Canadá

Canadá, uno de los tres países que conforman Norteamérica, cuenta con la segunda superficie neta más grande del mundo, sólo por detrás de Rusia, pero una de las menos pobladas (densidad de tres habitantes por kilómetro cuadrado). Este inmenso territorio, que posee el litoral más extenso de la Tierra, está avenado por numerosos ríos y lagos, que lo convierten en la mayor reserva de agua del planeta. En Canadá habita una sociedad multiétnica que goza de un elevado nivel de vida y un alto índice de desarrollo. Además, los vastos bosques que cubren su paisaje, las espectaculares cadenas montañosas y las famosas cataratas del Niágara, entre los lagos de Ontario y Erie, hacen de la nación canadiense uno de los destinos preferentes del turismo internacional.

Bandera de Canadá.

Medio físico

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Canadá es el país más septentrional del continente americano. Por su lado sur comparte una extensa frontera con los Estados Unidos, que se continúa por un territorio menor situado al oeste (Alaska). Los restantes límites canadienses son con tres océanos: el Glacial Ártico, al norte; el Atlántico, al este; y el Pacífico, al oeste. La superficie total del país es de 9.984.670 kilómetros cuadrados, de ellos más de 200.000 kilómetros de costas. Hasta seis husos horarios diferentes comprenden los 5.500 kilómetros que se extienden entre el este y el oeste del país. Un gran archipiélago, en el que se encuentran algunas de las islas más extensas del planeta, rodea el área continental norte.

Según su relieve, Canadá puede dividirse en cuatro regiones naturales. En primer lugar, las grandes cordilleras que recorren el oeste del país: la cordillera Costera, en la que se encuentran las mayores altitudes (monte Logan, de 6.050 metros y monte Waddington, de 4.042 metros), y las montañas Rocosas o Rocallosas. En segundo lugar, el escudo canadiense o laurentino. Éste ocupa más de la mitad del territorio nacional y presenta una superficie muy plana, con colinas donde nacen grandes lagos, como el Esclavo, el Oso o el Winnipeg. La zona, formada por roca erosionada durante la última era glaciar, tiene un suelo cubierto de lagos y ríos y rico en minerales. Entre las grandes cordilleras y el escudo canadiense se sitúa la región de las grandes llanuras o praderas, que confluyen en el norte en una superficie continuamente helada. Por último, la sección atlántica está configurada por los lugares más poblados del país, concentrados en el sur, entre el océano Atlántico y el río San Lorenzo.

El lago Erie, en la imagen, es uno de los que forman frontera natural entre Canadá y los Estados Unidos.

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Los ríos y los lagos abundan en el país y son una importante fuente de energía. Muchos de ellos se mantienen helados en la época invernal debido a las extremas temperaturas. En Canadá se encuentra más del 60 % de las superficies lacustres del mundo. Lagos como el del Oso, el Athabasca, el Winnipeg y el Esclavo son de origen glaciar; por su parte, el Ontario, el Hurón, el Erie y el Superior establecen la frontera natural con los Estados Unidos. Por su relevancia económica, el río San Lorenzo, que recorre más de 1.300 kilómetros desde su nacimiento en el lago Ontario hasta que llega a la costa, es la cuenca fluvial más importante. En diversos puntos del país existen grandes cascadas, de las cuales, las más famosas son las cataratas del Niágara.

Vista aérea del monte Logan, que forma parte de la cordillera Costera y es la cumbre más alta de Canadá (6.050 metros).

Canadá es un país frío, con inviernos largos y de gran dureza climática (en el centro, el termómetro desciende hasta los -20 ºC). El clima continental es el más frecuente, aunque en el norte se dan el polar, con una temperatura media de -5 ºC durante todo el año, y el oceánico. Las condiciones meteorológicas más suaves se viven en la costa del Pacífico, con precipitaciones abundantes y temperaturas que llegan a los 15 ºC.

Flora y fauna

Mantener el rico patrimonio ecológico del país es una de las prioridades en los valores de los canadienses. Las condiciones del clima y las características del suelo delimitan tres áreas vegetales: la pradera, la tundra y el bosque boreal. La pradera tiene gran importancia económica por poseer suelos muy fértiles; apenas cuenta con árboles y acaba dando lugar a la estepa en el sudoeste de Saskatchewan. A partir de los 60 grados de latitud se encuentra la tundra, de flora muy pobre y conformada por líquenes y pequeños arbustos. En cambio, el bosque boreal tiene gran densidad y en él se dan especies como los abetos, pinos, alerces, arces y robles.

En cuanto a la fauna, las duras condiciones climáticas han hecho que en este país residan especies resistentes al frío: renos, bueyes almizcleros, osos polares y caribúes en el norte, ciervos de cola blanca en el sudeste y cabras blancas y osos negros en las montañas Rocallosas. Los bisontes y búfalos que antaño recorrían las praderas tan sólo se encuentran en la actualidad en los parques naturales, como el de Wood Buffalo.

Los búfalos, antaño abundantes en las praderas canadienses, hoy solo pueden verse en reservas como la de la imagen (Wood Buffalo).

Población

Demografía

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Canadá tiene una población que supera los 35.000.000 de habitantes, los cuales se hallan repartidos muy irregularmente: el 90 % de los ciudadanos se concentra en tan sólo el 12 % del territorio (sobre todo en la zona sur fronteriza con los Estados Unidos). El 81 % de los canadienses viven en ciudades, siendo las principales áreas metropolitanas Toronto, Montreal, Vancouver y la aglomeración del Gran Ottawa (en Ottawa se encuentra la capital nacional). Como ya se ha comentado, la baja densidad demográfica es una de las características de la población.

La sociedad canadiense goza de uno de los índices de desarrollo humano más elevados del mundo, así como de un alto nivel de vida. Desde el siglo XIX, la inmigración ha supuesto una fuente constante de incremento poblacional.

Los más de 200 grupos étnicos que conviven en Canadá convierten al país en un auténtico mosaico cultural. Los ciudadanos de origen británico constituyen el 19 % de la población; a éstos les siguen los de origen francés (15 %) y los procedentes de otras naciones europeas

(43 %), asiáticas y africanas. De la población nativa aún perviven pequeños grupos de esquimales (inuit) y de descendientes de los pueblos indios (hurones, iroqueses, etc.). A lo largo de los últimos años, los pueblos nativos han experimentado una mejora en sus condiciones de vida, con importantes progresos económicos y educativos, lo que ha aumentado considerablemente la natalidad entre estos grupos.

Grabado de un esquimal (inuit). Los inuit constituyen un grupo aborigen de los pocos que aún perviven en Canadá.

Lengua

Existen dos comunidades lingüísticas: la inglesa y la francesa. La legislación reconoce estos dos idiomas como lenguas oficiales del país. La provincia de Quebec es la principal zona francófona, aunque también hay comunidades de habla francesa en Ontario y en las provincias del Atlántico. El 58,7 % de la población tiene como lengua materna el inglés, el 22 % el francés y el 18 % otras lenguas, como el italiano, el alemán o el chino.

Religión

La diversidad de la población canadiense se manifiesta también en las diferentes religiones y sectas que existen en el país. La mayoría de los canadienses (más del 38 %) son católicos; los protestantes, con grupos de congregacionalistas, metodistas y presbiterianos, superan el 20 %. Del resto de las confesiones, mucho menos numerosas, destacan las comunidades judía, ortodoxa griega e islámica.

Economía y comunicación

Datos económicos

Hasta la mitad del siglo XX, el sector primario proporcionó la mayor parte de los recursos económicos de Canadá. Hoy día, menos del 5 % del territorio se dedica al cultivo, debido a las grandes extensiones de bosques, la baja calidad del suelo y las adversas condiciones climatológicas. Las provincias de Manitoba, Alberta y Saskatchewan, situadas en las praderas, son las mayores zonas agrícolas. El principal cultivo es el de cereales (trigo, avena, cebada y maíz). Gracias a las subvenciones establecidas por el Gobierno para favorecer la diversificación agrícola, en la actualidad también se producen papas o patatas, hortalizas, remolachas y legumbres. La ganadería se divide en dos tipos de explotación: la de las tierras de la pradera, destinada a producir carne, y la de las zonas cercanas a las grandes ciudades, que abastece de productos lácteos. La pesca representa un gran potencial en el país, con bancos de caballa, sardina y bacalao en la costa atlántica, arenque y salmón en la Columbia Británica, y langosta en las costas del golfo de San Lorenzo.

Los recursos minerales en Canadá son inmensos. El país es uno de los principales productores de cobre, níquel, uranio, hierro y cinc. Respecto a las fuentes energéticas, los canadienses producen y consumen carbón, gas natural y petróleo. Además, abundan los recursos hidroeléctricos (en Quebec se encuentra uno de los complejos hidroeléctricos más grandes del mundo).

Los principales motores de la colonización europea en Canadá fueron la explotación forestal y las pieles animales. Primero se exportó madera, y a partir del siglo XX pasta de papel, de la que Canadá es uno de los principales productores mundiales. En cuanto a las pieles, en la actualidad se obtienen de granjas dedicadas a la cría de animales como el visón, el zorro o la nutria.

Desde la segunda mitad del pasado siglo, la fuerte inversión extranjera se centró en la industria. Las actividades tradicionales, como la refinación de metales y la serrería, dejaron paso a las industrias papelera, siderúrgica, metalúrgica y química (de esta última destaca la producción de fertilizantes, caucho sintético y plásticos). En las últimas décadas, el primer lugar de la economía canadiense lo han ocupado la industria aeroespacial, la de alta tecnología (biotecnología) y las telecomunicaciones. El 80 % del valor de la producción industrial proviene de las provincias de Quebec y Ontario, ubicadas en la zona mejor comunicada y más poblada de Canadá. Los servicios también se han situado como un potente motor económico.

En cuanto al comercio exterior, representa un sector clave para el país, ya que tiene un alto índice de exportaciones. Mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) que Canadá firmó en 1993 con Estados Unidos y México, los productos y servicios canadienses acceden a un mercado de 400 millones de consumidores de forma preferente. Fuera de América, otros destinos de los productos canadienses son el Reino Unido, Alemania y Japón.

En un país con las dimensiones de Canadá, las vías de comunicación tienen una importancia estratégica para dar salida a sus productos. El territorio canadiense está atravesado por un millón y medio de kilómetros de carretera, que necesitan de un trabajo continuo de mantenimiento para eliminar el hielo y la nieve. El transporte ferroviario está controlado por dos compañías, una privada y otra estatal, con una extensión total de vías de 46.552 kilómetros. El canal de San Lorenzo es uno de los principales medios de transporte fluvial, pues permite la navegación desde los lagos canadienses y estadounidenses hasta el océano Atlántico. El puerto marítimo más importante es el de Vancouver, aunque también tienen gran relevancia otros recintos portuarios, como los de Quebec, Saint John’s y Montreal. Para desplazarse por el país, la aviación es un medio de transporte primordial. De los aeropuertos canadienses cabe destacar los de Toronto, Montreal, Ottawa, Quebec y Vancouver, todos ellos con conexiones nacionales e internacionales.

Comunicación

Canadá tiene una gran historia en cuanto a la radiodifusión. Ya en la década de 1930 apareció la Canadian Broadcasting Corporation (con emisiones en francés y en inglés) como respuesta a la creciente influencia de la radio que llegaba desde los Estados Unidos. Existen unas dos mil emisoras de radio legales, la mayoría con tintes comerciales. Tanto en radio como en televisión se ofrecen servicios especiales para los pueblos indígenas del norte del país.

Todos los colegios y bibliotecas canadienses tienen acceso a Internet, lo que convierte al país en uno de los más conectados a la red. Además, Canadá encabeza la lista de naciones más avanzadas en cibergobierno. Se estima que treinta millones de personas utilizan Internet, lo que representa la práctica totalidad de la población. Respecto a la telefonía, Canadá cuenta con más de veinte millones de líneas fijas y quince millones de teléfonos móviles.

Administración y política

División territorial

Canadá se divide en diez provincias y tres territorios. De las dos categorías, las provincias gozan de una mayor autonomía. Éstas son: Alberta, Columbia Británica, Manitoba, Nuevo Brunswick, Terranova y Labrador, Nueva Escocia, Ontario, Isla del Príncipe Eduardo, Quebec y Saskatchewan. Los tres territorios son Nunavut, los Territorios del Noroeste y Yukón. La capital, Ottawa, se encuentra en la provincia de Ontario.

Forma de gobierno y partidos políticos

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El país se organiza como una federación descentralizada, cuya forma de gobierno es la monarquía constitucional parlamentaria. La reina Isabel II de Inglaterra ejerce el cargo de jefa de Estado bajo el título de reina de Canadá. Su representante es el gobernador general, que ha de ser canadiense de nacimiento y que se encarga de otorgar el asentimiento real a los proyectos de ley y firmar los documentos institucionales. La reina y el gobernador general carecen de un poder efectivo, ya que actúan bajo el asesoramiento del primer ministro, el jefe del Gobierno de Canadá.

El líder del partido político que más escaños ha obtenido en las elecciones es elegido primer ministro. Éste nombra al resto del gabinete, en el que recae el poder ejecutivo. El poder legislativo reside en el Parlamento, formado por dos cámaras: la Cámara de los Comunes (308 diputados), resultante de las elecciones por sufragio universal, y el Senado (105 senadores), cuyos componentes son designados. Las elecciones son convocadas cada cinco años por el gobernador general, a instancias del primer ministro. Los ciudadanos eligen al diputado que representa a su distrito electoral. Además, cada provincia tiene su propia Asamblea Legislativa, con competencias propias.

Respecto al poder judicial, existen dos sistemas: la Common Law británica, que rige en todo el país, y el Código Civil, que se aplica en la provincia de Quebec. Los jueces de las Cortes Suprema, Superior y de Apelación son nombrados por el Gobierno, que consulta previamente a diversos cuerpos legales no gubernamentales. Su función es interpretar las leyes, y tienen la potestad de enmendar o rechazar cualquier normativa.

Canadá consiguió su autonomía constitucional en 1982. La Constitución canadiense recoge una Declaración de Derechos y Libertades que garantiza la libertad de expresión y de creencias religiosas, los derechos lingüísticos y la no discriminación de los ciudadanos por raza o género, entre otros aspectos.

Los tres partidos políticos principales son el Partido Conservador de Canadá, el Partido Liberal de Canadá (de centro) y el Nuevo Partido Democrático (de izquierda). En las últimas cuatro décadas, el Partido Liberal de Canadá ha participado en las coaliciones de gobierno durante 32 años. Los partidos minoritarios muy pocas veces logran escaños en la Cámara de los Comunes. En la provincia de Quebec existe un partido regional, el Bloc Québécois, que defiende un programa separatista y socialdemocrático. Sus representantes han propuesto diversos referendos de secesión, siempre rechazados en las urnas. El independentista Chuck Cadman resultó elegido por Quebec en los comicios de 2004.

Canadá tiene una importante presencia internacional. Entre otras instituciones macroeconómicas, estratégicas o culturales, es miembro del G-8 (el grupo de las ocho mayores potencias económicas del planeta), de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de la Comunidad Francesa de Naciones y de la Commonwealth.

Servicios del Estado

El sistema educativo canadiense está descentralizado; son los Ministerios de Instrucción Pública de las provincias los que lo administran. La enseñanza, mayoritariamente laica, es obligatoria hasta los 16 años. Existen numerosas escuelas de formación profesional especializadas en agricultura, industria y comercio. La enseñanza superior tiene dos vertientes: centros de formación técnica especializada (con una duración de tres años) y universidades. Canadá cuenta con 65 universidades, todas públicas. En la mayoría, la enseñanza se imparte en inglés (son destacadas la Universidad de Toronto y la Universidad McGil), mientras que en las de la provincia de Quebec el idioma es el francés (Universidad de Montreal y Universidad de Laval).

La asistencia sanitaria es gratuita y llega prácticamente a toda la población. Las competencias sobre actividades sanitarias recaen en los Gobiernos de las provincias y los municipios. Tanto el Gobierno federal como los Gobiernos provinciales ofrecen prestaciones sociales a la población. Los mayores de 65 años reciben una pensión mensual y existen diversos programas de asistencia destinados a los grupos más desfavorecidos.

Historia

De los orígenes a la época colonial

La población originaria de Canadá estaba conformada por pueblos indios y esquimales, que procedían de Asia y el Ártico respectivamente. Sobre el año 1000, los vikingos llegaron a la costa atlántica en una expedición que procedía de Groenlandia y establecieron un pequeño asentamiento en la isla de Terranova.

Antes de la expansión colonial del siglo XV, unos 300.000 nativos de diferentes culturas habitaban el territorio canadiense. De esa centuria data la primera incursión documentada por estas tierras. La realizó el marinero italiano Giovanni Caboto, que alcanzó en 1497 la península del Labrador. Aunque Caboto viajaba bajo bandera inglesa, los ingleses no mostraron interés en la zona. Fueron los franceses los que realizaron las primeras expediciones con fin colonizador. Giovanni da Verrazzano tomó posesión de las costas del golfo de San Lorenzo en 1524 en nombre del rey Francisco I de Francia, que patrocinaba la expedición. No obstante, fueron los viajes de Jacques Cartier, sobre todo tras su llegada a la península de Gaspé en 1534, los que posibilitaron un mayor conocimiento sobre la tierra canadiense. Sin embargo, el proceso colonizador se estancó como consecuencia de las guerras de religión que tenían lugar en Francia y hasta el siglo XVII no se formaron los primeros asentamientos.

Al normalizarse la situación en la metrópoli europea, los comerciantes dieron un nuevo impulso a la colonización por sus intereses en el tráfico de pieles. La isla de Sable fue escenario del primer asentamiento, al que seguirían la fundación de Port-Royal en 1604 y de Quebec en 1608; convertida esta ciudad en capital de la Nueva Francia, la expansión gala se desarrolló con rapidez.

Por otra parte, Inglaterra había empezado a asentar las bases colonizadoras en el continente americano. En 1578 Humphrey Gilbert alcanzó el puerto de Saint John’s, situado en Terranova, y al poco tiempo se fundaron diversas colonias bajo la soberanía de la reina Isabel I.

La lucha entre las metrópolis

Tanto Francia como Inglaterra iniciaron la carrera por ampliar sus posesiones en Norteamérica, una lucha que se prolongó durante 150 años. El conflicto se inició cuando en 1613 los británicos destruyeron los poblados franceses de Acadia (en la actual zona de Nueva Escocia y la isla del Príncipe Eduardo). Inglaterra consiguió apropiarse asimismo del territorio que los holandeses, encaminados también en la aventura colonial, habían conquistado. Aunque los franceses se enfrentaron a las dificultades climatológicas y la hostilidad de los pueblos indígenas, consiguieron aumentar sus territorios. En el siglo XVIII, 16.000 colonos franceses estaban asentados en torno al río San Lorenzo.

El enfrentamiento entre los dos países europeos tuvo importantes consecuencias. Francia hubo de ceder progresivamente a los ingleses todas sus posesiones: primero Terranova, Acadia y la bahía de Hudson, por el Tratado de Utrecht de 1713; más tarde, Quebec y Montreal, que no pudieron ser defendidas por encontrarse Francia inmersa en la guerra europea de los Siete Años; finalmente, el resto de sus dominios canadienses, abandonados en virtud del Tratado de París de 1763.

Canadá se convirtió así en una nueva colonia inglesa, cuyos habitantes, paradójicamente, eran en su mayoría franceses. Para ganarse la confianza de los ciudadanos, las autoridades inglesas les concedieron en 1774 el Estatuto de Quebec, que restablecía el derecho civil francés, la facultad de conservar su lengua y la libertad religiosa. Posteriormente, en 1791 el país se dividió en dos provincias: el Alto Canadá (Ontario), de mayoría británica, y el Bajo Canadá (Quebec), de mayoría francesa.

Las fronteras entre Canadá y los Estados Unidos se fijaron en 1812, tras la breve guerra entre los dos países provocada por el comercio de pieles y por la intención de los estadounidenses de liberar América de la colonización europea.

Los comerciantes de pieles comenzaron a explorar la parte interior del país, ya que hasta el momento sólo se habían colonizado las regiones del este de los grandes lagos, las provincias marítimas y los márgenes del río San Francisco. Con estas exploraciones se llegó a la región del Ártico y a la costa del Pacífico, lo que permitió ampliar los conocimientos sobre Canadá.

La unión de las provincias: resistencia francófona

Entre los años 1815 y 1830, unos 800.000 inmigrantes llegaron a Canadá. Los diversos conflictos sociales y económicos que este movimiento migratorio ocasionó y el descontento entre la población francófona culminaron en el levantamiento de 1837, cuyo objetivo en las dos provincias canadienses era conseguir mayor autonomía política y un régimen republicano. El gobernador John George Lambton propuso unir los dos territorios canadienses para solventar la crisis, y el Gobierno británico creó, en 1840, el Estatuto Único, centrado en la coexistencia entre los dos grupos (francófonos y anglófonos) y el aumento del autogobierno.

Sin embargo, las diferencias entre las dos provincias no facilitaban la unidad del país. Aun así, los beneficios comerciales resultantes de la unión y la amenaza de los vecinos Estados Unidos posibilitaron el acercamiento. En 1864, los representantes de las provincias crearon la Confederación Canadiense. Tres años después, el Estatuto de la América del Norte Británica definía a Canadá como un país autónomo y democrático, con categoría de dominio dentro del Imperio británico. Los poderes se repartieron entre los diferentes Parlamentos de las provincias y el Parlamento federal, quedando las relaciones externas en manos de Gran Bretaña.

La ciudad de Quebec, en la imagen, es la capital de la provincia francófona homónima.

En la población minoritaria francófona surgieron entonces temores de absorción por parte de la sociedad anglófona. Para contrarrestar esta influencia, reivindicaron con fuerza mayores poderes locales, lo que desembocó en la revuelta de los mestizos de Red River, que intentaron crear una provincia separada, y en la rebelión francocanadiense liderada por Louis Riel en 1885.

A pesar de estos enfrentamientos, el país siguió modernizándose y mejorando su economía. A partir de la creación de la Confederación Canadiense, los partidos Conservador y Liberal gobernaron alternativamente. Hacia el final de la centuria, el conservador John Mcdonald consiguió un importante desarrollo económico durante su mandato, en el que se concretó la construcción del ferrocarril Canadian Pacific, vasta empresa que unía por tren las costas atlántica y pacífica. Los problemas territoriales con los Estados Unidos se solucionaron con la cesión, por parte de Canadá, de Alaska en 1903.

Las dos guerras mundiales

Canadá participó con un contingente de 600.000 soldados en la Primera Guerra Mundial junto al Reino Unido, lo que otorgó al país norteamericano la igualdad nacional en la Commonwealth, la calidad de estado independiente (entró a formar parte de la Sociedad de Naciones) y la posibilidad de participar en las negociaciones de Versalles. En 1931, el Estatuto de Westminster aprobó la completa autonomía legislativa al Parlamento canadiense.

Tras las consecuencias de la crisis de 1929, muy negativas por sus vínculos económicos con los Estados Unidos, Canadá declaró en 1939 la guerra a Alemania e intervino de forma activa en la segunda gran contienda internacional. Acabada ésta, la nación americana fue una de las potencias creadoras de la OTAN.

Las reivindicaciones de los francocanadienses

Con el fin de las hostilidades, Canadá vivió una época de gran desarrollo gracias al sector industrial, que impulsó la economía del país. Además, el territorio nacional se completó con Terranova, incorporada a la Confederación en 1949. Sin embargo, los sempiternos problemas entre las comunidades anglo y francocanadiense no tardaron en aparecer.

Tras sucesivos gobiernos de liberales y conservadores, en 1968 el quebeçois Pierre Elliott Trudeau ganó las elecciones con mayoría absoluta y permaneció en el Gobierno durante más de diez años. Una de sus principales preocupaciones fue la de hacer frente a la violencia del grupo independentista Frente de Liberación de Quebec. La resistencia de los quebeçois a ser asimilados por la mayoría anglófona nacional venía, como ya se ha dicho, de antaño, pero en la década de 1960 esa identidad nacionalista se reflejó en la aparición de organizaciones independentistas, que acusaban de discriminación a las autoridades estatales. Cabe señalar que a pesar de ser una zona de mayoría francófona, la provincia de Quebec contaba con importantes recursos económicos en poder de los angloparlantes.

La unidad de Canadá se veía amenazada, hecho que se acentuó con la petición de igualdad entre las dos comunidades que hizo la Comisión de Biculturalismo y Bilingüismo y con la visita, en 1967, del presidente francés Charles de Gaulle, que reclamó un «Quebec libre». La situación se agravó aún más con los atentados y secuestros perpetrados por el Frente de Liberación de Quebec, a los que puso fin la acción de la policía.

Independencia constitucional

Las reivindicaciones consiguieron, entre otros objetivos, la asunción del bilingüismo como idioma nacional por parte del Parlamento federal en 1969. René Lévesque, dirigente del autonomista Partido Quebequés, se hizo con la victoria en las elecciones de la provincia de Quebec de 1976, y cuatro años más tarde planteó un referéndum que proponía la soberanía de la provincia, en asociación libre con Canadá. La iniciativa no prosperó.

Por otro lado, el Gobierno canadiense solicitó al Reino Unido que el Parlamento de Canadá recuperase la potestad de ejercer sus decisiones sobre el ordenamiento legal. La reina Isabel II proclamó el 17 de abril de 1982 un nuevo Estatuto Constitucional que otorgaba total independencia legislativa a Canadá, aunque el país seguía permaneciendo bajo la soberanía formal inglesa.

En la década de 1980 se sucedieron en el Gobierno de la nación John Turner, Brian Mulroney y Jean Chrétien, quien introdujo a Canadá en el TLC. En 1995 el mandatario se enfrentó a otro referéndum sobre la autonomía de Quebec, que fue rechazado por un pequeño porcentaje. Posteriormente, el Tribunal Supremo cerró la posibilidad de que la provincia pudiera declararse independiente, pero sí aceptó la opción de negociaciones si así lo concertaban la mayoría de sus siete millones de habitantes. El Gobierno de Chrétien impulsó la creación de un nuevo territorio, Nunavut, habitado principalmente por el pueblo inuit.

En el año 2002, Canadá ratificó el Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones de gas a la atmósfera. La firma canadiense venía precedida por algunos meses de disputa con los Estados Unidos, contrario a la aceptación del acuerdo. Por su parte, Chrétien se mantuvo en el poder hasta 2003, año en el que pasó el testigo al también liberal Paul Martin. Los comicios de ese año mostraron un serio retroceso del independentista Partido Quebequés. A finales de 2005, algunos miembros del Partido Liberal se vieron afectados por un escándalo de corrupción, lo que obligó a adelantar las elecciones generales. Los comicios, celebrados en los inicios de 2006, dieron la victoria a Stephen Harper, representante del Partido Conservador, quien formó un nuevo Gobierno.

Bajo el mandato de Harper se produjo un giro importante en la situación política de la provincia de Quebec. En las elecciones locales celebradas en marzo de 2007 obtuvo la victoria el partido de Acción Democrática, defensor de la ampliación de las competencias de gobierno autonómico en el territorio pero dentro del estado federal de Canadá. El movimiento separatista del Parti Quebecois obtuvo el tercer lugar en las urnas, detrás de los liberales, con lo cual su propuesta de independencia perdió fuerza.

En otro orden de cosas, en junio de 2008 el Gobierno de Harper expuso una disculpa pública por la pasada política canadiense de asimilación cultural y educativa de los nativos inuit y de otras comunidades aborígenes, lo cual había obstaculizado el desarrollo de su tradición propia.

La crisis económica global iniciada a finales de 2008 se tradujo en Canadá en una crisis política paralela. En una maniobra disuasoria, el primer ministro Harper solicitó la suspensión temporal del Parlamento en diciembre y tuvo serias dificultades para lograr la aprobación, ya en febrero de 2009, del presupuesto económico, que incluía un amplio paquete de medidas de estímulo económico y fiscal.

Después de un periodo de turbulencias políticas en torno a la aplicación de las principales propuestas gubernamentales y la aprobación de los presupuestos en el Parlamento, las elecciones legislativas de mayo de 2011 dieron la victoria, por tercera vez consecutiva, al Partido Conservador del primer ministro Harper. El triunfo fue esta vez por mayoría absoluta, al acompañarse de un acusado hundimiento de su rival, el Partido Liberal, relegado al tercer lugar en las urnas.

Por otra parte, en política exterior, el Ejecutivo canadiense mantuvo el despliegue de contingentes militares en Afganistán al menos hasta 2011. Ese mismo año, Canadá tomó parte en el contingente militar bajo mando de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que intervino entre marzo y octubre de 2011 en la guerra civil de Libia. El alineamiento de Canadá en política exterior con los Estados Unidos se puso de relieve con el anuncio de la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán ante el avance del programa nuclear iraní y su apoyo al Gobierno sirio en la guerra civil de este país.

En diciembre de 2011, el Gobierno canadiense se sumó a los de Rusia y Japón en su renuncia a aplicar las medidas de conservación del medio ambiente fijadas en el segundo periodo previsto según el Protocolo de Kioto. Las previsiones de este acuerdo, no suscrito por Canadá, se habrían de aplicar en 2017-2020 con el fin de reducir las emisiones de gases de invernadero.

La participación de Canadá en la coalición encabezada por los Estados Unidos de hostigamiento y ataques aéreos contra las posiciones del autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en la guerra de Siria e Iraq llevó a elevar las alertas por posibles atentados en territorio canadiense. En este contexto, en enero de 2015 el Gobierno de Canadá introdujo una nueva legislación antiterrorista que reforzaba los poderes del Estado frente a esta amenaza.

En octubre de 2015 se celebraron elecciones generales en Canadá. El Partido Liberal, liderado por Justin Trudeau, obtuvo el 39,5 % de los votos, seguido por el Partido Conservador, de Harper, con el 31,9 %. De este modo, con mayoría absoluta en el Parlamento, Trudeau recibió el encargo de formar Gobierno y se convirtió en primer ministro de Canadá en el mes de noviembre. El mandatario, hijo mayor de Pierre Trudeau, que fuera primer ministro en varias legislaturas entre 1968 y 1984, había basado su campaña electoral en promesas de reducción de impuestos para las clases medias y alzas fiscales para los más favorecidos, así como en la transparencia y el sentido ético de su acción de gobierno.

A lo largo de su mandato, el Gobierno de Trudeau impulsó algunas medidas renovadoras, como el aumento de las prestaciones dirigidas a las familias con niños y el apoyo a las comunidades indígenas que en el pasado habían sido marginadas y lesionadas en sus derechos. Especial significado adquirió su apuesta por acoger a miles de refugiados huidos de la guerra en Siria, mientras que la legalización del consumo recreativo del cannabis suscitó cierta controversia. En el marco económico fue especialmente reseñable la firma en 2016 de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Tras la llegada al poder en los Estados Unidos de Donald Trump, Canadá se vio instada a remodelar los términos de su participación en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuya nueva redacción fue aprobada por los países firmantes en octubre de 2018.

Sociedad y cultura

Ciencia

La personalidad canadiense de mayor reconocimiento científico internacional es Rudolph A. Marcus, Premio Nobel de Química en 1992. Otro personaje muy destacado en el mundo de la ciencia es el médico Roger Poisson, autor de importantes contribuciones en los métodos de tratamiento del cáncer de mama. Recientemente, un grupo de científicos canadienses descifró el código genético del virus de la neumonía asiática, importante hallazgo que permitió el desarrollo de mejores tests para detectar la enfermedad y conseguir una vacuna. Cabe destacar que Canadá fue, en los primeros años del siglo XXI, el país occidental más afectado por esta enfermedad.

Literatura

El campo literario es el que mejor refleja la dualidad lingüística de Canadá, lo que puede apreciarse en la producción paralela de obras escritas en inglés y otras redactadas en francés. Los textos primitivos se deben a los primeros exploradores de las costas canadienses, muchos de los cuales influyeron en obras posteriores. De 1609 data la Historia de Nueva Francia, redactada en francés por Marc Lescarbot.

Bajo el dominio británico, la literatura escrita en francés pasó a un segundo plano. Recuperada en el siglo XIX, resurgió con los textos de Michel Bibaud, autor de tres volúmenes sobre la historia de Canadá, y de François-Xavier Garneau. Ya en el siglo XX, Louis Hémon alcanzó gran éxito con Marie-Chapdelaine. Yolande Villemaire y Réjean Ducharme se encuentran entre los autores contemporáneos más destacados.

La literatura en lengua inglesa tiene su origen a finales del siglo XVIII, con la obra lírica de Henry Alline. A la centuria siguiente corresponden las obras del costumbrista Thomas Haliburton y del poeta Oliver Goldsmith (pariente del escritor británico homónimo), autor de La aldea naciente. Mediado el siglo XX vieron su consagración dos escritores anglófonos: Hugh MacLennan y Thomas Raddall. Con posterioridad, Michael Ondaatje, autor de El paciente inglés, novela que fue llevada con gran éxito al cine, y Margaret Atwood (Resurgir) han alcanzado gran trascendencia internacional.

Artes plásticas

Los primeros elementos artísticos de los que se tiene constancia en Canadá corresponden a los pueblos indios de las praderas, que pintaban las pieles y los vestidos de forma muy elemental, similar a la de los pieles rojas en los Estados Unidos. El primitivo arte esquimal, en forma de relieves con incisiones que narraban escenas de la vida cotidiana, destaca por su originalidad.

En general, la pintura de los colonizadores siguió los patrones de las metrópolis (Francia y Gran Bretaña), pero en el siglo XIX apareció un grupo de artistas naturalistas del que sobresalieron Paul Kane, que plasmó la vida de los indios, y Cornelius Kreighoff, quien pintó a los granjeros. Con la llegada del siglo XX nació una escuela paisajista fuertemente influida por el impresionismo europeo y caracterizada por su originalidad y viveza. Tom Thomson fue su principal representante. Otros artistas canadienses, como Charles Binnig y Jean Dallaire, siguieron las sendas vanguardistas europeas: expresionismo abstracto el primero y surrealismo el segundo. De los pintores más recientes cabe destacar a Jean-Paul Riopelle y Betty Goodwin.

En el campo de la escultura, el origen también se encuentra en los pueblos autóctonos: antes de la colonización las tribus indias de la costa oeste ya realizaban tallas en madera (tótems y máscaras) y los esquimales creaban figuras en las astas de los renos e incluso en los dientes de las focas. En los comienzos del siglo XX apareció la obra de dos mujeres: Frances N. Loring, seguidora de Rodin, y Elizabeth Wyn Wood, que se inclinó por un estilo semiabstracto. Entre los escultores contemporáneos, debe nombrarse a Claude Mongrain y a los hermanos Rabinowitch, representantes de la corriente minimalista.

Castillo de Frontenac, en Quebec, cuya construcción se inició a finales del siglo XIX. Constituye uno de los mayores atractivos arquitectónicos de la ciudad.

La arquitectura reprodujo igualmente los estilos europeos, en especial los que marcaba Gran Bretaña, tal y como puede constatarse en el Parlamento de Ottawa, máximo representante del neogoticismo arquitectónico, o en Nuestra Señora de Montreal. En el siglo XX, además del patrón europeo se siguió el modelo estadounidense, marcado por el organicismo y el funcionalismo. Vancouver se convirtió en el eje de la creatividad canadiense. En las décadas de 1920 y 1930 la arquitectura siguió los pasos del art déco, un estilo en el que destacaron McCarter Nairne o Arthur Erickson, entre otros. Las Exposiciones Universales de Montreal (1967) y de Vancouver (1986) sirvieron de escaparate para las nuevas tendencias del momento.

Patrimonio cultural

La capital canadiense, Ottawa, es una pequeña ciudad de gran valor histórico y con una variada vida cultural que se refleja en sus importantes festivales culturales, como el de los Tulipanes. Además, alberga muchos centros de investigación y algunos de los museos más importantes del país, entre ellos el Nacional de Bellas Artes, que exhibe la colección más completa del mundo de arte inuit, así como la obra más representativa de los principales artistas canadienses de la historia. El puente de Alexandria, el parlamento, la basílica de Notre-Dame y el monumento al soldado desconocido son otros puntos característicos de la ciudad.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) recoge en su lista de Patrimonio de la Humanidad hasta nueve zonas paisajísticas de Canadá. De las áreas urbanas también está incluida la histórica ciudad de Quebec, de la que destacan edificaciones como la impresionante basílica de Notre-Dame (1647), el Museo de la Civilización, el castillo de Frontenac o la ciudadela, construida por los ejércitos francés y británico.

Vista de la ciudad de Toronto, con la torre CN en el centro, cuya altura supera los 550 metros.

Montreal, la ciudad de las artes, alberga el Museo de Historia Natural y la Salle Wilfred Pelletier, sede de la orquesta y la ópera de la ciudad. Toronto, por su parte, posee uno de los símbolos más distintivos del país: la Torre Nacional de Canadá o simplemente CN (por sus siglas en inglés), la estructura libre sin soporte más grande del mundo, con una altura de 553 metros.

Tótem aborigen original en la ciudad de Vancouver.

Artes escénicas y música

En el mundo del teatro canadiense destaca la obra del dramaturgo Robert Lepage y, especialmente, los montajes de la compañía Lalala Human Steps. Mundialmente famoso es el Cirque du Soleil, que ha recorrido buena parte de los países de Europa, América y Asia cosechando grandes éxitos con su combinación de espectáculo circense y coreografía artística.

Los primeros europeos que poblaron el país desarrollaron la música popular con cantos sobre las costumbres de los indios o leyendas, cuya base musical estaba conformada por las melodías de la metrópoli. Los franceses introdujeron la música culta en el siglo XVII, pero los primeros autores nacionales no aparecerían hasta finales del siglo XIX, cuando surgió la obra de Alexis Constant y Calixa Cavaillé. En el siglo XX destacaron John Weinzweig, representante del atonalismo, y Roger Mallon, seguidor del serialismo.

Al margen de la música clásica, Canadá ha sido cuna de famosísimos intérpretes de diversos estilos musicales. Dentro del folk destaca la figura de Gordon Lightfoot. Partiendo de la música popular, pero fusionándola con suaves elementos de rock y de jazz, se desarrolló la obra del cantante, poeta y novelista Leonard Cohen. Un estilo entre folk y new age define, por su parte, las creaciones de Lorena McKennit. Al pop pertenece Céline Dion, mientras que Diana Krall se sitúa entre las figuras señeras del jazz contemporáneo.