Chile

En una estrecha franja longitudinal de más de cuatro mil kilómetros de longitud, frente al océano Pacífico, en el oeste de la zona meridional de Sudamérica, Chile se caracteriza desde el punto de vista geográfico por quedar aislado del resto del subcontinente por la gran barrera conformada por la cordillera de los Andes. Los inevitables condicionantes que lo singular y accidentado de su orografía impone, no han impedido su activa participación en la vida política y económica de su entorno a lo largo de su historia, hasta perfilarse en la primera década del siglo XXI como uno de los estados latinoamericanos con mayor estabilidad y perspectivas de crecimiento sostenido.

Bandera de Chile.

Medio físico

Constreñido entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes, Chile es un extenso país situado en el subcontinente sudamericano que se extiende entre los 17 y 56º de latitud sur. Cuenta con una superficie de 756.626 kilómetros cuadrados, que comprenden su territorio continental y algunas islas costeras como Chiloé, Wellington y Santa Inés, y otras formaciones insulares en el Pacífico sur, sobre las que Chile ejerce soberanía. Se cuentan entre ellas el archipiélago Juan Fernández y las islas de Pascua, San Félix y San Ambrosio. El país limita al norte con Perú; al nordeste, con Bolivia; al este, con Argentina, con la que mantiene una larga frontera coincidente en gran parte con la línea que separa las dos vertientes de la cordillera andina; y al oeste, con el océano Pacífico.

Entre las islas costeras que forman parte del territorio chileno están la de Wellington y la de Chiloé, esta última en la imagen.

Orografía

Desde el punto de vista del relieve, el territorio chileno se puede dividir en tres grandes bandas longitudinales que se extienden prácticamente a lo largo de toda la extensión del país. Las tres unidades orográficas son dos cadenas montañosas separadas por una depresión central.

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En la zona más oriental se alza la cordillera de los Andes, cuya parte más septentrional recibe la denominación de cordillera Domeyko. En el norte se levantan algunas de las mayores elevaciones del país, como el cerro Ojos del Salado (6.893 metros), el cerro Llullaillaco (6.739 metros) o el volcán Parinacota (6.362). En esta área de grandes cimas abundan los conos volcánicos, muchos de ellos aún activos, como el Villarrica o Rucapillán. De hecho, los geólogos estiman que el 10 % de los volcanes activos de la Tierra se encuentran en territorio chileno. Esta intensa actividad volcánica determina un paralelo aumento del riesgo de que se produzcan movimientos sísmicos, que periódicamente sacuden áreas del país. Procediendo en dirección meridional, la cordillera pierde altura, aunque en los Andes centrales vuelve a elevarse la altitud media, con montes como el Tupungato (6.800 metros) y el volcán Maipó (5.323 metros).

Vista del volcán Parinacota (6.362 m) ubicado en la cordillera andina; es uno de los picos más altos del país, después del cerro Ojos del Salado y del cerro Llullaillaco.

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Continuando hacia el sur se produce una ya continua disminución de las elevaciones, con montes que, no obstante, superan los tres mil metros, como el Copahue, el Llaima, el Osorno, el volcán Tronador, el monte Fitz Roy, también conocido como cerro Chaltel, o el conjunto de cerro Paine. En el extremo sur, en la Tierra del Fuego chilena, los Andes descienden hacia el litoral y se disgregan para formar un denso entramado de islas entre las que se abre el estrecho de Magallanes, si bien aún se hallan en sus estribaciones más meridionales montes como el Sarmiento o el Darwin, que superan los dos mil metros.

El relieve prácticamente continuo de los Andes dificulta las comunicaciones con la vecina Argentina. En el norte, los puertos de montaña se ubican a más de cuatro mil metros de altura, siendo los más importantes los de Socompa y San Francisco. En latitudes próximas a Santiago se abren los pasos de Bermejo y Pehuenche, mientras que, más al sur, cerca de Puerto Montt, se encuentra el Portezuelo Puyehue.

La segunda cadena montañosa es la cordillera de la Costa. Su altura, como la de los Andes, disminuye en dirección sur, pasando de los tres mil metros en la zona septentrional a los dos mil como media sobre la latitud de Santiago. Al oeste de esta parte centro-septentrional del sistema montañoso costero, se sitúa una estrecha llanura litoral, que configura un perfil recto de la costa.

Esta disposición se ve radicalmente modificada al sur de la ciudad de Puerto Montt, donde el litoral está formado por numerosas formaciones insulares separadas entre sí por estrechos canales. En este tramo de costa insular, que se prolonga hasta el extremo sur continental, en el cabo de Hornos, se diferencian como principales formaciones de norte a sur la isla de Chiloé, el archipiélago de los Chonos, la isla Wellington y la isla Grande de Tierra del Fuego, cuya mitad oriental es territorio argentino.

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Por su parte, la depresión central se extiende entre los Andes y la cordillera de la Costa. En su parte norte son abundantes las tierras áridas, como las del desierto de Atacama y la pampa de Tamarugal, y los salares, áreas desérticas formadas por evaporación de lagunas efímeras de agua salada, como los de Atacama, Punta Negra y el Carmen. En la zona central de la depresión se suceden varias cuencas constituidas por valles perpendiculares al litoral como los de Copiapó, Elqui, Limari o Aconcagua. De Santiago hacia el sur se extiende el gran valle central, fértil terreno apto para toda clase de cultivos, formado por los cauces de los ríos Bío-Bío y Maule. Aunque de manera discontinua, puede considerarse que la depresión se prolonga en dirección meridional en la franja de costa insular.

Hidrografía

Los ríos chilenos son de escasa longitud, dada la proximidad a la costa del Pacífico de la vertiente occidental de los Andes de la que proceden. Por otra parte, se caracterizan por la escasez de afluentes y por discurrir en paralelo entre sí y en sentido perpendicular a la costa.

En el norte, las duras condiciones climáticas hacen que los escasos cauces sean irregulares y con una gran evaporación. En esta zona el único destacable es el Loa, que atraviesa el desierto de Atacama sin recibir aportación alguna hasta desaguar en el océano.

En la zona central, los ríos son más regulares y de cauce más abundante, llegando incluso a inundar las zonas de ribera. Hacia el final de la primavera austral, entre octubre y noviembre, los cauces reciben el flujo de las nevadas acumuladas en las cumbres durante el invierno, lo que supone un importante recurso para la irrigación de los cultivos de los valles.

En la zona centro meridional, los principales cauces fluviales son, de norte a sur, el Copiapó, el Huasco, el Limari, el Aconcagua, el Maipó, el Bío-Bío y el Valdivia.

Al sur del río Bío-Bío y hasta aproximadamente la latitud de Puerto Montt se extiende una región en la que lagos como el Villarrica, el Ranco o el Llanquihue conforman un entorno de gran belleza paisajística, sobre cuyo horizonte se perfilan las siluetas de las elevaciones andinas.

En la Patagonia chilena y en la Tierra del Fuego, los cursos de agua son escasos, aunque realizan una intensa erosión del terreno. Algunos desaguan en el entramado de canales que comunica con el océano, mientras que otros alimentan los lagos de la zona.

Clima

La longilínea extensión de Chile hace que en el país sea notable la variedad climática. En general, las temperaturas medias van disminuyendo en dirección sur. Así, en Iquique, en el extremo norte del país, la temperatura media es de 18 ºC, mientras que, procediendo hacia el sur, los valores son de 16 ºC en Antofagasta, 14 ºC en Santiago, 11 ºC en Puerto Montt y de

6 ºC en Punta Arenas, a orillas del estrecho de Magallanes.

Por otra parte, las precipitaciones son escasas en la pampa de Tamarugal y prácticamente nulas en el desierto de Atacama, considerado la zona más árida y de mayor nivel de insolación del planeta. En la costa, a pesar de la elevada humedad, no se llega prácticamente nunca a alcanzar los niveles de saturación que producen las lluvias, sino que sólo llegan a formarse densas nieblas litorales, a las que se llama garúas o camanchacas.

Panorámica del Valle de la Luna, en el desierto de Atacama, el cual es considerado la zona más árida de la Tierra.

El Chile central disfruta de un clima benévolo, de tipo mediterráneo, que favorece el cultivo de cereales, hortalizas y frutales, y en el que se registra una notable variación estacional. Las precipitaciones medias en esta zona son del orden de 360 milímetros anuales, aunque durante la estación cálida son frecuentes los periodos de sequía.

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Por su parte, las regiones más meridionales del territorio chileno se ven sometidas a la influencia de los frentes polares. Los vientos del oeste, que de forma continua conducen masas de aire oceánico hacia la costa, dan lugar a la formación de fuertes lluvias. La fuerza de estos vientos es máxima en el extremo meridional, lo que genera violentas tormentas. Estos temporales hicieron que, históricamente, el paso del cabo de Hornos fuera considerado durante siglos una hazaña para los navegantes a vela.

En términos generales, a pesar de su variedad, los climas de las distintas zonas de Chile se ven moderados por la influencia de la corriente fría de Humboldt, que hace que las temperaturas del norte del país, a pesar de ser propias del desierto, no sean excesivamente altas. La corriente es la responsable también de que la diferencia entre éstas y las de las regiones más meridionales, con un intervalo de distancia en latitud de más de casi cuarenta grados, sea de apenas 15 ºC.

Flora y fauna

Gracias a su diversidad climática, Chile cuenta con una gran variedad de paisajes repletos de vida. En el norte desértico, la vegetación está adaptada a la aridez. Son características las pequeñas formaciones boscosas de tamarugos, árboles de la familia de las acacias, que soportan altos niveles de sequedad, y las cactáceas.

Planta cactácea característica de las zonas desérticas del norte chileno.

En las regiones de clima mediterráneo crece una vegetación característica, llamada matorral, en el que se alternan los arbustos, las herbáceas y árboles como las acacias y palmas chilenas. Otra especie autóctona es el copihue, planta arbustiva trepadora de bellas flores rojas o blancas.

Al sur del río Bío-Bío el ecosistema dominante es el bosque mixto, con especies perennes y caducifolias, entre las que cabe citar algunas propias de la flora chilena, como el pino chileno. También son abundantes las especies características en los bosques más densos que se extienden en regiones meridionales. Entre ellas destacan el haya antártica, el cedro chileno y el alerce gigante.

En el extremo sur predomina la vegetación esteparia, con plantas herbáceas y arbustivas resistentes a las heladas.

Entre los animales propios de la fauna chilena sobresalen camélidos como el guanaco, salvaje, y sus afines domesticados: la llama, la alpaca y la vicuña. Otros mamíferos habituales, en especial en el norte y el centro de Chile, son el puma u otros felinos menores autóctonos del país, como el guiña y el colocolo, y cérvidos, también propios del territorio, como el huemul y el pudu, uno de los ciervos de menor tamaño.

Entre la abundante y variada fauna chilena pueden encontrarse ejemplares de pudu (en la imagen), una especie de cérvidos de muy pequeño tamaño.

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Son frecuentes igualmente las chinchillas y las nutrias, a las que en Chile se llama coipos. Focas, pingüinos y ballenas abundan en los litorales meridionales.

También hay gran cantidad de especies de aves migratorias y, en las cumbres de la cordillera andina, se puede admirar, aunque cada vez con menor frecuencia, la majestuosa silueta del cóndor. Otra ave rapaz propia del país es la carancha, que habita al sur, en la Patagonia chilena.

Población

Demografía

Chile cuenta con algo más de 17.500.000 habitantes. El crecimiento natural de la población en las últimas décadas ha sido constante, aunque en una proporción menor que en otros países latinos. El incremento demográfico se ha hecho más lento en los últimos años debido al descenso de la natalidad. La tasa de crecimiento en 2013 fue del 0,86 %. En general, se trata de una población relativamente joven, ya que la media de edad se sitúa en torno a los 33 años. La esperanza de vida no ha dejado de crecer y en la actualidad alcanza los 75,5 años en los hombres y los 81,7 años en las mujeres.

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La distribución de la población es muy irregular. El valle central congrega a la inmensa mayoría de la gente mientras que los extremos norte, en la región de Atacama, y sur, en la Patagonia y la Tierra del Fuego chilenas, permanecen casi deshabitados. A esto se une una fuerte concentración de la población urbana, ya que tres cuartas partes de los habitantes residen en ciudades. En la región central, los principales núcleos son la capital, Santiago y su área metropolitana, con más de una cuarta parte de la población total; Valparaíso, Viña del Mar y Concepción. Los centros urbanos en los que se concentra la escasa población del norte son Antofagasta, Arica e Iquique, mientras que en el sur destacan las ciudades de Valdivia, Puerto Montt y, en el extremo meridional del país, Punta Arenas.

La mayor parte de la población chilena es mestiza, alrededor del 70 %, fruto de la unión entre los antiguos pueblos indígenas precolombinos y los colonizadores españoles, mientras que el 25 % corresponde a población blanca, de origen europeo. Este porcentaje lo integran chilenos de origen predominantemente español, italiano, francés y alemán que, comparativamente, constituyeron un aporte minoritario en relación con otros países de su entorno, como la Argentina o Brasil, en lo que a flujo migratorio se refiere.

El resto de los habitantes de Chile son miembros de los pueblos indígenas, entre los que destacan los mapuches o araucanos, entre los que se distinguen los picunches del norte, los mapuches propiamente dichos, asentados entre los ríos Bío-Bío y Toltén y que constituyen la mayoría étnica india más numerosa, y los huilliches, del sur. Otros grupos indígenas minoritarios son los fueguinos y los rapa nui, de la isla de Pascua.

Lengua

En Chile, el idioma oficial es el español, que es hablado por casi toda la población. Los pueblos indígenas cuentan con sus propias lenguas, la más significativa de las cuales es el mapuche.

Religión

Tras la independencia, el catolicismo fue reconocido como la religión oficial del Estado. Pero, a partir de 1878, los sucesivos gobiernos emprendieron una campaña de laicización que culminó en la Constitución de 1925, donde se estableció la separación entre Iglesia y Estado.

La religión mayoritaria de la población es la católica, aunque existe un importante número de personas que profesa la religión protestante, siendo la Iglesia evangélica la más importante. Además, perviven en zonas aisladas las creencias tradicionales propias de los pueblos amerindios.

Economía y comunicación

Datos económicos

El sector primario chileno supone el 3,4 % del producto interno (interior) bruto (PIB) y ocupa a algo más del 13 % de la población activa. Hasta mediados del siglo XX, Chile era un país eminentemente exportador, pero posteriormente se convirtió en importador neto de productos agrícolas, debido al escaso desarrollo de la tecnificación de los cultivos y a la falta de propiedades de extensión media, ya que, en aquellos años, el suelo cultivable estaba polarizado entre extensos latifundios y explotaciones minifundistas muy concentradas.

Agricultura, ganadería y pesca

La variedad climática de Chile permite una enorme diversidad de cultivos. A la cabeza de la producción agrícola chilena se sitúan los cereales, en especial el trigo, si bien son también importantes los cultivos frutícolas y hortícolas. Entre los primeros cabe reseñar las producciones de manzanas, peras y cítricos, en buena parte destinadas a la exportación. También es importante la vid, introducida ya en la época colonial, que ocupa grandes extensiones en el llamado Norte Chico, en la región centro del país. Así, Chile dispone de una de las más importantes industrias vitivinícola de Sudamérica y cuenta con caldos de notable calidad, reconocidos internacionalmente. Otros cultivos destacados son la papa o patata y leguminosas como los porotos (frijoles o judías) y las lentejas.

El cultivo de la vid, especialmente en el llamado Norte Chico, tiene dimensiones importantes y la producción de vinos chilena alcanza niveles de alta calidad y reconocimiento internacional.

La ganadería también juega un destacado papel en este sector primario, siendo especialmente importante en las regiones del sur. El ganado bovino es el más numeroso seguido del ovino, que suministra lana y se halla principalmente en la Patagonia, donde se alimenta en grandes espacios abiertos. También han crecido en los últimos años la ganadería porcina y la de aves de corral. Sin embargo, la producción nacional de carne no es autosuficiente, por lo que se importa de otros países, fundamentalmente de la Argentina.

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Gracias a su larga costa, Chile ha desarrollado una importante flota pesquera. Las principales capturas se centran en anchoas, sardinas, atunes y mariscos. Las principales plantas de procesado de las capturas pesqueras se concentran en las ciudades septentrionales de Antofagasta, Arica e Iquique, en las que esta actividad supone uno de los pilares de la actividad económica de la despoblada zona norte, y sobre todo en San Antonio, principal puerto sudamericano del Pacífico.

Vista aérea de la ciudad de Antofagasta, una de las ciudades del norte chileno con mayor concentración de población e importante centro de procesado de productos pesqueros.

Asimismo, el país cuenta con una gran riqueza forestal, sobre todo al sur del río Bío-Bío. La explotación se centra en bosques de araucarias, robles y pinos, entre otros, que proporcionan materia para la fabricación de muebles y la industria papelera. Además, un importante porcentaje se destina a la exportación. Sin embargo, hay organizaciones que alertan del alto ritmo de deforestación, por lo que se han comenzado a fomentar las repoblaciones de bosques de pinos.

Minería y recursos energéticos

El cobre juega un papel primordial en la economía de Chile, ya que el país es el primer productor y exportador de este mineral, cuya extracción se encuentra en manos del Estado a través de la Corporación Nacional del Cobre Chileno (CODELCO). En un primer momento, el desarrollo de la minería se centró en el salitre o nitrato de sosa, también conocido como nitrato de Chile y que se empleó como fertilizante. Su producción se concentraba en el desierto de Atacama, y fue durante décadas la base de la economía chilena. Sin embargo, finalizada la Primera Guerra Mundial, su demanda comenzó a decaer como consecuencia de la fabricación de nitratos sintéticos, de menor costo, en Alemania y Estados Unidos.

A partir de entonces, comenzó la extracción del cobre a gran escala de las minas de El Teniente y Andina (Rancagua), Potrerillos (Copiapó), El Salvador y sobre todo de Chuquicamata (Antofagasta), que es la mina a cielo abierto más grande del mundo. Además, en minas como las de El Romeral y el Tofo se obtienen otros minerales como hierro, plata, manganeso, mercurio, azufre y carbón. En las regiones del estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego, también se extrae petróleo que, no obstante, sólo cubre parcialmente las necesidades de consumo del país.

Mina a cielo abierto de Cuquicamata (Antofagasta), la mayor del mundo de este tipo.

La principal fuente de energía es la hidroeléctrica, gracias al flujo regular de los ríos chilenos que discurren por la vertiente occidental andina. La Empresa Nacional de Electricidad (Endesa) es la encargada de la gestión de los recursos hidroeléctricos.

Industria

El sector secundario supone un 35 % del PIB y emplea al 23 % de la población. La producción industrial se concentra esencialmente en el entorno de las grandes ciudades, como Santiago, Valparaíso y Concepción. Es precisamente en la zona costera, en torno al puerto de San Vicente, donde se sitúan los principales polos de desarrollo industrial de Chile. En él se integran las plantas siderúrgicas de Huachipato y Talcahuano, y una refinería de petróleo con un gran complejo petroquímico unido a ella. Otra importante planta de procesamiento de crudo se sitúa en Concón, en la desembocadura del río Aconcagua.

Además de las citadas, también tienen importancia las industrias alimentaria, con fábricas de productos cárnicos y de procesado de pescado, harineras, conserveras y de bebidas alcohólicas, la química y, muy especialmente, la de fertilizantes, asociada a la tradición productiva del país, y las de textiles y material de construcción.

Las vicuñas son camélidos característicos de la región andina del noreste chileno. Su lana es muy apreciada en la industria textil y alcanza precios muy elevados en el mercado.

Servicios

El sector terciario chileno está en constante crecimiento y se centra en los principales núcleos urbanos. Supone más del 61 % del PIB y ocupa aproximadamente al 64 % de la población activa.

En el ámbito financiero, la principal institución bancaria es el Banco Central de Chile, creado en 1925. La entidad se encarga de la emisión y estabilidad de la moneda nacional, el peso chileno, y de regular los bancos y otras instituciones financieras que existen en el país. La mayor parte de la banca privada tiene sus sedes centrales en la capital.

En cuanto al comercio exterior, las exportaciones chilenas se basan en el cobre, productos agrícolas como frutas y verduras, harinas de pescado, productos de papel y químicos. Los principales destinatarios de las exportaciones son los Estados Unidos, Japón, China, los Países Bajos, Corea del Sur, Brasil, Italia y México. Las importaciones se centran básicamente en el petróleo y sus derivados, el gas natural, los productos químicos, los equipos eléctricos y de telecomunicaciones, la maquinaria industrial y los automóviles. Entre los principales socios comerciales en lo que a importaciones se refiere se cuentan, por orden de volumen, la Argentina, los Estados Unidos, Brasil, China y Corea del Sur. Durante la década de 2000, en el marco de un progresivo y firme auge de la economía del país, Chile concertó una serie de tratados de libre comercio con países como los Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del sur o Perú.

Además, el turismo también se ha convertido en una actividad importante para la economía nacional. Lugares como la capital, Santiago, Viña del Mar, Valparaíso, el desierto de Atacama, el Parque Nacional de Torres del Paine y la región de los Lagos, de gran riqueza paisajística, atraen cada año a mayor número de turistas, procedentes de Europa —sobre todo españoles y alemanes̶—, los Estados Unidos y la Argentina.

Vista del Parque Nacional de Torres del Paine, uno de los múltiples puntos de atracción turística del país.

Transportes y comunicaciones

Los transportes se ven condicionados por la configuración orográfica del país. La red viaria alcanza cerca de 80.000 kilómetros, aunque gran parte del sur, en la zona patagónica, carece de rutas. La arteria principal es la carretera Panamericana, que cruza el país desde el norte, en la frontera con Perú, hasta Puerto Montt. También es importante la carretera Transandina, que comunica Chile con Argentina y Bolivia. Uno de los pasos montañosos más destacados es el de La Cumbre, en la frontera con Bolivia y que permanece cerrado varios meses al año.

La red de ferrocarriles es una de las más extensas de Sudamérica y alcanza los 7.000 kilómetros. La firma estatal Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) se encarga del transporte de pasajeros y cargas entre ciudades como Santiago, Chillán, Temuco y Puerto Montt, entre otras. Además existen otras líneas férreas y compañías que transportan materiales y carga a la Argentina y Bolivia. Ciudades como Santiago o Valparaíso cuentan con modernas redes de ferrocarril metropolitano.

El transporte aéreo tiene especial importancia tanto en las comunicaciones exteriores como interiores, sobre todo con las provincias más alejadas del sur. Santiago cuenta con un moderno aeropuerto internacional, el Comodoro Arturo Merino Benítez, que conecta con las principales capitales del mundo. Además, otras ciudades del país, como Punta Arenas, Arica, Iquique, Puerto Montt o Antofagasta cuentan con activas terminales aéreas.

El tráfico marítimo se centra en Valparaíso, que tiene un intenso tráfico de mercancías de importación; Iquique y Arica, que funcionan esencialmente como puertos pesqueros; y Coquimbo, Huasco y Tocopila, que dan salida a las exportaciones.

Prensa y telecomunicaciones

Existe una importante diversidad de medios de comunicación en Chile. Son diversas las grandes cadenas de televisión de cobertura nacional, como, por ejemplo, Canal 13, Chilevisión y Televisión Nacional de Chile (TVN), distinguiéndose otras de ámbito regional. Además, existen varios periódicos nacionales, entre los que destacan El Mercurio, Las Últimas Noticias y La Nación.

Las telecomunicaciones se han modernizado en las últimas décadas gracias a una red de fibra óptica, satelital y de microondas. Se calcula que hay instaladas en el país casi tres millones y medio de líneas de telefonía fija, mientras que la telefonía celular supera los 22 millones de unidades, con una de las mayores tasas de este tipo de servicio en Latinoamérica. Paralelamente, ha crecido de forma notable la accesibilidad a Internet, calculándose que en 2013 el número de internautas era del orden de siete millones usuarios.

Administración y política

División territorial

Administrativamente, Chile mantiene un sistema muy centralizado, aunque desde hace unos años se discuten varias iniciativas y proyectos para promover una mayor descentralización. Reflejo de ese proceso descentralizador, la división administrativa ha experimentado numerosos cambios desde la segunda mitad del siglo XX. En los años 70 de la pasada centuria, Chile quedó dividido en trece regiones designadas mediante un nombre y un número romano: I Región Tarapacá (capital, Iquique), II Región Antofagasta (Antofagasta), III Región Atacama (Copiapó), IV Región Coquimbo (La Serena), V Región Valparaíso (Valparaíso), VI Región Libertador General Bernardo O´Higgins (Rancagua), VII Región Maule (Talca), VIII Región Bío-Bío (Concepción), IX Región La Araucania (Temuco), X Región Los Lagos (Puerto Montt), XI Región Aisén del general Carlos Ibáñez Campo (Coihaique), XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena (Punta Arenas) y, por último, la XIII Región Metropolitana de Santiago (Santiago). A estas 13 regiones originales se añadieron en 2007, según el proyecto de ley aprobado un año antes, dos nuevas regiones: XIV Región de los Ríos (Valdivia) y XV Región Arica y Parinacota (Arica), situadas en el centro-sur y extremo septentrional del país respectivamente. La creación de estas nuevas regiones acabó con el tradicional ordenamiento norte-sur del país, dado que se prefirió continuar con la numeración antigua con el objetivo de no tener que modificar la Constitución.

Panorámica de la ciudad austral de Punta Arenas (XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena) con el estrecho de Magallanes al fondo.

El gobierno de cada región está en manos de un intendente, elegido por el presidente de la República, que gobierna apoyado en un Gobierno regional. Dentro de cada región hay un número variable de provincias (en total suman 51) y al frente de cada una de ellas se encuentra un gobernador, también nombrado por el presidente, cuya sede está en la capital de cada provincia. El último nivel administrativo es la comuna, que puede ser urbana o rural. Su sede central es la municipalidad y al frente de la misma se encuentra el alcalde.

Forma de gobierno y partidos políticos

Chile es una república unitaria y democrática. El presidente desempeña, al mismo tiempo, las funciones de jefe del Estado y del Gobierno, y es elegido mediante sufragio universal directo y secreto. El derecho a voto está vigente a partir de los 18 años y su ejercicio es obligatorio. Tras la reforma constitucional de 2005, el mandato presidencial se extiende por un periodo de cuatro años, sin posibilidad de reelección.

El poder legislativo es bicameral y está integrado por la Cámara de Diputados y por el Senado. El número de diputados asciende a 120 y son elegidos por el voto popular para un periodo de cuatro años. El número de senadores es de 38 y también son electos por votación directa, pero para un periodo de ocho años, aunque se renuevan alternadamente cada cuatro.

El poder judicial está compuesto por la Corte Suprema de Justicia, que es el máximo tribunal de justicia del país. Sus miembros son elegidos por el presidente y ratificados por el Senado. También existe un Tribunal Constitucional, encargado de controlar la constitucionalidad de las leyes y una Corte de Apelaciones.

Chile ha contado con varias Constituciones a lo largo de su historia, que han marcado claramente el paso de una etapa histórica a otra. Una de las más importantes fue la de 1833, que se mantuvo vigente hasta 1925 y que imprimió un fuerte carácter centralista y unitario al país. La Constitución de 1925, de corte presidencialista, se mantuvo vigente hasta 1973, cuando la derogó la Junta Militar. La actual Carta Magna se aprobó en 1980 y entró en vigor en 1981. Desde entonces ha sufrido varias reformas, siendo la más reciente la de 2005, bajo la presidencia de Ricardo Lagos, en la que se tomaron, entre otras, dos importantes decisiones: por un lado, se acortó el mandato presidencial de seis a cuatro años; y, por otro, se suprimieron los senadores designados y vitalicios que hasta entonces había en esta cámara.

Existen varios partidos políticos en el país con tendencias muy claras y marcadas. En la derecha, se encuentran la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Estas formaciones han concurrido unidas en las últimas elecciones bajo la coalición Alianza por Chile. En el centro se encuentra el Partido Demócrata Cristiano de Chile (PDC). Y en la izquierda se hallan el Partido Socialista de Chile (PS), el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Radical Socialdemócrata (PRSD), más minoritario. Las formaciones centristas y progresistas integran la coalición gubernamental Concertación de Partidos por la Democracia. Hay otros partidos con cierto peso electoral, como el Partido Humanista (PH) y el Partido Comunista de Chile (PC) que forman parte de la coalición Juntos Podemos Más.

Servicios del Estado

Históricamente, Chile se ha distinguido por tener legislaciones laborales avanzadas en el tiempo. Así, ya desde 1916 comenzaron a aprobarse leyes relacionadas con la seguridad en el trabajo y el descanso dominical. En 1924, se promulgaron leyes que regulaban el régimen de contratación y los seguros de accidentes laborales y de enfermedad. En 1931, apareció el Código del Trabajo y, luego, la protección social se amplió con la creación del Servicio de Seguro Social.

El sistema educativo se compone de un nivel preescolar entre los 3 y los 6 años; una enseñanza básica, entre los 7 y los 14 años, que consta de ocho cursos; y una enseñanza media de otros cuatro años. Los centros escolares pueden ser públicos, subvencionados y privados. Por su parte, la educación superior se imparte en varios centros, tanto públicos como privados. Entre ellos, cabe destacar la Universidad de Chile, la de Santiago, la Católica de Santiago, la de Concepción, la de Antofagasta y la de Valdivia.

En el campo sanitario, se han hecho continuados esfuerzos por mejorar la atención al ciudadano a través del Sistema Nacional de Servicios de Salud (SNSS), aunque persisten situaciones de inequidad entre las diferentes regiones.

Historia

Los pueblos prehispánicos

El territorio del actual Chile estuvo habitado por diferentes culturas amerindias. En los siglos inmediatamente anteriores a la llegada de los europeos, los pueblos del norte, entre los que cabe destacar los atacameños y diaguitas, presentaban una civilización más avanzada que la de las etnias ubicadas más al sur, por sus frecuentes contactos con la floreciente cultura inca. Lo poco que se conoce de su historia procede de algunos yacimientos arqueológicos, como los que se encuentran en San Pedro de Atacama. Los pueblos instalados al sur del río Bío-Bío destacaban por su ferocidad. Entre ellos se hallaban los mapuches o araucanos, que estaban subdivididos en varios grupos que compartían una lengua y cultura comunes, como los picunches, huilliches y mapuches propiamente dichos. Los mapuches eran sedentarios y vivían en aldeas estables donde se dedicaban a cultivar la tierra. En la época de la conquista española, muchos mapuches pasaron a la actual Argentina, asentándose en la Pampa y, posteriormente, en la Patagonia. Su unidad social era el clan al mando del cual se hallaba un cacique; no existía una verdadera división de clases y, en caso de necesidad, podían asociarse en grupos confederados para hacer frente a la adversidad.

Escultura representativa de los originarios mapuches, ubicada en la plaza de Armas de la ciudad de Santiago.

La conquista española

La primera presencia de navegantes europeos en tierras del actual Chile se remonta al periplo de Fernando de Magallanes, quien, en 1520, avistó las costas en su viaje alrededor del mundo. Hasta 1536 no se organizó la primera expedición terrestre para conquistar un territorio entonces misterioso y plagado de leyendas.

Diego de Almagro, al frente de un reducido grupo de españoles, llegó a las tierras situadas al sur de Perú después de haber atravesado el norte de la Argentina y cruzar los Andes. Llegó al valle de Copiapó y luego siguió más hacia el sur, pero la falta de metales preciosos, las duras condiciones del terreno y la belicosidad de los indígenas hicieron que emprendiera el regreso por el desierto de Atacama. Tras muchas penalidades, regresó a Perú y el territorio chileno quedó identificado como área inhóspita y carente de recursos que no merecía la organización de expediciones de conquista.

En 1540, Pedro de Valdivia, uno de los capitanes del conquistador de Perú, Francisco Pizarro, fue puesto por éste al mando de la expedición encargada de la conquista de Chile. Cruzó el desierto de Atacama y alcanzó las tierras del valle central chileno, a las que llamó Nueva Extremadura, en recuerdo de la región española de la que era originario. El 12 de febrero de 1541, fundó Santiago de Nueva Extremadura, la actual Santiago, en torno al cerro de Santa Lucía y el río Mopocho. Poco después se estableció el cabildo de la ciudad, que lo nombró gobernador. Más adelante, Valdivia fundó en el litoral del valle de Coquimbo la ciudad de La Serena y comenzó a adentrarse hacia el sur, hasta los márgenes del río Bío-Bío. En esos años, las dificultades en la incipiente colonia fueron ingentes ante la ferocidad que demostraron los araucanos y las complicadas comunicaciones con el virreinato peruano.

Vista aérea del aspecto actual de Santiago, la capital de Chile y principal núcleo urbano del país, fundada en 1541, con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura, por Francisco Pizarro.

En 1548, ante las noticias de las guerras civiles en Perú, Valdivia decidió regresar a Lima y ponerse a las órdenes del gobernador real Pedro de Lagasca, quien le puso al frente del ejército que derrotó a Gonzalo Pizarro. Esta victoria le permitió a Valdivia ser reconocido como gobernador y capitán general de Chile. Además, obtuvo armas, vituallas y hombres con los que reforzar la colonia. Ya de regreso a Chile, fundó Valparaíso, Concepción, La Imperial y Valdivia, ciudades destinadas a extender la colonización y frenar los ataques araucanos encabezados por el cacique Lautaro. Los enfrentamientos entre españoles e indígenas se sucedieron con diferente signo en cada ocasión hasta que, en 1553, Pedro Valdivia fue sitiado en el fuerte Tucapel, donde murió ante el ataque de los indígenas. Concepción y otras ciudades fueron destruidas y los españoles abandonaron el territorio al sur del Bío-Bío.

El sucesor de Valdivia, Francisco de Villagra, logró derrotar y matar a Lautaro en 1557 en la batalla de Mataquito, aunque ello no disminuyó las acometidas araucanas, quienes eligieron como sucesor a Caupolicán. Ese mismo año, llegó a tierras chilenas García Hurtado de Mendoza como nuevo gobernador. Durante su mandato continuó la guerra y se realizaron intentos de reorganizar la colonia, fundando nuevos asentamientos, como la Villa de San Mateo de Osorno, actual Osorno. A finales del siglo XVI, fue nombrado gobernador Martín García Óñez de Loyola, quien prosiguió con la lucha, pero perdió la vida en la batalla de Curalava, lo que propició una insurrección general de los araucanos que aprovecharon para destruir todos los asentamientos españoles al sur del Bío-Bío, como las ciudades de Osorno y Valdivia. Este río sirvió de límite durante mucho tiempo entre los territorios bajo gobierno colonial y los dominados por los indígenas. De hecho, la zona sería posteriormente conocida como La Frontera.

La época colonial

En medio de esta feroz lucha, poco a poco, la colonia se fue organizando. La escasez de metales preciosos hizo que su desarrollo fuera lento y obligó a los colonizadores a dedicarse predominantemente a la agricultura. Ello explica que, a finales del siglo XVI, el número de españoles no superara los cinco mil. Administrativamente, Chile formaba parte del Virreinato de Perú y tenía rango de Capitanía General, a cuyo mando estaba un presidente-gobernador con grandes poderes y únicamente dependiente del virrey. En 1565, el rey Felipe II autorizó una audiencia en Concepción, pero la inseguridad y las luchas contra los araucanos obligaron a disolverla diez años más tarde. Posteriormente, en 1609, se creó una nueva audiencia en Santiago, lo que representó el impulso definitivo para que esta ciudad ampliara su influencia y se constituyera en capital de la capitanía.

Hasta el siglo XVIII, Chile vivió en condiciones de aislamiento del resto del imperio. Esto se debió sobre todo a las difíciles comunicaciones, ya que las travesías terrestres por el desierto de Atacama y los Andes eran extremadamente complicadas. Por su parte, la ruta marítima suponía una larga travesía entre Valparaíso y El Callao, el puerto de Lima. Así, la población se concentró a lo largo del valle del Aconcagua y entre Santiago y Concepción. En estas zonas se explotaba intensamente una agricultura cerealista mediante el sistema de encomienda. El mestizaje entre blancos e indígenas fue intenso, lo que derivó en que, a finales del periodo colonial español, hubiera alrededor de 300.000 mestizos, además de criollos, peninsulares y negros, en su mayoría esclavos.

La llegada de la dinastía Borbón y la introducción de importantes reformas políticas y administrativas tuvieron importantes consecuencias en tierras americanas. La apertura de nuevos puertos que comerciasen con la metrópoli favoreció a Valparaíso y Concepción. A ello se unieron largos periodos de paz y prosperidad económica junto con la gestión de relevantes gobernadores, algunos de los cuales serían luego virreyes de Perú, que mejoraron la vida de la colonia. Entre otros, cabe destacar a Gabriel Cano y Aponte, José Antonio Manso de Velasco y Ambrosio O'Higgins. Este último, de origen irlandés y padre del libertador Bernardo O'Higgins, eliminó el sistema de la encomienda, potenció las obras públicas y embelleció Santiago.

Paralelamente, la vida cultural y educativa se incrementó con la edificación, en 1747, del primer centro de estudios universitario, la Real Universidad de San Felipe. Además, a partir de 1780, se comenzó a construir una Casa de la Moneda que luego se transformaría en palacio presidencial.

El periodo revolucionario y la independencia

En las últimas décadas del siglo XVIII, los intercambios comerciales y la mejora educativa favorecieron la llegada de las corrientes ilustradas y de las obras de grandes pensadores franceses como Rousseau, Montesquieu o Voltaire. Además, también se tuvieron noticias de los procesos revolucionarios de las colonias angloamericanas del norte y de Haití, así como de las radicales transformaciones sociales promovidas tras la Revolución francesa. Gran parte de la élite chilena era partidaria de introducir reformas, pero se consideraba leal súbdita del rey de España. Sin embargo, la invasión francesa de la península ibérica aceleró el proceso independentista. A esto se sumaron las maneras autoritarias y los abusos del gobernador Francisco Antonio García Carrasco, que lo obligaron a entregar el poder.

Los criollos se reunieron en cabildo abierto en Santiago y constituyeron como nuevo Gobierno una Junta provisional. Así comenzó el periodo llamado la Patria Vieja que se prolongó hasta 1813. Entre tanto, en 1811, llegó a Chile José Miguel Carrera (militar chileno que había participado en la defensa de España contra Napoleón) y rápidamente se hizo con el poder. Llevó a cabo reformas más radicales y estableció el Reglamento Constitucional de 1812, que mantenía la fidelidad al rey Fernando VII pero que aumentaba el autogobierno chileno.

Estas medidas motivaron que el virrey enviara dos expediciones militares que, aunque fracasaron, permitieron a Bernardo O'Higgins tomar el control del ejército patriota. Ello provocó la división de las tropas chilenas entre partidarios de O'Higgins y Carrera, que se enfrentaron en varias ocasiones. La llegada de una potente expedición española al mando de Mariano Osorio favoreció la reconciliación de los bandos chilenos para enfrentarse a los españoles. En octubre de 1814, tuvo lugar la batalla de Rancagua en la que el Ejército español destruyó al chileno, lo que permitió a Osorio ocupar Santiago y acabar con la Patria Vieja.

O'Higgins y Carrera se exiliaron en Mendoza, Argentina, donde era gobernador José de San Martín. Ese encuentro marcó una gran amistad entre San Martín y O'Higgins, mientras que para Carrera representó el principio del fin, ya que la enemistad con San Martín derivó en su persecución y, finalmente, fusilamiento en 1821.

La reconquista española derivó en una feroz represión de los patriotas que habían formado la Junta de 1810, lo que animó a muchos de ellos a oponerse al Gobierno colonial y abrazar la independencia. Entre tanto, San Martín y O'Higgins prepararon un ejército que atravesó los Andes en 1817. En febrero de ese año se enfrentaron a las tropas españolas en la batalla de Chacabuco, a las que derrotaron. Esto permitió la entrada en Santiago, donde Bernardo O'Higgins fue nombrado director supremo.

Una de sus primeras medidas consistió en firmar el Acta de Independencia de Chile en febrero de 1818. A este acto respondió inmediatamente el virrey de Perú enviando una nueva expedición comandada nuevamente por Mariano Osorio. Los españoles triunfaron en la batalla de Cancha Rayada, pero en la batalla de Maipú, abril de 1818, fueron derrotados, lo que asentó definitivamente la independencia chilena. Sin embargo, la presencia española en el sur continuaría en Valdivia, hasta 1820, y en Chiloé, hasta 1826.

De O'Higgins a la república conservadora

El gobierno de O'Higgins como director supremo se prolongó hasta 1823. Durante su mandato apoyó la expedición de San Martín para acabar con el virreinato de Perú y proclamó las Constituciones de 1818 y 1822. Sus formas autocráticas conllevaron el descontento popular y el aumento de la oposición hasta que, en 1822, se sublevaron el general Ramón Freire y una parte del Ejército. O'Higgins renunció a su mandato y marchó al exilio, en Perú, donde murió en 1842. Inmediatamente, comenzó una etapa de gran inestabilidad y división entre las diferentes facciones por alcanzar el poder. Se distinguieron los liberales, o pipiolos, los conservadores, o pelucones, y los seguidores de O'Higgins, o estanqueros. Así, entre 1823 y 1830, el caos político se materializó en la existencia de treinta Gobiernos diferentes.

Ilustración que representa el momento de la renuncia al poder de Bernardo O'Higgins.

En 1829, estalló la guerra civil entre liberales y conservadores. Los segundos aprovecharon la situación y nombraron una junta presidida por José Tomás de Ovalle, aunque el verdadero poder estaba en manos de Diego Portales, que ocupaba los ministerios de Asuntos Exteriores, Interior, Guerra y Marina, y que se mantendría como poder en la sombra hasta su muerte en 1837. Una parte del Ejército, comandado por José Joaquín Prieto, derrotó a los liberales en la batalla de Lircay en 1830, lo que permitió el establecimiento de la república conservadora.

Un año más tarde, tras la muerte de Ovalle, Prieto asumió la presidencia del país, cargo en el que se mantuvo hasta 1841. Durante su mandato se aprobó la Constitución de 1833, obra de Portales, que consagró un sistema político centralista y presidencialista, en el que el primer mandatario era elegido por sufragio censitario. También tuvo lugar la guerra contra la confederación peruano-boliviana (1836-1839), en la que Manuel Bulnes tuvo un destacado papel en la decisiva batalla de Yungay, que significó la victoria chilena en la guerra y la separación de Perú y Bolivia, cuya unión era vista por Chile como una amenaza.

Bulnes, considerado un héroe nacional, ganó las elecciones a la presidencia de 1841 y se mantuvo en el cargo hasta 1851. Su sucesor fue Manuel Montt, que permaneció en la presidencia otros diez años, hasta 1861. Ambos presidentes abordaron programas de mejoras económicas y activaron el comercio exterior a través del puerto de Valparaíso. Además, aumentaron las exportaciones de cereales hacia los Estados Unidos y Australia, y se incrementó la producción de cobre y plata con destino a Europa. Sin embargo, el comercio y la explotación de las minas pasaron a manos extranjeras, sobre todo británicas y estadounidenses.

Al mismo tiempo, se modernizaron las infraestructuras del país gracias a la construcción de líneas férreas y aumentó el nivel educacional con la fundación de escuelas y universidades, como la Universidad de Chile (1842). También se fomentó la colonización del sur del territorio con la llegada de emigrantes alemanes y se fundaron nuevas ciudades como Punta Arenas y Puerto Montt (1853), en honor al presidente.

El desarrollo económico del país permitió la aparición y el crecimiento de nuevas clases sociales, como la burguesía que quería entrar en la vida política. Pero la élite conservadora se negó a compartir el poder y empujó a dichas clases sociales a intentar una insurrección en 1851, que fracasó.

La República liberal

En las elecciones de 1861, los liberales se unieron y aprovecharon las disensiones entre los conservadores para conseguir que su candidato, José Joaquín Pérez, ganara los comicios. De esta manera, se inauguró el periodo conocido como República liberal, que se mantuvo hasta 1891.

Durante la presidencia de Pérez (1861-1871) estalló, en 1865, un conflicto armado contra España y en este caso con Perú como aliado. En él, la escuadra española cañoneó el puerto de Valparaíso y posteriormente el puerto peruano de El Callao, aunque las hostilidades concluyeron con el regreso de los navíos españoles a su país.

Vista aérea de la ciudad de Valparaíso, cuya actividad portuaria ha tenido siempre una especial trascendencia histórica y económica.

A Pérez le sucedió Federico Errázurriz Zañartu (1871-1876), cuyo mandato estuvo marcado por las tensiones debido a la política laicista del Gobierno, que se plasmó en varias leyes de libertad religiosa y de educación. Además, se aprobaron varias reformas constitucionales. En el terreno económico, la elevada deuda del país y el alto déficit comercial hicieron que el Gobierno comenzara a instalar importantes empresas y capitales para explotar las minas de salitre en la frontera norte, en el territorio boliviano de Antofagasta y en el peruano de Tarapacá y Arica.

En 1876, ganó las elecciones Aníbal Pinto, durante cuya presidencia estalló la guerra del Pacífico, conflicto originado por el control de las minas de salitre, en territorio boliviano. En 1879, Chile declaró la guerra a Bolivia y Perú y protagonizó un rápido desembarco en el puerto de Antofagasta. Al mismo tiempo, la escuadra chilena derrotó a la peruana haciéndose con el control del mar. Las tropas chilenas iniciaron una campaña terrestre que se saldó con la ocupación de toda la frontera norte y llegó hasta Lima. En medio de la guerra, se celebraron los comicios de 1881, que dieron como ganador a Domingo Santa María. Bajo su presidencia concluyó la guerra del Pacífico, en 1883, con la victoria total de Chile, que quedó plasmada en el Tratado de Ancón, por el que se anexionaron las provincias de Antofagasta, Tarapacá y Arica.

En 1886, ganó los comicios José Manuel Balmaceda, quien mantuvo una política proteccionista, que chocó con los intereses de las empresas extranjeras, en especial británicas, y de la oligarquía salitrera, que contaba con apoyos en parte del Ejército. Finalmente, en 1891, estalló una breve guerra civil en la que las tropas partidarias de Balmaceda fueron derrotadas en las batallas de Concón y La Placilla. Ello hizo que los adversarios del presidente entrasen en Santiago y lo obligasen a refugiarse en la legación argentina, donde, viéndose cercado, se suicidó.

La República parlamentaria

Tras la muerte de Balmaceda, Chile se convirtió en una república en la que el poder, antes en manos del presidente de forma casi total, pasó a las del Congreso Nacional, en el que predominaban los oligarcas agrarios y financieros, lo que otorgó gran inestabilidad a las iniciativas presidenciales. La vida política en esta etapa, que se extendería entre 1891 y 1924, también conoció el fortalecimiento del Partido Radical, creado en 1863, y la aparición del Partido Obrero Socialista en 1912. Estas formaciones tenían sus bases entre las clases sociales trabajadoras, que se desarrollaron como consecuencia del aumento de la burocracia estatal, la minería y la aparición de las grandes empresas de gas, electricidad y ferrocarriles. En esta época, estos partidos organizaron diferentes movimientos huelguistas exigiendo reformas y mejoras laborales.

Los primeros presidentes de la etapa parlamentaria fueron Jorge Montt (1891-1896), Federico Errázurriz Echaurren (1896-1901) y Germán Riesco (1901-1906), con quien la presencia de capitales estadounidenses creció en la minería, especialmente en la explotación del cobre. En estos años, aparecieron las primeras huelgas en Valparaíso, Santiago y Antofagasta. Además, la presidencia de Riesco se caracterizó por la inestabilidad política y los continuos cambios de gobierno. En 1906, le sucedió Pedro Montt Montt, durante cuyo mandato la cuestión obrera se agravó tras la matanza de trabajadores salitreros en Iquique.

La inestabilidad y la progresiva degradación de la economía fueron también la constante en los mandatos de sus sucesores, Ramón Barros Luco (1910-1915) y Juan Luis Sanfuentes (1915-1920). Las continuas huelgas obligaron a que, en 1916, se aprobase la primera legislación laboral, que, sin embargo, se demostró insuficiente para frenar la agitación social. En 1920, triunfó la candidatura del liberal Arturo Alessandri Palma, cuyo mandato se vio interrumpido en 1924 por una intervención militar que depuso al presidente durante algunos meses, aunque luego éste ocupó de nuevo su cargo.

La República presidencialista

El regreso de Alessandri marcó el fin de la República parlamentaria y la instauración de un nuevo régimen presidencialista, que perduraría hasta 1973. Una de las primeras iniciativas de Alessandri fue la promulgación de una nueva Constitución, que reafirmaba el poder ejecutivo en detrimento del legislativo. Además, se alargó el periodo presidencial de cinco a seis años y se consagró la separación entre Iglesia y Estado. En 1925 se fundó también el Banco Central de Chile, en un intento de regular las finanzas en un marco de creciente deterioro de la economía.

En los primeros años de esta nueva etapa, el hombre fuerte fue Carlos Ibáñez del Campo, elegido presidente en 1927, quien instauró un estado corporativo imitando el modelo fascista italiano. La crisis económica mundial de 1929 golpeó con dureza Chile y la inestabilidad política permitió que un grupo de diferentes tendencias instaurase en 1932 una república socialista. Sin embargo, el experimento apenas sobrevivió unos meses. Poco después, Arturo Alessandri volvió a la presidencia por segunda vez (1932-1938) con el objetivo de estabilizar la vida política y superar la crisis económica.

En los comicios de 1938 triunfó el candidato del Partido Radical Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), que gobernó con el apoyo de una coalición de partidos de izquierda. Éste fomentó la producción nacional, limitó las importaciones e introdujo reformas en el campo industrial. Tras su muerte, se celebraron nuevos comicios que dieron el triunfo al también radical Juan Antonio Ríos (1942-1946). El país se vio beneficiado por el incremento de la demanda de cobre y otras exportaciones durante la Segunda Guerra Mundial, pero, a nivel interno, las discrepancias entre las formaciones políticas de la coalición llevaron al quiebre la estabilidad gubernamental.

En las elecciones de 1946, ganó Gabriel González Videla (1946-1952), último de los presidentes radicales del país. En el contexto de la guerra fría, el nuevo presidente rompió sus alianzas con comunistas y socialistas y se aproximó en cambio a liberales y conservadores. Paralelamente, la presencia estadounidense en la vida económica del país se incrementó.

Las elecciones de 1952 dieron nuevamente el triunfo al general Carlos Ibáñez del Campo, quien se apoyó en grupos conservadores para gobernar. A Ibáñez le sucedió Jorge Alessandri (1958-1964) al frente de una coalición de partidos conservadores. En este periodo se favoreció el desarrollo industrial y se combatió el desempleo y la inflación, si bien la política salarial fue nuevamente objeto de movilizaciones obreras.

Esta situación de polarización favoreció a un partido reformista de centro, la Democracia Cristiana, fundado en 1957. En las elecciones de 1964, obtuvo una holgada victoria el candidato democristiano, Eduardo Frei Montalva, apoyado por las clases medias. En su programa destacó la intensificación de la reforma agraria, así como otras mejoras sociales que hicieron que las clases trabajadoras comenzaran a participar más activamente en la vida política. Como consecuencia de ello, en 1969 se creó una coalición de socialistas, comunistas y otros grupos de izquierdas llamada Unidad Popular (UP).

El candidato de la UP, Salvador Allende, resultó el ganador en los comicios de 1970. La UP pretendía la transición al socialismo respetando el sistema democrático. Por ello, nacionalizó las empresas en manos extranjeras, como las minas de cobre y carbón, desarrolló la reforma agraria y quiso redistribuir la riqueza entre las clases más desfavorecidas. Estas medidas chocaron con la resistencia del Congreso, en manos conservadoras, a la par que los Estados Unidos y otros países con intereses en Chile aplicaron un severo bloqueo del flujo de capitales hacia el país. La inflación aumentó, se estancó la producción industrial y, ante tal situación, el Ejército intervino a favor de las tendencias más conservadoras.

Imagen de Salvador Allende, ganador en los comicios de 1970 con la coalición llamada Unión Popular. Fue presidente de la república hasta 1973.

La Junta Militar

El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas protagonizaron un golpe y tomaron el poder. Para ello, bombardearon el Palacio de la Moneda donde el presidente Salvador Allende se encontraba. Rodeado por los militares, se negó a rendirse y murió en el curso del ataque. De inmediato se constituyó una Junta Militar presidida por el general Augusto Pinochet, quien derogó la Constitución, prohibió los partidos políticos y reprimió violentamente a las organizaciones de izquierda. En el curso de esta represión, miembros de las Fuerzas Armadas cometieron flagrantes violaciones de los derechos humanos.

Para recuperar la economía y combatir la inflación, el Gobierno militar siguió directrices de tipo neoliberal, como el monetarismo, que otorgaba un papel preeminente a la moneda y otros medios de pago como elementos reguladores de las variables económicas, la privatización de empresas públicas y la reducción del gasto social. En primera instancia este modelo económico tuvo éxito, pero la crisis internacional de la década de 1980 puso de manifiesto sus aspectos negativos, con el cierre de numerosas empresas y aumento de la deuda externa.

En 1980, Pinochet aprobó una nueva Constitución que prorrogó el régimen militar hasta 1989, cuando se preveían elecciones para el Congreso, aunque la Junta Militar se reservaba la designación del presidente. Al mismo tiempo, la oposición al régimen se hizo extensiva a amplias capas de la sociedad y se acentuaron las huelgas y protestas.

A ello se unió el progresivo aislamiento internacional de la Junta, que se manifestó en las tensiones, en 1984, con Argentina por un contencioso fronterizo en el canal de Beagle, que a punto estuvieron de desembocar en un conflicto armado, evitado en última instancia por la mediación del papa Juan Pablo II. En 1986, un intento de asesinato de Pinochet por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), grupo de extrema izquierda, desató una dura represión.

La reinstauración de la democracia

En 1988, se celebró un referéndum en el que se votaba si Pinochet se mantenía o no en el poder hasta 1996. La victoria del «no» permitió la reinstauración de la democracia. En 1989, se celebraron las primeras elecciones libres, que dieron el triunfo al candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia, Patricio Aylwin, miembro de la democracia cristiana.

En los siguientes comicios, celebrados en 1994, lo sucedió el también democristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Bajo su mandato, se afianzó la economía y el país se convirtió en uno de los principales focos de atracción de inversiones extranjeras.

En 1998, Pinochet abandonó la jefatura del Ejército y se convirtió en senador vitalicio. Durante una estancia en el Reino Unido fue detenido por la solicitud de un juez español. Tras un largo proceso, se le permitió regresar a Chile en el 2000. Un año más tarde, su procesamiento fue sobreseído por motivos de salud, pero tuvo que enfrentarse de nuevo a la justicia por el hallazgo de cuentas bancarias ocultas en el extranjero.

Entre tanto, en los comicios de 2000, triunfó el socialista Ricardo Lagos, también miembro de la Concertación, en una disputada segunda vuelta contra el candidato de la coalición de derechas Alianza por Chile, Joaquín Lavín. Bajo su mandato, se firmaron varios tratados de libre comercio, el más importante con los Estados Unidos, y se promovieron varias reformas constitucionales, como la del Senado, aprobada en 2005. Las elecciones de 2006 dieron nuevamente como ganadora a la candidatura de la Concertación, en este caso encabezada por la socialista Michelle Bachelet, primera mujer en ocupar la jefatura del Estado chileno, quien se impuso en segunda ronda al conservador Sebastián Piñera. La nueva presidenta, que llegó al poder en una situación favorable de estabilidad y crecimiento económico, siguió las líneas políticas y económicas de su antecesor.

Algunos de los ejes de la política impulsada por la presidenta Bachelet se situaron en la defensa de la igualdad de oportunidades sin discriminación de género y en la creación de una red social de protección a los sectores sociales más desfavorecidos. En términos económicos, Chile mantuvo una línea de crecimiento que condujo al ingreso del país en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El Estado chileno fue invitado formalmente el 15 de diciembre de 2009 a adherirse al organismo, para convertirse en la segunda nación latinoamericana, después de México, en formar parte del mismo.

En política exterior se produjo un incremento de las tensiones fronterizas con Perú. En enero de 2008, el Gobierno peruano denunció a Chile ante el Tribunal Internacional de Justicia por la disputa sobre una extensión de territorio marítimo. Las tensiones se agudizaron a finales de 2009 tras la realización de maniobras militares del Ejército chileno en las proximidades a los dominios en disputa. En otro sentido, destacó la firma de Chile y China de un acuerdo de libre comercio que sentaba un precedente en la región latinoamericana. Por otra parte, en febrero de 2009, la presidenta Bachelet visitó oficialmente Cuba tras varias décadas de ausencia de los máximos mandatarios chilenos en la isla caribeña.

Michelle Bachelet es la primera mujer en ocupar la jefatura de Estado de Chile. En la imagen, saludando a los entonces presidentes Lula da Silva (Brasil) y Hugo Chávez (Venezuela). (CC-BY-3.0-br.)

En este periodo, el electorado chileno dio muestras de desear un cambio en la orientación de sus órganos de representación política. En las elecciones locales celebradas en octubre de 2008, la coalición centroconservadora Alianza por Chile obtuvo la victoria por delante del partido en el Gobierno, la izquierdista Concertación de Partidos por la Democracia. Siguiendo esta misma tendencia, en las elecciones presidenciales que tuvieron lugar en enero de 2010, el candidato conservador Sebastián Piñera logró el triunfo en primera vuelta sobre el representante de la Concertación, el ex presidente Eduardo Frei.

Los primeros meses de Piñera en la presidencia se vieron afectados por varios sucesos traumáticos en el país. En febrero de 2010, Chile fue sacudido por un movimiento sísmico que alcanzó magnitud 8,8 en la escala de Richter. Varios centenares de personas perdieron la vida y se produjeron cuantiosos daños materiales en la región central del territorio chileno. Los movimientos sísmicos persistieron durante varias semanas, e incluso se produjeron durante la ceremonia de toma de posesión del mandatario en el mes de marzo.

En agosto de ese mismo año, 33 mineros quedaron atrapados por un derrumbamiento en una galería de la mina San José, en la región de Atacama. Los trabajadores permanecieron más de tres meses en el interior de la mina, hasta que pudo organizarse una compleja operación de salvamento para llevarlos de nuevo a la superficie. Esta operación se desarrolló con éxito en el mes de octubre, y tuvo un extraordinario seguimiento por parte de la población chilena y la comunidad internacional. El feliz desenlace del suceso permitió elevar las cotas de popularidad del presidente Piñera.

Sin embargo, estos índices de aceptación del mandatario se redujeron progresivamente durante el resto de su mandato. A ello contribuyeron las multitudinarias manifestaciones estudiantiles y sindicales que se produjeron en las principales ciudades del país a partir de mediados de 2011. Las protestas por la política ambiental, educativa y laboral del Gobierno centraron las primeras convocatorias, como la de Valparaíso del mes de mayo a llamada de los sindicatos. Las asociaciones estudiantiles recogieron el testigo y, en julio, miles de estudiantes tomaron las calles de Santiago y otras ciudades en demanda de mejoras sustanciales en los sistemas de educación. Por su parte, los mineros del cobre se levantaron también contra el Gobierno para contestar su anunciado plan de reestructurar este importante sector industrial de la economía chilena. Las manifestaciones se recrudecieron en octubre y provocaron violentos enfrentamientos entre estudiantes y fuerzas del orden. Más de doscientos estudiantes fueron detenidos por su participación en los disturbios.

En el terreno económico, Chile mantuvo bajo la dirección de Piñera el rumbo positivo de las dos últimas décadas. Con la aplicación de una política anticíclica, el Gobierno chileno había acumulado superávits en las cuentas públicas en los años de bonanza y de altos precios del cobre en los mercados internacionales, con lo cual en los momentos de crisis la cuantía del déficit público pudo controlarse con cierta comodidad. Al mismo tiempo, el Estado chileno incrementó las inversiones públicas en los peores periodos de la crisis financiera internacional, con lo que la economía del estado andino mantuvo notables índices de crecimiento y, en un año tan problemático en términos económicos como 2012, fue posible contener la inflación y alcanzar cifras mínimas de desempleo entre la población activa.

En otro orden de cosas, durante el mandato de Piñera, Chile se convirtió en el primer país sudamericano miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y, junto a Colombia, México y el Perú, constituyó la Alianza del Pacífico.

Las elecciones presidenciales celebradas en noviembre-diciembre de 2013 supusieron un cambio de signo político. La veterana Michelle Bachelet resultó vencedora en segunda vuelta electoral, por delante de su rival Evelyn Matthei, candidata de la Unión Demócrata Independiente. Bachelet obtuvo un claro apoyo electoral, al reunir el 62 % de los sufragios. Fue investida como presidenta de la nación en enero de 2014, para iniciar su nuevo mandato al frente de la jefatura del Estado. Las primeras iniciativas de su gobierno se centraron en promover una reforma tributaria y en mejorar las condiciones del sector pesquero, duramente afectado por el movimiento telúrico que sacudió el norte del territorio chileno en abril de ese mismo año. El sismo, de gran intensidad, tuvo su epicentro cerca de la localidad de Cuya, a menos de 100 km de la ciudad portuaria de Iquique.

En las primeras semanas de su mandato, Bachelet puso en marcha uno de los compromisos programáticos señeros de su campaña electoral: la redacción de un nuevo texto constitucional. Con ello pretendía sustituir una Carta Magna que había sido elaborada bajo el régimen encabezado por el general Augusto Pinochet y que contaba, por motivos ideológicos, con el rechazo de numerosos partidos y movimientos sociales.

La defensa de la igualdad social y los derechos civiles definió uno de los ejes de la política del Gobierno chileno en estos años. En febrero de 2015, la presidenta anunció un plan para poner fin a la prohibición del aborto y, a mediados de ese mismo año, impulsó el denominado Acuerdo de Unión Civil, que regulaba jurídicamente la convivencia entre personas del mismo sexo. En diciembre de 2015, el Congreso de Chile aprobó una ley que promovía la gratuidad de los estudios universitarios y que favorecería a unos 200.000 alumnos con escasos recursos económicos.

En el ámbito exterior, se recrudeció el conflicto diplomático entre Chile y Bolivia ante la reclamación del Gobierno boliviano de acceder al océano a través del territorio que había perdido ante Chile en el siglo XIX durante la Guerra del Pacífico. La demanda, interpuesta ante el Tribunal Internacional de La Haya, fue admitida a trámite en octubre de 2015, lo que motivó críticas en el país chileno hacia la gestión de su delegación negociadora encabezada por Felipe Bulnes. Poco después, el veterano diplomático José Miguel Insulza, exsecretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), se puso al frente del equipo jurídico para defender los intereses de Chile ante dicho tribunal.

La economía chilena se resintió, durante los primeros años del segundo mandato de Bachelet, de la crisis en los mercados internacionales de materias primas y, en concreto, de la bajada de los precios del cobre, uno de sus primeros productos de exportación. Tras varios años de crecimiento sostenido cifrado en torno al 5 % anual del producto interior bruto (PIB), en 2014 este índice descendió al 1,9 % y se elevó a poco más del 2 % al año siguiente. Pese a ello, la situación económica chilena mantuvo perspectivas de estabilidad. A ello contribuyó la instauración de una política fiscal anticíclica que favorecía la acumulación de excedentes en los periodos de prosperidad para hacer frente a posibles fases posteriores de desaceleración económica.

Chile fue uno de los doce países firmantes del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un magno tratado de comercio firmado en Auckland, Nueva Zelanda, en febrero de 2016 y en el que participaban varias de las mayores economías del mundo (Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia). El Estado chileno se unió a otras naciones latinoamericanas, como México y Perú, en un acuerdo cuyos integrantes sumaban aproximadamente el 40 % del PIB mundial. La entrada en vigor de este acuerdo se vio amenazada por el resultado de las elecciones celebradas en noviembre de 2016 en los Estados Unidos. El candidato vencedor en las mismas, Donald Trump, se mostró abiertamente contrario a aplicar el tratado.

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló a Chile como uno de los países de la región latinoamericana con menor probabilidad de verse afectado por la crisis sanitaria desencadenada por la epidemia del virus zika. Este anuncio optimista vino a sumarse al de las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en su reunión de octubre de 2016, señaló a la chilena como una de las economías americanas que experimentarían un crecimiento más sólido durante los años siguientes.

En el ámbito político, también en octubre de 2016 se celebraron elecciones municipales en Chile. La coalición Nueva Mayoría, a la que pertenecía la presidenta Bachelet, logró la victoria en número de concejales (1.208), pero la opositora centro-derechista Chile Vamos consiguió un mayor número de alcaldías (145, frente a las 141 del partido gubernamental).

Con la particularidad de que, por primera vez, se aceptaba el voto de los habitantes en el extranjero, la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Chile se celebró el 19 de noviembre de 2017. A ellas concurrieron como favoritos el candidato de orientación conservadora Sebastián Piñera, que fuera máximo mandatario de la nación entre 2010 y 2014, y Alejandro Guillier, sociólogo y periodista, además de senador de izquierdas, elegido por la confluencia La Fuerza de la Mayoría, integrada por los partidos socialista, comunista y radical, entre otros. Por su parte, Piñera había sido designado candidato en primarias por la agrupación Chile Vamos. Ambos superaron la primera ronda electoral, por delante de la aspirante del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, y se enfrentaron en segunda vuelta el 17 de diciembre. El mismo 19 de noviembre se celebraron también elecciones legislativas, que arrojaron un triunfo nítido de las formaciones conservadoras de Chile Vamos, con más del 38 % de los votos. La Fuerza de la Mayoría alcanzó el 24 % del apoyo popular en estos comicios.

Las elecciones presidenciales llegaron en un momento de cierta debilidad del Gobierno de centro-izquierda encabezado por Michelle Bachelet, cuyos índices de popularidad según las encuestas eran inusualmente bajos (a diferencia de los cosechados al término de su anterior mandato presidencial). Mientras en el exterior las iniciativas políticas de Bachelet se veían como un proyecto encomiable de modernización a largo plazo del país, dentro de las fronteras chilenas lastró su trayectoria la orientación, calificada de un tanto rígida, de varias de las propuestas reformistas que había formulado para acceder al poder. Durante su mandato se pusieron en marcha reformas ambiciosas en el sistema educativo, en fiscalidad y en los principios de la ley electoral, al tiempo que se legisló el derecho al aborto según determinados supuestos restrictivos y se aprobó la validez del matrimonio civil entre homosexuales. No obstante, algunos analistas constataron que en la aplicación de estas reformas acaso no se tuvo la flexibilidad suficiente para que fueran consideradas inclusivas, y que parte de la población chilena sintió un cierto distanciamiento hacia las mismas. Además, la desaceleración económica del país, originada en parte por la caída de los precios del cobre en los mercados internacionales, y un enlentecimiento de la modernización de las infraestructuras y los servicios públicos no fueron bien recibidos por las clases medias. Finalmente, la desunión en el discurso de los partidos que formaron La Fuerza de la Mayoría complicó en cierto modo las perspectivas de gobierno del candidato centro-izquierdista Guillier.

Con todo, los comicios parecían presagiar un resultado ajustado, de acuerdo con las encuestas demoscópicas. Sin embargo, la victoria de Piñera con más del 54 % de los sufragios fue más amplia de lo esperado. Los analistas explicaron este claro resultado por la movilización de los votantes conservadores, en un país caracterizado tradicionalmente por los elevados índices de abstención en las elecciones. El político conservador, que pronunció un discurso de moderación al asumir su triunfo públicamente, sería así el sucesor en la jefatura del estado de Bachelet, a quien había entregado cuatro años antes la banda presidencial. Piñera tomó posesión en marzo de 2018 e impulsó una acción política crítica con los enfoques del Gobierno de su predecesora, Bachelet, tanto en términos económicos como en algunos aspectos del desarrollo educativo y social.

En una de sus últimas intervenciones como presidenta del país, Bachelet recibió al papa Francisco en la visita que el pontífice cursó a Chile a principios de 2018. La presencia de Francisco en territorio chileno tuvo lugar en un momento especialmente delicado para la Iglesia de este país, lastrada por la revelación de una serie de casos de abusos sexuales que habían sido encubiertos por varios prelados y que llevaron a introducir cambios muy sustanciales en la jerarquía eclesiástica chilena.

En el curso del segundo mandato de Piñera en la jefatura del Estado se conoció el dictamen emitido por la Corte Internacional de La Haya en la disputa por el derecho de Bolivia a una salida al mar a través de territorio chileno. El fallo, conocido en octubre de 2018, desestimó los argumentos presentados por Bolivia, en una sentencia que se calificó de obligatoria e inapelable. Esta resolución fue recibida con gran entusiasmo por el Gobierno y la sociedad de Chile.

El año 2019 se inició en Chile con una sucesión de incendios forestales que asolaron la región del Biobío y obligaron a decretar el estado de excepción en la zona por catástrofe. A lo largo del año se asistió a la mayor sequía de la historia de la nación, con regiones como Atacama, Coquimbo y Valparaíso como las más afectadas.

Por su parte, la vida política y social chilena experimentó una violenta sacudida en los últimos meses de 2019. La decisión gubernamental de subir el precio del transporte del metro en Santiago de Chile actuó como detonante de unas masivas protestas que se iniciaron en los círculos estudiantiles y se fueron extendiendo y agravando con el paso de las semanas. En esta llamada “revolución de los 30 pesos”, los manifestantes denunciaban la creciente desigualdad de la sociedad chilena que, pese a haber experimentado un crecimiento macroeconómico importante en la última década, sentía que las mejoras no se habían trasladado de forma equitativa al conjunto de la población.

Inicialmente, en un intento por contener la virulencia de las manifestaciones, el Gobierno de Piñera decretó el estado de emergencia en el Gran Santiago. Sin embargo, las protestas no amainaron y, en los tumultos y por la actuación de las fuerzas antidisturbios, al menos 25 personas perdieron la vida. Los intentos de normalización sociopolítica se orientaron entonces hacia el impulso de un proyecto de “nueva agenda social” y de un proceso de redacción de una nueva Constitución que, según los planes, se propondría en plebiscito a los chilenos en el segundo trimestre de 2020.

Los disturbios, que ponían de manifiesto el descrédito de la clase política entre importantes sectores de la población, dejaron también graves secuelas económicas. Además de las pérdidas directas relacionadas con las protestas, los saqueos y las acciones destructivas, se produjo un rápido deterioro de la situación macroeconómica. A finales de noviembre, el Banco Central de Chile anunció la inyección de 20.000 millones de dólares en el mercado de cambios, con el propósito por frenar la rápida depreciación del peso.

En el ámbito internacional, la gravedad del conflicto interno obligó al Ejecutivo chileno a renunciar a la organización de la 25.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25) que debía celebrarse en Santiago de Chile a principios de diciembre. La organización de la cumbre recayó finalmente en Madrid, aunque formalmente se mantuvo la presidencia de Chile para la misma.

Sociedad y cultura

Ciencia y tecnología

La investigación científica en Chile tiene especial significación desde sus orígenes en el ámbito de las ciencias naturales. De hecho, ya el fundador del evolucionismo, Charles Darwin, basó buena parte de sus deducciones en el estudio de la naturaleza chilena durante la travesía del Beagle, que también lo condujo a Perú y varias islas del Pacífico. Siguiendo la estela de Darwin, fueron varios los naturalistas que estudiaron la vida silvestre del país. Cabe citar entre ellos al francés Claudio Gay, autor de una monumental Historia física y política de Chile, publicada en treinta volúmenes entre 1844 y 1871, o al abate Juan Ignacio Molina, autor de una Historia natural de Chile.

También destacaron otras personalidades en ámbitos como la matemática, área en la que Ramón Picarte y Andrés Antonio Gorbea alcanzaron renombre internacional, o la química y la mineralogía, en la que sobresale la figura del polaco afincado en Chile Ignacy Domeyko, uno de los organizadores de la investigación científica en el país, que daría nombre a la zona norte de los Andes chilenos.

La tradición en investigación biológica en Chile ha derivado en época moderna en activos programas de investigación sobre, por ejemplo, aislamiento de priones o clonación de especies autóctonas de la fauna del país en riesgo de extinción, como los cérvidos huemul y pudu.

Literatura

La época colonial dio lugar a importantes escritores que dejaron obras muy valiosas en la literatura española. Puede considerarse que las primeras aportaciones literarias corresponden al propio artífice de la conquista, Pedro de Valdivia, quien en sus Cartas de relación de la conquista de Chile, remitidas al emperador Carlos I, detallaba el proceso de ocupación de Chile. Posteriormente, los poemas épicos alcanzaron su esplendor con Alonso de Ercilla, autor de La araucana, obra épica en la que se describe la guerra entre españoles y araucanos. Otro escritor destacado fue el criollo Francisco Núñez de Pineda, militar que participó en las luchas contra los araucanos, cayó prisionero y durante unos meses permaneció con ellos conociendo sus hábitos y costumbres. Una vez liberado, escribió Cautiverio feliz y una razón de las guerras dilatadas del Reino de Chile, en la que mostró su afinidad por los pueblos indígenas.

Ya en la independencia, surgió una prosa de tendencia histórica y costumbrista, siendo uno de sus primeros representantes José Victorino Lastarria, autor de la novela histórica Don Guillermo. Escritores de corte más costumbrista fueron Vicente Pérez Rosales, Joaquín Díaz Garcés y Daniel Barros Grez. Uno de los principales renovadores de la narrativa chilena del siglo XIX fue Alberto Blest Gana, con obras como Los transplantados y Martín Rivas.

En el campo del ensayo destacan las figuras de Benjamín Vicuña Mackenna y, sobre todo, el humanista Andrés Bello, nacido en Venezuela, pero que desarrolló gran parte de su obra en Chile. Fue escritor, jurista, educador y el primer rector de la Universidad de Chile, fundada en 1842.

A lo largo del siglo XX, el cuento y la novela adquirieron un gran desarrollo. Además, algunos autores introdujeron elementos cosmopolitas y exóticos, como Augusto D'Halmar y Pedro Prado. La novela psicológica fue tratada por Eduardo Barrios y la temática criollista tuvo como representantes a Baldomero Lillo, Federico Gana y Fernando Santiván. También se cuentan entre los más notables escritores de este periodo Joaquín Edwards Bello y Manuel Rojas.

A partir de la década de 1950 comenzaron a publicar sus obras una serie de escritores que otorgarían una dimensión internacional a la prosa chilena. Cabe citar entre ellos a José Donoso, con obras como Coronación, El obsceno pájaro de la noche y Donde van a morir los elefantes, Fernando Alegría (Caballo de copas) y Jorge Edwards (El anfitrión, El sueño de la historia).

La moderna narrativa de Chile cuenta con figuras de gran relieve y notable éxito editorial. A destacar entre ellos Isabel Allende, autora de títulos como La casa de los espíritus, Eva Luna o Inés del alma mía; Antonio Skármeta (Ardiente paciencia y El baile de la victoria); Roberto Bolaño (Los detectives salvajes, 2666), considerado uno de los grandes renovadores de la novelística latinoamericana, fallecido en 2003; Marcela Serrano (Antigua vida mía); o Luis Sepúlveda (Patagonia Exprés).

No obstante, es en el campo de la lírica donde las letras chilenas han alcanzado sus más altas cotas de reconocimiento. Chile, país de poetas según la tradición, contó desde su independencia con líricos como los románticos Guillermo Blest Gana y Eusebio Lillo, y los modernistas, Manuel Magallanes Moura, Carlos Pezoa Véliz y Max Jara.

Sin embargo, los tres grandes nombres de la poesía chilena son Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda. La primera, creadora de una poesía de raíces populares con obras como Tala y Lagar recibióel Premio Nobel de Literatura en 1945; Huidobro (Ecos del alma, Altazor o el viaje en paracaídas), influido por las vanguardias francesas, fue el fundador del movimiento conocido como creacionismo. El tercero es Pablo Neruda, quien desarrolló una vasta obra en la que trató temas amorosos, metafísicos y sociales. Fue también galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1971. Sobresalen en su producción libros como Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Canto General y Los versos del capitán.

Otros poetas chilenos vinculados a distintas corrientes y también reconocidos internacionalmente son Julio Barrenechea y Gonzalo Rojas, Premio Cervantes en 2003, Nicanor Parra, creador de lenguaje poético directo, casi violento, en obras como Poemas y antipoemas, Juan Marín, Enrique Lihn, Armando Uribe Arce, Miguel Arteche y Jorge Teiller.

Artes plásticas

Entre las manifestaciones artísticas de los pueblos precolombinos chilenos destacan las de la cultura atacameña, que se extendía desde el río Loa en el desierto de Atacama y llegaba hasta el río Copiapó. En ella sobresalen las construcciones megalíticas de Calar y las de Socaire y las cerámicas de San Pedro de Atacama. También son notables las cerámicas y trabajos de orfebrería de las culturas diaguita, cuyos centros estaban entre los ríos Copiapó y Choapa, y de El Molle, propia de la costa meridional hasta Valdivia. La influencia inca se aprecia en sitios arqueológicos como el santuario de Licáncabur, donde se han encontrado restos de una población probablemente sagrada. Característicos son los enigmáticos moáis de la isla de Pascua, figuras de colosales cabezas esculpidas en piedra, y las pequeñas esculturas de madera pascuenses.

Los moáis son figuras monumentales, esculpidas en piedra por los antiguos rapa nui, que abundan por toda la isla de Pascua y cuyo significado aún se desconoce. En las imágenes, hileras de moáis en una playa de la isla y vista en primer término de algunas figuras del interior.

Los moáis son figuras monumentales, esculpidas en piedra por los antiguos rapa nui, que abundan por toda la isla de Pascua y cuyo significado aún se desconoce. En las imágenes, hileras de moáis en una playa de la isla y vista en primer término de algunas figuras del interior.

Uno de los mejores ejemplos de construcción colonial lo forma el centro histórico de Santiago, edificado en forma de damero como prescribían las leyes en aquel entonces. De 1561 data la catedral en la plaza de Armas y, de 1572, la iglesia de San Francisco. Del siglo XVII se conservan algunos palacios y casas de campo con dos o tres patios, de los cuales perduran La Fontecilla, en los alrededores de Santiago, y la casa hacienda La Punta, que perteneció a los jesuitas y fue reconstruida en 1660. De la segunda mitad del siglo XVIII se conserva la Casa del Corregidor. En el último tercio del siglo XVIII sobresale la figura del arquitecto italiano Joaquín Toesca, introductor del estilo neoclásico y autor, entre otros proyectos, de la Real Casa de la Moneda, posterior palacio presidencial, de la iglesia de La Merced y del hospital de San Juan de Dios.

Vista parcial del centro histórico de la ciudad de Santiago, que alberga importantes monumentos.

Especial mención merecen las iglesias de la isla de Chiloé, construidas en madera entre mediados del XVIII y principios del XIX. Gran parte de estos templos los construyeron jesuitas llegados al país tras su expulsión de distintos países de Europa.

En el siglo XIX, una vez obtenida la independencia, la influencia del estilo francés se acrecentó gracias a los arquitectos de esa nacionalidad Raymond Monvoisin y Claude-François Brunst de Bains, quienes proyectaron destacados edificios en Santiago e impulsaron la Escuela de Arquitectura.

Las primeras realizaciones modernas coincidieron con la introducción del hormigón armado como material de construcción. En el siglo XX destacaron los proyectos del racionalista Emilio Duhart, autor, junto a Sergio Larraín, del Liceo de la Alianza Francesa, de la Universidad de Concepción y del Ministerio del Trabajo.

De la escultura colonial son notables El señor de Mayo, de la iglesia de San Agustín, obra del padre Figueroa, religioso peruano que vivió en Chile entre 1600 y 1620. Otro escultor de la época fue José Niño y Figueroa, también de origen peruano. A finales del siglo XVIII, el gusto neoclásico se mostró en la figura de Ignacio Andía y Varela. En la escultura chilena moderna cabe citar nombres como los de Lorenzo Domínguez, Víctor Hugo Núñez o Félix Maruenda.

Por cuanto respecta a las manifestaciones pictóricas, entre las de época colonial merecen mención las obras del peruano activo en Chile a principios del siglo XIX José Gil de Castro, conocido como Mulato Gil, considerado como el primer referente de la pintura nacional chilena. A destacar también las estampas del alemán Mauricio Rugendas, que, activo también en la Argentina, plasmó los paisajes y las costumbres del Chile decimonónico.

Otras figuras notables del arte pictórico chileno en la transición al siglo XX fueron Pedro Lira y Juan Francisco González. Ya dentro de las premisas del arte moderno, brilla con luz propia la obra de Roberto Matta, de inspiración surrealista y que ejercería una influencia esencial en la obra de otros pintores chilenos posteriores. Entre los de las últimas generaciones merecen mención, entre otros, Eduardo Martí, Bonatti, Cecilia Vicuña, Carmen Silva, Rodolfo Opazo, Juan Dávila o Ernesto Barreda.

Patrimonio cultural

Las principales instituciones culturales chilenas se concentran en la capital, Santiago. Cabe citar entre ellas el Museo de Historia Nacional, el Museo de Bellas Artes, el de Arte Contemporáneo y el de Ciencias Naturales. La Biblioteca Nacional de Chile es una de las principales de Latinoamérica.

© 2008 DP

Los cascos históricos de ciudades como Santiago y Valparaíso aúnan buena parte del patrimonio monumental chileno. El de esta última es, por otra parte, Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), al igual que las iglesias jesuíticas de la isla de Chiloé y el Parque Nacional de Rapa Nui, en la isla de Pascua.

Se da la singular circunstancia de que ciudades fundadas al inicio de la colonización, como Valdivia, carecen de edificaciones históricas, por haber sido destruidas y reconstruidas en épocas posteriores, como consecuencia de la actividad sísmica.

Artes escénicas y música

Dado el predominio de la poesía en la tradición literaria chilena, las artes escénicas y, concretamente, el teatro han desempeñado un papel secundario en el ámbito de la cultura del país. No obstante, cabe mencionar a algunos dramaturgos decimonónicos, como Juan Egaña y Carlos Bello, y a otros que desarrollaron su producción teatral en el siglo XX, como Armando Moock, Víctor Domingo Silva, Jorge Díaz, Isadora Aguirre, Egon Wolff o Alejandro Sieveking, entre otros.

El folclore chileno es el resultado de una mezcla de tradiciones indias y elementos de la música de origen europeo. Los pueblos indígenas conservan hoy en día sus prácticas musicales. Así, en el norte, pervive una mayor influencia aymará, que se aprecia sobre todo en bailes y danzas religiosas, siendo la ocarina y las flautas transversas de varios tubos algunos de los instrumentos más utilizados. En el sur, el folclore autóctono se centra en la tradición de los mapuche, también con instrumentos autóctonos como el tambor (kultrun) o la calabaza (wada).

Entre las danzas populares criollas destaca la cueca, que puede considerarse como la danza nacional por excelencia. Procedente de Perú, esta danza es un baile en pareja que representa el asedio amoroso de un hombre a una mujer y tiene como principales instrumentos la guitarra, el arpa y el pandero. Además, la influencia española se observa en otras danzas como el contrapunto, el ay, el esquinazo y la tonada.

En el marco de la llamada música culta, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y otros conjuntos de cámara, la Ópera y Ballet Municipales y el Ballet Nacional de la Universidad de Chile se encargan de mantener viva la cultura musical del país.

Las primeras manifestaciones propiamente chilenas de música sinfónica se dieron a principios del siglo XIX con obras de compositores como fue Manuel Robles, autor de un primer himno nacional posteriormente reemplazado por otro, y Federico Guzmán, principal exponente del romanticismo musical de su país.

Las formas musicales occidentales, no exentas de elementos arraigados en la tradición autóctona, fueron desarrolladas en las primeras décadas del siglo XX por figuras como Carlos Lavín, Enrique Soro o Domingo Santa Cruz Wilson, quien divulgó la música clásica europea en el país a través de la Sociedad Bach.

Entre las diferentes corrientes de vanguardia de la música sinfónica chilena cabe citar la obra de Gustavo Becerra, Miguel Lettelier, León Schidlowski, Sergio Ortega y Enrique Rivera, entre otros. A destacar también el prestigio internacional de instrumentistas como Claudio Arrau, una de las figuras legendarias de la interpretación pianística del siglo XX.

La música folclórica y el canto popular chileno experimentaron una proyección internacional con la creación de la llamada Nueva Canción Chilena, movimiento en el que se encuadraron Violeta Parra, autora de canciones tan conocidas como Gracias a la vida o Casamiento de negros, y Víctor Jara -detenido y ejecutado tras el golpe militar-, entre cuya creación se encuentran títulos como Duerme negrito, Viento del pueblo y Te recuerdo Amanda. Dentro de la misma corriente se encuadraron grupos como Los Jaivas, Inti-Illimani, Illapu y Quilapayún. Las modernas tendencias de la música popular chilena se orientaron posteriormente más hacia el pop y el rock, con grupos como Los prisioneros, La ley o Chancho en Piedra.

Cinematografía

La industria cinematográfica chilena experimentó cierto desarrollo hasta que, tras la implantación del sonoro, en la década de 1930 sufrió una profunda crisis ante la generalización de los filmes estadounidenses, que pasaron a dominar el mercado, tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo. Un intento de paliar la situación consistió en la creación en 1938 de la compañía estatal Chile Films cuyo principal objetivo fue fomentar la producción nacional. En la década de 1960 surgió una importante generación de jóvenes realizadores, que darían a conocer el cine chileno en el extranjero. Cabe citar entre ellos a Miguel Littin (El chacal de Nahueltoro, Actas de Marusia); Aldo Francia (Valparaíso, mi amor; Ya no basta con rezar) o Patricio Guzmán (La batalla de Chile).

Tras el golpe militar de 1973, la gran mayoría de los cineastas chilenos pasaron al exilio, donde continuaron su producción, en general sobre temáticas centradas en la represión de las libertades en su país.

La reinstauración de la democracia favoreció la reactivación de la industria cinematográfica nacional. Entre las figuras relevantes del moderno cine chileno cabe citar a Gonzalo Justiniano (Caluga o menta), Cristián Galaz (El chacotero sentimental), Andrés Wood (Historias del fútbol, Machuca) o Matías Bize (Sábado, En la cama).

Deportes y ocio

Como en otros países de Sudamérica, el fútbol es el deporte de mayor arraigo popular en Chile. En 1962 el país organizó la Copa del Mundo, en la que su selección obtuvo el tercer lugar. Igual posición ocupó en 2000 en los Juegos Olímpicos de Sydney, en los que obtuvo la medalla de bronce.

Otra disciplina deportiva de gran auge en las últimas décadas es el tenis, en el que han surgido grandes figuras, como Marcelo Ríos o Nicolás Massú, campeón olímpico en los Juegos de Atenas 2004, tanto en individuales como en dobles, en este caso junto a Fernando González.

La tradición de los rodeos se mantiene viva en Chile, especialmente en las zonas rurales.

En las áreas rurales tiene gran implantación el rodeo, mientras que en las de montaña, ocio y deporte convergen en las estaciones de esquí andinas como las de Farellones y Portillo, cerca de la capital, y la de Chillán, más al sur.

Entre los centros de ocio merecen mención las playas de Viña del Mar, sede además del Festival Internacional de la Canción, uno de los más prestigiosos del ámbito latinoamericano.