. Es por este motivo que en las salas de cine las luces están apagadas durante la proyección.

Lo que hace una cámara cinematográfica es tomar las suficientes fotografías por segundo para que, cuando éstas sean proyectadas, el principio de persistencia retiniana permita verlas no como una sucesión de imágenes estáticas, sino como imágenes provistas de movimiento. En la época del cine mudo, cuando las cámaras eran accionadas manualmente, el número de fotografías o fotogramas por segundo era de 16; hoy día se emplean 24 o 25.

El soporte para los fotogramas es similar al empleado en fotografía, salvo que cuenta con una longitud mucho mayor. Se trata de una película de celuloide transparente recubierta de una capa fotosensible de bromuro de plata. En los laterales dispone de unas perforaciones para que los sistemas de arrastre de la cámara y el proyector puedan desplazarlo. Los formatos o anchuras de película más habituales son 8, 16 y 35 mm.

La proyección de las películas se lleva a cabo sobre una superficie blanca, o pantalla. Para ello se emplea un proyector. Éste hace pasar el celuloide por delante de un foco a la velocidad necesaria para que el principio de persistencia retiniana tenga lugar. Cuando las proporciones de la imagen proyectada son las mismas que las de los fotogramas, se dice que el formato de proyección es normal. En el caso del formato llamado cinemascope, o panorámico, las proporciones de la imagen en la pantalla son mayores que las de los fotogramas. Este efecto se consigue gracias a unas lentes especiales, llamadas anamórficas, que en el momento del rodaje comprimen las imágenes y durante la proyección las devuelven a sus proporciones originales.

El lenguaje cinematográfico

El cine emplea un lenguaje de comunicación que difiere en gran medida del de otras artes. Mientras que en la escultura, por ejemplo, las obras sólo se desarrollan en el espacio que ocupan, es decir, no cambian ni se mueven con el paso del tiempo, y las obras musicales sólo lo hacen en el tiempo, las cinematográficas hacen un uso simultáneo tanto del tiempo como del espacio.

Las películas no muestran la totalidad de las historias, ya sean ficticias o reales, que narran. Lo más habitual es ver sólo una selección de acontecimientos, cuya relación ha de ser suficiente para poder comprender el conjunto. Estos acontecimientos son mostrados en forma de una sucesión de unidades mínimas, denominadas planos. Los tipos de planos y el modo en que éstos se relacionan constituyen los fundamentos del lenguaje cinematográfico.

Planos y movimientos de cámara

La unidad mínima del lenguaje cinematográfico es el plano, un fragmento de película realizado sin interrumpir el funcionamiento de la cámara. La sucesión de estas unidades mínimas constituyen en su conjunto una película.

Existen varios tipos de planos que se clasifican según el modo en que la figura humana es mostrada en cada uno de ellos. Además, cada uno cumple una función narrativa diferente.

Plano general. Es aquel en el que el decorado predomina sobre los personajes, siendo éstos mostrados de cuerpo entero. Sirve para mostrar el lugar donde ocurre una acción, así como los diferentes elementos implicados en ella.

Gracias a la espectacularidad de sus imágenes, el formato panorámico del cinemascope se ha utilizado para filmar películas de gran impacto, como la cinta del estadounidense James Cameron Titanic que muestra la fotografía.

Plano tres cuartos. También es conocido como plano americano. En él, la imagen de los personajes queda cortada a la altura de las rodillas.

Plano medio. En él los personajes son mostrados hasta la cintura. Este tipo de plano es el idóneo para mostrar la interacción entre dos personajes o bien entre un personaje y el medio que lo rodea.

Primer plano. Ofrece una imagen del rostro de los personajes, sin dejar ver el resto del cuerpo. Se utiliza para enfatizar las expresiones y posee por tanto gran fuerza dramática.

Plano de detalle. También se le denomina primerísimo primer plano. Muestra, con la finalidad de destacarla, tan sólo una parte concreta de un objeto o del cuerpo de un personaje.

Sendos ejemplos de tres tipos de planos diferentes: arriba, un plano general correspondiente al filme Apocalipse Now, del estadounidense Francis Ford Coppola; en el centro, plano medio de Goldeneye, perteneciente al ciclo de James Bond; abajo, primer plano que destaca los rostros de Richard Gere y Renée Zellweger, de la película de Rob Marshall Chicago.

Sendos ejemplos de tres tipos de planos diferentes: arriba, un plano general correspondiente al filme Apocalipse Now, del estadounidense Francis Ford Coppola; en el centro, plano medio de Goldeneye, perteneciente al ciclo de James Bond; abajo, primer plano que destaca los rostros de Richard Gere y Renée Zellweger, de la película de Rob Marshall Chicago.

Sendos ejemplos de tres tipos de planos diferentes: arriba, un plano general correspondiente al filme Apocalipse Now, del estadounidense Francis Ford Coppola; en el centro, plano medio de Goldeneye, perteneciente al ciclo de James Bond; abajo, primer plano que destaca los rostros de Richard Gere y Renée Zellweger, de la película de Rob Marshall Chicago.

También pueden clasificarse los planos en función de la posición de la cámara respecto a las personas u objetos que muestra la imagen. Si la cámara se sitúa a la altura de los ojos de una persona se habla de plano normal; cuando la cámara está emplazada por encima de la persona u objeto, plano picado; y si la cámara se encuentra por debajo de la persona u objeto, entonces el plano se denomina contrapicado.

Además de los diferentes tipos de planos posibles, el cine cuenta con otra importante herramienta expresiva. Los primeros realizadores cinematográficos pronto descubrieron las grandes posibilidades que ofrecían los movimientos de cámara. El desplazamiento lateral de la imagen, el acercamiento y el alejamiento, favorecen la sensación del espectador de hallarse «dentro» de la historia. Combinando diversos tipos de plano y movimientos de cámara, los puntos de vista cambian para enfatizar unas impresiones u otras y las escenas pueden ser mostradas así de una forma más compleja y completa.

Cuando la cámara se desplaza, girando alrededor de un eje en vertical, diagonal u horizontal, siendo esto último lo más común, se habla de panorámica. Las panorámicas pueden emplearse, por ejemplo, para mostrar un decorado cuyas dimensiones exceden las del cuadro de la imagen o para acompañar a un personaje en su desplazamiento. Cuando este movimiento de cámara se realiza de forma tan rápida que la imagen queda emborronada, pasa a conocerse como barrido.

La cámara también puede acercarse o alejarse de los personajes, y seguirlos a lo largo de un movimiento. En estos casos, la cámara puede ubicarse en unos raíles sobre los que se desplaza de forma suave y uniforme. Este movimiento se denomina travelling. Una variante de éste es el zoom o travelling óptico. En este caso la cámara permanece fija mientras que, gracias a un cambio del objetivo, varían las dimensiones de la imagen. El efecto que produce el zoom es distinto al de un travelling, por lo que se puede considerar como menos natural y ha de escogerse bien el momento para realizarlo.

En relación con los movimientos de cámara, es pertinente la mención de la steady cam, cuyo uso se ha popularizado desde finales del siglo xx, precisamente por la libertad de movimientos que permite. Consiste en una cámara de filmación montada sobre un soporte especial que puede ser transportado por una persona. Dicho soporte posee además la particularidad de atenuar los movimientos. De este modo, si el operador de la cámara sube, por ejemplo, unas escaleras, la imagen recogida no muestra saltos ni vibraciones, sino que, al contrario, resulta fluida.

El uso de la cámara en mano, cargada directamente por un operador es otro modo de permitir la libertad de movimientos durante la filmación. En este caso la imagen sí sufre vibraciones, lo que contribuye a crear una sensación de realismo, similar a la de los reportajes periodísticos de televisión.

La continuidad en el cine: uso del espacio y el tiempo

Una película se compone de una sucesión de diferentes planos, cada uno de los cuales es filmado de forma independiente, en ocasiones con grandes intervalos de tiempo entre ellos o en lugares muy diferentes. Sin embargo, es necesario que el espectador sea capaz de relacionar cada plano con el siguiente y percibir así la película como una continuidad. Para que esto sea posible es necesario un uso preciso del espacio y el tiempo dentro de la película.

En lo referido al espacio, a fin de que el espectador pueda seguir adecuadamente la narración, cuando se produce el paso de un plano a otro hay ciertos elementos que es necesario respetar. Algunos de estos elementos son la luz, el vestuario de los actores y la dirección de las miradas de éstos. Por ejemplo, si en un plano se muestra a un personaje en una habitación y es de día, entra luz natural por la ventana, y a continuación, sin que en la narración haya un salto espacial o temporal, se pasa a un plano diferente, el tipo de luz en la habitación deberá seguir siendo el mismo, el actor irá vestido del mismo modo y si había comenzado un movimiento en el plano anterior, lo continuará en el nuevo. Si alguno de estos factores cambiara, si de repente fuera de noche, los muebles hubieran cambiado de sitio o el personaje tuviera una apariencia distinta, se produciría la confusión del espectador. Éste concluiría que los dos planos no se desarrollan en el mismo lugar o bien que ha habido un salto de tiempo en la historia.

Los movimientos de cámara del estilo de la steady cam han sido utilizados por realizadores que han pretendido dar a sus películas un tono de veracidad similar al del reportaje de actualidad. Uno de ellos es el estadounidense Steven Soderbergh, premiado con el Óscar de Hollywood al mejor director en 2001 por el filme Traffic que se muestra en la ilustración.

En el control del espacio dentro de la película, para saber dónde se encuentra cada personaje o elemento de la acción en cada momento, son cruciales los ejes. Los ejes son unas líneas imaginarias que unen a los personajes o bien que indican la dirección de sus movimientos. Si dos personajes están frente a frente, conversando, hay un eje entre ellos que los une. Si el protagonista de una película está corriendo, la dirección en la que lo hace sirve para indicar un eje. Para que el espectador no se desoriente, es normal que la cámara siempre se sitúe al mismo lado de los ejes, aunque haya movimientos de cámara o cambios de plano.

En el ejemplo de los dos personajes hablando, la cámara se emplazará a un lado del eje existente entre ambos. De este modo, uno de los personajes quedará a la izquierda de la imagen y el otro a la derecha. Si la cámara se saltara el eje y se colocara al otro lado, el personaje que antes estaba a la izquierda de la imagen ahora estaría a la derecha, y viceversa, lo que haría pensar al espectador que sus posiciones han cambiado. Respecto al caso del protagonista que corre; la cámara se situará a un lado del eje trazado por la dirección de su movimiento. En esa situación el personaje siempre se desplazará, por ejemplo, de izquierda a derecha de la imagen. Si la cámara se saltara el eje, en la imagen el personaje correría ahora de derecha a izquierda. La impresión sería la de que ha dado media vuelta y corre en dirección contraria a la de antes.

Ya se ha mencionado que la no permanencia o el cambio de los elementos de la imagen en el paso de un plano a otro puede ser un indicador de que se ha producido un salto temporal. Éste es un método habitual para indicar el paso del tiempo en el cine. A la hora de comprender el manejo del tiempo en el lenguaje cinematográfico es imprescindible tener en cuenta que, en la gran mayoría de los casos, el tiempo de la proyección, es decir, la duración de la película, es mucho menor que el tiempo de la narración. Las historias narradas pueden desarrollarse a lo largo de varios días, meses o años, mientras que la duración de la película tan sólo ronda las dos horas. Dicho de otro modo, la película únicamente muestra una pequeña parte de los hechos ocurridos durante el tiempo de la narración. Esto hace que sea necesario dejar claro cuándo ocurre cada cosa.

El modo más habitual de reflejar el paso del tiempo es que los hechos de la película se muestren en su orden cronológico, y a ser posible, siguiendo una relación de causa y efecto para poder asociarlos. En el caso de que entre dos planos haya un espacio de tiempo narrativo, que se omitan los hechos de la historia que tienen lugar entre uno y otro, se dice que hay una elipsis. Las elipsis permiten no mostrar partes que no resultan relevantes dentro de la historia para centrarse en lo importante.

El salto al pasado, también llamado flashback, es un recurso narrativo que permite enlazar los acontecimientos que suceden en el presente con las causas que los provocaron en tiempos anteriores. La saga El padrino, dirigida por Francis Ford Coppola, que cuenta en tres películas (la foto muestra un fotograma de la tercera) la vida de una familia de la mafia estadounidense a lo largo de casi un siglo, recurre con frecuencia a este procedimiento.

En la práctica, el paso de tiempo entre dos planos se indica con los fundidos a negro y con los encadenados. En un fundido a negro se intercala entre dos planos otro en negro. La sensación que se produce es la de un «cambio de capítulo», de un salto en el tiempo. Los encadenados por el contrario indican que entre un plano y otro existe una continuidad. Son el resultado de un proceso de montaje mediante el cual la imagen de un plano desaparece al mismo tiempo que aparece la del siguiente.

Existen también otros recursos temporales que permiten, cuando la narración lo requiere, abandonar el orden cronológico y mostrar acontecimientos que transcurren en el pasado o bien en el futuro de la narración. Un salto al pasado es conocido por flashback, mientras que el salto al futuro, que resulta menos habitual, recibe el nombre de flashforward. Los flashback sirven para aclarar hechos del pasado que son necesarios para la comprensión de lo que ocurre en el presente de la narración, mientras que los flashforward pueden emplearse para mostrar algo que va a ocurrir más adelante y crear así una expectativa.

El proceso cinematográfico

Estudios cinematográficos de Babelsberg (Alemania). El rodaje de una película se realiza habitualmente en recintos adecuados, donde pueden levantarse los decorados que el filme exige.

Llevar a cabo una película es un proceso largo, complejo y costoso, en el que interviene una gran cantidad de profesionales con responsabilidades muy diversas. Como consecuencia, la realización cinematográfica requiere la existencia de una industria especializada que aporte el equipamiento técnico y la financiación necesarias. Este proceso se desarrolla a lo largo de una serie de pasos que abarcan desde la génesis de una historia hasta la distribución y exhibición en los cines de la película resultante.

Guión y producción. Toda película parte de una idea, la cual, desarrollada, toma cuerpo en un guión. El guionista es el encargado de escribir el libreto en el cual se recogen todos los diálogos que luego aparecerán en pantalla, además de la descripción de los hechos que tiene lugar. Las historias pueden ser originales o bien adaptaciones de novelas, de obras de teatro, de películas anteriores o de hechos que han ocurrido en la realidad. Una vez aceptado el guión es necesario reunir la financiación necesaria para poder rodar la película, y escoger a la gente que va a intervenir en ella, tanto el equipo artístico como el técnico. Ambas labores son ejecutadas, o al menos supervisadas, por un productor, quien se encargará de controlar no sólo esta etapa, sino todo el proceso de realización.

Rodaje. En la etapa del rodaje se procede al registro sobre celuloide de las escenas descritas en el guión. En esta etapa destaca el papel del director. Él es el encargado de decidir cómo se van a mostrar en forma de imágenes los hechos que figuran escritos en el guión. Se trata de quien dota de estilo y personalidad a la película. Otros profesionales imprescindibles son los actores, quienes, gracias a sus interpretaciones, dan vida a los personajes de la película. Los rodajes suelen llevarse a cabo en los estudios cinematográficos, lugares dotados de todo tipo de medios para levantar los decorados y realizar las coreografías pertinentes.

Montaje. Una vez finalizado el rodaje es necesario ensamblar las diferentes piezas de película, los planos, para construir con ellos una narración que resulte, al mismo tiempo, fluida y coherente. Esta labor es llevada a cabo por un montador o grupo de montadores. En el aspecto técnico, tradicionalmente el montaje se realizaba cortando y pegando con un adhesivo los trozos de celuloide. En la actualidad ya no se realiza un montaje físico de la película, sino que el material a montar se pasa a formato digital para realizar luego la selección y unión de los planos por medios informáticos.

Sonorización. Desde el año 1927 el cine cuenta con sonido. En la actualidad éste va registrado tanto en formato magnético como en digital en los laterales de la película, en el espacio que queda entre los fotogramas y las perforaciones laterales. Hay tres pistas diferentes, una para cada tipo de sonido: los diálogos, los efectos sonoros y la música.

Cuando el montaje ha concluido se incorpora el sonido, de forma que quede sincronizado con las imágenes. La música, a menudo compuesta exclusivamente para la película, posee una gran fuerza expresiva. Cuando la imagen y la música actúan juntas, aumenta la intensidad de la narración.

La cinta El cantante de jazz, dirigida en 1927 por Alan Crosland, fue la primera película sonora de la historia del cine. Hoy día, el proceso de sonorización es un paso imprescindible para finalizar un filme, especialmente en los de dibujos (como la producción Disney El rey león), donde ha de tenerse gran cuidado en mantener la coordinación de las voces con los gestos de las animaciones.

La cinta El cantante de jazz, dirigida en 1927 por Alan Crosland, fue la primera película sonora de la historia del cine. Hoy día, el proceso de sonorización es un paso imprescindible para finalizar un filme, especialmente en los de dibujos (como la producción Disney El rey león), donde ha de tenerse gran cuidado en mantener la coordinación de las voces con los gestos de las animaciones.

Distribución y exhibición. Una vez que la película ya está concluida, sólo resta comercializarla. Se realizan copias y se envían a los diversos puntos donde el público podrá disfrutar de ella. Esta parte del proceso incluye una campaña publicitaria que dé a conocer la película.

La exhibición se efectúa en salas comerciales. Desde los años ochenta del siglo xx, se han popularizado las multisalas de cine; es decir, varias salas que comparten un mismo local, lo que permite al público disponer de una mayor oferta de películas. Existe otra modalidad de salas, habitualmente de menores dimensiones que las anteriores, dedicadas a la exhibición de películas con un carácter menos comercial.

Ésta es una descripción muy simplificada de la realización de una película. El verdadero proceso incluye muchos más pasos, intermedios a los expuestos, así como la intervención de otros diversos profesionales, como diseñadores de vestuario y de decorados, directores de fotografía, maquilladores y extras. Las películas comerciales de los últimos años requieren además un complejo proceso posterior al rodaje, en el que se incorporan los efectos especiales, elaborados por medios digitales.

Tabla 1. Distintas fases del proceso de una película.

Los géneros cinematográficos

Como un arte más, el cine puede tratar todos los temas posibles, de forma individual o bien combinándolos. Sin embargo, existen ciertas temáticas a los que, bien por su especial atractivo o bien por su interés, el cine ha prestado mayor atención. Son conocidos como géneros cinematográficos y cuentan, cada uno de ellos, con unas características particulares, por ejemplo la forma de narrar las historias o la presencia de unos personajes característicos. Es importante señalar que las fronteras entre los distintos géneros son muy difusas y que es habitual encontrar películas que incorporan elementos de unos y otros.

Western. Buena parte de las películas englobadas en este género se desarrollan durante el periodo histórico de la colonización del oeste americano. Sus personajes habituales son pistoleros, indios, bandidos y vaqueros. Entre las películas destacadas se pueden señalar La diligencia (1939), dirigida por John Ford; El Dorado (1959), de Howard Hawks, y Grupo salvaje (1969), de Sam Peckinpah.

El género del western popularizó la épica de la llegada de los colonos al Oeste de los Estados Unidos y su peculiar forma de vida hasta finales del siglo XIX. El Dorado, filme dirigido por Howard Hawks, es uno de sus títulos míticos.

Cine épico y de aventuras. Este género engloba historias que pueden tener lugar en cualquier espacio y periodo histórico, desde las junglas impenetrables del continente africano hasta los castillos medievales, desde la antigua Roma a las campañas napoleónicas. En el modo de narrar las historias son más importantes la acción y los hechos insólitos que el realismo y el retrato detallado de los personajes. Entre los personajes destacados siempre figura un héroe, que es el protagonista de la acción. Algunos ejemplos de este género son: Espartaco (1960), de Stanley Kubrick; El hombre que pudo reinar (1975), de John Huston, o las cuatro entregas de Indiana Jones (1981, 1984, 1989 y 2008), de Steven Spielberg.

El afamado cineasta estadounidense Steven Spielberg comenzó su carrera dirigiendo películas de aventuras, realizadas con gran imaginación y pulso narrativo (imagen de, Indiana Jones y la última cruzada). Más adelante, sin embargo, se adentró en un cine más personal, donde pasó a reflexionar sobre dramáticos hechos de la historia reciente (foto de Salvar al soldado Ryan).

El afamado cineasta estadounidense Steven Spielberg comenzó su carrera dirigiendo películas de aventuras, realizadas con gran imaginación y pulso narrativo (imagen de, Indiana Jones y la última cruzada). Más adelante, sin embargo, se adentró en un cine más personal, donde pasó a reflexionar sobre dramáticos hechos de la historia reciente (foto de Salvar al soldado Ryan).

Cine bélico. Abarca las películas que se desarrollan durante algún conflicto militar. Pueden poseer un tratamiento propagandístico, a favor de alguno de los bandos implicados, o bien crítico, hacia el fenómeno de la guerra en general. Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick, narra hechos ocurridos durante la Primera Guerra Mundial; De aquí a la eternidad (1953), de Fred Zinnemann, y Salvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg, transcurren en la Segunda Guerra Mundial, mientras que Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, tiene lugar durante el conflicto de Vietnam.

Cine de terror. La finalidad de este tipo de películas es provocar el susto y el miedo en el espectador. En ellas abundan los seres fantásticos y siniestros, como vampiros, hombres-lobo, zombis y personas poseídas por entes diabólicos. Los primeros ejemplos de este género poseían cierto romanticismo y no ponían demasiado énfasis en el aspecto más cruento de las historias. Sin embargo, con el paso del tiempo, las películas de este género han ido ganando en violencia y mostrando el terror de formas cada vez más explícitas (horror). Entre ellas destacan: La novia de Frankenstein (1935), de James Whale; La semilla del diablo (1968), de Roman Polanski, La noche de los muertos vivientes (1969), de George Romero, Paranormal activity, de Oren Peli (2009) o Mamá, de Andrés Muschietti (2013).

Ciencia-ficción. El tipo de historias del género de ciencia-ficción y el modo de narrarlas es similar al del épico y de aventuras, salvo que en este caso se desarrollan en algún tiempo futuro, en lugares ajenos al planeta Tierra o introducen elementos fantásticos, como seres extraterrestres. Películas que ejemplifican este género son El increíble hombre menguante (1957), de Jack Arnold; la tetralogía de La guerra de las galaxias (1977), de George Lucas, y la saga Alien (1982), de Ridley Scott, y sus secuelas: Alien: el regreso (1986), de James Cameron, y Alien: resurrección (1997), de Jean-Pierre Jeunet.

Desde la aparición en 1982 del filme Alien, dirigido por Ridley Scott, el monstruo espacial ha protagonizado tres de las películas más impactantes de la moderna ciencia-ficción. En la imagen, fotograma de la segunda, Alien: el regreso, cinta realizada cuatro años más tarde por James Cameron.

Musical. Las películas de este género incluyen abundancia de escenas en las que la canción y el baile son los protagonistas. Al margen de esta particularidad pueden tratar temas muy diferentes y poseer elementos en común con otros géneros, como la comedia y el melodrama. Su aparición tuvo lugar con el cine sonoro. Ejemplos de cine musical son Cantando bajo la lluvia (1952), de Stanley Donen; West Side Story (1961), de Robert Wise, Cabaret (1972), de Bob Fosse, Chicago, de Rob Marshall (2002) o Los miserables, de Tom Hooper (2012).

Comedia. Las películas del género de comedia pretenden despertar la risa del espectador. Poseen tramas ligeras, basadas en el humor y en múltiples confusiones, aunque no por ello carecen de elementos críticos con ciertos aspectos de la sociedad. Entre ellas destacan multitud de filmes mudos dirigidos y/o protagonizados por actores de la talla de Charles Chaplin (Charlot), Buster Keaton o Harold Lloyd, y otro gran número de películas sonoras –algunas también a cargo de estos mismos actores-realizadores–, como las protagonizadas en la época clásica por los hermanos Marx –entre ellas la célebre Una noche en la ópera (1935)–, o títulos de tiempos más recientes, como Primera plana (1974), de Billy Wilder, o Annie Hall (1977), de Woody Allen o Los padres de él, de Jay Roach (2004).

Fotogramas de dos filmes en blanco y negro de la época clásica, correspondientes a sendos géneros muy en boga a mediados de la pasada centuria: la alocada comedia de los hermanos Marx Una noche en la ópera y el filme de cine negro Sed de mal, dirigido por Orson Welles.

Fotogramas de dos filmes en blanco y negro de la época clásica, correspondientes a sendos géneros muy en boga a mediados de la pasada centuria: la alocada comedia de los hermanos Marx Una noche en la ópera y el filme de cine negro Sed de mal, dirigido por Orson Welles.

Cine negro. Las tramas de sus películas versan sobre el crimen, su persecución y sus consecuencias. Sus personajes habituales son los detectives, los agentes de policía, los gánsteres y los criminales de todo tipo. Este género sirve también como medio de crítica y denuncia de ciertas actividades, lo que acerca, en estos casos, su función a la del cine social. El halcón maltés (1941), de John Huston; Sed de mal (1957), de Orson Wells, y Chinatown (1974), de Roman Polanski, son algunos clásicos de este género.

Cine social. Es el que muestra la vida de las personas comunes, dando cuenta de sus problemas e inquietudes. Este género se ha utilizado frecuentemente como medio de mostrar las deficiencias de la sociedad. Destacan entre sus películas Las uvas de la ira (1940), de John Ford; Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio de Sica, Los olvidados (1950) de Luis Buñuel y Los santos inocentes, de Mario Camus (1984).

Melodrama. Se puede considerar este género como el opuesto a la comedia. Sus historias destacan los sentimientos y pasiones humanas y poseen un tono dramático o trágico. El río (1951), de Jean Renoir; Escrito en el viento (1956), de Douglas Sirk, y Magnolia (1999), de Paul Thomas Anderson, son algunas de las obras más destacadas de este género.

Cine de animación. Se caracteriza por no filmar a actores sino dibujos que se mueven en virtud al paso de los fotogramas. Pueden también emplearse muñecos animados fotograma a fotograma. En los últimos tiempos se ha popularizado el uso de imágenes generadas por medios informáticos. Es un género habitualmente destinado al público infantil. Ejemplos de sus películas son Blancanieves y los siete enanitos (1937), La sirenita (1989), Toy Story (1995), Up (2009) y Frozen (2013)

Documental. A diferencia de todos los géneros anteriores, que narran historias de ficción o basadas en hechos reales pero con un tratamiento de ficción, el género documental pretende mostrar la realidad tal como es, de un modo fiel. Sus finalidades varían desde la educación a la denuncia o la crítica. Algunos ejemplos son Nanuk el esquimal (1922), de Robert Flaherty, y Bowling for Columbine (2002) de Michael Moore.