Bolivia

Así llamada en honor del Libertador Simón Bolívar, la República de Bolivia es el estado latinoamericano con un mayor porcentaje de población de origen amerindio, que alcanza el

60 % del total. Junto a esta característica, otro de sus rasgos más significativos es su continentalidad: Bolivia no cuenta con salida al mar desde que perdió sus territorios litorales del Pacífico en favor de Chile, a finales del siglo XIX.

Bandera de Bolivia.

Medio físico

Bolivia limita al norte y al este con Brasil; al sudeste, con Paraguay; al sur, con la Argentina; y al oeste, con Chile y Perú. Su extensión es de 1.098.581 kilómetros cuadrados.

El tercio sudoccidental del país es ocupado por la cordillera de los Andes, diferenciada en dos grandes ramas: la cordillera Occidental, que discurre a lo largo de la frontera con Chile, y la Oriental, o Real, situada más al este y que atraviesa el país en dirección noroeste-sur. El resto del territorio lo forman llanuras, distribuidas en las grandes regiones de Oriente, al noreste, y el Gran Chaco, al este y al sur.

La cordillera Occidental consiste en una sucesión de volcanes inactivos entre los que se cuenta el Nevado Sajama (6.520 metros), la máxima elevación del país. Por su parte, la cordillera Oriental, que presenta una ramificación a la que se conoce como cordillera Central, está surcada por profundos valles, densamente poblados y en los que se asientan algunas de las principales ciudades del país, como La Paz o Cochabamba.

Vista del volcán inactivo Nevado de Sajama (6.520 metros), la cumbre más alta del país.

Entre las dos grandes cordilleras se extiende el altiplano andino, una elevada meseta, de suaves pendientes y cerros aislados, originada a partir de los depósitos sedimentarios procedentes de las altas cumbres que lo rodean y que presenta una altitud comprendida entre los 3.600 y los 3.800 metros. Al noroeste de la cordillera Oriental se encuentra otra región natural, que se extiende a Colombia, Perú y el Ecuador: es la de los yungas, profundos valles separados por elevadas cumbres.

Al norte y este de los Andes se sitúan las grandes llanuras que, con una altitud media de 500 metros, suponen el elemento geográfico más extenso del país, aunque su densidad de población es muy inferior a la de las tierras altas. Entre las llanuras se intercalan algunas serranías paralelas de escasa altura.

© 2008 DP

Bolivia cuenta con tres cuencas hidrográficas principales: la amazónica, la del río Paraguay y la del lago Titicaca. Al río Madeira, afluente del Amazonas, vierten el Madre de Dios, el Beni, el Mamoré y el Guaporé o Itépez, todos ellos muy caudalosos. En el altiplano nace el río Pilcomayo, afluente del Paraguay.

En esta gran meseta andina abundan salares, reducidas masas de agua circundadas por vastas zonas de pantanos desecados salinos, y lagos como el Titicaca, el lago navegable más elevado del mundo, que comunica a través del río Desaguadero con el lago Poopó, el cual a su vez se deriva hacia el salar de Coipasa. Al sur de éste se sitúa otro salar más extenso, el de Uyuni.

El lago Titicaca, en la imagen, es el más elevado del mundo.

Aunque por latitud Bolivia pertenece a la región tropical, se observa un notable contraste climático entre regiones, más relacionado con la altitud a la que se encuentra cada una de ellas que con su latitud. En la mitad oriental el clima es cálido. Hacia el noroeste, la abundancia de lluvias permite la existencia de selvas ecuatoriales, pero, descendiendo en latitud, las lluvias se hacen estacionales, hasta ser muy escasas en el Chaco y en el altiplano, donde el clima es frío y seco, especialmente en invierno. En los valles y yungas andinos las temperaturas son benignas (con una media de 25 ºC) y las lluvias abundantes.

Flora y fauna

La vegetación de la región del altiplano es escasa, dadas su aridez y sus frías temperaturas. En cambio, en los niveles bajos de los valles andinos abundan los bosques de cedros, saúcos y alisos. En cotas más elevadas de estos valles es característica la vegetación de arbustos, como el molle, o de árboles de pequeño porte, como el pacay, ambos endémicos de los Andes. En las llanuras orientales proliferan los bosques de árboles de maderas de explotación industrial, como el caucho o la caoba.

© 2008 DP

En cuanto a la fauna, en las selvas del noroeste son habituales los animales propios de este hábitat, como boas, anacondas, cocodrilos, jaguares y tapires. Sin embargo, las especies más características son las que habitan en el altiplano y los valles adyacentes. Tal es el caso del guanaco y la vicuña, camélidos silvestres adaptados a la altitud y la sequedad de estas tierras, y sus especies afines domesticadas, la llama y la alpaca. También son numerosas las especies de aves acuáticas en la región de los lagos Titicaca y Poopó. Los cielos de los valles altos de los Andes están dominados por la majestuosa silueta del cóndor, una de las mayores aves voladoras del mundo.

En la fauna del altiplano se encuentran las especies más características de Bolivia, entre las que se encuentra el guanaco.

Población

Demografía

Bolivia cuenta con unos 10.800.000 habitantes. La tasa de crecimiento poblacional, del 1,56 %, es relativamente elevada. Otro de los rasgos demográficos significativos del país es la creciente tendencia a la urbanización. Si en 1950 apenas el 20 % de los habitantes vivía en zonas urbanas, en la década de 2010 ese porcentaje se aproximaba al 70 %.

© 2008 DP

Una elevada proporción de la población se concentra en la zona del altiplano y los valles andinos. Las llanuras orientales, que cubren más de la mitad del territorio, apenas acogen al 15 % de los bolivianos. Entre las principales ciudades se cuentan La Paz, capital administrativa, y Sucre, capital judicial, junto con Santa Cruz, principal núcleo urbano de las llanuras orientales, Cochabamba, Oruro y Potosí.

En Bolivia se distinguen tres grupos étnicos principales: los indios, los mestizos y los descendientes de españoles y otros europeos. La población de origen indio supone más de la mitad del total de habitantes del país y entre ellos se distinguen los quechuas, que se concentran en especial en los valles andinos, los aimaras, al norte del altiplano, y las tribus de las selvas noroccidentales.

Modernamente, la mayor parte de la población amerindia está constituida por campesinos, mineros y obreros. La población mestiza, tradicionalmente integrada en sectores como el comercio y la artesanía y que ocupa un estrato social intermedio, supone un 68 % del total, mientras que los descendientes de españoles y otros europeos agrupan al 5 % de la población y han conformado a lo largo de la historia boliviana los sectores de mayor nivel socioeconómico.

Lengua

Las lenguas oficiales de Bolivia son el español, el quechua y el aimara, dándose el caso de que es el único país hispanohablante de Latinoamérica en el que el español no es de uso mayoritario. También está difundido el guaraní y se diferencian numerosas lenguas y dialectos hablados por comunidades indias aisladas.

Religión

Una gran parte de la población profesa la religión católica, aunque existe una minoría importante de protestantes. De la época precolombina han perdurado algunos ritos indígenas que se asocian con la práctica sincrética del catolicismo.

Economía y comunicación

Datos económicos

Aunque Bolivia cuenta con abundantes recursos naturales, en especial mineros y energéticos, su desarrollo económico se ha visto condicionado por la falta de inversión, por una limitada infraestructura de transporte y por no contar con salida al mar. Los ingresos per cápita son bajos, por lo que Bolivia mantiene niveles de riqueza inferiores a los de otros países de su entorno. En Bolivia prevaleció durante el siglo XIX y la primera mitad del XX un sistema basado, por una parte, en el mantenimiento de una economía de subsistencia, fundamentada en la producción agrícola a pequeña escala y, por otro, en una economía especulativa orientada a la exportación de materias primas, en especial mineras, cuya explotación quedó a menudo en manos extranjeras. Sólo en la segunda mitad del siglo XX se atenuaron estas tendencias, con un aumento de la demanda interna y una mayor diversificación de la economía.

Cerca del 32 % de la población activa se emplea en la agricultura, si bien este rubro apenas supone un 13,2 % del producto interno (interior) bruto (PIB). La productividad es en general baja. En la zona del altiplano prevalecen los cultivos de subsistencia. La reforma agraria de 1952 permitió acabar en parte con la distribución de la propiedad establecida en época colonial, permitiendo el acceso de los indígenas a la propiedad de la tierra, hasta entonces en manos de grandes latifundistas. Sin embargo, la falta de inversión en mejoras técnicas impidió la adecuada dinamización de la vida agrícola. La región de los valles de los Andes presenta mejores condiciones agrícolas, dado que pueden instaurarse en ella cultivos de regadío.

Las papas o patatas, disponibles en múltiples variedades, han sido la base de la alimentación boliviana desde tiempos precolombinos. Con ellas se elabora el chuño, elemento fundamental de la alimentación indígena, que es una forma deshidratada de papa que, con mínimos requerimientos de almacenaje, se puede conservar durante largos periodos. En el altiplano, junto a la papa, se cultivan cebada, trigo, quínoa, alfalfa y coca. Las cosechas de los valles andinos, dirigidas en parte a la exportación, incluyen café, azúcar, cacao, algodón, aguacate, papaya, ají o chile, yuca y también coca. En las llanuras centrales abundan los cultivos de soya o soja.

El cultivo de la hoja de coca tiene gran arraigo entre la comunidad indígena, ya que se emplea desde hace siglos como medio de alivio de la fatiga y tiene connotaciones sagradas. Sin embargo, también constituye la base para la obtención de la cocaína, por lo que la comunidad internacional lo penaliza. Se estima que, a mediados de la década de 2000, la hoja de coca se cultivaba en unas 27.000 hectáreas en todo el país, de las que más de la mitad eran cultivos legales dedicados al consumo interno, en tanto que las restantes eran explotaciones ilegales regidas por los narcotraficantes. En 2006, el Gobierno boliviano se comprometió a reducir la extensión del cultivo de coca hasta cubrir sólo las necesidades internas y solicitó la despenalización de este cultivo ante las Naciones Unidas, aunque la retirada de la lista de cultivos ilícitos de la coca no obtuvo respaldo.

La ganadería está basada principalmente en la explotación de especies autóctonas, como la llama y la alpaca, que se emplean en labores agrícolas y como animales de carga. El departamento de Beni, al norte del país, destaca por sus extensas explotaciones de ganado bovino. Otro recurso importante es la madera procedente de los bosques tropicales y subtropicales que cubren más del 40 % del territorio del país.

Entre los activos económicos más valiosos de Bolivia se cuentan sus recursos minerales y energéticos. El país es un productor importante de estaño, zinc y oro, además de plata, antimonio, tungsteno, plomo, cobre, potasio y litio, por lo que depende en muy alto grado de la fluctuación de los precios y la demanda de estas materias. El salar de Uyuni, al sudeste del altiplano, es una de las mayores reservas del mundo de minerales de potasio y litio.

Por cuanto respecta a la explotación de recursos energéticos, la prospección de petróleo se inició en 1927, cuando la estadounidense Standard Oil adquirió una concesión para extraer crudo en el sudeste del país. Tras un periodo de nacionalización, entre 1937 y 1956, se volvieron a otorgar concesiones a empresas extranjeras hasta que, en 1969, la gestión petrolífera pasó a depender de la compañía Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Posteriormente se integraron en el sector empresas inversionistas exteriores, pero la producción fue decayendo hasta que, en 1980, el país dejó de autoabastecerse y comenzó a importar petróleo. Modernamente la producción se aproxima al consumo, por lo que las importaciones petrolíferas no son de gran alcance.

El principal recurso energético de Bolivia es el gas natural, del que se exportan dos tercios de la producción total, sobre todo a la Argentina y Brasil. A mediados de la década de 2000 las disensiones sobre la gestión de este recurso dieron lugar a una serie de conflictos sociales, en lo que dio en llamarse guerra del gas, que determinó sucesivos cambios en la presidencia del país. En 2006, el recién designado presidente Evo Morales decretó la nacionalización de las reservas bolivianas de gas e hidrocarburos, que hasta entonces venían siendo administradas por empresas extranjeras como la brasileña Petrobras o la hispanoargentina Repsol-YPF.

Los grandes desniveles entre las cumbres andinas y los fondos de los valles, así como el caudal de algunos de sus ríos, hacen que Bolivia tenga una importante proyección en el ámbito de la generación de energía hidroeléctrica, que ha experimentado un importante crecimiento en las últimas décadas, si bien aún no cubre por completo la demanda interna.

El sector industrial está poco evolucionado en comparación con el minero y energético. No obstante, se registra cierto desarrollo en áreas como la industria alimentaria y conservera, la producción de piensos y la de vidrio, cuero, prendas de vestir y calzado. Asimismo destacan las industrias de transformación del azúcar y la madera.

Creciente importancia en la economía boliviana tiene el turismo. Entre los principales destinos turísticos cabe citar el lago Titicaca y su entorno, las ruinas de Tiahuanaco y los poblados indígenas del altiplano, así como las ciudades de Sucre y Potosí, ambas declaradas patrimonio cultural de la humanidad.

La exportación de metales dominó el comercio exterior de Bolivia hasta la década de 1980, cuando fue reemplazada por la de gas. Las importaciones bolivianas consisten en maquinaria y bienes de equipo para la industria y el transporte. Entre los principales socios comerciales de Bolivia se cuentan Brasil, Argentina, Venezuela, Estados Unidos, Colombia y Perú.

© 2008 DP

La accidentada orografía de Bolivia dificulta en no pequeña medida el transporte entre las distintas zonas del país. Por otra parte, el aislamiento del mar limita las comunicaciones a las líneas férreas, las carreteras y el transporte aéreo. En el oeste, la comunicación se ha apoyado en el sistema ferroviario, que une las ciudades y centros mineros con los puertos de Antofagasta y Arica, en Chile, y Matarani, en Perú. Desde la privatización del sistema ferroviario nacional en 1996, su uso para el transporte de productos agrícolas y minerales ha aumentado considerablemente.

La red de carreteras se centra en la intercomunicación de los principales centros urbanos, como La Paz, Cochabamba, Potosí, Sucre y Santa Cruz. El transporte aéreo, centralizado por una compañía de gestión mixta estatal-privada, Lloyd Aéreo Boliviano, une también por aire los principales núcleos urbanos de Bolivia y mantiene líneas internacionales con las principales capitales de América y Europa.

Comunicaciones

Entre los periódicos de mayor difusión se cuentan El Diario y La Razón, de la Paz, El Deber y El Nuevo Día, de Santa Cruz, y Los Tiempos y Opinión, de Cochabamba.

La Compañía de Televisión Nacional llega a la mayor parte del territorio y cubre eventos nacionales y mundiales. Existe también acceso al servicio de televisión por cable, con programas de otros países latinoamericanos, Europa y los Estados Unidos. La televisión y la radio transmiten principalmente en español, aunque hay varios programas en aimara y quechua.

La telefonía celular ha experimentado un importante desarrollo, dándose el caso de que el número de terminales celulares, más de ocho millones, multiplica por diez el de fijos.

Administración y política

División territorial, forma de gobierno y partidos políticos

Sucre mantiene la capitalidad constitucional y judicial de Bolivia, pero es en La Paz donde se encuentran la sede del Gobierno y las principales instituciones. El país está dividido en nueve departamentos, encabezados por un prefecto designado por el presidente. Los departamentos se subdividen en provincias administradas por subprefectos, y éstas a su vez en cantones administrados por corregidores.

Panorámica aérea de la ciudad de La Paz, capital administrativa del país y donde se halla la sede del Gobierno boliviano.

El poder ejecutivo lo ejerce un presidente elegido por sufragio universal para un mandato de cinco años. Si éste no obtiene una mayoría de los votos, el Congreso Nacional elige al presidente de entre los dos contendientes principales. Ni el presidente ni el vicepresidente pueden ser reelegidos para un segundo mandato. El presidente es a la vez jefe de Estado y del Ejecutivo y designa el gabinete. El sufragio universal fue introducido por la reforma electoral de 1952, antes de la cual sólo podía votar un reducido porcentaje de la población.

Servicios del Estado

La educación primaria es gratuita y obligatoria para niños de 6 a 13 años, aunque el absentismo escolar es frecuente en algunas áreas. La escolarización en la educación secundaria es aún inferior. A pesar de ello, las tasas de alfabetización han aumentado de manera notable, especialmente entre la población indígena. La mayor parte de la educación está promovida por el Estado, aunque hay una serie de instituciones privadas, católicas y protestantes, que también mantienen escuelas. Las ocho universidades nacionales se localizan en las capitales departamentales, a las que se suman una universidad católica y otros centros privados de educación superior.

La asistencia sanitaria corre a cargo del Ministerio de Salud Pública y Seguridad Social. En general, los servicios médicos y los hospitales son adecuados en las ciudades, pero no en las áreas rurales, donde el personal médico es insuficiente y las enfermedades respiratorias y las relacionadas con la desnutrición son comunes. El paludismo y la enfermedad de Chagas son males endémicos en las regiones más aisladas de Bolivia.

Historia

La ocupación humana del territorio boliviano parece datar de hace unos 12.000 o 10.000 años, aunque no sería hasta el siglo XIII a.C., que se desarrollarían las primeras culturas de importancia como la Chiripa o la Wankari, una vez que se asienta totalmente la neolitización en la región. A partir del siglo VII se expandió en el altiplano boliviano la cultura de Tiahuanaco, la primera en dominar las mesetas e incluso las costas del actual Perú. El estadio cultural de estos pueblos debió de ser de cierta relevancia, tal y como atestiguan algunos importantes centros arqueológicos como la propia «ciudad» de Tiahuanaco o el petroglifo del fuerte de Samaipata.

Tras la decadencia de Tiahuanaco, en el siglo XI, la región se mantuvo poblada por pequeños estados de menor entidad, hasta que en el siglo XV quedó integrada en el Imperio incaico. Cusco colonizaría las tierras del altiplano, estableciéndose asentamientos quechuas y aimaras, que se constituirían en los dos grandes grupos de población amerindia de Bolivia.

La colonización española

Las primeras expediciones españolas dirigidas a territorio boliviano procedían del río de la Plata. El portugués Alejo García alcanzó entre 1516 y 1524 la región donde posteriormente se asentaría Sucre. En la década de 1530, el religioso Tomás de San Martín exploró el sur del lago Titicaca y los conquistadores Gonzalo y Hernando Pizarro sometieron a los indígenas del altiplano. El conflicto entre los hermanos Pizarro y Diego de Almagro supuso la división administrativa del territorio incaico y provocó que el territorio boliviano comenzase a adquirir una identidad propia.

La dominación de los conquistadores españoles se asentó en núcleos como Potosí y Oruro, en los que se descubrieron ricos yacimientos de plata, que serían explotados por mano de obra indígena por medio de un sistema tributario de trabajo obligatorio, llamado mita, aplicado también a la agricultura y el comercio, y que, en el caso de la minería alcanzaba niveles de semiesclavitud. En las cuencas mineras fueron surgiendo a lo largo del siglo XVI núcleos urbanos como Chuquisaca, La Paz o Cochabamba.

Desde el punto de vista administrativo, el territorio boliviano quedó inicialmente integrado en el Virreinato del Perú. En 1551 se creó la audiencia de Charcas, que constituiría el germen de la posterior Bolivia y, el 1776, este territorio pasó a depender del Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires.

Entre los siglos XVI y XVIII, Bolivia se convirtió en uno de los polos de colonización más importantes del Imperio español. En el siglo XVII, Potosí contaba con una población de 160.000 habitantes, lo que la equiparaba a algunas de las mayores ciudades europeas de la época.

Durante los siglos XVII y XVIII, la ciudad de Potosí fue un importante centro económico. En la imagen, la entrada de la Casa Nacional de la Moneda (s. XVIII).

Aunque esta ciudad continuó siendo el centro económico más importante del Alto Perú, Chuquisaca, también conocida entonces como Charcas y que pasaría a llamarse Sucre tras la independencia, se constituyó en el principal foco intelectual y político del área. A finales del siglo XVIII los indios de las tierras altas comenzaron a protagonizar revueltas contra los españoles. La más importante de ellas fue la de Túpac Amaru, quien, en 1781, asedió la ciudad de La Paz en un movimiento insurreccional que pretendía recuperar la gloria del antiguo Imperio inca. Finalmente, los españoles consiguieron reprimir el levantamiento y los líderes rebeldes fueron ejecutados.

La independencia

Chuquisaca y La Paz lideraron el alzamiento contra el Gobierno colonial durante la invasión napoleónica de España. En 1809 se inició la lucha por la independencia, encabezada por Pedro Domingo Murillo, que sería capturado y ejecutado al año siguiente. No obstante, tropas independentistas procedentes del Plata acosaron continuamente a los realistas del Alto Perú hasta que, en 1824, Antonio José de Sucre, lugarteniente en jefe de Simón Bolívar, obtuvo la victoria en la batalla de Ayacucho, lo que daría paso a la movilización de las clases dirigentes altoperuanas en favor de la independencia boliviana.

El 6 de agosto de 1825 una asamblea reunida en Chuquisaca declaró la independencia del Alto Perú, llamando al nuevo estado República Bolívar, en honor del Libertador, si bien más tarde el país se denominaría Bolivia. Sucre sería su presidente hasta 1828.

Poco después de independizarse, Bolivia perdió importancia en el ámbito económico, ya que comenzó a disminuir el rendimiento de los yacimientos de plata y el país carecía de rutas comerciales de alcance y de otros recursos productivos significativos.

La evolución de la nueva república

La decadencia económica desembocó en conflictos políticos sobre los que se impusieron caudillos como Andrés de Santa Cruz. Sucesor de Sucre como presidente en 1829, Santa Cruz fue favorable a la unión con Perú, que tomaría forma en la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839). No obstante, esta unión se desmembraría tras la intervención militar de tropas chilenas, y también peruanas contrarias a ella, después de la batalla de Yungay.

Uno de los recursos de la depauperada economía boliviana era el guano de la provincia de Atacama, en la costa del Pacífico. A partir de 1840, empresas chilenas y británicas comenzaron a invertir capital en esta región y, cuando se descubrieron en ella ricos yacimientos de salitre, Chile reactivó sus esfuerzos diplomáticos para obtener concesiones para su extracción. En 1879 el Gobierno boliviano quiso aumentar la carga impositiva sobre las compañías beneficiarias de las concesiones y, ante la negativa de éstas a pagar, confiscó las tierras salitreras. Chile declaró la guerra a Bolivia y a Perú, país con el que se mantenía una alianza defensiva desde 1873. La victoria chilena en la llamada guerra del Pacífico, certificada en 1883 con el Tratado de Ancón, supuso la pérdida de los territorios litorales bolivianos, con las consiguientes repercusiones en su comercio exterior.

Conservadores, liberales y republicanos

Tras la guerra del Pacífico, Bolivia contó con una sucesión de Gobiernos conservadores, vinculados a las oligarquías que controlaban la producción minera de plata, en franca decadencia. Como contrapartida, comenzó a desarrollarse la minería del estaño, que adquiriría mayor importancia a finales del siglo XIX.

El 1899 se produjo una insurrección liberal tras la cual accedió a la presidencia José Manuel Pando (1899-1904), primero de los presidentes liberales, que se mantendrían en el gobierno hasta 1920. El veintenio liberal coincidió con el auge de la producción de estaño y la expansión de la red ferroviaria, que mejoró notablemente las comunicaciones.

En este periodo destaca la figura del liberal Ismael Montes, quien ocupó la presidencia en dos ocasiones (1904-1909 y 1913-1917) y que estimuló la inversión de capital extranjero y reorganizó el Ejército y las propiedades comunales de los indios.

La década de 1920 dio paso al poder al Partido Republicano, cuyo primer presidente fue Juan Bautista Saavedra (1920-1926), que aún pudo aprovechar el relativo auge económico que, tras la Primera Guerra Mundial, discurrió en paralelo al aumento de la producción de estaño. Sin embargo, hacia 1930, la caída de los precios de este metal y la depresión económica mundial pusieron fin a las grandes inversiones extranjeras.

La guerra del Chaco y los movimientos radicales

La distracción de la atención pública por la grave crisis económica y la búsqueda de una comunicación fluvial que permitiera la salida al mar por la vertiente atlántica embarcaron a Bolivia en una campaña militar contra el vecino Paraguay en la región del Chaco boreal, común a ambos países.

Las prospecciones petrolíferas allí realizadas por compañías extranjeras hicieron que se establecieran en la zona numerosas fortificaciones militares, destinadas a proteger el eventual hallazgo de crudo. Los esporádicos choques entre las guarniciones de estas fortificaciones degeneraron en una guerra abierta que, entre 1932 y 1935, produjo un gran número de víctimas y nuevas pérdidas territoriales para Bolivia.

La desconfianza de la población hacia sus gobernantes, motivada por la derrota, hizo que se generaran movimientos radicales de izquierda y derecha. En la década de 1940 surgieron el partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), de Víctor Paz Estenssoro, figura destacada de la vida política boliviana de décadas posteriores.

La Revolución de 1952 y los gobiernos militares

Tras un breve periodo de gobierno militar, en 1952 Paz Estenssoro accedió al poder al frente el MNR. Durante su mandato tuvo lugar la llamada Revolución nacional boliviana, cuyo alcance la convertiría en uno de los mayores movimientos sociales de Latinoamérica. Durante ella se nacionalizaron las principales empresas mineras, se abordó una reforma agraria de grandes dimensiones, se creó una central sindical, se erradicó el trabajo servil de la población india y se estableció el sufragio universal, aboliéndose las limitaciones al voto por analfabetismo, lo que reducía de manera considerable el censo electoral. El Gobierno de los Estados Unidos, aunque con reticencias, apoyó este movimiento, ante el peligro del incremento de la influencia comunista en el país andino.

Paz Estenssoro fue sucedido por Hernán Siles Zuazo, más conservador, que avanzó en la consolidación de la estabilidad económica, y volvió a la jefatura del Estado en 1960, sobre premisas más moderadas. La tentativa de Paz Estenssoro de renovar su mandato presidencial en 1964 provocó, sin embargo, un pronunciamiento militar encabezado por el general René Barrientos, abriéndose un ciclo de regímenes militares.

Barrientos reprimió los movimientos estudiantiles y mineros y limitó los beneficios sociales derivados de la revolución. Además, derrotó al movimiento guerrillero que, en 1966, había organizado en Bolivia el dirigente revolucionario argentino Ernesto «Che» Guevara, que sería capturado y ejecutado al año siguiente.

A continuación se sucedieron otros regímenes militares, el más autoritario de los cuales fue el de Hugo Bánzer, bajo cuya presidencia se suspendieron los derechos civiles y se reprimieron los movimientos obreros, estudiantiles y mineros. Su gobierno coincidió, sin embargo, con un periodo de auge económico, gracias al aumento del precio del estaño y a la diversificación de opciones productivas distintas de la de este metal, derivada de las reformas de la década de 1950.

© 2008 Tebas

Entre 1978 y 1982 se produjo una caótica sucesión de procesos electorales y pronunciamientos militares que condujo al país a una situación de profunda crisis social, económica y política. En varias elecciones se alzó con la victoria Hernán Siles Suazo, que, no obstante, no llegó al poder ante los continuos golpes militares. Especialmente violento fue el régimen militar encabezado por Luis García Meza, caracterizado por la sangrienta represión de los movimientos sociales y la censura de los medios de comunicación.

Ante el descrédito generalizado, en 1982 el poder regresó a manos civiles y Siles Zuazo fue finalmente investido presidente.

De la década de 1980 a la de 2000

Siles hubo de hacer frente a una importante crisis económica. Las medidas destinadas a combatirla suscitaron un amplio rechazo popular y sindical. En 1985 una huelga general motivó la intervención de las Fuerzas Armadas y la dimisión del presidente. Su sucesor, nuevamente Paz Estenssoro, arbitró medidas destinadas a controlar las elevadas tasas de inflación y, tras las elecciones de 1989, cedió la jefatura del Estado a su sobrino Jaime Paz Zamora, representante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), formación socialista hasta entonces en la oposición.

En 1993 fue elegido presidente el empresario minero Gonzalo Sánchez de Lozada, cuyo gobierno se caracterizó por la generalización de las privatizaciones de las empresas estatales y la reducción de gastos sociales, lo que originó una serie de movilizaciones obreras, que se mantendrían como elemento constante en la más reciente historia de Bolivia.

Su sucesor fue, en 1997, Hugo Bánzer, quien ya había gobernado con mano férrea el país en la década de 1970 y que en esta ocasión accedía al poder por cauces electorales. Después de una primera fase de estabilización de la economía, también Bánzer afrontó nuevas oleadas de protestas sociales, en este caso protagonizadas por movimientos campesinos e indigenistas. En 2000 se decretó el estado de sitio durante unas semanas, tras lo cual pudo alcanzarse un acuerdo con las organizaciones movilizadas. En 2001 Bánzer, enfermo de cáncer, dimitió y delegó el poder en su vicepresidente, Jorge Quiroga, quien se mantuvo en el cargo hasta el fin del mandato en 2002.

El siglo XXI

Tras las elecciones de 2002 regresó al poder Sánchez de Lozada, aunque su mandato sería en esta ocasión efímero. Los planes gubernamentales de aplicación de un impuesto sobre los salarios y el proyecto de exportación de gas suscitaron una masiva contestación social, extendida a todas las ciudades bolivianas. En algunas de ellas las fuerzas policiales se unieron a los movimientos de protesta, registrándose enfrentamientos entre éstas y el Ejército, con varias decenas de muertos. La crítica situación motivó la dimisión y la marcha del país del presidente en octubre de 2003.

Lo relevó el hasta entonces vicepresidente Carlos Mesa, quien formó un Gobierno de técnicos e independientes, sin miembros de ningún partido político. Su principal éxito fue la aprobación en referéndum de su proyecto sobre el aumento de la participación del Estado en la explotación de los yacimientos gasíferos y del incremento de impuestos para las empresas extranjeras del sector. No obstante, la falta de apoyos políticos derivó en una nueva campaña de desórdenes, que determinó su dimisión y la cesión de la primera magistratura del país, en junio de 2005, al hasta entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Velzé.

© 2008 DP

El presidente interino convocó elecciones anticipadas para diciembre de 2005. En ellas se proclamaría vencedor Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS) y destacado defensor de los intereses de campesinos e indígenas, que había encabezado las movilizaciones populares de los últimos años. Entre las primeras medidas de su Gobierno, destacó la nacionalización de los hidrocarburos, petróleo y gas, anunciada en mayo de 2006. En el plano internacional, Morales se alineó con la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA), proyecto de integración política, social y económica de los países latinoamericanos, inicialmente promovido por los Gobiernos de Cuba y Venezuela y orientado a reducir la influencia de los Estados Unidos en la América hispana. Bolivia se incorporó a esta iniciativa en abril de 2006.

En el transcurso de su mandato, Morales promovió una amplia reforma del texto constitucional. Para este fin se creó una Asamblea Constituyente, conformada por 255 miembros. Los puntos principales en cuestión eran la estatalización de los recursos nacionales, la autonomía y la organización territorial, la distribución de tierras y el otorgamiento de poder y representatividad a las comunidades indígenas. Un artículo controvertido fue la introducción del reconocimiento de la coca como un cultivo ancestral y patrimonio cultural de la nación.

Los cambios fueron aprobados por la Asamblea en octubre de 2008, y posteriormente modificados por el Congreso. Para la ratificación final del texto se convocó un referéndum nacional para el 25 de enero de 2009. La propuesta fue aprobada por los votantes con el 61 % de los sufragios favorables.

La política económica del Gobierno de Evo Morales, basada en las nacionalizaciones de los sectores clave del desarrollo nacional, llevó al país a su máximo registro de crecimiento en el año 2008, con un 6,2 % anual. Estas cifras se moderaron a causa de la crisis económica mundial agudizada en 2009 tras las dificultades por las que atravesaron las grandes entidades financieras internacionales.

En diciembre de 2009, Evo Morales fue reelegido para un segundo mandato al frente de la presidencia de Bolivia. En los comicios obtuvo la victoria con más del 60 % de los votos; fue investido como presidente en enero de 2010 y nombró un Gobierno paritario, formado por diez hombres y diez mujeres. Morales mantuvo una política de nacionalizaciones que afectó, en mayo de ese año, a cuatro grandes empresas eléctricas. A raíz de esta decisión, el Estado boliviano proclamó que contaba con el control directo del 80 % de la generación de electricidad en el país.

El presidente boliviano Evo Morales durante su visita en 2013 a la ciudad de La Plata (Argentina).

En el orden interno, el Gobierno boliviano hubo de hacer frente a una oleada de protestas sociales después de su decisión de elevar el precio de los combustibles y, en particular, el petróleo en más del 70 %. Este aumento conllevó el de los productos básicos de alimentación, que sufrieron carestía y desabastecimiento en los primeros meses de 2011. La situación produjo disturbios en varias ciudades del país, a los que se sumaron las protestas de grupos indígenas, que marcharon desde el Amazonas hasta La Paz para oponerse a un plan de construcción de una carretera en su región de origen, considerada una reserva forestal.

A lo largo de 2012, el presidente boliviano Morales dictó nuevas leyes de estatización de empresas eléctricas y mineras, lo que agudizó sus diferencias diplomáticas con países como Estados Unidos, España y Chile. Por otra parte, en mayo de 2013 el Tribunal Supremo boliviano abrió las puertas a un tercer mandato de Morales en la presidencia del país ya que, aunque el texto constitucional lo prohibía expresamente, interpretó que el primero de estos mandatos, durante el cual se redactó la nueva Constitución de Bolivia, no podía considerarse computable a estos efectos. En 2014, Morales concurrió nuevamente a las elecciones presidenciales y obtuvo una clara victoria con la que inició un nuevo mandato quinquenal al frente de la presidencia de la nación.

Bolivia mantuvo durante la década de 2010 un crecimiento económico sólido y sostenido. Cercano al 7 % del producto interior bruto (PIB) en 2013, disminuyó dos puntos porcentuales en dos años, en parte debido al brusco descenso de los precios de las materias primas en los mercados internacionales. Ante esta coyuntura, el Gobierno presidido por Evo Morales intensificó sus esfuerzos para atraer a los inversores internacionales e impulsar la capacidad de producción de energía, con el fin de prolongar el periodo de mejora de la economía. En este contexto fue relevante la noticia, conocida en junio de 2015, del hallazgo en el este del país de un yacimiento petrolífero cuyo valor de producción fue estimado por las autoridades bolivianas en unos 1.700 millones de dólares.

Por otra parte, la presentación por el Estado boliviano ante el Tribunal Internacional de La Haya de una demanda para reclamar la devolución de una salida al océano Pacífico por tierras de Chile, que le habían sido arrebatadas durante el siglo XIX, recrudeció el conflicto diplomático con la nación chilena. La demanda fue admitida a trámite por la corte de La Haya en octubre de 2015.

En política interna, Evo Morales impulsó de nuevo planes para introducir una enmienda en el texto constitucional que le permitiera concurrir a un cuarto mandato presidencial en 2019. Después de lograr la aprobación de su proyecto en el Parlamento boliviano en septiembre de 2015, lo presentó ante la población en referéndum en febrero del año siguiente. Sin embargo, la enmienda constitucional fue rechazada por un estrecho margen, con el 51% de los votos en contra, en lo que suponía la primera derrota en las urnas del mandatario boliviano desde 1998.

A lo largo de 2016 se produjo un recrudecimiento del conflicto entre las cooperativas mineras y el Gobierno de Bolivia. En esa fecha existían en el país unas 1.700 cooperativas mineras, que explotaban bajo concesión administrativa yacimientos minerales en el subsuelo boliviano. La elevación de los precios de estos productos en los mercados internacionales había provocado tensiones en el sector, dado que algunas de estas cooperativas habían prosperado hasta convertirse en lucrativas empresas que subarrendaban las concesiones, a veces a empresas extranjeras.

Las iniciativas del Gobierno tendentes a poner fin a estas prácticas y a regular un sector en crecimiento se vieron contestadas con violentas manifestaciones. El conflicto derivó en un hecho luctuoso que tuvo como protagonista al viceministro de régimen interior del Gobierno de Bolivia, Rodolfo Illanes. Enviado por el Ejecutivo boliviano como negociador a la localidad de Panduro, cuya carretera había sido bloqueada por los manifestantes, fue secuestrado en agosto y asesinado en circunstancias confusas. A raíz de estos hechos, los cooperativistas pusieron fin temporalmente a sus protestas.

Los comicios presidenciales celebrados en Bolivia en octubre de 2019 marcaron el final de la presidencia de Evo Morales. En un principio, el cómputo de votos otorgaba la victoria al mandatario saliente, aunque sin alcanzar las condiciones necesarias para evitar la segunda vuelta con el segundo candidato más votado, el ex presidente Carlos Mesa. Sin embargo, el recuento electoral se interrumpió repentinamente, y al reanudarse marcó como definitiva la victoria de Morales en primera ronda electoral. Pronto, las fuerzas opositoras denunciaron la existencia de graves irregularidades en el proceso, una denuncia que fue avalada por dos informes de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ante esta coyuntura, el Gobierno de Morales aceptó una repetición de los comicios, que anunció en un principio para el mes de diciembre.

Sin embargo, esta decisión no calmó la situación. Tras las tumultuosas protestas de manifestantes reunidos en las calles y la amenaza del estallido de un conflicto civil, el Ejecutivo de Morales perdió el apoyo del estamento militar boliviano. El presidente se vio forzado a renunciar a su cargo en el mes de noviembre y, poco después, partió al exilio, inicialmente en México. Tras una breve estancia en Cuba para una revisión médica, a mediados de diciembre Morales se trasladó a la Argentina, donde solicitó asilo político.

Entre tanto, la senadora opositora Jeanine Áñez había tomado posesión como presidenta interina el 12 de noviembre y declaró su intención de convocar elecciones en un plazo cercano. En espera del anuncio de los nuevos comicios, las manifestaciones populares fueron perdiendo fuerza, aunque el clima político seguía enrarecido. No en vano, a finales de año se habían contabilizado 29 víctimas mortales en los disturbios, además de varias decenas de heridos de bala.

En otro orden de cosas, en el mes de agosto de 2019 se produjeron devastadores incendios en la región oriental de Bolivia, que afectaron también a la zona del Chaco, en Paraguay. Las autoridades de las dos naciones concertaron esfuerzos para poner freno al poder destructivo del fuego, que asoló más de 700.000 hectáreas y obligó a la evacuación de cerca de dos millares de familias.

Sociedad y cultura

Literatura

Las manifestaciones literarias del periodo colonial se relacionan con las crónicas del Virreinato del Perú, del que el territorio boliviano formó parte hasta el siglo XVIII.

Ya en la Bolivia independiente cabe citar a escritores románticos de inspiración patriótica, como el poeta Ricardo José Bustamante, autor de Hispanoamérica libertada, o el novelista Nataniel Aguirre, cuya obra Juan de la Rosa es una de las más conocidas novelas históricas bolivianas.

En el ámbito de la poesía modernista destacan Ricardo Jaimes Freyre, de origen boliviano pero nacionalizado argentino, Franz Tamayo y Gregorio Reynolds.

La novela de la primera mitad del siglo XX contó en Bolivia con figuras como Alcides Arguedas, autor de Raza de bronce, uno de los primeros referentes de literatura indigenista, o Carlos Medinaceli. Reseñable es también el grupo de escritores conocidos como generación del Chaco, ya que su obra giró en torno a la guerra del Chaco y sus consecuencias. A ella pertenecieron, entre otros, Augusto Céspedes, Augusto Guzmán y Jesús Lara.

En la literatura moderna de Bolivia son notables las obras de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Óscar Cerruto, Octavio Campero-Echazú, Jorge Siles Salinas o Guillermo Francovich.

Artes plásticas y patrimonio cultural

La pintura y la escultura coloniales tienen manifestaciones en retablos barrocos de templos como el de la Merced, en Potosí, o el de San Francisco, en La Paz. Sin embargo, el arte pictórico boliviano se caracterizó también por incorporar esculturas y pinturas de inspiración indígena, con formas sencillas e ingenuas, como las tallas del indio Francisco Titu Yupanqui. En la pintura de la época colonial sobresale la figura de Melchor Pérez de Holguín, afincado en Potosí y autor de numerosas obras de temática religiosa que reflejan la adaptación de iconografía tradicional a la expresión local del Alto Perú. También debe reseñarse la rica tradición pictórica de los ángeles arcabuceros, característica de la Sudamérica andina de época colonial.

Del academicismo neoclásico, con pocas expresiones autóctonas de entidad, se pasó a las distintas corrientes del arte moderno boliviano. Dentro de ellas cabe reseñar la importancia de las obras de Gil Imaná, Lorgio Vaca y Walter Solón Romero, integrados en corrientes de realismo social que confluían en el llamado grupo Anteo, fundado en Sucre en 1949, y de las de Óscar Pantoja y Alfredo La Placa, que siguieron las corrientes abstractas de vanguardia.

Entre los más importantes museos de Bolivia se cuentan el Museo Nacional de Arte y el Museo Nacional de Arqueología, de La Paz, y el museo de la Casa de la Moneda, de Potosí.

El patrimonio arquitectónico boliviano cuenta con notables expresiones del periodo colonial, en las que puede hallarse una peculiar mezcla de elementos hispánicos e indígenas, que dio en llamarse estilo barroco mestizo. Motivos florales y decorativos de inspiración quechua aparecen, por ejemplo, en la iglesia de las Mónicas, de Sucre, o en las iglesias de la Compañía de Jesús, de Belén y de la Merced, en Potosí.

Junto a las manifestaciones artísticas y culturales coloniales de raíz hispana, en Bolivia tiene también notable arraigo la cultura autóctona de los pueblos amerindios, de creciente desarrollo a partir de la década de 1970. Un ejemplo de ello es la Academia de la Lengua Aimara, sita en La Paz, y que tiene como objetivo la preservación de la pureza de la lengua de este grupo étnico.

Vista del templo semisubterráneo del área cívico-ceremonial de Tiahuanaco. Este yacimiento arqueológico contiene importantes muestras del esplendor de la primera gran civilización que se desarrolló en territorio boliviano entre los siglos VII y XI.

Los orígenes ancestrales de las culturas indias bolivianas quedan reflejados en los diversos yacimientos arqueológicos, ubicados en buena parte en el entorno del lago Titicaca. Cabe citar entre ellos los de Chiripá y Huancarani, del primer milenio a.C., y, sobre todo, Tiahuanaco, primera gran civilización surgida del territorio boliviano, que floreció entre los siglos VII y XI. De su desarrollo tecnológico constituyen buena muestra construcciones como la pirámide de Acapana y el santuario de Calasaya, en el que se encuentra la conocida Puerta del Sol, uno de los más significados monumentos de esta cultura.

Artes escénicas y música

La tradición popular amerindia tiene honda implantación en las artes de Bolivia, en especial en sus manifestaciones musicales y de danza. Bailes como el pala-pala, la morenada o el huaca-tokori, son propios de la expresión autóctona del altiplano.

© 2008 DP

Su ejecución se acompaña de instrumentos también indígenas, como el sicu, una variedad de flauta de Pan, hecha con cañas de diferente longitud unidas transversalmente, diversas flautas verticales, como la tarca, la quena o el pinquillo, y el charango, primitiva guitarra de pequeño tamaño, este último de época colonial.

Las flautas forman parte indispensable del folclore musical tradicional boliviano. En la imagen, flautas de Pan (a la izquierda) y verticales (centro) en un puesto de venta de artesanía.

La música orquestal, también con fuertes influencias populares, tuvo ya en el siglo XX notables figuras, como Eduardo Caba, Teófilo Vargas, Humberto Viscarra Monje, autor de Visiones del altiplano, o José María Velasco, que realizó incursiones en el campo de la música escénica, como su ballet, Amerindia, y también en el campo de la cinematografía, de la que fue uno de los artífices en Bolivia.

Cinematografía

A pesar de disponer de una infraestructura poco desarrollada, el cine boliviano ha contado a lo largo de su historia con algunas personalidades de relieve.

Entre ellas, aún en época del cine mudo, cabe citar a Pedro Sambarino, autor de la película, Corazón aimara, y al mencionado Velasco Maidana, cuyo filme Wara wara alcanzó notable difusión en la década de 1920.

A partir de la década de 1950 destacaron las creaciones de Jorge Sanjinés, el más relevante cineasta boliviano. Fue autor de filmes como Ukamau, primera película en aimara y que recibió varios galardones en el festival de Cannes de 1967, La sangre del cóndor, El coraje del pueblo o La nación clandestina, premiada con la Concha de Oro en el festival de la ciudad española de San Sebastián en 1989.

Otros cineastas que siguieron la estela de Sanjinés fueron Jorge Ruiz, Antonio Eguino, autor de otro título importante del cine boliviano, Amargo mar, Marcos Loayza y Juan Carlos Valdivia.

Deportes y ocio

El fútbol es el deporte de mayor arraigo popular en Bolivia. Su selección nacional ha participado en tres campeonatos mundiales, los de 1930 y 1950 por invitación, y el de 1994, disputado en los Estados Unidos, por clasificación. También se alzó con el triunfo en 1963 en el Campeonato Sudamericano, que a partir de 1975 pasaría a llamarse Copa América.

Entre las figuras bolivianas destacadas en otras disciplinas deportivas cabe citar a los atletas Geovana Irusta, marchadora y varias veces campeona sudamericana de su especialidad, y Johnny Pérez y Niusha Mancilla, fondistas, o el ciclista Edgar Cueto.