El Salvador

El menos extenso de los países latinoamericanos continentales, El Salvador es, no obstante, el de mayor densidad demográfica de todos ellos, factor este que ha condicionado de modo considerable su evolución. La tendencia a la sobrepoblación y la desigual distribución de la riqueza dieron lugar a movimientos migratorios y a tensiones sociales que, en especial en las últimas décadas del siglo XX, determinaron de manera decisiva el devenir histórico del pequeño país centroamericano.

Bandera de El Salvador.

Medio físico

El Salvador es un pequeño país de 21.040 kilómetros cuadrados, bañado en su lado sur por el océano Pacífico -es el único de los centroamericanos que no tiene litoral en el mar Caribe-, y que limita al oeste con Guatemala y al norte y este con Honduras.

Desde el punto de vista orográfico, el territorio cuenta con una estrecha llanura costera a cuyo norte se sitúa la cadena montañosa meridional, de la que forman parte una sucesión de conos volcánicos, algunos de ellos activos, que generan una intensa actividad sísmica en todo el país. Entre los principales se cuentan, de oeste a este, el Izalco, cuya cima aislada próxima al litoral hace que sea conocido como el «faro del Pacífico», el Santa Ana, que alcanza la mayor altitud de la cordillera, con 2.381 metros, el Apaneca, el San Salvador, el Usulután, el San Miguel y, ya en el extremo oriental del país, próximo al litoral del golfo de Fonseca, el Conchagua.

Vista del volcán Izalco, conocido también como «faro del Pacífico» por su proximidad al litoral.

Desde la vertiente septentrional de estos volcanes se extiende una llanura central, formada por fértiles terrenos en los que se concentra buena parte de la población, y al norte de ella se eleva una segunda región montañosa con las cordilleras de Metapán y Chalatenango; en esta última se encuentra el cerro El Pital, de 2.730 metros, la mayor altitud del territorio salvadoreño.

Entre los accidentes del litoral cabe reseñar la bahía de Jiquilisco, albufera dentro de la cual se hallan varias islas como las de Espíritu Santo y Tortuga.

El río más importante es el Lempa, con una longitud superior a los 300 kilómetros, que surca la zona central del país y la última parte de cuyo recorrido es navegable. Al oriente de éste discurre el otro cauce principal, el río Grande de San Miguel. En la llanura costera los ríos son abundantes, aunque de curso corto y escaso caudal. Los dos más importantes son el Paz, que en buena parte de su recorrido forma frontera con Guatemala, y el Goascorán, que vierte sus aguas en el golfo de Fonseca y que también es fronterizo, en este caso con Honduras. Abundan los lagos de origen volcánico, como, procediendo de oeste a este, el Güija, el Coatepeque, el Ilopango y el Olomega.

La República de El Salvador goza de un clima tropical, si bien éste no es uniforme en todo el territorio en virtud de la variación del relieve. En términos generales, existe una estación seca que va de noviembre a abril, mientras que las lluvias se concentran entre mayo y octubre. El clima es plenamente tropical en la costa, con temperaturas medias que superan los 25 ºC y precipitaciones anuales de más de 2.000 milímetros. Las tierras altas del interior, por el contrario, presentan un clima más templado, con temperaturas medias del orden de los 20 ºC y menos lluvias.

Flora y fauna

La elevada densidad de población de El Salvador hace que la vegetación presente un alto nivel de adaptación a la actividad humana. La selva tropical, que cubrió antiguamente su territorio, queda restringida a algunas áreas litorales, en las que abundan los manglares. En ellas se obtienen especies arbóreas de maderas apreciadas como el cedro, la caoba, el laurel o el níspero. En las laderas de las montañas hay extensiones limitadas de bosques de encinas y coníferas, mientras que el resto del territorio, dedicado a la agricultura y ganadería, está cubierto por sembrados y tierras de pastos. A reseñar también el árbol del apamate o roble de las sabanas, cuya flor es el emblema nacional del país.

Igualmente, la alta incidencia de la ocupación humana ha hecho que la fauna de El Salvador sea una de las menos diversas de Centroamérica. En general predominan las especies de pequeño porte, como roedores, aves y reptiles, además de una amplia variedad de peces, de aguas costeras, como mero, róbalo, atún y caballa. Las aguas litorales están pobladas también por diversas especies de tiburones, en tanto que en los ríos y lagos de entorno tropical habitan tortugas y cocodrilos.

Población

Demografía

La República de El Salvador cuenta con unos 6.141.000 habitantes, lo que, en combinación con su extensión comparativamente reducida, hace que sea el país más densamente poblado de Latinoamérica. A lo largo del siglo XX, el total de la población salvadoreña se multiplicó de modo espectacular y si, a comienzos de esa centuria su número no sobrepasaba el millón, ochenta años más tarde ya rebasaba los cuatro millones y medio de habitantes. Como consecuencia de ello la tasa de crecimiento poblacional ha sido siempre elevada, si bien modernamente su valor se ha moderado hasta el 0,25 %.

La notable densidad de población hace que uno de los rasgos demográficos más significativos de El Salvador sea la tendencia a la emigración. De hecho, se estima que a mediados de la década de 2000 más de tres millones de personas de procedencia salvadoreña vivían en los Estados Unidos. Otros países con nutrida colonia salvadoreña son Honduras, Guatemala y Canadá. El salvadoreño es un pueblo joven. La media de edad es de 24,6 años en los hombres y de 27,6 en las mujeres, en tanto que la esperanza de vida media alcanza los 74,42 años. La distribución de la población en el territorio es desigual. Dos tercios de ella ocupan las fértiles tierras volcánicas del interior. Es precisamente en estas zonas donde se levantan las principales ciudades, que cuentan con las infraestructuras más desarrolladas. Entre ellas destacan la capital, San Salvador, en cuyo entorno urbano se asienta casi un tercio del total de la población, y también Soyapango, San Miguel, Santa Ana, Sonsonate o San Vicente. Áreas de menor ocupación, aun dentro de la tendencia a la alta densidad, son las tierras bajas de la costa o la zona montañosa del norte.

Detalle de la fachada de la catedral metropolitana de San Salvador, capital del país.

Más del 90 % de los salvadoreños son mestizos. El porcentaje de blancos se sitúa en torno al

9 %, mientras que aproximadamente un 1 % de la población es indígena.

Lengua

El español es la lengua oficial del país, hablada por la práctica totalidad de la población. Sólo un 1 % de la población tiene alguna lengua amerindia como habla materna, siendo las más importantes el pipil, del tronco uto-azteca; el kekchí, perteneciente a la familia del maya; y el lenca, de origen lingüístico discutido.

Religión

El 83 % de la población profesa nominalmente la religión católica. El 17 % restante profesa otras confesiones, registrándose un fuerte crecimiento de la comunidad protestante evangélica. La libertad de culto está garantizada por la Constitución.

Economía y comunicación

Datos económicos

El sector agropecuario, complementado por la pesca, la explotación forestal y las escasas actividades extractivas de recursos minerales, constituye aproximadamente el 10 % del producto interno (interior) bruto (PIB), y proporciona ocupación al 21 % de la fuerza laboral del país. Algunos de los más significados cultivos agrícolas destinados a la exportación son café, caña de azúcar y algodón. En concreto, el café, que se cultiva en las tierras altas volcánicas, es especialmente apreciado por su calidad. También son destacables los cultivos de arroz, frijoles (judías o porotos), sorgo y frutas tropicales, si bien en este caso se trata de productos destinados predominantemente al consumo interno.

La ganadería también ofrece notables rendimientos, en especial en lo que se refiere a las explotaciones de ganado bovino, mientras que la pesca centra su actividad en la captura de camarones y otros crustáceos, en parte destinados a la exportación.

El Salvador no posee excesivos recursos energéticos en su subsuelo, por lo que se ve obligado a importarlos de modo mayoritario. El río Lempa provee de la mayor parte de la energía hidroeléctrica consumida, con embalses como el de la presa 5 de Noviembre o el de Cerrón Grande. A pesar de ello, el país ha de importar energía eléctrica, al igual que petróleo. Especial mención merece el desarrollo de la tecnología destinada a la obtención de energía geotérmica, fruto de la notable actividad volcánica del subsuelo, que proporciona más de una cuarta parte de la energía consumida y que cuenta con importantes centrales como la de Ahuachapán.

El sector secundario ocupa en torno al 20 % de la fuerza laboral del país y constituye un porcentaje próximo al 25 % del PIB. Antes de la década de 1980 la industria salvadoreña experimentó un rápido desarrollo, pero los conflictos armados de esa época y el consiguiente deterioro de las infraestructuras manufactureras hicieron que sufriera un fuerte retroceso. Entre los principales sectores industriales cabe reseñar la refinación de petróleo, importado en su totalidad, el procesamiento de algodón y azúcar, los fertilizantes, la industria del mueble, los productos farmacéuticos, las cerveceras y las tabaqueras. Es también significativo el papel de las denominadas maquiladoras, compañías dedicadas al montaje de productos que proceden del exterior separados en piezas, fundamentalmente de los Estados Unidos, para su posterior reenvío al país de origen. Este tipo de actividad, en origen desarrollado en México, ha experimentado una importante expansión en El Salvador.

Por su parte, el sector de los servicios es responsable del 63,8 % del PIB y da empleo al 58 % de la fuerza laboral del país. El Banco Central de Reservas de El Salvador es la principal entidad bancaria y, hasta 2001, contó con el monopolio de la emisión de la moneda nacional, el colón. Sin embargo, ese año el país adoptó el dólar estadounidense como moneda de curso legal, por lo que perdió el control sobre la política monetaria.

Por cuanto respecta al comercio, las principales exportaciones salvadoreñas son los bienes de equipo ensamblados en las maquiladoras, el café, el azúcar y los textiles. Los Estados Unidos reciben más del 60 % de las exportaciones salvadoreñas y a ellos les siguen como principales socios importadores Guatemala, Honduras y Nicaragua. Con respecto a las importaciones, El Salvador adquiere en el exterior fundamentalmente materias primas, bienes de consumo y de capital, alimentos, electricidad y petróleo. Los Estados Unidos, seguidos de Guatemala y México, son sus principales proveedores. La balanza comercial, tradicionalmente deficitaria, se ve en parte compensada por las remesas de ingresos que envían los emigrantes, que a mediados de la década de 2000 suponían un porcentaje superior al 15 % del PIB.

El turismo, inexistente durante la década de 1980 como consecuencia de la guerra y la inestabilidad política, ha venido experimentando cierto auge, basado en los atractivos de las playas y paisajes salvadoreños.

La red ferroviaria, minoritaria en relación con la de carreteras, se destina fundamentalmente al transporte de mercancías y apenas cuenta con unos pocos cientos de kilómetros de tendido. El transporte terrestre se centra pues en la red viaria. La carretera Panamericana atraviesa el país, separada en dos ramas paralelas que discurren de oeste a este, para unirse cerca de San Miguel, en las proximidades de la frontera con Honduras. No obstante, a pesar de su extensión, la infraestructura viaria cuenta con sólo una quinta parte de trazado pavimentado, mientras que el resto está constituido por carreteras sin asfaltar.

Los puertos más importantes son, procediendo de oeste a este, los de Acajutla, La Libertad, Puerto El Triunfo y La Unión, en el golfo de Fonseca. Importante vía de comunicación interior es el río Lempa, navegable en buena parte de su curso inferior.

El Salvador está conectado con el exterior por vía aérea gracias a los aeropuertos internacionales de Ilopango y Cuzcatlán. Son numerosos los pequeños aeródromos y pistas destinados a la comunicación por vía aérea mediante avionetas con las zonas más aisladas.

Comunicación

Entre los principales diarios salvadoreños se cuentan el Colatino, El Diario de Hoy, El Mundo y revistas como Revista Democracia y La Prensa Gráfica, todos ellos de difusión nacional.

Radio y televisión son medios de comunicación sólidamente implantados. Entre las múltiples emisoras radiofónicas merecen mención Radio El Salvador, Radio Monumental, Radio Fémina y 102.1 Radio. Algunas de las principales cadenas televisivas son El Salvador Televisión, Ágape TV, Telecorporación Salvadoreña y Televisión Cultural Educativa. En relación con esta última es destacable el papel pionero del país en el uso educativo del medio televisivo. Las televisiones por cable y satélite permiten enlazar con canales extranjeros, fundamentalmente estadounidenses.

La red telefónica de El Salvador presenta una mayor cobertura que la de otros países centroamericanos, con un millón aproximado de líneas de telefonía convencional y más de 8.300.000 de telefonía celular. Lo mismo sucede con la implantación de la red de Internet, que cuenta con unos 746.000 usuarios.

Administración y política

División territorial

La República de El Salvador está formada por catorce departamentos, al frente de cada uno de los cuales se halla un gobernador, que ejerce de representante del Gobierno central y que, como tal, es designado de modo directo por el presidente de la república. La sede de cada gobernador se levanta en la capital del departamento, la llamada cabecera departamental. La división administrativa de rango inmediatamente inferior al departamento es el distrito y por debajo de ella se encuentra el municipio. En los municipios gobiernan los Concejos Municipales, que son elegidos cada tres años.

Forma de gobierno y partidos políticos

El Salvador es una república constitucional de carácter presidencialista, en la que todos los ciudadanos mayores de 18 años tienen derecho a voto y en cuyo ordenamiento legal se reconocen tres poderes.

El poder ejecutivo lo detenta el presidente del país, elegido por sufragio universal y que ejerce su cargo durante un periodo de cinco años. Es asistido por un vicepresidente y un Consejo de Ministros, nombrados por el propio presidente, que no puede ser reelegido.

El poder legislativo lo ejerce la Asamblea Nacional, órgano unicameral compuesto por 84 diputados, elegidos por sufragio universal cada tres años.

A la cabeza del poder judicial está la Corte Suprema de Justicia, formada por catorce magistrados, designados por la Asamblea Nacional.

Tras la guerra que asoló el país durante la década de 1980 y a la que pusieron fin los Acuerdos de Chapultepec, firmados en 1992, en El Salvador se crearon nuevas instituciones como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral o la Policía Nacional Civil, destinada a garantizar el orden y suplir a cuerpos como la Guardia Nacional o los batallones especiales, que durante la guerra ejercieron funciones de represión de los movimientos guerrilleros y campesinos.

El panorama político salvadoreño está dominado por dos formaciones políticas principales: la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), de ideología conservadora, y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FFMLN), de tendencia progresista y que fue legalizado tras los mencionados acuerdos de Chapultepec. Otros partidos políticos son el Cristiano Demócrata (PDC), Convergencia Democrática (CD), el Partido de Conciliación Nacional (PCN) y el Frente Democrático Revolucionario (FDR).

Servicios del Estado

El sistema educativo salvadoreño contempla la enseñanza obligatoria y gratuita para toda la etapa primaria, pese a lo cual el abandono del ciclo formativo es frecuente, en especial en zonas rurales. No obstante, la tasa de alfabetización, superior al 80 %, se sitúa en niveles ligeramente superiores a los de otros países de su entono.

La enseñanza superior cuenta con centros como la Universidad de El Salvador, fundada en 1841, la Universidad Doctor José Matías Delgado, la Centroamericana José Simeón Cañas, la Universidad Evangélica, la Universidad Católica de Occidente o la Universidad Monseñor Óscar Arnulfo Romero.

La red sanitaria ha experimentado en los últimos años un franco desarrollo, aunque aún es ciertamente insuficiente para responder a las demandas de la población, con un bajo número de médicos y camas hospitalarias por habitante. Los hospitales y centros de asistencia se concentran en los principales núcleos de población, en tanto que el medio rural presenta carencias en este aspecto. No obstante, se han registrado importantes avances, reflejados en una continuada reducción de las tasas de mortalidad infantil.

Historia

El Salvador prehispánico

El territorio que comprende la actual república de El Salvador fue ocupado, como toda Centroamérica, por pobladores llegados de otras regiones del continente en distintas oleadas. Los restos más antiguos de estos arcaicos pobladores son escasos y corresponden a rastros en cuevas, petroglifos y pequeños instrumentos y tallas. Entre los pobladores más antiguos se cuentan los chorotegas. Uno de los sitios en los que mejor se ha conservado la presencia de estos grupos es la Cueva del Espíritu Santo.

Entre los siglos IV y VII de la era cristiana, las tierras salvadoreñas formaban parte, junto con las de Honduras y el sur de Guatemala, del foco de cultura maya que tenía su centro principal en Copán, en el actual occidente hondureño. La presencia maya en el territorio salvadoreño se redujo hacia el año 70 d.C., cuando se inició un importante proceso migratorio hacia la península del Yucatán que acabaría resultando en el surgimiento de grandes centros urbanos como Chichén Itzá o Palenque. El actual El Salvador quedó poblado entonces por grupos aislados de mayas y pueblos indígenas asentados en pequeñas comunidades, como los lencas, los pocomanes, los izalcos o los ulúas.

A partir del siglo X se produjo la irrupción de varios pueblos náhuatl procedentes del norte, que fueron ocupando el territorio salvadoreño situado al oeste del río Lenca. Pocas décadas antes de la llegada de los españoles, prevaleció el grupo de los pipiles, de origen azteca, y que contaron con un notable grado de organización social, basada en un orden jerárquico asimilable al de una monarquía, por lo que sus dominios se conocieron como el reino o señorío de Cuscatlán, nombre náhuatl de esta parte de El Salvador con la que el territorio aparece registrado en los primeros documentos de los conquistadores que arribaron a él. Antes de la llegada de los españoles, en la zona oriental predominaban entre las tribus antes mencionadas los lencas, de origen chibcha y procedentes del norte de Colombia.

La conquista y la colonia

El primer contacto de los españoles con el territorio salvadoreño se produjo en 1522, cuando la expedición de Gil González Dávila y Andrés Niño, procedente de la Castilla del Oro (Panamá), tomó tierra en la isla de Meanguera, situada en el golfo de Fonseca, y prosiguió la exploración del litoral, llegando a la bahía de Jiquilisco y la desembocadura del río Lempa.

Dos años más tarde, en 1524, Pedro de Alvarado realizó el primer intento de conquista del señorío de Cuscatlán. Procedente del territorio de Guatemala, que acababa de conquistar, se enfrentó a los pipiles, pero fue obligado a retirarse, aunque en la batalla murió el jefe de los indígenas Atlacatl. Vuelto a Guatemala, Pedro de Alvarado encomendó la tarea de conquista a su hermano Gonzalo. Más tarde, su primo Diego de Alvarado fundó la villa de San Salvador en abril de 1525, a la que en 1546 el emperador Carlos V otorgó el título de ciudad. La conquista plena de El Salvador se logró en 1539, cuando el territorio quedó bajo control de las tropas españolas, si bien la hostilidad de los pipiles aún se manifestaría en brotes aislados en varias ocasiones.

Conquistado El Salvador, éste se integró administrativamente en la Capitanía General de Guatemala, parte integrante del Virreinato de la Nueva España. El territorio se dividía en las provincias de San Salvador, San Miguel y Trinidad o Sonsonate –fundada en 1552–, aunque más adelante las dos primeras fueron unificadas. San Salvador y Sonsonate compitieron por el predominio en la región. El cultivo del cacao dio a la segunda un papel preponderante durante el siglo XVII, mientras que San Salvador tuvo un menor desarrollo económico. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII la competencia de otras zonas de la América española en la producción de cacao –fundamentalmente del Ecuador– y la progresiva pérdida de fertilidad de sus tierras hizo que la importancia económica de Sonsonate remitiera mientras que el crecimiento de San Salvador, basado en la explotación ganadera, la fertilidad de sus tierras para cultivos menos específicos que el cacao, como las frutas y hortalizas, y el procesado del añil, acabó por convertirla en el principal núcleo urbano del territorio. En 1786 se creó la intendencia de San Salvador, dentro de la cual quedó incorporada la propia ciudad de Sonsonate.

Durante el periodo colonial las ricas tierras de El Salvador atrajeron a numerosos pobladores, alcanzándose una alta densidad poblacional. Las crónicas describen que las llanuras eran fértiles, abundando los más diversos cultivos y la pesca y destacando las buenas comunicaciones con México y Perú, a través del puerto de Acajutla, y con Guatemala por tierra.

La independencia

En la transición del siglo XVIII al XIX, el territorio salvadoreño presentaba ya características que mantendría con posterioridad, como el elevado grado de mestizaje y la alta densidad demográfica en la meseta y los valles centrales. Sin embargo, la población española era escasa y los terratenientes manifestaban, según varios cronistas, desidia y abandono que revertían en falta de organización social.

En este contexto, en 1811 se produjo el primer movimiento independentista centroamericano, inspirado en el dirigido en México por el cura mexicano Miguel Hidalgo, y encabezado por el también religioso salvadoreño José Matías Delgado, quien, junto a su sobrino Manuel José Arce, intentó rebelarse contra el poder español, aunque este primer intento no alcanzó el éxito.

Los mismos dirigentes protagonizarían un nuevo alzamiento tres años más tarde, pero habrían de esperar hasta 1821 para desvincularse de la Corona española, tras la declaración de independencia de la Capitanía General de Guatemala, de la que El Salvador formaba parte. A diferencia de otros integrantes de la federación como guatemaltecos u hondureños, en principio favorables a la unión de la federación a México, los salvadoreños la rechazaron desde un primer momento, enfrentándose a los ejércitos del recién constituido Imperio mexicano deAgustín de Iturbide.

La resistencia salvadoreña a las fuerzas mexicanas del general Vicente Filisola se prolongó durante un año, aunque en febrero de 1823 San Salvador fue ocupada. La caída de Iturbide ese mismo año dio paso a la proclamación de las Provincias Unidas de Centroamérica, de las que San Salvador fue capital entre 1834 y 1839 y de la que Manuel José Arce fue el primer presidente.

En el seno de la federación las tensiones de El Salvador con Guatemala y Honduras fueron constantes, desencadenándose diversos episodios bélicos. El 1 de febrero de 1841 la Asamblea Nacional proclamó oficialmente la separación de las Provincias Unidas y la creación de la República de El Salvador.

La república

Un año después de la proclamación de la república fracasó un intento de unión republicana tripartita con Honduras y Nicaragua. Los conflictos con los vecinos centroamericanos fueron continuos: así, en 1850, El Salvador y Honduras se aliaron en contra de Guatemala. En 1863 se produjo un nuevo conflicto armado con este país, en el curso del cual la ciudad de San Salvador recibió un duro asedio. Finalmente, en 1907 y en el seno de un congreso centroamericano, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica suscribieron un tratado de paz y amistad. A pesar de ello, los conflictos entre los países vecinos quedaban aún lejos de quedar resueltos de modo definitivo.

En el orden interno, las primeras décadas en la historia de la república salvadoreña se caracterizaron por la inestabilidad derivada de las continuas disputas por el poder de conservadores y liberales. En 1895, durante un corto lapso de tiempo estuvieron unidas las repúblicas de El Salvador, Honduras y Nicaragua, agrupadas bajo el nombre de República Mayor de Centroamérica, disuelta por el golpe de Estado de Tomás Regalado, en 1898.

A lo largo de las décadas siguientes se sucedieron Gobiernos nominalmente encuadrados en el marco de un sistema democrático, aunque de hecho el mecanismo de relevo en el poder obedecía a criterios personales, ya que el presidente saliente designaba a su sucesor, miembro casi siempre de alguna de las familias dominantes del país, entre las que destacaron las de los Meléndez y los Quiñones, varios de cuyos miembros se alternaron en el Gobierno entre 1913 y 1927. En este periodo se creó la llamada Liga Roja, partido político de estructura sindical que constituyó la base de las sucesivas reelecciones y que tenía como objetivo oponerse al desarrollo de las incipientes organizaciones obreras y sindicales que, no obstante, derivaría en la fundación, en 1930, del Partido Comunista de El Salvador.

Los pronunciamientos militares

Tras la elección del conservador Arturo Araujo en 1931, se planteó el establecimiento de pautas que dieran lugar a la democratización efectiva del país. Sin embargo, las promesas electorales de Araujo quedaron sin cumplimiento. El mismo año de su acceso a la presidencia, un pronunciamiento militar llevó al poder al general Maximiliano Hernández Martínez, quien estableció un régimen autocrático, mantenido hasta 1944, fecha en la que fue depuesto por una revuelta popular. Al inicio de su mandato, en 1932, otra movilización campesina, la llamada revuelta de Izalco, que se extendió a buena parte del país, fue reprimida produciéndose la matanza de más de veinte mil insurrectos y la ejecución de sus dirigentes, entre los que se contaba uno de los símbolos de la lucha revolucionaria, Agustín Farabundo Martí.

Forzada la convocatoria de elecciones, de ellas salió victorioso el general Salvador Castañeda Castro. En 1948 una Junta Militar se hizo con el poder, instaurando un Consejo de Gobierno y el oficialista Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD). Esta formación se mantuvo en el poder con las presidencias de los también militares Óscar Osorio y José María Lemus.

En 1960, ante la fuerte oposición popular al Gobierno de Lemus, una junta de militares y civiles tomó el poder y creó otra formación oficialista, el Partido de Conciliación Nacional (PCN), que sustituía al PRUD. En 1961, el coronel Aníbal Portillo derrocó a la Junta y estableció un directorio cívico-militar. En enero del año siguiente se aprobó una nueva Constitución, que abría el espectro de libertades políticas. Las dos presidencias siguientes, ocupadas sucesivamente durante la década siguiente por los coroneles Julio Adalberto Rivera y Fidel Sánchez Hernández, constituyeron un periodo de cierto progreso económico y de estabilidad política, durante el cual se constituyeron nuevas formaciones, como el Partido de Acción Renovadora (PAC), izquierdista, y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), de tendencia conservadora.

De la guerra del fútbol a la guerra civil

La sobrepoblación y la desigual distribución de la riqueza dieron lugar en las décadas de 1950 y 1960 a una fuerte corriente migratoria hacia otros países centroamericanos, en el marco de la cual miles de salvadoreños entraron de modo ilegal en Honduras. En 1969, a raíz de la aplicación en este país de una importante reforma agraria, se produjo el desalojo de las tierras ocupadas por los salvadoreños, que fueron repatriados. El trato por ellos recibido generó una atmósfera de hostilidad, que se exacerbó tras la disputa de una serie de encuentros de fútbol entre ambos países, por lo que el subsiguiente conflicto armado se conoció como «guerra del fútbol». Mientras los respectivos Gobiernos presentaban denuncias de violaciones de la legalidad cometidas por ambas partes ante la Organización de Estados Americanos (OEA), el 14 de julio de 1969 El Salvador bombardeó varios aeropuertos hondureños, y, aunque la aviación de Honduras respondió con incursiones en territorio de El Salvador, las fuerzas hondureñas mantuvieron una función defensiva. Los ataques se interrumpieron dos semanas después tras la mediación de la OEA, aunque a continuación se abrió un largo periodo de negociaciones destinadas a la consecución de un acuerdo de paz y de fijación de límites fronterizos que sólo se alcanzaría en 1980. En ese lapso de tiempo la caída del comercio con Honduras y otros países centroamericanos supuso un importante elemento de recesión de la economía salvadoreña.

Tras las elecciones de 1972 fue proclamado vencedor el coronel Arturo Molina, del oficialista PCN, que obtuvo la victoria sobre el candidato de la Democracia Cristiana, José Napoleón Duarte. La oposición desencadenó una campaña de protestas por fraude electoral, que fueron violentamente reprimidas. En este contexto surgió el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), en el que se aglutinaron todas las fuerzas de izquierda. A partir de 1973 comenzaron a constituirse grupos activistas de extrema izquierda, cuyas acciones armadas tuvieron como réplica la aparición de otras organizaciones de extrema derecha, que adoptaron también técnicas terroristas y de guerrilla.

En este contexto de violencia el Ejército reprimió a las asociaciones campesinas que exigían una reforma agraria de alcance, lo que supuso que la jerarquía de la Iglesia católica, defensora de los campesinos, se enfrentara a la autoridad del Gobierno. En 1977 el oficialismo del PCN mantuvo el poder tras el acceso a la presidencia de Carlos Humberto Romero, en cuya elección se reprodujeron las movilizaciones contra el fraude. Romero, acusado de múltiples violaciones de los derechos humanos, fue depuesto en 1979 por una Junta cívico-militar, encabezada por los coroneles Adolfo Majano y Jaime Abdul Gutiérrez, quienes, a pesar de plantear medidas como la tan requerida reforma agraria o el compromiso de respetar los derechos humanos, no consiguieron controlar una situación de manifiesta guerra civil. La cabeza visible de la oposición al Gobierno, el arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, fue asesinado el 24 de marzo de 1980, año en el que fue nombrado presidente el democristiano José Napoleón Duarte, entonces integrado como miembro civil en la junta gobernante.

La guerrilla izquierdista quedó encuadrada en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FFMLN), que entró en guerra abierta con el Ejército, que recibía ayuda financiera de los Estados Unidos. Los comicios legislativos para la formación de una Asamblea Constituyente otorgaron el triunfo a una inestable coalición conservadora, de la que formaban parte los oficialistas del PCN y los democristianos. Duarte dimitió, cediendo la jefatura del Estado a Álvaro Magaña Borja en 1983.

Al año siguiente las elecciones presidenciales enfrentaron al ultraconservador Roberto d'Aubuisson, que proponía la solución armada del conflicto, y a Duarte, partidario del inicio de conversaciones de paz y que obtuvo la victoria.

El camino hacia la paz

En medio de un clima de inestabilidad política y una acusada pobreza de gran parte de la población, en 1986 se produjo un violento terremoto en San Salvador que causó más de mil víctimas mortales. Las negociaciones de paz, pese a avanzar, no pudieron impedir que la guerra civil continuara. Un primer paso firme se dio en 1987, cuando Duarte y otros gobernantes centroamericanos firmaron en Guatemala un plan de paz para la región que, no obstante, fue rechazado por el FFMLN.

En 1989 accedió a la presidencia Alfredo Cristiani, líder de la conservadora Alianza Republicana Nacional (ARENA), quien promovió las negociaciones hasta que, en 1992, se logró firmar un acuerdo de paz en el palacio de Chapultepec de la ciudad de México, entre el FFMLN y el Gobierno salvadoreño. La supervisión del cumplimiento del tratado quedó a cargo de una Misión Observadora de Naciones Unidas. Finalmente, en 1995, con Armando Calderón (ARENA) como presidente, se declaró concluido el proceso de paz. Atrás quedaban tres lustros de conflicto armado, más de 75.000 muertos y un país arrasado por la guerra.

El siglo XXI. Primera década

Tras la conclusión del proceso de paz, en las elecciones legislativas y municipales de 1997 resultó vencedor el FFMLN, que derrotó al partido gubernamental ARENA. Un año más tarde, una nueva catástrofe natural asoló el país: el huracán Mitch arrasó buena parte de las tierras de cultivo y dejó un saldo de cientos de víctimas y miles de desplazados, si bien sus efectos no fueron tan devastadores como en la vecina Honduras.

En las elecciones presidenciales de 1999 resultó vencedor el conservador Francisco Flores, de ARENA, aunque las fuerzas progresistas del FFMLN mantuvieron el equilibrio de fuerzas con su victoria en los comicios legislativos y municipales de 2000. El año 2001 estuvo marcado por un nuevo desastre natural, un fuerte seísmo que afectó las cercanías de San Salvador, dejando un saldo de cientos de víctimas. Las elecciones de 2004 fueron ganadas de nuevo por el candidato del partido conservador, ARENA, Elías Antonio Saca. Durante su mandato se firmó la adhesión de El Salvador al Tratado de Libre Comercio para Centroamérica y la República Dominicana (CAFTA-RD, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo era incentivar el comercio entre los países del área centroamericana y antillana y los Estados Unidos. Asimismo, se abordaron programas para combatir la criminalidad organizada y las acciones delictivas de las bandas de delincuentes juveniles conocidas como «maras», cuya creciente expansión generaba gran inquietud social en el país.

Durante 2006, El Salvador fortaleció sus lazos con los Estados Unidos, por medio de la firma de un acuerdo de libre comercio, y con la vecina Honduras, al definir una frontera común estable tras varias décadas de disputas limítrofes. En el plano político, la antigua formación guerrillera del FFMLN logró un resultado muy positivo en las elecciones locales celebradas en enero de 2009 y reforzó su posición de cara a las siguientes presidenciales. No obstante, el partido gobernante ARENA consiguió el mayor número de representantes.

En los comicios presidenciales celebrados en marzo obtuvo la victoria Mauricio Funes, representante del FFMLN y antiguo guerrillero de orientación marxista. Tras ser investido como presidente en el mes de junio, impulsó la restauración de las relaciones diplomáticas entre El Salvador y Cuba, interrumpidas desde 1962. Ante la crisis política suscitada en la vecina Honduras por la destitución de su presidente por un pronunciamiento militar, Funes ordenó el cierre temporal de las fronteras terrestres comunes. Por otra parte, en una de sus primeras medidas importantes en política exterior, promovió el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. En el mes de noviembre, Funes anunció el lanzamiento de un plan de fortalecimiento de las dotaciones policiales de lucha contra la delincuencia común, uno de los problemas sociales más acuciantes en el territorio salvadoreño.

El siglo XXI. Segunda década

En los primeros años de la década de 2010 se produjo un notable incremento de la actividad en El Salvador de las bandas de delincuentes relacionadas con el narcotráfico. La lucha contra estos grupos delictivos, una de las prioridades del Gobierno salvadoreño, no obtuvo los resultados apetecidos y la inseguridad ciudadana siguió siendo una de las primeras preocupaciones de la población. Por otra parte, en octubre de 2011 El Salvador sufrió un temporal de lluvias con uno de los mayores índices de precipitaciones de las últimas décadas. Además de varios miles de damnificados y de daños materiales muy cuantiosos, al menos 34 personas perdieron la vida a causa de las inundaciones.

El año 2012 presenció una controvertida tregua en los enfrentamientos entre las principales bandas de delincuentes ligados al narcotráfico. Mientras este acuerdo, que se prolongaría también en 2013, se tradujo en un menor número de asesinatos en el país, el presidente Funes vivió una contestación a su forma de gobierno, plasmada en la derrota de sus formaciones afines en las elecciones parlamentarias celebradas en marzo. La opositora ARENA logró la victoria, al tiempo que se produjo una seria crisis institucional a causa de la anulación de los nombramientos de varios magistrados para el poder judicial.

Las elecciones presidenciales celebradas en El Salvador en febrero y marzo de 2014 dieron la victoria al vicepresidente saliente, Salvador Sánchez Cerén, candidato del FFMLN, por delante del representante de ARENA, Norman Quijano. La victoria de Sánchez Cerén, que en las décadas de 1980 y 1990 había tenido un papel destacado en los movimientos guerrilleros salvadoreños, se produjo en una situación casi de empate técnico con su rival, ya que recibió el apoyo del 50,1 % de la población.

Como sucedió durante la presidencia de sus predecesores, la violencia civil asociada al narcotráfico se erigió como una de las principales prioridades del Gobierno de Sánchez Cerén. La situación social se complicó a raíz de las deportaciones ordenadas por las autoridades estadounidenses de ciudadanos salvadoreños que residían irregularmente en ese país. El Gobierno de los Estados Unidos aprobó la concesión de ayudas financieras a El Salvador y otras naciones centroamericanas para combatir la violencia organizada y ayudar a la reinserción de los deportados. El avance de enfermedades víricas como el chikungunya, el dengue y el zika, transmitidas por mosquitos, se convirtió también en motivo de emergencia nacional.

En febrero de 2015, el papa Francisco declaró al arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 mientras oficiaba misa, mártir de la Iglesia católica. Tres meses más tarde, Romero fue beatificado, mientras proseguía el proceso que debía conducir a su canonización.

Por otra parte, el ex presidente Francisco Flores fue detenido en septiembre de 2014 acusado de apropiación indebida durante su mandato. Sometido a arresto domiciliario, el antiguo mandatario falleció a principios de 2016 por causas naturales, pendiente de juicio. Otro ex presidente, Mauricio Funes, fue procesado en 2016 por no haber podido justificar una serie de gastos irregulares en el curso de su acción de Gobierno. Funes solicitó y obtuvo asilo en la vecina Nicaragua, a cuyo territorio se trasladó con su familia en septiembre de ese mismo año. El antiguo mandatario denunció las motivaciones políticas en las que, según su argumentación, se basaban las acusaciones de las que era objeto.

A finales de 2018, varios miles de personas de la región de Centroamérica iniciaron una marcha hacia el norte en busca de mejores oportunidades de vida. Entre los participantes de esta “caravana centroamericana” figuraba un número importante de ciudadanos salvadoreños que aspiraban a entrar en los Estados Unidos por la frontera de la ciudad mexicana de Tijuana. El máximo mandatario estadounidense, Donald Trump, anunció su firme rechazo a las intenciones de los migrantes y ordenó el despliegue en la frontera de diversos contingentes de las fuerzas del orden y armadas de su país. La firmeza de las autoridades estadounidenses amenazaba con convertir la zona circundante a Tijuana, en México, en un amplio campamento de refugiados.

En otro orden de cosas, en octubre de ese mismo año se produjo la canonización del obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, que fuera asesinado durante la eucaristía por el disparo de un francotirador en marzo de 1980. La región centroamericana en su conjunto celebró como suyo el proceso de santificación de Romero.

En febrero de 2019 se celebraron en El Salvador elecciones presidenciales. En los comicios obtuvo la victoria Nayib Bukele, candidato por la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), definida como un partido conservador y popular. Descendiente de palestinos por línea paterna, el padre de Bukele fue uno de los principales imames de la ciudad de San Salvador. Nayib Bukele, que en sus inicios políticos se había adscrito al FMLN, resultó elegido en primera vuelta con el 53 % de los votos. Se convirtió así en el primer máximo mandatario salvadoreño desde el final de la guerra civil que no pertenecía a ninguna de las dos grandes formaciones políticas nacionales.

Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentó el gobernante fue la crisis migratoria con los Estados Unidos. En este contexto, a finales de 2019 la diplomacia salvadoreña consiguió firmar una extensión por un año del programa conocido como Estatus de Protección Temporal (ETS) de los cerca de 263.000 ciudadanos salvadoreños desplazados en los Estados Unidos, muchos de ellos residentes en este país desde hacía décadas. El acuerdo extendido facilitaría su permanencia en suelo estadounidense durante el año 2020, que había sido puesta en entredicho por la administración de Trump. A la importancia humanitaria de la medida se sumó su interés económico, dado que las remesas que estos emigrantes enviaban a El Salvador constituían una parte importante del soporte económico de la población.

Sociedad y cultura

Literatura

La literatura salvadoreña comenzó a adquirir identidad propia a partir de la transición entre los siglos XIX y XX. En este marco sobresale la figura de Francisco Gavidia, poeta romántico, maestro y amigo de Rubén Darío e introductor del modernismo en su país. Otros autores dignos de mención, entroncados de una forma con la estética modernista fueron Arturo Ambrogi, Alberto Masferrer o Vicente Acosta (La lira joven).

Creadores de una obra fundamentalmente poética fueron, en época más reciente, Claudia Lars (Presencia en el tiempo), Roque Dalton (Los pequeños infiernos), Waldo Chávez Velasco, autor de Cuatro cantos de amor para la paz futura, y otros como Miguel Huezo Mixco,José Roberto Cea, Carlos Enrique Ungo y Yanira Soundy.

En el ámbito de la narrativa cabe reseñar los nombres de Salvador Salazar Arrué, (conocido por el pseudónimo Salarrué, autor de Cuentos de barro, Trasmallo y La espada y otras narraciones), RicardoTriguero de León (Campanario) y Manlio Argueta (Un día en la vida).

Algunos escritores cultivaron de forma indistinta el género lírico y el narrativo. Cabe citar entre ellos a figuras destacadas de las modernas letras salvadoreñas como Hugo Lindo, autor de varios poemarios y de novelas como Justicia, señor gobernador, o Claribel Alegría, nacida en Nicaragua aunque creadora de toda su obra en El Salvador. Entre su producción se cuentan obras poéticas como Saudade y trabajos en prosa como La encrucijada salvadoreña.

Artes plásticas

El pasado prehispánico forma una parte importante del sustrato cultural de El Salvador. Los primeros pobladores legaron interesantes muestras de arte. Entre los ejemplos más antiguos destaca el estilo cerámico llamado usulután, datado en torno a los siglos II al V de la era cristiana. De ese periodo son también los restos arquitectónicos de El Trapiche y la primera fase del centro ceremonial de Tazumal.

La cultura maya legó interesantes construcciones en Tehuacán y Cihuatán. Por su parte, los pipiles, de ascendencia náhuatl, dejaron diversos enterramientos y centros ceremoniales. Entre sus construcciones destacan los yacimientos de La Campana de San Andrés y Tazumal. La llamada Virgen de Tazumal, estela náhuatl que representa al dios Tlaloc, se cuenta entre las más singulares representaciones estatuarias de Mesoamérica. También sobresalen por su originalidad la cerámica plombífera, específica de El Salvador, y la cerámica maya, con vasos bellamente decorados en policromía.

Del periodo colonial no quedan demasiados ejemplos arquitectónicos, debido sobre todo a la acción de los terremotos. Algunos de los edificios más notables son las catedrales de San Salvador, San Miguel y Santa Ana, esta última en un singular estilo gótico colonial.

Del periodo posterior a la independencia es preciso destacar edificios como el Teatro Nacional, el Palacio Nacional y la antigua Universidad de San Salvador. Entre los más significados representantes de la plástica salvadoreña sobresale el pintor Francisco Wenceslao Cisneros, de estilo neoclásico. Más modernamente, destacan los pintores Pedro de Matheu y Montalvo y Ana Julia Álvarez; el arquitecto y acuarelista Enrique Aberle, y el ceramista y pintor César Sarmeño.

Patrimonio cultural

La actividad cultural de El Salvador es regida por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, Concultura. Entre las instituciones museísticas destacadas merecen mención los museos arqueológicos de sitios como Tazumal, Joya de Cerén o San Andrés, así como el Museo Nacional de Historia y el Museo Nacional de Antropología Doctor David J. Guzmán, ambos en San Salvador.

En la lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se cuenta como representación salvadoreña el sitio arqueológico maya de la Joya de Cerén, conocida como la «Pompeya de las Américas», por haber quedado cubierta en torno al siglo VII por las cenizas del volcán Laguna Caldera.

Pieza del museo arqueológico de Joya de Ceren, sitio arqueológico considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y conocido también como la «Pompeya de las Américas».

Artes escénicas y música

La actividad teatral de El Salvador tiene su principal centro de referencia en el Teatro Nacional de San Salvador. Entre los creadores de obra dramática sobresalen Raúl Contreras (quien en las primeras décadas del siglo XX aproximó el modernismo a los escenarios con La princesa está triste, recreación teatral de la Sonatina de Rubén Darío), Walter Beneke o José Emilio Aragón.

La música popular salvadoreña tiene claras reminiscencias prehispánicas y africanas y utiliza instrumentos de tales procedencias como el teponaztli, tambor de origen azteca, la carimba o quijongo, primitivo instrumento de cuerda, la marimba y algunas variedades de flautas de caña. Las danzas tradicionales más populares son los areitos, de origen caribeño, y los mitotes.

Se considera al guatemalteco José Escolástico Andrino, que desarrolló su actividad compositiva a mediados del siglo XIX, como introductor de la música culta salvadoreña y maestro de numerosos músicos del país. Algunos autores destacados son Juan Alerbe, autor del himno nacional, Wenceslao García, Rafael Olmedo, Rafael Herrador, Ciriaco de Jesús Alas o Domingo Santos. Entre los autores más recientes merece mención Gilberto Orellana, director de la Orquesta Sinfónica de El Salvador.

Deportes y ocio

El deporte con mayor arraigo popular entre la población salvadoreña es el fútbol. La selección nacional de este deporte ha logrado la clasificación para la disputa de la fase final de la Copa del Mundo en dos ocasiones, en 1970 y 1982, y dentro de su ámbito han destacado figuras de talla internacional como Jorge Mágico González, creador de una fundación dedicada al fomento de la actividad deportiva en su país. El béisbol cuenta también con numerosos seguidores, aunque no es tan mayoritario como en otros países de su entorno, como Nicaragua, Cuba o la República Dominicana.

El boxeo es otro deporte popular, con figuras notables como José Dolores Milla y Carlos El Famoso Hernández, primer campeón mundial de origen salvadoreño –su carrera discurrió en los Estados Unidos–, dentro de la categoría superpluma.

Las tradiciones y la artesanía hallan reflejo en las numerosas fiestas populares, en su mayor parte asociadas a celebraciones religiosas.