Argentina

Asociada a imágenes enraizadas en la tradición, como el gaucho, solitario jinete de las inmensas llanuras pampeanas, o a expresiones artísticas de renombre universal, como el sensual y melancólico tango, la Argentina fue considerada por muchos emigrantes la encarnación de la tierra de promisión y oportunidades que se ofrecía en el Nuevo Mundo a los europeos. Este flujo de españoles, italianos y otros pueblos procedentes del Viejo Continente conformó una sociedad en la que la población es mayoritariamente blanca, con escasa presencia del elemento indígena, lo que constituye un rasgo diferenciador con respecto a otros países latinoamericanos.

El elevado nivel educativo de sus habitantes y la gran riqueza de recursos son dos de los principales impulsores de su desarrollo, que, no obstante, se ha visto en ocasiones lastrado por largos periodos de inestabilidad política y por fases cíclicas de crisis económica.

Bandera de la Argentina.

Medio físico

La República Argentina se sitúa en el tercio meridional del subcontinente sudamericano. Limita al oeste con Chile (país con el que la cordillera de los Andes forma una frontera natural); con Bolivia y Paraguay, al norte; y con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico, al este.

Su extensión continental es de 2.791.502 kilómetros cuadrados, dentro de los cuales queda comprendido el territorio de las islas Malvinas, ocupadas por el Reino Unido. La Argentina también reclama su soberanía sobre otros archipiélagos cercanos al círculo polar antártico, como las islas Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, igualmente bajo ocupación británica, y los territorios antárticos comprendidos entre los 25 y los 74º de longitud oeste. Sobre esta base, la extensión total del territorio argentino es de 3.761.274 kilómetros cuadrados.

Mapa físico de la Argentina.© Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Orografía

El elemento más significativo del territorio argentino es el contraste, por una parte, entre la cordillera andina y los valles de su vertiente oriental, que cubren aproximadamente el tercio oeste del país, y, por otra, las llanuras orientales, que ocupan el resto del territorio. A partir de este primer factor de contraste se despliega sobre suelo argentino una amplia variedad de paisajes que, a grandes rasgos, delimitan cuatro regiones naturales: los Andes, el norte, la Pampa y la Patagonia.

Los Andes comprenden una parte noroccidental, donde se encuentran las mayores altitudes, y una meridional, los Andes patagónicos, con montañas de menor elevación. En la parte norte de la cordillera se sitúa la Puna de Atacama, extensa meseta de altitud que se prolonga hacia territorio chileno. Al este y al sur de la Puna, formada por cuencas y llanuras áridas, se elevan sendas líneas montañosas con grandes cimas volcánicas que la delimitan. En esta parte de la cordillera se alzan el Antofalla, el cerro de Llullaillaco y el General Belgrano, todos ellos por encima de los 6.000 metros.

Procediendo hacia el sur, se abre un amplio valle, delimitado al este por las sierras pampeanas de San Luis y Córdoba, con elevaciones que alcanzan los 3.000 metros, y al oeste por la parte de los Andes conocida como cordillera Principal, en la que se encuentran los picos más elevados del continente: Aconcagua (6.959 metros), Tupungato (6.800 metros) y Mercedario (6.769 metros). Desde este punto, la cordillera pierde altitud en el tramo de los Andes patagónicos, que tienen sus últimas estribaciones en el extremo sur del continente.

El Aconcagua, en la imagen, se ubica en la cordillera Principal de los Andes argentinos y es el pico más alto del continente.

La zona norte comprende dos regiones: el Chaco y la Mesopotamia. El primero es una llanura poco drenada, con extensas sabanas y masas boscosas aisladas. Se extiende más allá del río Pilcomayo, que marca la frontera con Paraguay, donde se denomina Chaco boreal. En territorio argentino se diferencian el Chaco central, entre los ríos Pilcomayo y Bermejo, y el Chaco austral, más árido, que se extiende en dirección meridional hasta la latitud del paralelo 30, donde de manera aproximada comienzan los llanos de la Pampa.

Al este del Chaco se ubica la Mesopotamia argentina, así llamada por quedar delimitada por los ríos Paraná, al oeste y al sur, y Uruguay, al este. Es una leve depresión cuya zona septentrional está formada por mesetas bajas, que en el sur se transforman en una llanura con pequeñas colinas. Al sur de la región norte se extiende la Pampa, delimitada por los ríos Salado y Colorado, al norte y al sur, respectivamente, y comprendida entre la cordillera de los Andes y la costa atlántica, al oeste y al este. Se trata de una extensa llanura, con ocasionales relieves como las sierras pampeanas, en su zona noroccidental, cuyo paisaje se identifica con una de las imágenes más características de la Argentina.

Por último, al sur del río Colorado, y hasta el extremo meridional del país, se extiende la Patagonia, formada por una sucesión de vastas mesetas que descienden de oeste a este, desde la vertiente oriental de los Andes hasta el litoral atlántico. Estas mesetas están separadas entre sí por escalonamientos que forman en ocasiones profundos valles.

Vista del volcán Lanín ubicado en el Parque Nacional del mismo nombre en la zona septentrional de la Patagonia.

Hidrografía

Por cuanto respecta a la configuración hidrográfica de la Argentina, los principales cauces se concentran en la vertiente atlántica. En ella, el elemento más significativo es el Río de la Plata, estuario formado por la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, que, con un caudal medio de 23.000 metros cúbicos por segundo, desplaza el mayor volumen hidrógráfico de Sudamérica después de la cuenca del Amazonas.

Otros tributarios del Río de la Plata aguas arriba del Paraná, navegable para embarcaciones de gran tonelaje hasta la ciudad de Santa Fe, son el Pilcomayo, el Paraguay, el Bermejo y el Iguazú, que antes de verter sus aguas en el Paraná forma en la frontera entre la Argentina, Brasil y Paraguay las espectaculares cataratas homónimas. Por su parte, el río Uruguay recorre más de mil kilómetros por territorio argentino, buena parte de ellos navegables, y constituye la frontera con Brasil y Uruguay.

Vista de las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay.

Procediendo hacia el sur desde el Río de la Plata discurren diversos cauces, como el Salado, el Colorado, el Negro y el Chubut, que se alimentan de las aguas procedentes del deshielo de las cumbres andinas y que van perdiendo caudal a medida que evolucionan hacia el mar.

También existen varias cuencas cerradas, es decir, que no llegan al mar. Entre ellas cabe citar los cursos fluviales que desembocan en las lagunas y salares de la Puna de Atacama y la llanura del Chaco, que suelen ser de cauce intermitente, y la cuenca conocida como el Desaguadero, nombre del curso superior del río Salado, que, con diversos afluentes, avena las arenosas y áridas regiones de la provincia de Mendoza.

Los principales lagos del territorio argentino son el conocido como Mar Chiquita, de agua salada, en la provincia de Córdoba, y los situados en los Andes meridionales. A destacar entre estos últimos el Nahuel Huapí y el Colhué Huapí (parajes naturales de notable atracción turística), el Buenos Aires, el Argentino (sobre el que se extiende el glaciar Perito Moreno) y el Viedma.

Vista aérea del glaciar Perito Moreno ubicado en el lago Argentino, el más meridional de la Patagonia.

Clima

El clima de la Argentina es predominantemente templado, ya que buena parte del país queda encuadrada en la zona templada del hemisferio sur. Sólo en la frontera septentrional, en las provincias de Misiones y Formosa, se dan de manera ocasional condiciones climáticas tropicales. En el extremo meridional se registran características más acordes con el clima subártico, con temperaturas bajas y lluvias regulares.

En las regiones templadas se diferencian el clima de la Mesopotamia, con abundantes precipitaciones, en especial en la estación cálida, y el de la Pampa. En esta zona se distinguen a su vez la llamada Pampa húmeda, formada a grandes rasgos por las provincias de Buenos Aires y La Pampa, donde las lluvias son frecuentes, los veranos cálidos y los inviernos moderados, y la Pampa seca, más al sur, con clima continental, menos lluvioso. Ocasionales periodos fríos son originados por los llamados vientos pamperos, de dirección sudoeste.

Continuando hacia el sur, en la Patagonia el clima se hace más frío y seco, si bien el estrechamiento del territorio continental a medida que se procede hacia el sur hace que los océanos Pacífico y Atlántico ejerzan un efecto moderador, a pesar del progresivo descenso de las temperaturas con la latitud.

En la parte norte de la cordillera andina el clima es árido y en las zonas altas es característico de montaña, con escasas precipitaciones, temperaturas frías y nieves o hielos perpetuos a partir de los 4.000 metros. Este régimen de nieves perpetuas se da también en altitudes inferiores en los Andes meridionales, lo que da lugar a la formación de numerosos glaciares.

En el extremo sur del territorio continental y en la Tierra del Fuego el clima es de tundra, con temperaturas frías y fuertes vientos.

Flora y fauna

Las especies vegetales y animales que definen los ecosistemas presentes en la Argentina varían en función de las distintas áreas climáticas. En la zona tropical y subtropical del nordeste se da un bosque denso, que se prolonga por las riberas de los ríos que vierten en el Río de la Plata, con especies singulares de árboles como el de hierba mate, el quebracho, la araucaria o el lapacho. En el Chaco predominan los arbustos de monte bajo, con masas boscosas aisladas, y en la Puna sólo sobreviven las plantas xerófilas, adaptadas a la aridez.

En las riberas de los cursos fluviales que vierten en el Río de la Plata son característicos los bosques, como el de araucarias de la imagen.

Los matorrales de clima seco son también propios de la Pampa seca, mientras que en la húmeda se dan amplias extensiones de herbáceas, en su mayor parte gramíneas, que forman los pastizales pamperos. En dirección sur la vegetación es predominantemente esteparia en la Patagonia, y en las zonas inferiores de las faldas de la cordillera andina abundan los bosques de coníferas.

Por cuanto hace referencia a las especies animales propias de la Argentina, se pueden citar diversas aves, como el cóndor, el chajá o el ñandú (ave corredora que ocupa el mismo nicho ecológico que el avestruz en África); roedores, como el capibara, la liebre corredora o la vizcacha; y especies propias de las selvas tropicales nororientales, como la boa, el tapir o el armadillo. Son asimismo característicos los camélidos adaptados al hábitat andino como la llama, la vicuña o el guanaco. Mención especial merece la fauna de la zona litoral austral de la Patagonia en la que pueden observarse, entre otros, ballenas francas, pingüinos, petreles, cormoranes y leones marinos.

Dentro de las especies de animales propias de la Argentina se encuentran camélidos como la llama y aves como el chajá.

Dentro de las especies de animales propias de la Argentina se encuentran camélidos como la llama y aves como el chajá.

Población

Demografía

La Argentina tiene unos 43.400.000 habitantes, una gran mayoría de los cuales se concentra en las ciudades del litoral, como se conoce a la región comprendida entre los ríos Paraná y Uruguay, y en las regiones templadas del interior del territorio, muy especialmente en la gran área metropolitana de la capital, Buenos Aires, donde habita más de un tercio de la población total. La distribución de habitantes entre zonas urbanas y zonas rurales guarda una relación del 92 al 8%. Junto a la capital, son también importantes ciudades Córdoba, en el centro del territorio argentino; Rosario, destacado centro fabril y portuario a orillas del Paraná; La Plata, al sudeste de la capital; y Mar del Plata, en la costa atlántica, principal centro turístico marítimo de la Argentina.

Mapa de la ciudad autónoma de Buenos Aires. © Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Además de la concentración urbana, también se registra una acumulación de la población en la región de la Pampa húmeda, en el centro-este del país, en tanto que las zonas septentrionales de la Mesopotamia y el Chaco están poco pobladas. En el sur, las grandes extensiones de la Patagonia registran índices de población muy poco significativos, al igual que las regiones de alta montaña de la cordillera andina

Uno de los rasgos demográficos más singulares de la Argentina es el predominio de la población blanca sobre la indígena, rasgo que la diferencia de otros países latinoamericanos. Se estima que un 97% de los argentinos son blancos de origen europeo, fundamentalmente español e italiano y, en menor medida, alemán, ruso y húngaro (en su mayor parte en estos casos de origen hebreo).

Ello es consecuencia de las sucesivas oleadas migratorias producidas desde los tiempos de la conquista hasta épocas relativamente recientes. Sólo el 3% de la población corresponde a mestizos o a etnias amerindias, aglutinadas en pequeñas comunidades dispersas por el territorio nacional. A destacar el perfil mestizo del gaucho, figura singular de la tradición argentina, fruto de la mezcla de sangre indígena y blanca y que se identifica con la imagen del jinete solitario y vagabundo de las vastas extensiones de la Pampa.

Lengua

La lengua oficial de la Argentina es el español, que en el país cuenta con un acento y una cadencia propios, que lo distinguen de manera característica. No obstante, algunas comunidades de emigrantes han conservado el uso de los idiomas de los países de los que proceden. Por influencia de estas lenguas sobre la española se han creado jergas, como el lunfardo, que incorpora términos derivados del italiano y de otras lenguas y que, considerado en origen como forma de expresión de los bajos fondos porteños (bonaerenses), prácticamente ha llegado a adquirir categoría de entidad lingüística.

Por cuanto respecta a las minoritarias comunidades indígenas, se mantiene en grupos aislados el uso del guaraní, el diaguita y el lule, propios de las tribus que habitan la zona selvática del nordeste; el del quechua, en la zona norte de los Andes argentinos; el de varios dialectos mapuches (araucanos), en las regiones montañosas del sur; y el del yámana y el ona en la Tierra del Fuego.

Religión

La religión predominante en la Argentina es la católica, si bien también existen comunidades judía, protestante y ortodoxa. Nominalmente, el 92% de la población es católica, aunque son numerosos los no practicantes. La Constitución de 1853 reconoció la prevalencia de la fe católica, aunque admitiendo la libertad de cultos.

El arraigo del catolicismo tiene su origen en la labor evangelizadora de franciscanos y, sobre todo, jesuitas, desarrollada en el país desde los primeros tiempos de su colonización. Es conveniente a este respecto mencionar las reducciones jesuíticas, comunidades en las que la población indígena dispersa se concentraba para aprender las costumbres y los preceptos religiosos de los colonizadores. Las reducciones establecidas en el norte de la Argentina y en Paraguay constituyeron una singular experiencia de convivencia entre religiosos e indígenas, en un régimen casi independiente del poder político de la Corona, que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII.

Más tarde, miembros de la Iglesia católica desempeñaron un papel relevante en el proceso emancipador y la consecución de la independencia, aunque sus altas jerarquías se mostraron en general contrarias a ellos.

Economía y comunicación

Datos económicos

La Argentina cuenta con una gran riqueza en recursos naturales y ha conseguido cierto grado de crecimiento y desarrollo. No obstante, factores como la dependencia excesiva del sector primario, la concentración de la actividad económica en Buenos Aires y en la región de la Pampa húmeda, la consiguiente carencia de infraestructuras en parte del país o la inestabilidad política han contribuido a que a lo largo de la historia argentina se hayan experimentado periodos de importantes crisis y desajustes económicos.

Agricultura, ganadería y pesca

La agricultura y la ganadería suponen un 10 % del producto nacional bruto, lo que constituye un porcentaje proporcionalmente elevado respecto de otros países de su entorno (la media mundial se sitúa en el 4 %). La producción agrícola presenta además una importante diversidad. Destaca el cultivo de cereales, en especial trigo, maíz y lino, aunque también son notables las plantaciones de alfalfa, avena y cebada, sobre todo en la Pampa, y las de arroz, en la región de la Mesopotamia.

Olivos, árboles frutales y viñedos son el principal recurso agrícola de provincias como La Rioja, Mendoza y San Juan, donde se concentra la mayor área vitivinícola de la Argentina, parte de cuya producción, de reconocida calidad, se destina a la exportación. En la zona septentrional también se cultivan té y hierba mate, cuyas hojas, sometidas a un proceso de calentamiento y tueste, sirven para elaborar una infusión muy consumida en la Argentina y en otros países del Cono Sur.

Hojas de hierba mate procesadas y recipiente artesanal para el consumo de mate.

La ganadería ha constituido desde el siglo XVII el principal pilar de la economía nacional. La cría de ganado vacuno, muy abundante en las extensas praderas de la Pampa húmeda, donde su explotación es intensiva, y en la Pampa seca, donde su régimen de explotación es extensivo, dio lugar a que a partir del siglo XIX se desarrollara una importante infraestructura destinada a la producción cárnica, tanto interior como para exportación, sobre todo a Brasil, los Estados Unidos y el Reino Unido. También es significativa la producción de ganado ovino.

Dentro del sector primario presentan un menor desarrollo las explotaciones forestal y pesquera. No obstante, son económicamente relevantes las zonas silvícolas de las provincias de Misiones, donde se obtienen maderas de araucaria y palo de rosa, y de Santiago del Estero, en la que destaca una especie autóctona, el quebracho rojo, que produce una madera de gran dureza y rica en taninos, los más fuertes curtientes conocidos. La pesca, tradicionalmente relegada a un papel secundario ante la preferencia de la carne en los hábitos alimentarios de la población, ha experimentado en las últimas décadas un moderado crecimiento.

Minería y recursos energéticos

Los recursos mineros argentinos son abundantes, aunque su explotación se ve condicionada por la dispersión de los yacimientos. Se extrae hierro en Río Negro y la Patagonia y minerales sulfurados en la región de Mendoza; también se explotan otros recursos mineros, como zinc, plomo, plata, oro, cobre y estaño. El oro y el cobre son los principales productos de exportación, y existen interesantes perspectivas acerca de la explotación del litio.

Creciente desarrollo ha experimentado el aprovechamiento de los yacimientos de petróleo y gas, de los que el territorio argentino cuenta con reservas muy elevadas. El hallazgo reciente de importantes bolsas subterráneas de hidrocarburos, como en el yacimiento petrolífero de Vaca Muerta, ha impulsado las perspectivas de un notable desarrollo futuro de este sector primario. La producción petrolífera actual tiene algunas de sus principales explotaciones en Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut; en Río Gallegos, en la de Santa Cruz; y en Plaza Huincul, en la de Neuquén. La mayoría del crudo extraído se destina al consumo interno, estableciéndose por ley que sólo el remanente de producción puede destinarse a la exportación. Por su parte, el gas natural se ha convertido en el principal recurso energético argentino, ya que el país ha llegado a concentrar una de las mayores producciones de Sudamérica.

Algunas explotaciones mineras argentinas han sido objeto de controversia a escala local y nacional por las posibles repercusiones en el medio ambiente y en otras actividades de desarrollo económico, en especial la agricultura, la ganadería y el turismo. La minería del oro y de otros metales a cielo abierto ha concentrado buena parte de las críticas de algunas instituciones locales y de las entidades conservacionistas. La técnica de lixiviación con cianuro y otros productos contaminantes ha sido especialmente cuestionada. Las minas de oro de Veladero, en la provincia de San Juan, y de Famatina, en la de La Rioja, entre otras, ocuparon el centro de estas disputas.

Industria

En el sector industrial destaca como rubro más desarrollado el de la industria alimentaria, y más específicamente la dedicada al procesamiento de carne y derivados de la explotación ganadera (carne envasada, extractos cárnicos, sebo y cuero). Igualmente reseñable es la industria de molturación de cereales. El desarrollo de la red ferroviaria y la construcción de importantes complejos portuarios en Buenos Aires y otras ciudades favorecieron la exportación de los productos de las industrias cárnicas y cerealísticas. La industria textil también se halla desarrollada, principalmente en las instalaciones de procesado de lana y algodón, concentradas en las ciudades de la Pampa.

La abundante cría de ganado en las pampas está estrechamente vinculada con la importancia de la industria alimentaria argentina, especialmente la cárnica.

La refinación de petróleo ha evolucionado en torno a las zonas productoras y cuenta con un amplio sistema de refinerías y oleoductos. Es destacable en este contexto el proyecto del Gran Oleoducto Sudamericano, desarrollado en 2006, que preveía el establecimiento de una gran línea de conducción de crudo desde Venezuela a la Argentina a través de Brasil, con derivaciones a otros países del subcontinente. También tienen importancia las industrias petroquímica y química y las productoras de etileno, propileno, metanol, derivados sulfurados, fertilizantes, colas y fármacos. Otras dos ramas de la industria que experimentaron un crecimiento considerable en las últimas décadas son la cementera y la papelera.

Buena parte de la producción industrial del país se concentra en el entorno de Buenos Aires y en otras ciudades como Córdoba, Mendoza, San Miguel de Tucumán y Salta.

Servicios

El sistema financiero argentino se basa en la actividad de bancos de propiedad estatal, regidos por el Gobierno nacional o por las autoridades provinciales y municipales, y por instituciones bancarias privadas. El Banco Nacional de la Argentina es el organismo bancario central y de él dependen las cotizaciones monetarias y el establecimiento de tipos de cambio y de interés.

Precisamente, el sistema financiero ha constituido uno de los puntos débiles de la economía argentina, ya que la inflación, la sobrevaloración monetaria y la salida de capitales al extranjero han sido en repetidas ocasiones causa de importantes crisis económicas. Así sucedió en la década de 1970 y entre 2001 y 2002.

El comercio de la Argentina se basa significativamente en la exportación de productos agropecuarios, como carne y derivados cárnicos, cereales, frutas y hortalizas, vino y aceites vegetales. No obstante, en los últimos años se ha incrementado la exportación de otros sectores, como el petroquímico. Por cuanto respecta a las importaciones, se centran esencialmente en maquinaria, materias primas para la industria de fabricación de bienes de equipo, vehículos de transporte y derivados del petróleo.

Tradicionalmente, los principales socios comerciales de la Argentina fueron los Estados Unidos y el Reino Unido. Sin embargo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI esta tendencia se vio en cierta medida modificada. Buena parte de los intercambios comerciales se reorientaron a los países de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), en especial Brasil y Chile, y a los de la Unión Europea (UE). También se mantuvieron los intercambios con los Estados Unidos y se incrementaron los establecidos con China. La pertenencia de la Argentina al Mercado Común del Sur (Mercosur), constituido en 1991 y que establecía un arancel común mínimo entre sus miembros (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, como fundadores, y Venezuela, incorporada en 2006), supone también un importante elemento del comercio argentino.

Turismo y reservas naturales

El turismo constituye una sustancial fuente de divisas para la Argentina. Junto a la capital, Buenos Aires, otros centros de gran atracción turística son las cataratas del Iguazú, los glaciares de la Patagonia (el más célebre de los cuales es el Perito Moreno) o el complejo de turismo invernal de San Carlos de Bariloche, que también sirve de acceso a los espectaculares paisajes de los lagos andinos como el de Nehuel Huapí, a cuyas orillas se alza.

El turismo es un factor sustancial en la economía argentina. En la imagen, Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, entre cuyos atractivos turísticos están el Parque Nacional Tierra del Fuego, el Museo del Fin del Mundo y la estación de esquí más meridional del planeta.

Las numerosas reservas naturales de la Argentina forman parte destacada del patrimonio nacional y han experimentado un notable desarrollo en las últimas décadas para conjugar el interés de conservación con el aprovechamiento económico de sus recursos en un estricto respeto de la naturaleza y el medio ambiente. El Parque Nacional de los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz, y el mencionado de Iguazú, en la de Misiones, fueron declarados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) bienes naturales patrimonio de la humanidad. En esta misma categoría se encuadran otros espacios y reservas del país. Cabe mencionar, entre ellos, la península Valdés, en la Patagonia, por la preservación de colonias de ballenas y otros mamíferos marinos, y los parques de Ischigualasto y Talampaya, en las provincias de San Juan y La Rioja, respectivamente, con formaciones geológicas singulares e infinidad de fósiles del Triásico.

Han sido declaradas también patrimonio de la humanidad por la UNESCO, por su valor cultural y natural, las misiones jesuíticas guaraníes de la provincia de Misiones; la Cueva de las Manos y el río Pinturas, en Santa Cruz, con una extraordinaria colección de arte rupestre; la manzana y las estancias jesuíticas de la ciudad de Córdoba; la Quebrada de Humahuaca, enclavada en el Camino del Inca en Jujuy, y el sistema vial andino Qhapaq Ñan, que discurre por varias provincias argentinas y sus países fronterizos.

Transportes y comunicaciones

Por cuanto respecta a la infraestructura de transportes, la de carreteras está ampliamente desarrollada, aunque presenta cierta centralización en torno a Buenos Aires y las regiones de importancia económica de la Pampa, mientras que algunos puntos del sur del país disponen de conexiones viales deficitarias.

El ferrocarril también cuenta con una de las mayores redes de Latinoamérica, si bien se dan elementos que le restan funcionalidad en algunos puntos de la geografía argentina, como la diferencia de anchura de vías. De propiedad estatal desde 1947, la red ferroviaria fue privatizada en la década de 1990.

Locomotora de La Trochita, nombre con el que se conoce coloquialmente al Viejo Expreso Patagónico, una de las líneas más australes del mundo. Une las provincias patagónicas de Chubut y Río Negro.

Buena parte de la navegación se encauza a través de los tramos navegables de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, totalizándose unos 11.000 kilómetros de vías fluviales. Entre los más significados puertos fluviales se cuentan los de Rosario y Santa Fe, sobre el Paraná, y el de Formosa, en el Paraguay. Por su parte, el transporte marítimo, que cubre un elevado porcentaje del tráfico de mercancías, tiene su referente en el complejo portuario de Buenos Aires (que en sentido estricto debería considerarse fluvial por asomarse a las aguas del Río de la Plata), junto con otros puertos importantes como los de La Plata, Bahía Blanca, Mar del Plata y Comodoro Rivadavia.

Vista del complejo portuario de Puerto Madero en Buenos Aires.

El transporte aéreo permite acceder a cualquier parte de la nación, dado que la mayoría de los núcleos urbanos de cierta entidad cuentan con aeropuertos, de mayores o menores dimensiones. El principal aeropuerto internacional es el de Ezeiza, cerca de la capital, que enlaza Buenos Aires con las principales ciudades del mundo. La mayor compañía aérea es Aerolíneas Argentinas, fundada por el Gobierno en 1950 y privatizada en 1990. Tras una profunda crisis, que la puso al borde de la quiebra en 2001, la compañía recuperó progresivamente su pujanza en años posteriores.

Prensa y telecomunicaciones

La prensa argentina cuenta con más de 200 diarios, entre los cuales destacan los bonaerenses Clarín, el de mayor tirada del país, y La Nación. Son numerosas también las cadenas de televisión, la mayoría de las cuales emiten desde Buenos Aires. Cabe citar entre las principales Canal 7 (de propiedad estatal), Canal 9, América TV y Telefe. Es notable asimismo el alto nivel de implantación de la televisión por cable, uno de los mayores de Latinoamérica.

A comienzos de la década de 2010 la telefonía convencional contaba con una red de más de diez millones de usuarios, superada por la de telefonía celular, que alcanzaba más de 55 millones de terminales. Más de un 30% de la población tenía acceso a Internet, que contaba con más de 13 millones de usuarios.

Administración y política

División territorial

El territorio de la Argentina está constituido por 23 provincias y un Distrito Federal, conformado por la ciudad autónoma de Buenos Aires. Las 23 provincias son: Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Chubut, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y Tucumán. A su vez, las provincias han formado mediante tratados interprovinciales, de acuerdo con el texto constitucional de la nación, cuatro regiones integradas: Centro, Norte Grande Argentino, Nuevo Cuyo y la Patagonia. La ciudad y la provincia de Buenos Aires conforman una quinta entidad económica, aunque sin formalización administrativa.

Cada una de ellas cuenta con un ordenamiento constitucional propio, que define la división de poderes y regula la autonomía de los departamentos y los municipios, las divisiones administrativas de rango siguiente al provincial. Como es lógico, las Constituciones provinciales deben ajustarse al marco legal fijado por la Constitución federal. El poder ejecutivo provincial corresponde a un gobernador, en tanto que el legislativo compete a parlamentos provinciales que, según los casos, son uni o bicamerales. El poder judicial se asienta en cortes superiores provinciales de las que dependen los tribunales de rango menor.

Cada una de las 23 provincias que conforman el territorio argentino cuenta con un ordenamiento constitucional y un poder ejecutivo propios. En la imagen, el palacio del Gobierno de Tucumán.

Por su parte, la ciudad autónoma de Buenos Aires cuenta con un régimen de autonomía asimilable al de las provincias, aunque carece de ese rango institucional, lo que revierte en la ausencia de un marco judicial propio.

Forma de gobierno y partidos políticos

La Argentina es una república federal representativa en la que, según la reforma de la Constitución de 1994, el poder ejecutivo es asumido por un presidente elegido por sufragio universal a doble vuelta, salvo en el caso de que el candidato con mayor número de votos alcance el 45% de los sufragios o en el de que, si llega al 40%, su margen de diferencia con respecto al segundo sea superior al 10%. El periodo para el que es elegido es de cuatro años, pudiendo acceder a un segundo mandato.

La actividad de los ministros del Gobierno es regulada por un jefe de gabinete, responsable de las decisiones gubernamentales ante el Congreso. Es precisamente el Congreso Nacional el que ejerce el poder legislativo. Consta de una Cámara de Diputados, representantes legales del pueblo elegidos cada cuatro años por el sistema de representación proporcional, y de una Cámara de Senadores, presidida por el vicepresidente de la república. El Senado está constituido por representantes de cada una de las 23 provincias y de la ciudad autónoma de Buenos Aires, correspondiendo dos senadores a la mayoría parlamentaria y uno a la minoría. Los senadores son elegidos por seis años, renovándose la cámara por tercios cada dos años, mientras que en la Cámara de Diputados la renovación se produce por mitades, también cada dos años.

La Casa Rosada (en la imagen), ubicada en la Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires, es la sede del poder ejecutivo de la nación.

Por último, el poder judicial a nivel federal tiene su sede en la Suprema Corte de Justicia, integrada por nueve jueces designados por el presidente de la República y que han de ser ratificados por mayoría de dos tercios en el Senado. La actividad de los tribunales de rango inferior es regulada por el Consejo de la Magistratura, mientras que el marco jurídico queda complementado por el Ministerio Público, al que compete velar por los intereses sociales. Este organismo es regido por el Procurador General de la República y el Defensor General de la Nación.

Aunque con diversas corrientes internas, los dos grandes partidos políticos argentinos son la Unión Cívica Radical, fundada por Leandro N. Alem en 1891, y el Partido Justicialista, fundado por Juan Domingo Perón en la década de 1940. Ambas formaciones, centradas en la defensa de los intereses de las clases medias y trabajadoras aunque desde perspectivas sociopolíticas enfrentadas, definieron el bipartidismo político del país durante la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI.

El ideario radical fue sostenido por presidentes como Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, mientras que el justicialista halló representación en presidencias como las del propio Perón, Héctor Cámpora, Carlos Saúl Menem y Néstor Kirchner.

A partir de la década de 1990 las dos formaciones sufrieron notables fracturas y se establecieron en ellas distintas corrientes que determinaron la aparición de nuevas alianzas y formaciones políticas. Tras la crisis que colapsó la economía argentina en 2001 surgieron nuevos partidos y tendencias derivados de la progresiva atenuación de la polarización entre radicales y justicialistas.

Servicios del Estado

El sistema educativo argentino es uno de los más avanzados de Latinoamérica, lo que halla reflejo en los niveles de alfabetización, virtualmente total, y en los elevados estándares de calidad de la educación. La enseñanza primaria es obligatoria y gratuita entre los 6 y los 14 años de edad, mientras que la secundaria y la superior pueden cursarse en centros tanto públicos como privados. Junto a los institutos y universidades también existen centros de educación técnica, agrícola e industrial y escuelas de maestros.

Además de las nacionales, de gestión estatal, las universidades pueden ser provinciales, municipales o privadas. Entre las más destacadas cabe citar la Universidad de Buenos Aires, la mayor del país, fundada en 1821, y la Universidad Nacional de Córdoba, la de más antigüedad, creada en 1613. Otros centros importantes son la Universidad del Sur, en Bahía Blanca; la del Litoral, en Santa Fe; y la de Mar del Plata.

Los sistemas sanitarios y hospitalarios están sólidamente implantados en las zonas de mayor desarrollo, si bien en las áreas de menor renta la calidad de la sanidad suele ver reducidos sus estándares. La protección social de los trabajadores presenta un avanzado nivel, aunque el acceso a la vivienda constituye un creciente problema, como consecuencia del flujo migratorio del campo a las ciudades, en especial a Buenos Aires.

Historia

Los pueblos originarios

El origen de los primeros pobladores del territorio de la actual Argentina ha sido objeto de controversia entre los expertos durante décadas. La hipótesis más extendida sostiene hoy que estos pueblos originarios llegaron desde el sur de Chile, a través de la Patagonia, y crearon diversas culturas diferenciadas, como testimonian los vestigios arqueológicos y antropológicos que se conservan.

Los restos más antiguos de poblamiento humano encontrados en la Argentina se remontan al año 11.000 a.C., aproximadamente. Corresponden al yacimiento de Piedra Museo, situado en la actual provincia de Santa Cruz, en la zona meridional del país. A él se añade otro asentamiento ligeramente posterior en la misma provincia, el de Los Toldos, fechado en torno al año 10.500 a.C. Unos poblamientos tan tempranos han llevado a sugerir que la presencia del ser humano en Sudamérica es anterior a lo que se había pensado inicialmente.

En cualquier caso, aquellas comunidades primitivas se dedicaban a la caza y la recolección. Entre las piezas que se cobraban figuraban los milodones, unos herbívoros parecidos a perezosos gigantes, así como guanacos, ñandúes, llamas y los llamados caballos sudamericanos, hoy extintos al igual que los milodones. De especial interés antropológico es la llamada Cueva de las Manos, en el cañón del río Pinturas, una de las muestras más antiguas de arte rupestre que se conserva en el subcontinente sudamericano. Datada en torno al año 7300 a.C., esta gruta conserva, además de impresiones de numerosas manos humanas, algunas estampas de animales de caza que parecen guanacos.

Testimonios posteriores han llevado a distinguir en el actual territorio argentino tres grandes regiones en las que se ubicaron pueblos originarios de características culturales bien definidas: en la pampa y la Patagonia se asentaron culturas de naturaleza eminentemente nómada; el noroeste recibió una notoria influencia andina, y el nordeste estuvo relacionado con las culturas tupíes-guaraníes de la cuenca amazónica.

Como se ha indicado, los pueblos de la pampa han dejado los registros humanos más antiguos de la zona. A partir del año 8000 a.C. apareció la llamada industria Casapedrense, con instrumentos líticos probablemente adaptados a la caza del guanaco. Los pueblos pámpidos y patagónicos mantuvieron sus costumbres nómadas hasta periodos históricos relativamente tardíos. La clasificación de estos pueblos es aún objeto de controversia. Entre ellos figuraron los hets y los telhueches. En el extremo austral del subcontinente se ubicaron los selknam, también conocidos como onas, en el norte y el centro de la isla Grande de la Tierra del Fuego.

Antes de la llegada de los europeos, la pampa y la Patagonia fueron ocupadas progresivamente por comunidades mapuches, procedentes del centro y sur de Chile. Aunque parcialmente sedentarizadas en pequeños poblados, en la Argentina estas comunidades retomaron la caza como una de sus fuentes de subsistencia. Los mapuches resistieron la colonización europea y controlaron el norte de la Patagonia hasta finales del siglo XIX.

Por su parte, en la zona noroccidental existen vestigios de poblamiento humano desde el año 7000 a.C. Más tarde, prosperaron en el territorio comunidades emparentadas con los pueblos andinos que se dedicaron principalmente a la agricultura y la alfarería, con rutas de trashumancia para el cuidado de los rebaños. En las diversas culturas analizadas en la zona se han descubierto indicios del trabajo de los metales. Estos pueblos mantuvieron un creciente contacto cultural con los pueblos preincaicos.

Entre las numerosas comunidades existentes en el noroeste hacia el siglo XV de la era cristiana figuraron los diaguitas, los atacameños, los omaguacas y los huarpes. El atacameño señorío de Tastil, en la provincia de Salta, edificó la que se considera la mayor ciudad precolombina del territorio argentino, con un área de influencia que se habría extendido hasta unos tres mil habitantes. Esta ciudad se despobló rápidamente a finales del siglo XIV, probablemente en el marco de las invasiones quechuas que terminaron por anexionar buena parte del territorio al imperio incaico. Los incas poblaron la zona con colonos de la etnia de los chichas, del sudoeste boliviano, a los que llamaron mitimaes. Asimismo, construyeron caminos, fortalezas y asentamientos diversos. Entre los santuarios dedicados a los sacrificios rituales destaca el del volcán Luillaillaco, a más de 6.700 metros de altitud.

Finalmente, en la región del nordeste, en la llamada Mesopotamia argentina, la presencia de numerosas vías fluviales facilitó la comunicación con las etnias amazónicas del grupo conocido como tupí-guaraní. Los primeros pobladores de esta región, dedicados a la caza, la pesca y la recolección, recibieron así las influencias de las comunidades amazónicas, que terminaron por dominar la región. Los guaraníes de la Amazonia se establecieron en la zona a partir del siglo XV. Vivían en aldeas organizadas en torno a un clan y practicaron una cultura guerrera que causó estragos entre los anteriores habitantes del nordeste argentino.

El desarrollo de las comunidades precolombinas en territorio argentino apuntaba a una creciente centralización. En el noroeste, el imperio incaico había asimilado culturalmente a las comunidades preexistentes. En el nordeste, los clanes guaraníes habían iniciado la formación de estructuras unificadoras que hacían presagiar la pronta instauración de un estado. En el sur, en cambio, pervivieron las sociedades nómadas, con preponderancia de la cultura mapuche.

Este complejo entramado de pueblos y alianzas se vio radicalmente alterado con la llegada al subcontinente de los primeros colonizadores europeos.

Descubrimiento y exploración del Río de la Plata

En los primeros años del siglo XVI uno de los principales objetivos de los exploradores españoles y portugueses era encontrar un paso que facilitara el acceso al océano Pacífico desde el Atlántico, por el sur del continente poco antes descubierto. En 1516, Juan Díaz de Solís comandó una expedición que llegó a lo que el llamaría mar Dulce, también designado como mar de Solís, y que posteriormente se denominaría Río de la Plata. Remontó su curso, pero fue atacado por una tribu guaraní. Solís, murió como la mayor parte de sus compañeros, en tanto que los supervivientes de la expedición consiguieron regresar a Brasil, donde dieron cuenta de leyendas sobre míticas ciudades rebosantes de plata y otras riquezas.

En 1520, Fernando de Magallanes exploró también las costas del estuario en el curso de la expedición que le conduciría al descubrimiento en el extremo sur de la Patagonia del ansiado paso, que se conocería como estrecho de las Once Mil Vírgenes, aunque más tarde recibiría el nombre del navegante portugués.

Posteriormente, en 1526, el navegante italiano Sebastiano Caboto, al mando de una expedición española, remontó el cauce del Río de la Plata y fundó Sancti Spiritus, el primer asentamiento colonial en la cuenca del Plata.

En 1528 se unió a la de Caboto la flota de Diego García de Moguer, con orden de que los dos navegantes se dirigieran hacia las Molucas. Sin embargo, los relatos sobre la fabulosa sierra de la plata o sobre la ciudad encantada de los césares, variantes de la leyenda de El Dorado, suscitaron renovado interés por estas tierras y dieron lugar con posterioridad a numerosas exploraciones en el territorio de la futura Argentina.

Tanto la atracción ejercida por estos míticos lugares como el creciente poder de Portugal en tierras brasileñas hicieron que el emperador Carlos V (I de España) encomendara en 1535 a Pedro de Mendoza la conquista y colonización de aquellas regiones. El 3 de febrero de 1536 Mendoza fundó el fuerte de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, quedando esta fecha consignada como la de la primera fundación de Buenos Aires. El continuo hostigamiento de los indios originarios de la zona, los querandíes, y una grave enfermedad hicieron que en 1537 Mendoza decidiera regresar a España, aunque falleció durante la travesía.

Ese mismo año, dos de los lugartenientes de Mendoza, Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala, remontaron el curso de los ríos Paraná y Paraguay. El primero continuó por tierra atravesando el Chaco hasta la región de los indios charcas, donde halló por fin pequeños yacimientos de oro y plata. A su regreso murió atacado por otra tribu indígena hostil, los payaguaes. Por su parte, Irala descendió por el Paraguay y a él se uniría Diego Salazar de Espinosa, fundador en ese mismo año (1537) del fuerte de la Asunción, más tarde declarado ciudad por Irala.

Desde Asunción se dirigiría la colonización del territorio argentino, además de la del futuro Paraguay, en detrimento de Buenos Aires, que, ante los continuos ataques de los indígenas, fue abandonada en 1541. En la primera fase de la colonización se sucedieron las expediciones en busca de las anheladas ciudades míticas. Sin embargo, tras la conquista del Perú por Francisco Pizarroy el inicio de la explotación de las minas de plata de Potosí y otros asentamiento del Alto Perú (actual Bolivia), el aprovechamiento de las riquezas de la región del Río de la Plata quedó limitado a la producción de alimentos y enseres que sirvieran como abastecimiento a las zonas mineras, deficitarias en estos recursos.

En las riberas de los ríos y en las sendas terrestres que comunicaban el estuario del Plata con Asunción y las regiones mineras de los Andes fueron surgiendo asentamientos en torno a los cuales de desarrollarían ciudades como Santiago del Estero, en 1553; Mendoza, en 1662; Tucumán, en 1565; o Córdoba, en 1573. Estas ciudades, siempre bajo la égida del poder asentado en Asunción, constituirían el entorno en el que se produjo el proceso colonizador, ya que Buenos Aires, refundada en 1580 por Juan de Garay, fundamentalmente para hacer frente a las incursiones de los indios de la región y para contar con un puerto que facilitara la comunicación con la metrópoli, sólo adquiriría importancia social y política a partir del siglo XVIII.

En principio, tanto Buenos Aires como el norte del territorio argentino se poblaron más con colonos procedentes de los territorios vecinos del Perú, Chile y Paraguay que con emigrantes llegados de España. Sin embargo, poco a poco fue creándose un sólido tejido social, a partir de los beneficios económicos generados por la explotación ganadera y por la abundante producción de cultivos autóctonos como la papa (o patata) o el maíz.

El periodo colonial

El territorio argentino quedó integrado en el Virreinato del Perú, desde su creación en 1542 hasta 1776. No obstante, durante la época colonial, algunas ciudades ejercieron sucesivamente cierto poder socioeconómico, que serviría como aglutinante del sentimiento comunitario que más tarde inspiraría los ideales de independencia y unificación de la Argentina.

Entre la segunda mitad del siglo XVI y finales del XVII fue Tucumán el principal centro de abastecimiento de las regiones mineras, con el consiguiente desarrollo de una infraestructura social que ejercería influencia política en la región. En los siglos XVII y XVIII el papel preponderante correspondió a la ciudad de Córdoba, también por razones económicas, pero sobre todo por su importancia como referente intelectual, en virtud de ser la sede de la primera universidad de Sudamérica, fundada en 1613.

A partir del último tercio del siglo XVIII sería Buenos Aires el núcleo aglutinador del desarrollo del territorio argentino. A ello contribuyeron factores tales como el progresivo agotamiento de los yacimientos mineros del Alto Perú, con el consiguiente cambio de orientación hacia el comercio transatlántico con España y Europa, o la penetración, por esa misma vía, de las ideas de la Ilustración, que servirían de germen al movimiento emancipador. Determinante fue también la segregación, en 1776, del Virreinato del Río de la Plata del Virreinato del Perú. La capitalidad bonaerense de la nueva entidad, que además del territorio argentino englobaba los de Paraguay, Uruguay y el sur de Bolivia, otorgó a la ciudad una importancia social y política de la que ya no se desprendería.

La independencia

El movimiento independentista argentino comenzó a gestarse a raíz de la fugaz invasión a cargo de una flota británica de Buenos Aires en 1806. Los británicos tomaron la ciudad sin hallar en principio resistencia, pero fueron de inmediato rechazados por la intervención de una fuerza militar conformada fundamentalmente por criollos, es decir, por hijos de familias españolas nacidos ya en América, y a cuyo mando se encontraba Santiago de Liniers. Sin embargo, los británicos continuaron su acoso en la región y al año siguiente tomaron Montevideo.

La inoperatividad de las fuerzas realistas españolas hizo que se formaran milicias urbanas, que, con el apoyo de la burguesía, influenciada por las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa, derrocaron al virrey designado por la Corona, Rafael de Sobremonte, y lo sustituyeron por Liniers, que quedó como virrey interino.

Tras la invasión napoleónica de España en 1808 y el confinamiento del rey Fernando VII, que fue reemplazado en el trono por el hermano de Napoleón, José Bonaparte, los criollos suplieron el vacío de poder con la constitución de una asamblea de notables, el cabildo abierto, que el 25 de mayo de 1810 nombró a la primera Junta de Gobierno del Río de la Plata. Estaba presidida por Cornelio de Saavedra y de ella formaron parte también otras figuras relevantes de la independencia argentina como Mariano Moreno, Manuel Belgrano o Juan José Castelli.

Retrato ecuestre de Manuel Belgrano (A. Contucci, siglo XIX) prócer de la independencia de la Argentina y creador del diseño de la bandera albiceleste del país.

Durante los acontecimientos vividos en aquellos días, conocidos como los de la semana de mayo y que darían paso a la revolución del mismo nombre, fue destituido Baltasar Hidalgo de Cisneros, el nuevo virrey enviado pocos meses antes desde España. Se determinó que se crearía un gobierno autónomo en espera de la restauración de la autoridad legítima de Fernando VII, en contra de la opinión de algunos de los integrantes de la Junta, que abogaban directamente por la independencia.

La Junta criolla tuvo un primer enemigo en el propio Liniers, quien dirigió desde la ciudad de Córdoba un movimiento en su contra; sin embargo, el antiguo virrey interino fue abandonado por sus tropas, capturado y ejecutado.

La campaña militar subsiguiente, destinada a obtener el acatamiento de los distintos territorios virreinales de la autoridad de la Junta de Buenos Aires, tuvo suerte desigual. Las intendencias de Córdoba, Salta, Santa Fe, Misiones y Corrientes aceptaron a la Junta bonaerense, mientras que en Montevideo y Paraguay se continuó acatando la autoridad del Consejo de Regencia español, por entonces asentado en la ciudad andaluza de Cádiz. Montevideanos y paraguayos iniciarían más tarde su propio proceso de emancipación. Por su parte, el Alto Perú fue sometido por las tropas realistas virreinales y quedó desvinculado de las provincias rioplatenses.

Tal diversidad de frentes, junto a las disensiones internas dentro de la Junta, dieron paso a una etapa de continuas campañas bélicas. La más significada sería la dirigida contra las tropas comandadas por José Gervasio Artigas en la Banda Oriental (Uruguay), cuyo movimiento secesionista, que obtuvo apoyos en otras regiones como las de Córdoba, Salta y Santa Fe, sería el germen de los enfrentamientos civiles entre unitarios y federalistas, subsiguientes a la consecución de la independencia.

Entre 1811 y 1814 los designios del incipiente estado fueron regidos por dos triunviratos y, bajo el gobierno del segundo de ellos, se convocó la asamblea constituyente de enero de 1813, conocida como Asamblea del año XIII, de orientación manifiestamente independentista.

En la Asamblea se suprimieron la mita y la encomienda (principales sistemas de obligación de servicio por parte de la población indígena), se abolieron los mayorazgos y títulos nobiliarios y se estableció la libertad de los nacidos esclavos (la llamada libertad de vientres), que venía a añadirse a la abolición de la trata esclavista que se había acordado un año antes. También se designaron el himno, el escudo y la bandera del país, que pasó a ser la albiceleste creada por Manuel Belgrano en Rosario.

La restauración de Fernando VII en el trono español en 1814 dio paso a nuevas disensiones internas entre las diversas ramas del movimiento emancipador, hasta que, el 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán proclamó la independencia del territorio con el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata.

Federalistas y unitarios

Tras la declaración de la independencia fue elegido como director supremo del nuevo Estado Juan Martín de Pueyrredón, quien prestó su apoyo a José de San Martín en la expedición de liberación de Chile y el Perú, por la cual quedó eliminado de manera definitiva el posible riesgo de una reconquista por parte de las tropas realistas españolas. Sin embargo, Pueyrredón desarrolló una política favorable a los portugueses, lo que permitió la ocupación por parte de éstos de la Banda Oriental, donde Artigas pretendía la independencia.

En 1819, ya trasladado el Congreso de Tucumán a Buenos Aires, fue proclamada una Constitución de perfil netamente unitario y centralista, lo que produjo insurrecciones federalistas en Córdoba y Tucumán, donde se llegaron a establecer efímeras repúblicas independientes. San Martín y Belgrano se negaron a apoyar a los unitarios, por lo que, tras su derrota en la batalla de Cepeda en 1820, éstos se vieron obligados a reconocer el Tratado del Pilar, por el que se derogaba la Constitución unitaria y se establecía un régimen con amplio grado de autonomía para las provincias.

No obstante, la mayor pujanza económica y la superior capacidad militar de la capital fue poco a poco prevaleciendo. La burguesía comercial y los grandes latifundistas se adhirieron a la causa unitaria, mientras el federalismo se iba debilitando. Así, en 1824, un congreso constituyente se reunió en Buenos Aires, donde se proclamó la Ley Fundamental de 1826, Constitución que suscitó el rechazo unánime de las provincias y por la que se creaba el cargo de presidente de la República, ocupado por primera vez por Bernardino Rivadavia.

Bernardino Rivadavia (en la imagen) fue el primer jefe de Estado de la Argentina, en 1826.

Tras el levantamiento en la Banda Oriental de Juan Antonio Lavalleja contra los portugueses, en la llamada insurrección de los 33 orientales, Rivadavia declaró en 1825 la guerra a Brasil, para incorporar el territorio uruguayo a la Argentina. Tras una primera fase de victorias argentinas, el conflicto, que enfrentaba a los dos mayores países sudamericanos, llegó a una situación de bloqueo, que se solventó en 1828 con un acuerdo en el que se establecía la independencia de Uruguay.

Rivadavia se vio obligado a renunciar en 1827 ante la evolución del enfrentamiento con Brasil, y tras un nuevo periodo de luchas civiles, en el curso de las cuales fue ejecutado el gobernador federalista de Buenos Aires, Manuel Dorrego, accedió al poder Juan Manuel de Rosas, nominalmente federalista. Durante más de dos décadas, Rosas gobernó con plenos poderes, reprimiendo duramente todo intento de oposición. No obstante, durante su mandato se alcanzó cierto orden en la convulsa sociedad de la época. Una coalición de brasileños, uruguayos y argentinos, encabezada por el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, derrotó a las tropas de Rosas en Caseros en 1852, obligándolo a huir al Reino Unido.

La consolidación nacional

En 1853 fue aprobada una nueva Constitución y se instituyó la Confederación Argentina, de la que fue nombrado presidente Urquiza. Bajo su autoridad se desarrollaron planes de colonización agrícola y se realizaron importantes reformas económicas y educativas. Sin embargo, sus planteamientos abiertamente federalistas no fueron aceptados por Buenos Aires, por lo que se inició un nuevo conflicto bélico. En 1859 las tropas bonaerenses hubieron de ceder ante la superioridad del ejército de la confederación e integrarse en ella tras la paz de San José de Flores. No obstante, sólo dos años más tarde, Bartolomé Mitre derrotó al ejército federalista en Pavón, con lo que se impuso de nuevo el unitarismo.

Mitre, nombrado presidente de la Argentina en 1862, amplió la red ferroviaria, impulsó fuertemente la producción ganadera y, a través de la afluencia de capitales extranjeros, logró un periodo de notable bonanza económica. Durante su mandato se inició la guerra de la Triple Alianza (1865-1870), en la que fuerzas argentinas, uruguayas y brasileñas derrotaron al Ejército de Paraguay, que había ocupado la provincia argentina de Corrientes.

El conflicto, en el que se produjo un gran número de bajas en ambos bandos, concluyó con la victoria de las fuerzas aliadas y la recuperación por parte argentina de los territorios de Misiones y el Chaco. En el curso de la guerra, en 1868, accedió a la presidencia Domingo Faustino Sarmiento. Escritor de prestigio y notable figura de la intelectualidad argentina, Sarmiento impulsó la enseñanza, el desarrollo de los recursos agropecuarios y el transporte, y fomentó las libertades individuales y los principios democráticos.

Durante su presidencia, Domingo Faustino Sarmiento, escritor e intelectual notable, defendió los principios democráticos y fomentó la enseñanza, el desarrollo de los recursos del campo y el transporte.

Se iniciaba así una etapa de firme consolidación política y económica del país, que, con ocasionales episodios de enfrentamiento, se prolongaría durante los gobiernos de Nicolás Avellaneda (1874-1880) y Julio Argentino Roca (1880-1886 y 1898-1904). En este periodo se acabó con los movimientos de resistencia india en la llamada campaña del desierto y se estableció el territorio federal de Buenos Aires. La ciudad bonaerense se convirtió definitivamente en capital de la nación, mientras que la capitalidad de la provincia bonaerense pasó a La Plata. Se ponía así fin a una de las cuestiones que había desencadenado la mayor parte de las luchas civiles de la Argentina a lo largo del siglo XIX.

Conservadores y radicales

El gobierno del conservador Roca coincidió con un periodo de notable auge económico, favorecido por la mejora de las infraestructuras, el crecimiento de la producción agrícola y ganadera y la entrada en el país de capitales extranjeros, fundamentalmente británicos, así como por el masivo flujo de mano de obra a través de la inmigración.

No obstante, la expansión económica dio lugar al surgimiento de corrientes inflacionistas que originaron una grave crisis financiera. El descontento social que ésta generó determinó el nacimiento, como oposición a la línea conservadora, de una nueva corriente política encarnada en la Unión Cívica Radical, fundada en 1891 pero que adquiriría protagonismo en la vida política argentina en las primeras décadas del siglo XX.

Los radicales, que propugnaban la reforma social y el apoyo a las clases medias y obreras, aunque desde una base de coerción de cualquier forma de agitación social, accedieron al poder tras la reforma electoral introducida durante el mandato de Roque Sáenz Peña, quien accedió al poder al frente de la Unión Nacional, coalición escindida de los sectores más conservadores. Como consecuencia de la instauración del voto secreto y obligatorio para los varones, que pretendía suprimir los sistemas electorales que habían dado lugar en el pasado a elecciones fraudulentas, en 1916 el radical Hipólito Yrigoyen llegó a la presidencia abriendo un ciclo de catorce años de gobiernos radicales. Sucedido por Marcelo T. de Alvear en el periodo comprendido entre 1922 y 1928, Yrigoyen sería ese año reelegido, aunque su segundo mandato supuso un fuerte deterioro del apoyo popular a raíz de la crisis económica mundial de 1929.

En 1930, el general José Félix Uriburu derrocó en un pronunciamiento militar al Gobierno radical, con lo que se daba inicio a una serie de intervenciones militares, que durante décadas interrumpirían la normalidad democrática en la política argentina. Las clases dominantes impusieron, con apoyo del Ejército, una serie de gobiernos de creciente conservadurismo y autoritarismo, como el de Ramón S. Castillo, al que siguieron regímenes militares como los encabezados por Pedro P. Ramírez o Edelmiro J. Farrel, quienes rigieron los designios del país durante la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de la neutralidad de la Argentina durante la contienda, mantenida igual que en la guerra de 1914, las presiones de los Estados Unidos hicieron que en 1944 el país declarara la guerra a las fuerzas del Eje, que, sin embargo, contaban con amplios apoyos en la clase dirigente.

El peronismo y los regímenes militares

Uno de los miembros del gabinete del presidente Farrel, Juan Domingo Perón, adquirió gran popularidad entre las clases trabajadoras. Ocupando sucesivamente los cargos de ministro de Trabajo, de la Guerra y vicepresidente, Perón introdujo importantes reformas sociales, que le granjearon la enemistad de los sectores más conservadores, por lo que en octubre de 1945 fue destituido y encarcelado. Sin embargo, una gran movilización popular, a la que no fue ajena el carisma personal de su esposa Eva Duarte (Evita), que supondría un gran apoyo para el gobernante, pidió su liberación y le abrió las puertas a la victoria en las elecciones presidenciales de 1946.

Juan Domingo Perón y Eva Duarte el día de su enlace matrimonial civil en 1945. Ambos constituyeron la génesis del movimiento ideológico conocido como justicialismo.

Los dos primeros mandatos de Perón, entre 1946 y 1955, constituyeron la génesis de una ideología, el justicialismo, que resultaría esencial en la posterior evolución política argentina. En él se aunaban los intereses de la burguesía y las clases obreras, a través de elementos como el antiimperialismo, el antimarxismo y la oposición a las oligarquías, incorporando también elementos autoritarios, como la represión de los movimientos opositores.

A medidas como la concesión del voto femenino, la nacionalización de los servicios públicos o el desarrollo de la industria ligera vinieron a añadirse, tras su reelección en 1951, otras iniciativas como la abolición de la enseñanza religiosa o la ley de divorcio. Ello dio lugar a que la jerarquía eclesiástica y otros sectores apoyaran el pronunciamiento del general Eduardo Lonardi, quien en 1955 derrocó a Perón, cediendo a su vez el poder al también general Pedro Eugenio Aramburu, el cual, tras un Gobierno de transición marcadamente antiperonista, dio paso a la elección, en 1958, del radical Arturo Frondizi.

Tras nuevas disensiones entre los distintos sectores del Ejército, el radicalismo continuó en el poder durante la presidencia de Arturo Illia, hasta que, en 1966, el general Juan Carlos Onganía estableció un régimen militar. En esta etapa se produjo un creciente deterioro de la economía, que dio lugar a protestas sociales como el llamado “cordobazo”, levantamiento popular que se registró en la ciudad de Córdoba en 1969. Después del secuestro y asesinato del ex presidente Aramburu, perpetrado por la organización de extrema izquierda Montoneros en 1970, Onganía fue depuesto por la Junta Militar, sucediéndole ese mismo año Roberto Marcelo Levinsgton, quien a su vez cedió el poder el año siguiente a Alejandro Agustín Lanusse.

Desde su exilio en España, Perón negoció con los militares la vuelta al orden constitucional, y en marzo de 1972 la coalición peronista agrupada en el Frente Justicialista de Liberación se alzó con el triunfo. Su candidato, Héctor Cámpora, dimitió poco después para que, en octubre de ese mismo año, tras recibir una acogida multitudinaria en el aeropuerto de Ezeiza (en la que se registraron graves enfrentamientos entre facciones opuestas del peronismo), el propio Perón accediera otra vez a la presidencia del país, con su nueva esposa, María Estela Martínez (Evita había fallecido de cáncer en 1952), en el cargo de vicepresidenta.

El nuevo mandato de Perón se caracterizó por cierto crecimiento económico, pero se vio ensombrecido por diversos atentados terroristas, como consecuencia de los cuales se desencadenó una campaña de represión de las organizaciones izquierdistas, algunas pertenecientes a las propias corrientes peronistas.

Tras el fallecimiento del presidente en 1974, la jefatura del Estado fue ocupada por su viuda, quien gobernó bajo la fuerte influencia del antiguo secretario de Perón, José López Rega. A la campaña de atentados de organizaciones de extrema izquierda vino a sumarse la de otras de extrema derecha, como la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como Triple A. Esta violencia, junto a la ingente inflación y el creciente deterioro de la economía, sumieron al país en un clima de crisis e incertidumbre.

El 24 de marzo de 1976 una Junta Militar presidida por el teniente general Jorge Rafael Videla derrocó al Gobierno y estableció un régimen en el que se suspendieron las libertades y se abordó una campaña de férreo control de todas las corrientes opositoras. La cúpula militar ordenó una extensa persecución de los opositores a la dictadura que alcanzó una enorme virulencia. Miles de personas fueron detenidas y recluidas en centros de internamiento, entre ellos el Campo de Mayo. Muchas de ellas, consideradas “desaparecidas”, fueron sometidas a procesos sumarios en el marco de una “guerra sucia” en la que no contaron con ninguna defensa legal. Abundaron las torturas y las ejecuciones, con episodios tan siniestros como los “vuelos de la muerte”, en los que los detenidos eran arrojados desde aviones sobre el Río de la Plata. A numerosas mujeres embarazadas que dieron a luz en cautiverio les fueron arrebatados sus recién nacidos, objeto de un tráfico de bebés que marcaría traumáticamente la evolución social en la Argentina durante varias décadas.

En el plano internacional, en este periodo se suscitaron un conflicto con Chile por la soberanía de tres islas del canal de Beagle, en el que hubo de mediar el papa Juan Pablo II, y también una divergencia con Brasil en relación con los límites de las aguas jurisdiccionales, saldada finalmente con un acuerdo.

La situación económica, aun cuando experimentó una leve mejoría, mantuvo su acelerado deterioro. La inflación, aunque pasó del 600% en 1976 al 138% en 1982, continuaba siendo la más elevada del mundo por aquel entonces.

El descontento social y la situación de emergencia económica marcaron el declive de la Junta encabezada por Videla. En 1981, fue sucedido por Roberto Viola al frente de una segunda Junta Militar, que tuvo una duración efímera. Relevado Viola, Leopoldo Galtieri pasó a ocupar la presidencia de facto del país como miembro de una tercera Junta. Con el ánimo de aglutinar a la opinión pública en torno a una causa común, el Gobierno de Galtieri abordó en abril de 1982 la ocupación de las islas Malvinas, en poder británico y tradicionalmente reivindicadas como territorio argentino. En una rápida operación marítima con unidades anfibias, tropas argentinas se hicieron con el control del archipiélago el 2 de abril de 1982. La Junta Militar confiaba en que el Reino Unido no respondiera militarmente y se aviniera a iniciar una negociación política para resolver el contencioso.

No obstante, el Gobierno británico, tras ganarse el respaldo diplomático de los Estados Unidos, envió una flota de guerra a las islas y, en una rápida campaña, recuperó el dominio militar del archipiélago. Unos 900 combatientes perdieron la vida en el conflicto, más de la mitad de ellos argentinos. Especialmente trágico fue el hundimiento del crucero argentino General Belgrano, en el que murieron más de 300 marinos. En junio, tras una serie de reveses terrestres y marítimos, las tropas argentinas se vieron obligadas a capitular.

La derrota en este conflicto provocó la dimisión de Galtieri, que fue sustituido por el general Reynaldo Bignone. Bajo los auspicios de la cuarta Junta Militar, a la que no pertenecía, Bignone anunció la reanudación de la actividad política de los partidos y decretó la convocatoria de elecciones.

La restauración democrática

El 30 de octubre de 1983 se celebraron las primeras elecciones presidenciales democráticas después de siete años de régimen militar. En ellas se alzó con el triunfo el radical Raúl Alfonsín, quien, ante la grave situación provocada por la hiperinflación, aplicó un programa económico de austeridad, llamado plan Austral, nombre de la nueva divisa que sustituía al peso. Durante su mandato también se arbitró el procesamiento de varios de los principales dirigentes de los Gobiernos militares que se habían sucedido desde 1976.

Las medidas de control económico de Alfonsín sólo tuvieron cierto efecto en primera instancia, ya que posteriormente la inflación volvería a dispararse. Como consecuencia de ello, tras los comicios de 1989, el peronismo recuperó la jefatura del Estado en la persona de Carlos Saúl Menem. El nuevo presidente aplicó políticas centradas en el recorte del gasto público y la privatización de compañías estatales. La fijación de la paridad peso-dólar estadounidense permitió que la crisis económica remitiera y favoreció la reelección en 1995 de Menem, quien, tras consolidar la reactivación económica durante su segundo mandato, renunció a una posible tercera reelección.

El cambio de siglo

Las elecciones de 1999 otorgaron la victoria a la coalición Alianza, integrada por la Unión Cívica Radical y el Frente del País Solidario (Frepaso) y encabezada por Fernando de la Rúa. La congelación de depósitos bancarios conocida como "corralito" desencadenó una grave crisis social y económica que llevó a dimitir al presidente en diciembre de 2001. En los días siguientes ocuparon interinamente la jefatura del Estado Ramón Puerta, presidente del Senado, y Adolfo Rodríguez Saa, gobernador de la provincia de San Luis, hasta que, el 2 de enero de 2002, el Congreso nombró nuevo jefe del Estado al justicialista Eduardo Duhalde, quien hubo de aplicar medidas de urgencia para frenar la creciente crisis económica y social.

En marzo de 2003 se celebraron nuevos comicios presidenciales, en los que se enfrentaron representantes de las dos corrientes del justicialismo, el ex presidente Menem y Néstor Kirchner. Ante la sorprendente retirada de la candidatura de Menem, Kirchner fue nombrado jefe del Estado. Su mandato se caracterizó por las medidas destinadas a la cancelación de la ingente deuda externa de la Argentina y a reducir los niveles de pobreza y desempleo. La progresiva recuperación de la economía nacional hizo que, en las elecciones de octubre de 2005, la corriente del peronismo por él representada, el Frente para la Victoria, recibiera apoyo mayoritario en las urnas. La tendencia a la recuperación fue confirmada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que certificó que el crecimiento económico de la Argentina en 2006, del 8%, sería el mayor de Latinoamérica en ese año.

En el plano internacional, la política de Kirchner se alineó con las corrientes progresistas vigentes en Sudamérica en la segunda mitad de la década de 2000, representadas por personalidades como la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, o el máximo mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

Cristina Fernández de Kirchner. Primer mandato

La mejora económica del país bajo el Gobierno de Néstor Kirchner fue el mejor aval para que su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, presentara su candidatura a la presidencia de la República. A la cabeza también del Frente para la Victoria, Cristina Fernández consiguió un claro triunfo en la primera vuelta de los comicios presidenciales de octubre de 2007 y se convirtió así en la primera mujer en ostentar la máxima representación de la nación argentina. Fernández de Kirchner fue investida como presidenta en el mes de diciembre.

Durante su mandato, la presidenta hubo de hacer frente a la grave crisis económica de escala mundial que se agudizó especialmente en el transcurso del año 2009. La situación en el país se agravó por la prolongada sequía, que llevó al Gobierno a declarar el estado de emergencia nacional. Durante el mes de febrero tuvieron lugar protestas de los agricultores y ganaderos, que reclamaban una rebaja en los impuestos agrícolas para la exportación. Por otra parte, el Ejecutivo impulsó medidas de apoyo a la industria automotriz y destinadas a facilitar la concesión de créditos para empresas y trabajadores, al objeto de encarar las dificultades emanadas de la crisis del sistema financiero, extendida en el plano internacional.

Cristina Fernández de Kirchner, primera mujer en ostentar la presidencia de la nación, durante una intervención en el Congreso. (© foto Presidencia de la Nación).

En otro orden de cosas, en la segunda mitad de 2009, el Ejecutivo logró la aprobación parlamentaria de un proyecto de reordenamiento del sector audiovisual. La Ley de Medios Audiovisuales limitaba la concesión a cada empresa individual de un máximo de diez licencias de radio y televisión, catorce menos de las establecidas por el marco legislativo anterior. Por otra parte, en política exterior, el Gobierno de Fernández de Kirchner mantuvo la línea diplomática marcada por su antecesor, Néstor Kirchner.

En julio de 2009 se celebraron elecciones legislativas en el país para renovar la mitad de los miembros de la Cámara de Diputados. El Frente para la Victoria, en el que se integraba el Partido Justicialista, obtuvo una exigua victoria con el 31,2% de los sufragios, seguida a escasa distancia por el Acuerdo Cívico y Social (ACyS), formado por la coalición de la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y el Partido Socialista, con el 30,7% de los votos. Aunque el FPV perdió 29 escaños con respecto a la legislatura anterior, con 87 representantes elegidos se mantuvo como primera fuerza política de la Cámara; tras los comicios, los tres partidos coaligados en el ACyS, segunda fuerza en disputa, sumaban 68 escaños.

A principios de 2010, una compañía británica hizo públicos planes para realizar perforaciones en las proximidades de las islas Malvinas con el objetivo de evaluar la posibilidad de una explotación económica de sus recursos petrolíferos. El Gobierno argentino denunció la iniciativa y en febrero impuso controles adicionales a los barcos que surcaran aguas de soberanía argentina en dirección a las islas. Finalmente, las prospecciones arrojaron un resultado negativo.

Durante 2010, dos ex dirigentes argentinos durante la época del gobierno militar comparecieron ante la justicia por cargos de crímenes contra la humanidad. En abril, Reynaldo Bignone, último presidente de aquel Gobierno, fue condenado a 25 años de prisión, una pena que sería posteriormente revisada por la de reclusión perpetua. Más tarde, Rafael Videla fue sentenciado también a cadena perpetua. Videla fallecería en mayo de 2013 en el penal de Marcos Paz, donde cumplía condena.

Un hecho luctuoso en este periodo fue el fallecimiento, en octubre de 2010, del ex presidente Néstor Kirchner, esposo de la jefa del Estado argentina y considerado un posible candidato a los comicios presidenciales del año siguiente. En julio de 2010, la Argentina se había convertido en el primer país latinoamericano en el que se legalizaban los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Cristina Fernández de Kirchner. Segundo mandato

Finalizado el primer gobierno de la presidente, Cristina Fernández de Kirchner fue designada por el Frente para la Victoria para renovar su nuevo y último mandato de cuatro años, tal como lo determina la Constitución argentina. Las elecciones presidenciales se celebraron el 23 de octubre del 2011, conjuntamente con comicios legislativos y de algunas gobernaciones. Los candidatos surgieron de unas elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias realizadas por primera vez en la Argentina. Con una oposición fragmentada y dividida, Fernández de Kirchner obtuvo una amplia mayoría y resultó vencedora en las elecciones con el apoyo del 54% de los votantes. En otro hecho notorio, el gobernador de la ciudad autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, del partido de la oposición denominado PRO (Propuesta Republicana), ganó en segunda vuelta al candidato oficialista del Frente para la Victoria, Daniel Filmus.

La presidenta Fernández de Kirchner asumió el nuevo mandato el 10 de diciembre del 2011. En sus primeros meses, el nuevo Gobierno adoptó una serie de medidas económicas y de alcances internacionales impactantes y polémicas. Entre ellas figuró la expropiación de la empresa Repsol-YPF, de accionariado mayoritario español, con el fin de recuperar la soberanía sobre el petróleo y sus derivados. Esta decisión provocó un conflicto diplomático con España y la presentación de una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por parte del Gobierno español y las autoridades europeas. También se profundizó en el control sobre el dólar de importación y se promulgaron determinadas normas sobre la exportación. Al mismo tiempo, se aplicaron diversas políticas sobre la compra de dólares por parte de cualquier argentino.

Al mismo tiempo, se inició una estrategia diplomática con el Reino Unido, tendente a la búsqueda del diálogo para tratar de resolver el contencioso de las Malvinas. Tanto el Gobierno británico como el de las islas Malvinas no aceptaron las diversas propuestas argentinas, lo que dio origen a un nuevo periodo de tensiones diplomáticas y comerciales entre los territorios implicados. En febrero de 2012, el Gobierno argentino presentó una queja formal ante las Naciones Unidas a causa de la creciente militarización británica de la zona circundante a las islas.

En paralelo, se suscitaron diferencias del nuevo Gobierno con la Confederación General de Trabajadores, conducida por el líder gremial Hugo Moyano, un estrecho aliado del fallecido Néstor Kirchner. La CGT, según los analistas, corría el riesgo de sufrir una profunda división en su seno, un hecho no deseado en un contexto económico que se veía seriamente afectado por los efectos de la desaceleración económica mundial. A la vez, el Gobierno comenzó a retirar gradualmente los subsidios que habían significado un fuerte apoyo de la ciudadanía a la gestión gubernamental de Cristina Fernández de Kirchner.

Otro asunto que centró el debate político en la Argentina fue el empeoramiento de la inseguridad ciudadana, con un aumento de los delitos, secuestros y asesinatos. Asimismo, el periodismo independiente denunció presiones del Gobierno para el cumplimiento de sus funciones. En otro orden de cosas, la Justicia argentina abrió investigaciones en torno a las denuncias presentadas contra el vicepresidente Amado Boudou por cuestiones relacionadas con supuestas decisiones irregulares, tomadas como funcionario público, durante su gestión anterior como ministro de Economía.

En enero de 2013, la Argentina pasó a ocupar un asiento como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para un periodo de dos años. Por su parte, la elección en marzo de ese año de cardenal argentino, Jorge Mario Bergoglio, como nuevo papa de la Iglesia católica fue recibida con entusiasmo en el país. Bergoglio fue investido como pontífice con el nombre de Francisco.

En el ámbito económico, el Gobierno presidido por Fernández de Kirchner mantuvo a lo largo de su mandato una política fiscal y monetaria expansiva, unida a los controles de los tipos de cambio y del valor del peso. En julio de 2014 firmó un importante convenio de colaboración económica con China, al tiempo que adoptaba medidas dirigidas a estrechar lazos comerciales con la comunidad internacional. Dentro de este esfuerzo se enmarcó un acuerdo suscrito con Repsol por el que se compensaría a la multinacional española por la expropiación de YPF en 2012, así como la reanudación de los pagos a los acreedores extranjeros que había sido preciso interrumpir durante la profunda crisis financiera de 2001. Ello no impidió la entrada del país en situación de impago técnico de su deuda externa, después de que el gobierno argentino no lograra cerrar un acuerdo con sus acreedores en los Estados Unidos.

En enero de 2015, la sociedad argentina se vio conmocionada por la noticia del fallecimiento en circunstancias confusas de Alberto Nisman, fiscal especial de la causa del atentado contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) cometido en julio de 1994. Nisman había denunciado públicamente una presunta connivencia del gobierno argentino y sus principales representantes para eludir la supuesta responsabilidad de los servicios secretos iraníes en el atentado a través de un memorándum de entendimiento Argentina-Irán rubricado en 2013. Dada la gravedad de sus acusaciones, el fiscal había sido convocado ante la comisión de legislación penal de la Cámara de Diputados para que diera detalles de sus investigaciones y aclarara las bases de su acusación de encubrimiento contra los impulsores de dicho memorándum, entre ellos la presidenta Fernández de Kirchner. Horas antes de su comparecencia, Nisman fue encontrado muerto en su departamento del barrio bonaerense de Puerto Madero por un disparo de arma de fuego en la cabeza.

Las elecciones de 2015

Por otra parte, el año político de 2015 estuvo marcado por la celebración de las elecciones presidenciales, a doble vuelta, en los meses de octubre y noviembre. Como principales candidatos concurrieron Daniel Scioli, por el Frente para la Victoria (FPV), una alianza de orientación kirchnerista, y Mauricio Macri, elegido por la coalición política Cambiemos, integrada a su vez por la Propuesta Republicana (PRO) la Coalición Cívica ARI y la Unión Cívica Radical (UCR). En la primera ronda electoral, Scioli obtuvo la victoria con cerca del 37% de los sufragios. Sin embargo, en la segunda vuelta Macri resultó vencedor con el 51,3% de los votos. En su triunfo fueron clave los distritos electorales de las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, aun cuando en la provincia de Buenos Aires la victoria correspondió a su adversario. Mauricio Macri tomó posesión como presidente de la república el 10 de diciembre de 2015.

Presidente Mauricio Macri

En sus primeras semanas en la presidencia la nación, Macri comenzó a aplicar uno de los principales puntos de su programa de gobierno. A lo largo de la campaña, Macri había defendido la “normalización” de la economía argentina mediante la retirada de varias de las medidas intervencionistas aplicadas por el anterior ejecutivo. Como primera iniciativa, a mediados de diciembre recortó las tasas de exportación de productos agrícolas como el trigo, el maíz, la carne y la soja. Unos días más tarde, Alfonso Prat-Gay, nuevo ministro de finanzas, puso fin a la política conocida popularmente como “cepo cambiario” y ordenó el levantamiento de los controles sobre la valoración de la moneda nacional, el peso, que pasó a fluctuar libremente en los mercados monetarios internacionales. A raíz de esta decisión, la divisa argentina experimentó una rápida depreciación, cercana al 30%, hasta estabilizarse en torno a un cambio de 13 pesos por dólar. Aunque esta medida supuso un estímulo para las exportaciones argentinas, se acompañó de un aumento de la tasa de inflación y obligó al Banco Central de la Argentina a elevar los tipos de interés de los depósitos bancarios para contrarrestarla.

El cambio en la orientación de la política económica argentina fue recibido de forma positiva en los escenarios internacionales. El país reabrió sus vías de financiación en los mercados y recibió el beneplácito de la directora del FMI, Christine Lagarde. En noviembre de 2016, esta institución decidió retirar la sanción que pesaba sobre la Argentina por la, a su juicio, manipulación de las estadísticas oficiales que había tenido lugar en los años precedentes. No en vano, una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de Macri fue la intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), una decisión que fue bien recibida y que permitió fortalecer las bases para impulsar el crecimiento económico del país.

A lo largo de 2017, tras un primer año marcado por las dificultades para el ajuste de los parámetros de la economía nacional, comenzaron a mejorar los índices macroeconómicos, en especial ligados a un aumento del producto interior bruto (PIB) previsto según el FMI en torno al 2,5 % anual acompañado de un ligero descenso del desempleo. La lucha contra la pobreza y la inflación, que había alcanzado en el ejercicio precedente el 40 % anual, se situó como uno de los principales objetivos de la acción del Gobierno. Como contrapartida, éste se vio instado a elevar el precio de los servicios básicos de abastecimiento (agua, electricidad y gas), en un intento por reequilibrar las finanzas públicas y reducir la abultada deuda del país. Una huelga general en abril en la capital, Buenos Aires, surgió como consecuencia del descontento que estas alzas de precios originaron entre la población.

A finales de octubre de 2017, la celebración de las elecciones legislativas argentinas para renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de los senadores arrojó unos resultados que se entendieron como un refrendo popular de las políticas impulsadas por el presidente Macri, quien gozaba de altos índices de popularidad. La coalición política Cambiemos que él encabezaba pasó de 86 a 107 escaños en la Cámara de Diputados para convertirse en la principal fuerza parlamentaria, aunque sin mayoría absoluta. Por su parte, el Frente para la Victoria, coalición dirigida por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, retrocedió cuatro escaños hasta ocupar en la cámara 68 de los asientos.

Aun así, la política reformista y modernizadora auspiciada por Macri se encontró con una fuerte resistencia entre importantes sectores de la población. Después del éxito de la firma en noviembre de un complejo pacto fiscal con los gobernadores de las provincias, en diciembre el proyecto de reforma de las pensiones encontró una fuerte contestación social, con multitudinarias manifestaciones en su contra en las principales ciudades del país. El despliegue policial y las imágenes de dura represión contra los manifestantes supusieron un serio revés político y mediático para el Gobierno de Macri. No obstante, la coalición gobernante, con el apoyo de varios diputados peronistas, logró la aprobación de la reforma con el respaldo de 128 votos en la Cámara de Representantes, frente a 116 en contra. En el proyecto se contenían medidas para modificar la fórmula de actualización de las pensiones que, según las perspectivas del Ejecutivo, permitiría un ahorro de hasta 60.000 millones de pesos y el consiguiente reequilibrio de las cuentas públicas. Los opositores temían que este ahorro perjudicara a los pensionistas, en un marco económico en el que la inflación (que alcanzaría el 24 % anual en 2017, según las previsiones) persistía como uno de los problemas más apremiantes en el país.

En otro orden de cosas, la sociedad argentina se vio conmovida a mediados de noviembre de 2017 por la desaparición en el océano Atlántico del submarino ARA San Juan. Tras la última comunicación recibida de la nave el 13 de noviembre, se perdió todo contacto con la misma. Este buque, de fabricación alemana, había zarpado de la ciudad de Ushuaia con 44 tripulantes a bordo en una misión de patrullaje contra la pesca ilegal. Tras su desaparición se puso en marcha una extensa misión de búsqueda en la zona del golfo de San Jorge en la que colaboraron otros países. Esta labor resultó infructuosa. Según los informes, el buque había sufrido un problema eléctrico que pudo producir una explosión a bordo. Al cabo de dos semanas, la Armada argentina suspendió las labores de búsqueda y dio por muertos a todos los tripulantes.

Después de un periodo de cierta recuperación en el que el Gobierno aprobó importantes reformas en términos fiscales, laborales y de regulación de las pensiones, la economía argentina vivió importantes turbulencias a lo largo de 2018. Con unos altos índices de inflación y una caída prevista del producto interno (interior) bruto (PIB) superior al 2 % para el conjunto del año, el presidente Macri renovó sus esfuerzos en la escena internacional para buscar inversores y firmó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en sucesivas reuniones, concedió un crédito al país latinoamericano superior a 55.000 millones de dólares.

Aun así, la progresiva mejora de la credibilidad argentina en la escena internacional hizo posible que esta nación fuera elegida como organizadora de la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20) que se celebró en Buenos Aires en diciembre de 2018. Los asistentes suscribieron un documento en el que se declaraba que el Acuerdo de París contra el cambio climático era irreversible, una afirmación que contó con la notable disidencia de los representantes de los Estados Unidos.

La crisis económica instaurada en la Argentina se prolongó y agravó a lo largo de 2019. Según los datos gubernamentales y los informes elaborados por el FMI, en los meses siguientes se prolongaría la recesión, lo que hacía necesario renegociar la deuda con esta institución internacional. La inflación, estimada en más del 50 % anual, se sumaba a la profunda caída del peso argentino, un desempleo elevado y en crecimiento y una progresiva extensión de las bolsas de pobreza en el país como elementos desestabilizadores en el plano económico y social.

En el orden político, las campañas previas a las elecciones presidenciales que habrían de celebrarse en octubre de ese año dejaron ver claramente la pérdida de popularidad experimentada por el Ejecutivo de Macri. El 27 de octubre tuvieron lugar los comicios, con Macri como candidato de la coalición Juntos por el Cambio y Alberto Fernández, del Partido Justicialista, como principal opositor. El presidente resultó derrotado en las urnas ante la dupla formada por Fernández y, como su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. El triunfo de Alberto y Cristina Fernández, que recibieron más del 48 % de los sufragios, significó la vuelta del peronismo a la cumbre del poder político en el país.

De este modo, Alberto Fernández tomó posesión como presidente de la Argentina el 10 de diciembre de 2019. En su primer discurso ante el Parlamento como jefe del Estado, situó como primera prioridad de su Gobierno la reducción de la pobreza, que alcanzaba al 40 % de la población. Otra tarea prioritaria de su Ejecutivo fue la renegociación de la cuantiosa deuda pública que acumulaba el país. Con este propósito, Alberto Fernández inició en las primeras semanas de su mandato una larga gira internacional en la que recabó apoyo para este objetivo de las autoridades del FMI y de destacados dirigentes de los Estados Unidos y la Unión Europea.

En otro orden de cosas, cabe reseñar que el ex presidente boliviano Evo Morales, solicitó asilo en Argentina en diciembre de 2019, que le fue concedido. El mandatario había abandonado la jefatura del Estado en su país un mes antes tras la denuncia de graves irregularidades en unas elecciones presidenciales en las que se declaró vencedor y la pérdida del apoyo del estamento militar boliviano.

Sociedad y cultura

Ciencia y tecnología

En el campo de la investigación científica han destacado notables personalidades argentinas.

La ingeniería cuenta con figuras señeras como Luis Augusto Huergo, autor de importantes obras de canalización y puertos, fundador de la Sociedad Científica Argentina en 1872 y director de los yacimientos petrolíferos hallados en Comodoro Rivadavia en 1907.

En el ámbito médico destacan las personalidades de Bernardo Alberto Houssay, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947, y César Milstein, quien recibió el mismo galardón en 1984. También fue laureado con el Nobel, en este caso de Química, Luis Federico Leloir, que lo obtuvo en 1987. Igualmente notable fue la labor de René Favaloro, creador de la técnica de revascularización cardiaca conocida como bypass aortocoronario.

Bernardo Alberto Houssay, premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947.

Las ciencias físicas tienen representantes de gran prestigio como José Antonio Balseiro y Mario Báncora, destacados físicos nucleares, y Mario Bunge, relevante exponente en el campo de la filosofía de la ciencia. Otro tanto sucede en el ámbito de las matemáticas, con personalidades como Julio Rey Pastor o Enrique Butti. También es digna de mención la labor de investigación astronómica de figuras como Juan Bussolini y Enrique Gaviola. En este contexto es asimismo reseñable el programa de satélites de aplicaciones científicas, desarrollado a partir de la década de 1990 y modernamente integrado en el plan espacial nacional “Argentina en el Espacio 2004-2015”.

Literatura

Las manifestaciones literarias de la época virreinal fueron limitadas en la Argentina, a diferencia de lo que sucedió en los Virreinatos del Perú y la Nueva España. Sin embargo, a partir del siglo XIX las letras argentinas dieron figuras de notable alcance.

Especial mención merece la literatura gauchesca, que incorporaba manifestaciones poéticas y en prosa, centradas en la figura del gaucho, jinete, pastor y arriero seminómada que constituye uno de los estereotipos esenciales de la tradición popular argentina. Entre las obras poéticas de este tipo de literatura destacan Martín Fierro y La vuelta de Martín Fierro, de José Hernández, y Aniceto el gallo, de Hilario Ascásubi. La prosa gauchesca halla representación en la producción de Domingo Faustino Sarmiento(Civilización y barbarie: vida de Juan Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina) y de Roberto Jorge Payró (El casamiento de Laucha, Pago Chico).

La figura del gaucho también sería ensalzada, ya en el siglo XX, por otros autores como Benito Lynch (El romance de un gaucho), el modernista Leopoldo Lugones (El payador) o Ricardo Güiraldes (Don Segundo Sombra).

Otras corrientes literarias de la segunda mitad del siglo XIX fueron el Romanticismo, con fuerte influencia francesa, y el Naturalismo. En ellas se inscribe la obra de escritores como Esteban Echevarría, Juan Bautista Alberdi, Eugenio Cambaceres, Carlos María Ocantos y Eduardo Wilde.

A lo largo del siglo XX surgieron en la Argentina figuras literarias mundialmente reconocidas. En poesía cabe citar la creación de Jorge Luis Borges, de estilo hermético y metafísico y adscrito a la corriente ultraísta, que propugnaba la experimentación como forma de expresión lírica. Otras notables creaciones poéticas fueron las del ya citado Lugones, Leopoldo Marechal, Alfonsina Storni, Enrique Banchs Ricardo Molinari o Norah Lange.

La narrativa, en la que la obra de Borges también halló manifestaciones de gran renombre como Historia universal de la infamia, Ficciones o El Aleph, contó con otras grandes figuras. Algunas de las más relevantes son Adolfo Bioy Casares (La invención de Morel), Roberto Arlt (El juguete rabioso), Manuel Mujica Lainez (Bomarzo) o Ernesto Sábato (El túnel).

Desde la década de 1950, en el marco del llamado boom de la literatura latinoamericana, sobresale la creación de Julio Cortázar, en la que se aprecia una combinación de precisión realista y transgresión de las pautas narrativas. Algunas de sus obras más reconocidas son Rayuela, el Libro de Manuel y sus diversos volúmenes de cuentos.

Otros escritores notables de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI en la Argentina son Manuel Puig, Osvaldo Soriano, Juan José Saer, César Aira, Ricardo Piglia, Mempo Giardinelli, Liliana Bodoc o Rodrigo Fresán, cuya obra es predominantemente narrativa, y otros más orientados a la producción lírica, como Jorge Aulicino, Néstor Perlongher, Martín Prieto, Irene Gruss, Juan Gelman o Andrés Neuman.

Artes plásticas

Las artes plásticas argentinas han buscado tradicionalmente su inspiración en la cultura europea y, particularmente, en la española, italiana y francesa.

En el ámbito arquitectónico, el barroco rioplatense, de planteamientos sencillos, dio paso a un academicismo neoclásico que halla manifestación en edificaciones como la catedral bonaerense o los edificios del Banco Nacional de Buenos Aires, obra de Alejandro Bustillo, y el Museo Hispanoamericano, también en la capital, erigido según proyecto de Martín Noel.

El academicismo dio pasó a corrientes racionalistas, en las que se enmarcan los edificios de Amancio Williams, y a otras tendencias orientadas a la búsqueda de la originalidad. Dos de las grandes figuras de la moderna arquitectura argentina son Clorindo Testa, quien proyectó el Banco de Londres y la Biblioteca Nacional, ambos en Buenos Aires, y César Pelli, autor de algunos de los rascacielos más altos del mundo como las torres Petronas, en la capital de Malasia, Kuala Lumpur, y el Two International Finance Center de Hong Kong.

Por cuanto se refiere a las bellas artes, las primeras manifestaciones pictóricas importantes en la Argentina fueron los apuntes de paisajes realizados por los llamados pintores viajeros del siglo XIX, en su mayor parte de origen extranjero, como el británico Emeric Essex Vidal o el alemán Mauricio Rugendas. La misma corriente paisajista sería seguida por Prilidiano Pueyrredón primera gran figura del arte pictórico argentino, quien también adquirió notoriedad como retratista. En escultura destacaron en esta etapa los academicistas Francisco Cafferata y Lucio Correa Morales

Ya en el siglo XX cabe reseñar la producción pictórica de figuras como Xul Solar (de inspiración surrealista y creador de un personal estilo que denominó criollismo), la también surrealista Leonor Fini, el expresionista Fernando Fader, Emilio Pettoruti y Lino Spilimbergo (introductores de las premisas abstractas en el arte argentino), Raquel Forner (representante del figurativismo expresionista) o Norah Borges, hermana del escritor Jorge Luis Borges y que cultivó un personal estilo de inspiración naïf. A destacar también la creación escultórica de Rogelio Yrurtia, José Fioravanti y los vanguardistas Agustín Riganelli, Antonio Sibellino y Hernán Cullen Ayerza.

Representantes de las más modernas tendencias plásticas argentinas son, entre otros, los pintores Antonio Berni, Luis Soldi, Tomás Maldonado, Alfredo Hlito y Eugenio Daneri y los escultores Aurelio Macchi, Antonio Pujía, Marina Dogliotti, Enrique Romano, Hernán Dompé y León Ferrari.

Patrimonio cultural

La actividad cultural de la Argentina se concentra en buena parte en Buenos Aires, aunque también existen importantes centros culturales y conjuntos monumentales en otras áreas del país.

Entre los museos bonaerenses destacan el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). El primero alberga una importante colección de obras de maestros de la pintura universal como Goya, Picasso, Monet, Renoir o Van Gogh y cuenta también con una amplia muestra de arte argentino y latinoamericano. Además de la sede central en Buenos Aires, el museo cuenta desde 2004 con una subsede en la ciudad de Neuquén. Por su parte, el MALBA, inaugurado en 2001, acoge una notable representación del arte latinoamericano desde los inicios del siglo XX hasta la actualidad.

Otros centros museísticos de Buenos Aires son el Museo Histórico Nacional y el de Ciencias Naturales. Referentes de la historia argentina pueden también hallarse en los museos que albergan la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo, y el Cabildo, una de las escasas edificaciones civiles que perduran desde la época colonial. Ambos se encuentran en la plaza de Mayo, punto de referencia del centro de la capital y en la que también se halla la catedral, de característica fachada neoclásica.

En la zona céntrica bonaerense abundan las muestras de arquitectura religiosa colonial, entre ellas las iglesias de San Francisco, el Pilar, San Telmo y Las Catalinas. Es asimismo reseñable la llamada Manzana de las Luces, en la que se localizan el Colegio Nacional de Buenos Aires, la antigua Universidad, la iglesia de San Ignacio y otros edificios históricos, y cuya denominación alude a la importancia intelectual de los centros que hay en ella.

Otro núcleo neurálgico de la vida cultural bonaerense es el Teatro Colón, inaugurado en 1908, que se cuenta entre los principales teatros de ópera del mundo y que alberga también espectáculos de ballet y diversas manifestaciones artísticas.

Fachada del Teatro Colón, Buenos Aires, un referente mundial de la cultura dramática y musical.

Notable es asimismo la riqueza monumental de la ciudad de Córdoba, en cuyo casco antiguo se alzan la catedral (síntesis de estilos renacentista, barroco y neoclásico), la iglesia de la Compañía de Jesús, el monasterio de las Carmelitas y el cabildo, y la región de Misiones, donde existen numerosos conjuntos monumentales correspondientes a las reducciones jesuíticas erigidas en el siglo XVII para evangelizar a los indios de la zona.

Vista parcial de la iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en la llamada Manzana jesuítica de la ciudad de Córdoba.

Algunos de los entornos históricos de la Argentina que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) son la llamada Manzana jesuítica de la ciudad de Córdoba, conjunto de edificaciones construidas por los jesuitas en el siglo XVII y que comprende la iglesia de la Compañía de Jesús, el Colegio Nacional de Montserrat y la antigua Universidad; las reducciones jesuíticas de San Ignacio Miní, en la provincia de Misiones; la Cueva de las Manos, sitio arqueológico con singulares pinturas rupestres, en la provincia de Santa Cruz; o la quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, donde abundan los vestigios históricos precolombinos y coloniales.

Pinturas rupestres de la Cueva de las Manos, sitio arqueológico de la provincia de Santa Cruz, considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

También han sido declarados Patrimonio de la Humanidad espectaculares parajes naturales como las cataratas del Iguazú, en la frontera con Brasil y Paraguay; el Parque Nacional de Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz; y la península de Valdés, en la provincia de Chubut.

Artes escénicas y música

El teatro argentino tiene sus antecedentes en los sainetes y “cielitos” de principios del siglo XIX, como el anónimo El amor de la estanciera, que definieron el estilo costumbrista que daría paso a las obras dramáticas de inspiración gauchesca reflejadas en las obras de Eduardo Gutiérrez, Roberto L. Cayol, Florencio Sánchez o Alberto Vacarezza.

A lo largo del siglo XX y en la primera década del XXI, la actividad teatral en la Argentina, especialmente pujante en Buenos Aires, se nutrió de las creaciones de autores como Rodolfo González Pacheco, Samuel Eichelbaum, Conrado Nalé Roxlo, Carlos Gorostiza, Osvaldo Dragún, Griselda Gambaro, Eduardo Pavlosky o Roberto Cossa.

Por su parte, la música popular argentina cuenta con numerosas formas de canto y danza nacidas de la fusión de elementos de la tradición autóctona con ritmos procedentes de las culturas europea y africana. Entre ellas pueden mencionarse la cueca, el cambombo, la zamba, la milonga y, sobre todo, el tango, que, nacido a finales del siglo XIX en los arrabales de Buenos Aires, se ha convertido en el que probablemente sea el más definitorio rasgo de la identidad argentina en el mundo.

Figuras destacadas en la historia del tango fueron los letristas y compositores Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Aníbal Troilo u Osvaldo Pugliese, y el cantante, y también autor, Carlos Gardel, la figura más emblemática de esta forma musical de fama universal.

Además de los bailes y cantos populares, la danza clásica cuenta en la Argentina con grandes figuras que, en la transición de los siglos XX y XXI, han ocupado papeles preeminentes en los principales ballets del mundo. Cabe citar entre ellos a Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Paloma Herrera o Marianela Núñez.

La música sinfónica se nutrió con profusión de la inspiración de las formas musicales populares desde sus orígenes, que en la Argentina se sitúan a principios del siglo XIX.

Tras las creaciones de precursores del sinfonismo en el país, como Juan Pedro Esnaola (autor de la versión definitiva del himno nacional compuesto por Blas Parera), Amancio Alcorta o Juan Bautista Alberdi, desarrollaron su obra una serie de músicos de corte académico e inclinación nacionalista, entre los que sobresale la figura de Alberto Williams. El nacionalismo musical argentino contaría con otros representantes de relieve como Julián Aguirre, Carlos López Buchardo, Gilardo Gilardi o Carlos Guastavino.

En las corrientes vanguardistas se encuadra la producción musical de Alberto Ginasteray Mauricio Kagel, mientras que la de Juan José Castro experimentó una transición del estilo nacionalista hacia premisas más cosmopolitas. Por su parte, la obra de Ástor Piazzola combina elementos de la música culta con un importante componente popular, fusión de la que nació lo que dio en llamarse tango sinfónico.

En el campo de la dirección, tanto escénica como orquestal, destaca la figura de Daniel Barenboim, argentino nacionalizado israelí y español, también renombrado pianista, al igual que la no menos célebre Martha Árgerich. En el apartado del bel canto obtuvieron reconocimiento internacional figuras como Delia Rigal, Carlo Cosutta y Ángel Mattiello (italianos que desarrollaron su carrera en la Argentina), Luis Lima y, más modernamente, José Cura, Marcelo Álvarez y Darío Volonté.

El jazz y el rock argentinos cuentan también con figuras de relieve como Gato Barbieri, Mono Villegas, Charly García o Fito Páez.

Cinematografía

Argentina fue uno de los primeros países del mundo en desarrollar una industria cinematográfica. El camarógrafo francés Eugène Py filmó en 1897 el documental La bandera argentina, que puede considerarse como el primer filme de la cinematografía nacional. El género documental prevaleció en los primeros años del siglo XX, considerándose la primera película con trama argumental El fusilamiento de Dorrego, de Eduardo Gallo.

Por su parte, la primera cinta sonora fue Tango, de Luis José Moglia Barth (1931). Las décadas de 1930 y 1940 supusieron la consolidación del séptimo arte en el país. En la primera desarrolló su carrera cinematográfica el mito del tango Carlos Gardel, con títulos como Luces de Buenos Aires o El día que me quieras.

En esta época se dieron a conocer también directores como Mario Soffici (El alma de bandoneón), Leopoldo Torres Ríos (La vuelta al nido), Luis Saslavsky (Historia de una noche), Lucas Demare (La guerra gaucha) y Hugo del Carril (Las aguas bajan turbias). Tras la década de 1940, en la que se hizo notar la competencia del cine estadounidense, el cine argentino comenzó a adquirir mayor difusión internacional con las producciones del hijo de Torres Ríos, Leopoldo Torre Nilsson (La casa del ángel, La mano en la trampa, Martín Fierro), Sergio Renán (La tregua) y Lautaro Murúa (La Raulito).

Importantes cineastas de esta época fueron también Leonardo Favio (Nazareno Cruz y el lobo, Gatica el Mono) y Fernando Ayala y Héctor Olivera, fundadores de la productora Aries Cinematográfica Argentina, que encauzaría una copiosa producción fílmica durante décadas en la que destacaron títulos dirigidos por el propio Olivera como La Patagonia rebelde o La noche de los lápices.

Figuras relevantes del séptimo arte argentino en las dos últimas décadas del siglo XX fueron Luis Puenzo (La historia oficial), María Luisa Bemberg (Camila), Adolfo Aristaráin (Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo) y Eliseo Subiela (El lado oscuro del corazón).

La moderna cinematografía argentina cuenta con otras destacadas figuras, cuyos filmes reciben con frecuencia galardones en los festivales más prestigiosos. Entre estos directores están Alejandro Agresti (El sueño de Valentín), Eduardo Mignogna (Sol de otoño, El viento), Juan José Campanella (El hijo de la novia, Luna de Avellaneda), Carlos Sorín (Bombón, el perro), Lucía Martel (La ciénaga, La niña santa) y Fabián Bielinsky (Nueve reinas, El aura), prematuramente fallecido en 2006.

El prestigio internacional del moderno cine argentino no sólo se basa en la creatividad de sus directores y guionistas, sino también en las sólidas dotes interpretativas de actores como Cecilia Roth, Héctor Alterio, Norma Aleandro, Federico Luppi, Pepe Soriano, Gastón Pauls, Ricardo Darín (galardonado con el Premio Goya al mejor actor en 2015 por su interpretación en Truman), Leonardo Sbaraglia o Natalia Verbeke, sucesores de estrellas de la cinematografía argentina de épocas pasadas como Libertad Lamarque, Luis Sandrini o Niní Marshall.

Deportes y ocio

El deporte más popular en la Argentina es el fútbol. Numerosos equipos argentinos se cuentan entre los principales del planeta y su selección nacional se ha alzado en dos ocasiones con la Copa del Mundo, en 1978 y 1986, y con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004. Cuatro años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Pekín, logró de nuevo la medalla de oro en este deporte. También son numerosas las figuras legendarias de este deporte nacidas en la Argentina. Cabe citar entre ellas a Alfredo Di Stéfano(nacionalizado español), Luis Artime, Omar Sívori, Guillermo Stábile, Mario Alberto Kempes, Diego Armando Maradona, Gabriel Batistuta o Lionel Messi.

También el básquetbol ha adquirido notable popularidad. Aunque la selección argentina de esta especialidad ya fue campeona mundial en 1950, el auge de este deporte en el país se acentuó en la década de 2000. El periodo transcurrido entre 2001 y 2014 asistió a los mayores triunfos del básquetbol argentino. En él coincidió la llamada “generación dorada” de este deporte, con figuras tan destacadas como Pablo Prigioni, Luis Scola, Andrés Nocioni, Carlos Delfino y, sobre todo, Emanuel Ginóbili, el estandarte y jugador más brillante del equipo. En 2002, el combinado argentino logró el título mundial de básquetbol, un éxito que refrendó con la medalla de oro, dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Atenas y, en 2008, con la presea la de bronce en Pekín.

Notable implantación ha adquirido entre los deportes ecuestres el polo, introducido por los británicos y que tiene un antecedente en el pato, juego tradicional del país practicado en el ámbito rural desde la época colonial.

Otras disciplinas deportivas con arraigo en la Argentina son el tenis, en el que han surgido grandes figuras como Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, David Nalbandian, Guillermo Coria, Juan Martín del Potro o Federico Delbonis (estos dos últimos formaron parte del equipo que ganó la primera Copa Davis para la Argentina en 2016); el hockey sobre hierba, cuya selección femenina obtuvo importantes éxitos internacionales; y el rugby. Mención especial merece el automovilista Juan Manuel Fangio, 5 veces campeón mundial de Fórmula 1.