El África septentrional y el Sahara

El norte de África puede dividirse en tres grandes unidades geográficas, dispuestas más o menos en paralelo. En primer lugar se halla el litoral mediterráneo, que está bañado por las mismas aguas que lamen las costas del sur de Europa. Más al sur se alza el enorme desierto del Sahara y, ya en la frontera con el África subsahariana, se halla la región de transición del Sahel.

El litoral africano del Mediterráneo formaba parte en la antigüedad de una unidad cultural con la ribera norte, merced a la acción colonizadora de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Tras la invasión árabe en el siglo vii se inició la ruptura cultural entre ambas orillas del Mare Nostrum, quedando el norte de África adscrito a la nueva civilización islámica traída desde Asia por los árabes.

La inhóspita región del Sahara no ha dejado nunca de estar habitada, al ser obligado lugar de paso de las caravanas que desde tiempos remotos ponían comercialmente en contacto el norte y el sur del continente. Desde el Sahel se accede al África tropical húmeda, que abarca todo el corazón verde del continente.

Mapa físico de África septentrional.

La franja mediterránea

Desde el estrecho de Gibraltar hasta el delta del Nilo se extiende la fachada mediterránea de África, sobre el suelo de los actuales estados de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto. Por su parte, la costa occidental de Marruecos está bañada por el océano Atlántico. Esta larga franja costera es baja y arenosa en su mayor parte.

Al oeste se levantan las cordilleras del Atlas y del Rif, que se juntan en Túnez y dan lugar a diversas zonas mesetarias. El Atlas se divide en el Gran Atlas de Marruecos (Atlas medio, Alto Atlas y Antiatlas), en el Atlas del Tell (de menor altitud, que discurre cerca del litoral) y en el Atlas sahariano (ya en suelo argelino, que se dirige hacia el interior). La altura máxima del Atlas, el pico Tubkal, alcanza los 4.165 m.

Del periodo terciario, el Atlas es la principal cordillera montañosa del norte de África. Sus cumbres nevadas contrastan con el paisaje árido de las regiones circundantes.

El Atlas es una formación montañosa de origen alpino, producto de la gran colisión entre placas tectónicas acaecida en el terciario. Tiene, por tanto, el mismo origen que otros sistemas montañosos euroasiáticos como los Pirineos, los Alpes, el Cáucaso y el Himalaya. Por lo que respecta al Rif, se trata de una prolongación en suelo africano del Sistema Penibético del sur de la península ibérica.

En cuanto al perfil hidrográfico de la región hay que destacar que en casi toda la fachada mediterránea del continente abundan los lechos secos y pedregosos, conocidos con el nombre de oued o wadi, que por la acción de las lluvias suelen inundar las áreas cercanas al litoral.

Los ríos del Magreb (Marruecos, Túnez y Argelia) son cortos, alimentados por manantiales del Atlas. El Chelif y el Saoura son los cursos fluviales más importantes de Argelia. En Túnez destacan el Medjerda y sus afluentes. Por lo que respecta a Marruecos, hay que anotar al Oum er-Rbia, Al-Sebou, Al-Sous y Al-Muluyya; los tres primeros desembocan en el Atlántico, y el último en el Mediterráneo.

Una excepción a este panorama lo constituye el Nilo, el cual recorre de sur a norte Sudán y Egipto para desembocar en el Mediterráneo. Su extensión y caudal ha creado una zona muy fértil a ambas orillas del río, rompiendo la monotonía desértica de la región. En cuanto al delta del Nilo, las numerosas ramificaciones del río han creado una zona llana y pantanosa.

Los ríos de la región suelen ser cortos y estacionales, dando lugar a las formaciones hidrográficas conocidas como wadis. Una excepción a esto es el Nilo, uno de los ríos más caudalosos del mundo.

Los ríos de la región suelen ser cortos y estacionales, dando lugar a las formaciones hidrográficas conocidas como wadis. Una excepción a esto es el Nilo, uno de los ríos más caudalosos del mundo.

Clima, flora y fauna

Las condiciones climáticas en el oeste de la franja son típicamente mediterráneas, con veranos secos y calurosos e inviernos moderadamente lluviosos. En la estación estival suele soplar un viento abrasador procedente del desierto que hace que las temperaturas se eleven extraordinariamente. En las zonas montañosas del Atlas y del Rif, los inviernos son fríos y nivosos.

La parte oriental de la franja, exceptuando el delta del Nilo y el norte de la península libia de Cirenaica, tiene un clima desértico. El nivel de precipitaciones es muy bajo, lo que se manifiesta en diferentes aspectos como la flora, la fauna y la densidad poblacional. El clima tanto al norte de la península de Cirenaica como en el delta del Nilo es mediterráneo, al igual que al oeste. Sin embargo, el delta nilótico presenta algunas singularidades; por ejemplo, los veranos son muy húmedos.

Pinos, encinas, alcornoques, cítricos, olivos y vides son las especies vegetales más frecuentes al oeste de la franja. La degradación del suelo a causa del pastoreo excesivo ha producido un retroceso del bosque en beneficio del matorral.

La fauna de dicha zona es la típica de las regiones mediterráneas europeas. Entre las especies de mamíferos más amenazadas figuran las poblaciones de focas monje del litoral de Marruecos y Túnez, así como las de monos berberiscos del Atlas marroquí y argelino.

Dada la sequedad del terreno y las escasas precipitaciones, la vegetación está concentrada en los márgenes de los ríos, los oasis (en la imagen) o en las zonas medias de las montañas del Atlas.

Dado el clima desértico, en buena parte del litoral oriental de la franja la única vegetación es la representada por los palmerales datileros que ocupan los oasis. El delta del Nilo tiene una flora muy singular. Las plantas acuáticas que más destacan son el papiro y el loto. Las flores de este último, una especie vegetal cada vez más amenazada, dan al río en otoño un característico color rojo.

También hay mangos, ficus, acacias robinias, etc. La desembocadura del gran río africano da cobijo en el periodo invernal a numerosas especies de aves migratorias, entre las que destacan las gaviotas enanas y los fumareles cariblancos. También se distinguen poblaciones de cormoranes e ibis.

El hombre y el medio

La mayor parte de los pobladores norteafricanos son de raza blanca, descendientes de bereberes y árabes. Los bereberes han vivido desde tiempos ancestrales al norte del continente. A principios del siglo vii, como consecuencia de la fulgurante expansión militar del naciente imperio islámico fundado por Mahoma, los árabes se establecieron en la región.

La mayoría de los actuales habitantes de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia son así producto del mestizaje de bereberes y árabes. Sigue habiendo, sin embargo, algunos enclaves bereberes en estos países, integrados por personas carentes de sangre árabe. Hay además una importante huella negra en la población magrebí, dado que en el pasado era frecuente el tráfico de esclavos subsaharianos. El caso de Egipto es algo diferente, ya que su población desciende mayoritariamente de los antiguos egipcios, los nubios (pueblo negro del Sudán) y los árabes llegados desde el siglo vii.

Las principales lenguas habladas en la franja septentrional de África son el árabe y el bereber, este último dividido en numerosos dialectos: rifeño, cabileño, etc. El francés es lengua oficial en Túnez, un estatus que comparte con el árabe. La religión profesada por la inmensa mayoría de la población es la musulmana, sobre todo, la rama sunní. No obstante, quedan restos de las antiguas comunidades judías establecidas en la región, desde Marruecos hasta Egipto. En este país sigue habiendo una importante minoría cristiana integrada por los coptos, que conservan como idioma litúrgico la antigua lengua egipcia.

La población norteafricana es joven, ya que en torno a un 40 % de la misma tiene menos de quince años de edad. Se concentra principalmente en el litoral atlántico y mediterráneo del Magreb (sobre todo, en torno a ciudades como Casablanca, Tánger, Argel y Túnez), así como en el delta del Nilo (zonas urbanas de Alejandría, Port Said, etc.) y algo más abajo (El Cairo). Éstas son, por tanto, las zonas más antropizadas, aquéllas en las que la huella humana sobre el medio natural es más notoria.

El medio rural del extremo norte de África ha experimentado una progresiva degradación en las últimas décadas, en las que se ha producido una emigración masiva a las ciudades. La población urbana representa más del 40 %, y sigue creciendo en detrimento de la rural. Las ciudades no han podido absorber tal masa de inmigrantes internos, por lo que han proliferado barrios marginales con condiciones de vida precarias. Urbes como Casablanca, Argel y El Cairo son ejemplo de un crecimiento urbanístico explosivo, lo que ha tenido un impacto muy negativo en el medio natural.

Los principales cultivos agrícolas de la zona occidental son los de cereales, arroz, algodón, aceituna, higos y cítricos. Existen también algunas explotaciones forestales en las regiones de Marruecos, Argelia y Túnez que permanecen boscosas. En el valle y el delta del Nilo, ante la abundancia de las aguas fluviales, se desarrolla toda la agricultura egipcia: cereales, caña de azúcar, etcétera.

Las actividades humanas no han tenido tanta incidencia sobre el medio norteafricano como en otros lugares del mundo, ya que muchas de las actividades fabriles siguen todavía métodos artesanales. En la imagen, cubas de tinte en la ciudad marroquí de Fez.

La ganadería es una actividad importante en las zonas montañosas del interior del Magreb. Hay que destacar también la pesca en aguas del rico caladero canario-sahariano. En Marruecos existen yacimientos de fosfatos. La actividad industrial es básicamente de dos tipos: por una parte, hay un importante sector petroquímico en Argelia, Libia y Egipto; por otra, hay una producción de manufacturas, sobre todo textiles, en Marruecos, Túnez y Egipto. En la costa atlántica y mediterránea de Marruecos, así como en el litoral tunecino, se levantan hoteles y apartamentos que dan cobijo a un creciente número de turistas nacionales y extranjeros. El turismo también es muy importante en Egipto.

El Sahara

El desierto del Sahara es el más extenso del mundo, con una superficie superior a los ocho millones de kilómetros cuadrados. Se extiende de oeste a este desde el litoral del Atlántico hasta las aguas del mar Rojo, exceptuando el valle del Nilo, y de norte a sur desde las estribaciones meridionales de las montañas del Atlas y la costa mediterránea oriental hasta los valles del Senegal y el Níger y el tercio norte de Sudán. De este modo, el Sahara recorre territorios de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán, Chad, Níger y Malí, así como casi toda Mauritania y la totalidad del Sahara occidental, territorio bajo ocupación de Marruecos.

El más extenso del planeta, el desierto del Sahara cubre una superficie de más de ocho millones de kilómetros cuadrados.

Esta enorme extensión de tierra es en su mayor parte llana o con pequeñas elevaciones. No obstante, sobre suelo sahariano también se levantan algunos sistemas montañosos como los macizos de Ahaggar, Tibesti y Aïr. La altura máxima es el Emi Koussi, al norte del territorio chadiano (macizo de Tibesti), que se eleva 3.415 m sobre el nivel del mar. Al norte del desierto se levantan las dunas del Gran Erg, el paisaje sahariano más típico.

Sin embargo, no todo el Sahara se compone de dunas, ya que también existen amplias extensiones pedregosas. El desierto sahariano es extremadamente árido en su superficie, aunque existen corrientes subterráneas de agua. La zona más seca se corresponde con el desierto de Libia, al oeste del valle del Nilo. Debajo del desierto libio se encuentra la meseta de Darfur. Entre las estribaciones meridionales del Atlas y el macizo de Ahaggar se halla la meseta africana, lindante al sur con el cauce de los ríos Senegal y Níger.

Clima, flora y fauna

Las lluvias son casi nulas en el desierto del Sahara, dado que no sobrepasan la cota media de 100 mm al año. En las zonas más áridas, esta cifra se reduce a menos de 20 mm. Las mayores precipitaciones se dan en los extremos norte (próximo al Mediterráneo) y sur (lindante con el Sahel). La sequedad del aire es bastante alta, de modo que la evaporación del agua es muy intensa.

El clima sahariano se caracteriza por las grandes oscilaciones de temperatura, con máximas diurnas que llegan a superar los 50 °C y mínimas cercanas a los 0 °C. Los vientos son muy frecuentes en el desierto, aunque bastante irregulares. A ellos se debe la intensa acción erosiva sufrida por el paisaje.

La vegetación del desierto se limita a pequeños matorrales y arbustos espinosos adaptados a la falta de agua. Los oasis son parajes aislados en medio de las extensiones desérticas en los que la existencia del líquido elemento permite el crecimiento de la vegetación, sobre todo palmeras datileras.

La fauna del desierto se compone de animales adaptados, al igual que las plantas, tanto a la escasez de agua como a las fuertes oscilaciones térmicas. Destacan en este sentido los dromedarios, cuyas jorobas albergan grandes depósitos de agua que aseguran su abastecimiento hídrico durante muchos días. Cabe también señalar la presencia en este medio de la rata del desierto, la cobra y el fenec, una especie de zorro de enormes orejas.

Aparte del dromedario, los únicos animales capaces de sobrevivir a las duras condiciones del desierto son los de tamaño pequeño como el fenec, zorro caracterizado por sus grandes orejas.

El hombre y el medio

Las adversas condiciones climáticas del medio sahariano hacen que la población humana sea muy escasa. Ronda el millón y medio de personas, lo que representa una densidad poblacional de unos 0,15 habitantes por kilómetro cuadrado.

En el Sahara son mayoritarios los grupos humanos de etnia bereber, entre los que se encuentran los tuaregs. Éstos, conocidos como los «hombres azules» del desierto, practican el nomadismo y viven de la ganadería. Los dromedarios son una importante fuente de leche, carne y grasa para los tuaregs, que se encuentran repartidos entre varios países. Existen asimismo diversas poblaciones de raza negra, más o menos mezcladas con los bereberes.

Un tuareg con su dromedario. Los tuaregs u «hombres azules» del desierto, dependen de estos camélidos a los cuales utilizan como fuente de alimentos y medio de transporte.

Las lenguas habladas en suelo sahariano son principalmente, al igual que en el litoral mediterráneo africano, el árabe y el bereber. A ellas hay que sumar idiomas nativos africanos como el hausa y los dialectos songhai. El francés es lengua oficial en Mauritania, al igual que en Níger, Malí y Chad (donde también lo es el árabe). La religión de la práctica totalidad de la población sahariana es la islámica.

La industria extractiva, sobre todo de petróleo y gas natural, es importante para algunos países como Argelia y Libia. El subsuelo de otros estados más meridionales como Mauritania, Chad y Níger alberga valiosos minerales, principalmente hierro y uranio. Hay que mencionar también la existencia de ricos yacimientos de sal, uno de los productos más apreciados en el próspero tráfico caravanero que surcaba antiguamente el territorio del Sahara. De este modo, la minería y la ganadería son las únicas actividades económicas reseñables, aunque en Mauritania también hay que añadir la pesca realizada en aguas del Atlántico.

Hace medio millón de años existían poblaciones humanas sobre el actual territorio sahariano, que entonces estaba cubierto de frondosos bosques. Algunas pinturas rupestres halladas en el Sahara dan testimonio de ese pasado verde del ahora gran desierto, ya que en ellas aparecen representados animales propios de medios húmedos como cocodrilos.

Un brusco cambio climático obligó hace más de quince mil años a los antiguos pobladores del Sahara a desplazarse hacia el norte (Europa mediterránea) y el este (Cercano Oriente) en busca de condiciones más habitables. A partir de ciertos hallazgos lingüísticos y genéticos, algunos científicos aventuran que pueblos antiguos como los íberos, los vascos, los etruscos, los cretenses, los egipcios y los sumerios pudieron ser descendientes de aquella primitiva población sahariana.

El Sahel

Se llama Sahel a la franja fronteriza entre el desierto sahariano y la zona tropical húmeda del continente, extendiéndose de oeste a este desde el litoral del Atlántico hasta cerca del llamado cuerno de África. Abarca territorios de Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea.

El río Senegal cerca de su desembocadura en el Atlántico. La presencia de grandes ríos como el Níger o el propio Senegal provoca la transformación gradual del paisaje: del desértico Sahara a la sabana del Sahel.

Hace más de doce mil años, el Sahel formaba parte del desierto sahariano, encontrándose cubierto de dunas. Al oeste está marcado por la presencia de la cuenca del río Senegal, frente a la cual se levanta el archipiélago de Cabo Verde. Más hacia el este se halla el Níger, curso fluvial que se asienta sobre la cubeta del mismo nombre. A continuación se encuentra el lago Chad, alimentado por varios ríos como el Chari. Dicha zona, lindante al este con la meseta de Darfur y al sur con el macizo de Camerún, se asienta sobre la cubeta del Chari-Chad.

El clima del Sahel es tropical seco. Las lluvias son irregulares y escasas, aunque mucho mayores que en el desierto. Las precipitaciones, que llegan a alcanzar los 500 mm anuales, suelen concentrarse en la primavera y el otoño. Las temperaturas no son tan altas como en el Sahara, pero pueden llegar a 40 °C. Además, la oscilación térmica es mucho menor. En los meses más fríos, la temperatura media nunca baja de 20 °C.

La vegetación en las zonas fronterizas con el desierto es de tipo estepario, con predominio de arbustos y matorrales espinosos. Más al sur, a medida que se avanza hacia la región de clima tropical húmedo, se extiende la sabana. En ella, además de la vegetación herbácea, se levantan árboles aislados entre los que pueden destacarse las acacias y los baobabs. La fauna saheliana doméstica consta de camellos, cabras, ovejas, etc. A ello hay que añadir distintos animales salvajes típicos de la sabana como antílopes, gacelas, jirafas, hienas y leones.

Tras las deshabitadas dunas del desierto, en el Sahel comienzan a aparecer árboles aislados como los baobabs (en la imagen) o las acacias.

La mayoría de la población que habita en el Sahel es producto de la fusión de bereberes, árabes y diversos pueblos negros nativos. La religión mayoritaria es la islámica. Las principales lenguas son el árabe (oficial en Sudán), los dialectos bereberes y varios idiomas africanos como el hausa. Este último se utiliza como lengua franca en buena parte del África centro-occidental. El francés es idioma oficial en países como Níger, Malí y Chad (aquí comparte la oficialidad con el árabe).

La mayor parte de la población saheliana es seminómada. Su modo de vida se basa en la ganadería trashumante: en la estación lluviosa, los ganados pastan al norte de la franja; cuando llega la sequía a esas zonas septentrionales próximas al desierto, los animales se desplazan con sus propietarios hacia el sur más húmedo.

La agricultura es muy pobre, dada la elevada acidez de los suelos y su bajo contenido en nitrógeno y fosfatos. El límite septentrional de los cultivos viene marcado por una línea más o menos recta que pasa por la desembocadura del río Senegal y el norte del lago Chad. El nivel de precipitaciones es el mínimo (unos 300 mm anuales) que permite el desarrollo de las prácticas agrícolas. La pesca en las aguas del río Níger constituye una actividad económica importante para países como Malí y Níger.

Dada la irregularidad de las lluvias, el Sahel es una región muy expuesta al riesgo de sequías y hambrunas. A lo largo del siglo xx, los países de la zona sufrieron varias crisis alimentarias que se cobraron la vida de decenas de miles de personas y forzaron a otras muchas a emigrar hacia las tierras más húmedas del sur. La plaga de langosta que azotó buena parte del norte de África en 2005 se cebó especialmente con el Sahel, destruyendo las cosechas y llevando al hambre a muchos de sus habitantes.