Colombia

    El más poblado de los países hispanohablantes de Sudamérica, Colombia es el único del continente cuyo nombre hace referencia al descubridor de América, Cristóbal Colón. El alto grado de mestizaje de su población no la ha alejado, no obstante, del apego a las raíces hispanas, expresadas en el orgullo por la pureza de la expresión en lengua española de los colombianos y en el notable grado de implantación de la religión católica entre sus gentes.

    El país, cuya economía ha estado a lo largo de su historia condicionada por las fluctuaciones de su principal exportación, el café, se ha caracterizado por un devenir lleno de enfrentamientos civiles e inestabilidad política. En época moderna, el narcotráfico y los movimientos insurreccionales guerrilleros de izquierda y derecha vinieron a constituirse en nuevos factores de alteración de la vida política y económica, contra los que los gobiernos de las últimas décadas han luchado denodadamente, en aras de la consecución de las definitivas pacificación y estabilización de la sociedad colombiana.

    Bandera de Colombia.

    Medio físico

    Situada en el ángulo noroccidental de Sudamérica, la República de Colombia limita al este con Venezuela y Brasil; al sur, con Perú y Ecuador; al oeste, con el océano Pacífico; al noroeste, con Panamá; y al norte, con el mar Caribe. Su superficie es de 1.138.910 kilómetros cuadrados, y en ella se integran algunas formaciones insulares, como el archipiélago de San Andrés y Providencia, en aguas del Caribe frente a las costas de Nicaragua, y la isla de Malpelo, en el Pacífico.

    En el territorio colombiano se distinguen dos grandes áreas orográficas. La primera está constituida por la cordillera de los Andes, que ocupa el tercio occidental el país y lo cruza de norte a sur, diferenciándose en tres ramas, las cordilleras Occidental, Central y Oriental. La otra, que ocupa los dos tercios restantes del país, se extiende al este y sudeste de la zona montañosa y comprende a su vez dos grandes regiones, la Orinoquia y la Amazonia. Ambas están conformadas por terrenos llanos en buena parte selváticos que descienden en suave declive, surcados por numerosos cauces fluviales, hacia los dos grandes ríos sudamericanos.

    Los tres brazos en los que se articulan los Andes en tierras colombianas discurren en paralelo desde la frontera con Ecuador hasta las tierras llanas del norte, que se extienden entre sus estribaciones septentrionales y el mar Caribe.

    La cordillera Occidental, la más próxima a la costa del Pacífico, separa las lluviosas regiones costeras y el valle del Cauca. Es de naturaleza no volcánica y también la que presenta menor altitud media de las tres. No obstante, en ella se elevan cotas superiores a los cuatro mil metros como el cerro Tamaná y el páramo Frontino. La más septentrional de sus grandes cimas es el monte Paramillo, también próximo a esa altitud, a partir del cual se ramifican las serranías de Abibe, San Jerónimo y Ayapel, cubiertas de vegetación selvática y que culminan su declive en los llanos del litoral caribeño.

    El Nevado del Cocuy, en la imagen, alcanza 5.493 metros y es la cumbre más alta de la cordillera Oriental.

    Por su parte, la cordillera Central es la de mayor altitud media, que supera los tres mil metros, y conforma una prolongación de la estructura volcánica ecuatoriana. En ella se encuentran los nevados de Huila (5.750 metros), Tolima (5.215 metros) y Ruiz (5.400 metros), el último de los cuales entró en erupción en 1985, fundiendo las nieves que lo cubrían y produciendo una avalancha de fango que destruyó la ciudad de Armero. Fue éste uno de los peores desastres naturales de la historia colombiana y en él se produjeron 25.000 víctimas.

    La cordillera Oriental, que separa el valle del río Magdalena de los llanos que ocupan todo el este colombiano, procede de sudeste a nordeste, ensanchándose de manera progresiva. Aproximadamente en su área central se encuentra la meseta sedimentaria conocida como sabana de Bogotá, donde se sitúa la ciudad del mismo nombre, capital del país. La cordillera procede hacia el norte en dirección a Venezuela, donde encuentra prolongación, y en esa área septentrional se encuentra su mayor cota, el Nevado del Cocuy, de 5.493 metros.

    Singularmente, la mayor elevación del territorio colombiano, el pico Cristóbal Colón, de 5.775 metros, no forma parte de la gran cadena andina, sino que se encuentra en el macizo granítico de la Sierra Nevada de Santa Marta, formación montañosa que se alza en el extremo norte del país, a orillas del Caribe, y que queda aislada de las otras cordilleras por las llanuras litorales atlánticas.

    En la costa caribeña destacan accidentes geográficos como la península de La Guajira, en su extremo oriental y, procediendo en dirección oeste, el cabo de La Vela, la bahía de Cartagena, el golfo de Morrosquillo y, formando el inicio del litoral oriental del istmo centroamericano, el golfo de Urabá, en la parte más interior del más amplio golfo de Darién. La costa del Pacífico se puede dividir en dos sectores: uno va desde Panamá hasta el cabo Corrientes, y en él aparecen amplias bahías y ensenadas en una costa más bien rocosa y acantilada; en el otro, que alcanza hasta la frontera con Ecuador, la costa es baja y cenagosa, cubierta en parte por manglares. Entre los accidentes geográficos más importantes del litoral pacífico se cuentan, de norte a sur, los golfos de Cupica y Tribugá, la bahía Buenaventura y la ensenada de Tumaco, ya muy cerca de la frontera con Ecuador.

    Colombia cuenta con una configuración hidrográfica amplia, constituida por ríos de curso largo y notable caudal, con la excepción de los que vierten sus aguas en el Pacífico, que son cortos y de caudal escaso. Entre estos últimos cabe citar, procediendo desde el norte, el Baudó, el San Juan, el Dagua, el San Juan de Micay y el Patiá.

    La configuración orográfica de las tres cordilleras andinas hace que los cauces más largos y caudalosos fluyan en dirección norte, desembocando en el Caribe, o en dirección este. Entre los de la vertiente caribeña sobresalen el Magdalena, el de curso más largo en territorio colombiano, y su principal afluente, el Cauca, que avena el valle delimitado por las cordilleras Occidental y Central. El Magdalena ha constituido tradicionalmente una de las principales arterias de comunicación del país, aunque los efectos de la deforestación y la erosión han alterado su flujo en algunos de sus tramos, por lo que su importancia a este respecto se ha visto mermada en las últimas décadas. Otros de sus tributarios son el Sogamoso, el César, el San Jorge y el Saldaña. El río Atrato irriga la lluviosa región occidental del Caribe, y es el principal cauce de esta vertiente que no es afluente del Magdalena.

    Por cuanto respecta a los cursos fluviales que fluyen hacia oriente, los más importantes son, de norte a sur, el Arauca, el Meta y el Guaviare, afluentes del Orinoco, que forma durante un tramo frontera entre Colombia y Venezuela, y el Vaupés, el Caquetá y el Putumayo, que discurren, continuando por territorio brasileño, hacia el Amazonas. El Putumayo constituye durante buena parte de su curso la frontera colombiana con Ecuador y Perú.

    El clima predominante en Colombia es el ecuatorial. No hay excesivas diferencias de temperatura a lo largo del año, con un registro medio de 13 ºC, y las precipitaciones medias superan los 2.500 milímetros, repartidas de manera regular, en la gran extensión oriental de la Orinoquia y la Amazonia, en la costa del Pacífico y en las cercanías del istmo panameño. Hay zonas concretas como el Chocó, situado entre el Pacífico y la cordillera Occidental, en las que se registran algunos de los índices de precipitación anual media más altos del mundo. En otras regiones, como el sur del litoral pacífico, la cuenca del Cauca y el curso bajo del Magdalena, las lluvias son también abundantes, aunque hay una estación seca, de uno o más meses de duración. La parte oriental de la costa caribeña tiene un clima más seco y cálido que el resto del país.

    En las regiones montañosas, la temperatura está estrechamente relacionada con la altitud, registrándose diferencias de aproximadamente medio grado centígrado por cada cien metros de aumento de la elevación. Ello determina la tradicional diferenciación de tres pisos térmicos: las tierras calientes, hasta los mil metros, las tierras templadas o tierras del café, hasta los dos mil, y las tierras frías, hasta aproximadamente los tres mil. La población colombiana se concentra en las dos últimas, donde las temperaturas medias oscilan entre los 24 y los 14 ºC. En las mayores cumbres el régimen climático es de nieves y hielos perpetuos.

    Flora y fauna

    Gracias a su diversidad climática, Colombia cuenta con una gran variedad de ecosistemas. En la costa del Pacífico son abundantes las formaciones de manglares mientras que en la zona de La Guajira se da una vegetación de matorral semidesértico. La sabana herbácea y los bosques tropicales de galería son característicos de zonas como las tierras bajas del litoral atlántico y los llanos orientales donde, a medida que se procede hacia la vertiente amazónica, va predominando la vegetación de selva tropical. Entre los árboles característicos de Colombia cabe mencionar el jacarandá, el ébano y el cedro, mientras que entre las plantas arbustivas se dan especies como la quina, la copaiba y el frailejón, este último propio de la vegetación de páramo que cubre los niveles altos de las zonas frías previos a la vegetación de alta montaña.

    Entre los árboles característicos de la flora colombiana se encuentra el vistoso jacarandá (o jacaranda), cuya madera es apreciada en carpintería, aunque frecuentemente se emplea en el embellecimiento de parques y jardines.

    La fauna es también muy variada, como corresponde a la diversidad ecológica. Las regiones selváticas albergan una gran riqueza de especies animales como el tapir, el pecarí (chancho de monte) y el jaguar, y roedores característicos de este hábitat en Sudamérica, como el agutí, la paca o el capibara. También son abundantes los reptiles, como caimanes y cocodrilos o serpientes de diferentes tipos, y la riqueza de la avifauna es ciertamente notable, con especies como tucanes y colibríes. Esta variedad faunística hace que Colombia sea, junto con Brasil, uno de los principales proveedores sudamericanos en el tráfico de especies animales, tanto legal –destinado a los zoológicos de todo el mundo– como ilegal.

    Los pecaríes, como el de la imagen, forman parte de la fauna colombiana. Viven en estado salvaje ya que, debido a su alta agresividad, son difíciles de domesticar.

    Población

    Demografía

    Colombia cuenta con algo más de 46 millones de habitantes. Esta cifra confirma que la población colombiana no ha dejado crecer en los siglos XIX y XX, pese a las constantes guerras civiles y los deficitarios servicios sanitarios de épocas anteriores. La alta tasa de crecimiento poblacional del siglo XIX y buena parte del XX en la actualidad tiende a situarse en niveles más moderados, aunque aún elevados, con un valor del 1,04 %, asimilable a la de otros países del mismo entorno. En general, la población colombiana es joven, pues la edad media se sitúa en torno a los 29,3 años, cerca del 25 % tiene menos de 15 años y sólo un 6,9 % es mayor de 65 años.

    Uno de los retos más importantes que afronta el país y que puede afectar a su estructura demográfica es la emigración, ya que miles de personas, en ocasiones con alto grado de cualificación, abandonan anualmente Colombia. Los principales destinos migratorios son Europa, sobre todo España, y los Estados Unidos, aunque el flujo también se dirige hacia países latinoamericanos como Venezuela, México o Chile.

    La población colombiana presenta un alto grado de concentración en las zonas de montaña y en los valles que forman las tres cordilleras andinas, así como en la región del litoral del Caribe. Baste tener en cuenta que en los departamentos de las tierras llanas orientales y del sur, que constituyen más de la mitad de la extensión del país, apenas vive el 3 % de los colombianos. Igualmente es muy elevada la tasa de aglomeración en centros urbanos, con más de treinta ciudades con poblaciones que superan los cien mil habitantes.

    Entre los principales núcleos de población de la zona andina cabe citar la capital, Bogotá, y otros activos centros fabriles y comerciales como Cali y Pereira, en el valle del Cauca, y Medellín, Ibagué y Manizales, en las zonas templadas de la cordillera Central. En la parte norte de la cordillera Occidental, cerca de la frontera con Venezuela, se encuentran Cúcuta y Bucaramanga. En el litoral caribe destacan Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.

    En Colombia se observa una notable diversidad étnica, fruto del mestizaje entre los primitivos habitantes y los colonizadores españoles. A ello se suma la presencia de importantes contingentes de negros, descendientes de los africanos traídos para trabajar como esclavos en las plantaciones. Durante el siglo XX llegaron a Colombia inmigrantes europeos, libaneses, sirios y chinos. En la actualidad, el grupo más numeroso lo componen los mestizos, que representan el 58 % del total de la población, seguido por los blancos de origen europeo, que alcanzan el 20 %. Los mulatos son el 14 %; los negros, alrededor de un 4 % y la población indígena amerindia apenas llega al 1 %.

    Lengua

    El idioma oficial del país es el español, hablado por casi toda la población. Se tiene especialmente a gala el mantenimiento de la pureza de la lengua española hablada en Colombia. En las zonas selváticas de la Amazonia y la Orinoquia perviven lenguas indígenas como el arawak, el chibcha o el tupí-guaraní.

    Religión

    La religión mayoritaria de la población es la católica, nominalmente profesada por más del 90 % de la población. Además, perviven las creencias tradicionales propias de los pueblos amerindios y, en las últimas décadas, han adquirido cierta implantación las confesiones protestantes. Desde 1991 la Constitución establece el carácter laico del Estado y la libertad de culto.

    Economía y comunicación

    Datos económicos

    Los recursos de Colombia son numerosos y en los últimos años se ha venido experimentando un continuo crecimiento gracias a los esfuerzos del Gobierno para reducir la deuda pública, al control presupuestario y a la progresiva extensión del clima de seguridad y estabilidad en el seno del país. Sin embargo, la economía colombiana sigue dependiendo de las exportaciones de ciertos productos agrícolas, especialmente el café, y de las oscilaciones de las cosechas y los precios internacionales en los mercados de Estados Unidos y Europa.

    El sector primario, supone el 6,4 % del producto interno (interior) bruto (PIB). En general, la producción agrícola es autosuficiente, aunque se importan algunos alimentos como el trigo. La propiedad de la tierra se distribuye irregularmente y coexisten extensas plantaciones con alto grado de mecanización, en propiedad de grandes terratenientes o de compañías multinacionales, con pequeños latifundios que sólo permiten la subsistencia de los campesinos que los cultivan. Gran parte de las explotaciones se concentran en las zonas más fértiles, las laderas andinas, y más específicamente las de tipo volcánico, por lo que buena parte de los suelos del país permanece aún sin ser explotada.

    La variedad climática de Colombia permite una gran diversidad de cultivos. Sin lugar a dudas, el más destacado de ellos es el café, seguido a distancia del banano y el plátano macho, que se cultivan en grandes plantaciones cercanas a la costa del Caribe. Asimismo, se registran buenos rendimientos en los cultivos de caña de azúcar en el valle del Cauca, maíz, arroz, mandioca, papas o patatas, legumbres, tabaco, algodón y cítricos.

    Plantación de café. El cultivo más destacado de Colombia es, sin duda, el de café, del que es el tercer productor mundial y que goza de diversos tipos de denominaciones de origen protegidas y reconocidas.

    Por cuanto respecta a la ganadería, la cría extensiva de ganado bovino está difundida en las regiones orientales de los llanos y en las planicies del litoral atlántico. La cría de aves de corral se ha constituido en las últimas décadas en otro importante elemento de la producción ganadera colombiana.

    La explotación maderera también es importante. Aunque la mitad del territorio aún está cubierto por bosques en zonas con comunicaciones deficientes, el proceso de deforestación de las áreas más accesibles llegó a alcanzar niveles preocupantes, por lo que a partir de las últimas décadas del siglo XX se abordaron programas tanto gubernamentales como privados, fundamentalmente de las compañías papeleras, para llevar a la práctica campañas de repoblación y control de tala.

    La pesca no ha experimentado un gran crecimiento y el nivel de capturas es globalmente bajo; tiene más importancia en la costa del Pacífico, donde Buenaventura y Tumaco son los principales puertos pesqueros.

    El subsuelo colombiano contiene abundantes recursos. Los campos petrolíferos más importantes se hallan en la zona del Caribe y en la cuenca del Magdalena, y se explotan también algunas de las reservas de la Amazonia, aunque en este caso la necesidad de infraestructuras de comunicación y explotación hace que los yacimientos no aporten todo su potencial rendimiento. También son muy importantes las reservas de gas natural y carbón. Otros minerales que se extraen son oro, plata, hierro, plomo, cinc, cobre y platino. Cabe reseñar por otra parte la producción de esmeraldas, gemas de cuya producción Colombia ocupa el primer puesto a nivel mundial.

    La energía eléctrica se obtiene de instalaciones hidroeléctricas construidas en los principales ríos andinos. En las zonas costeras del norte hay centrales termoeléctricas que emplean, sobre todo, carbón y gas natural.

    El sector secundario registra un crecimiento sostenido desde hace décadas, lo que le ha llevado a aglutinar en torno al 36,9 % del PIB. Las bases de la industria tradicional, textil y alimentaria, comenzaron a sentarse en las primeras décadas del siglo XX. La industria pesada, metalúrgica, siderúrgica, petroquímica, cementera y de montaje de vehículos, entre otras, se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XX.

    El sector servicios cubre el 56 % del PIB y ocupa al 62 % de la población activa. En el ámbito financiero, el sistema bancario está regido por un banco central, el Banco de la República, encargado de la emisión de la moneda nacional, el peso colombiano, mientras que la institución encargada de regular el crédito es la Comisión Monetaria.

    El comercio interior se concentra entre Bogotá, Medellín, costa del Caribe y valle del Cauca. Las exportaciones se basan en productos agrícolas, sobre todo, café, y bananas, así como carbón y petróleo, siendo los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador sus principales destinatarios. Las importaciones consisten en equipos industriales y de transporte, bienes de consumo, productos químicos y de la industria papelera y electricidad, procedentes de los Estados Unidos, México, China, Brasil y Venezuela. La balanza comercial ha pasado por ciclos deficitarios alternados con otros de superávit, como el que se registró en los primeros años del siglo XX. El turismo también se ha convertido en una actividad importante para la economía nacional, sustentada en el atractivo de la variedad y exuberancia de los paisajes colombianos, la pervivencia de la tradición colonial y la belleza de sus costas.

    En el ámbito de los transportes presenta especial desarrollo la red viaria, cuyos dos ejes principales comunican los puertos del Caribe con las ciudades del interior. Una sigue la línea de Santa Marta a Bogotá, a lo largo de la cordillera Oriental, y la otra enlaza la costa del Caribe con Medellín y Cali y sigue hacia Popayán y la frontera con Ecuador. Los frecuentes corrimientos de tierras dificultan el mantenimiento de la red de carreteras.

    Otro tanto sucede con las líneas de ferrocarril, que desempeñan un papel comparativamente secundario en el transporte terrestre nacional. Por cuanto se refiere a la navegación marítima, los principales puertos son Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, en el litoral caribe, y Buenaventura y Tumaco, en el litoral atlántico. Por cuanto respecta a la navegación fluvial, el río Magdalena ha constituido históricamente una importante vía de comunicación entre las ciudades de la costa del Caribe y la capital, Bogotá, a la que se accedía después de remontar el río hasta La Dorada. Sin embargo, esta función ha sido modernamente suplida por las carreteras y el transporte aéreo. También el Atrato y el Meta son importantes cauces navegables.

    La vía aérea es una de las más empleadas por la población de Colombia, que registra una de las más altas tasas de ocupación de los vuelos del mundo. En consecuencia, la infraestructura del transporte aéreo se encuentra notablemente desarrollada. El mayor aeropuerto es el de El Dorado, en Bogotá, seguido de los de Medellín, Cali, Cartagena y Barranquilla.

    Comunicación

    Entre los principales diarios colombianos cabe mencionar El Espectador y El Tiempo, de Bogotá; El Heraldo, de Barranquilla; El Colombiano, de Medellín; El Universal, de Cartagena; y El País, de Cali.

    La red de telefonía convencional cuenta con algo más de siete millones de líneas, en tanto que la telefonía celular tiene una singular implantación con un número de terminales de unos 46 millones. El número de usuarios de Internet es de unos 22 millones.

    Administración y política

    División territorial

    Colombia se divide administrativamente en 32 departamentos y un distrito capital, en Bogotá.

    Cada departamento tiene al frente a un gobernador elegido, desde 1992, por voto popular, que ejerce el cargo por un periodo de cuatro años. El gobernador designa un gabinete constituido por secretarios. El poder legislativo recae en una asamblea departamental formada por un número variable de diputados en función de la población del departamento. Por su parte, los municipios cuentan con un alcalde y un concejo municipal salidos de las urnas para un periodo de cuatro años.

    Vista aérea de Bogotá, capital Colombia y también del departamento de Cundinamarca. Es el epicentro cultural, industrial, político y económico del país.

    Forma de gobierno y partidos políticos

    Colombia es una república unitaria y democrática. El presidente desempeña al mismo tiempo el cargo de jefe del Estado y del Gobierno, y es elegido, junto con el vicepresidente, por sufragio universal, directo y secreto. Su mandato se extiende por un periodo de cuatro años y puede ser reelegido para un segundo periodo presidencial desde la modificación introducida a este respecto en la Constitución en 2005. El poder legislativo es bicameral, formado por un Senado, con 102 senadores, y una Cámara de Representantes, con 166 diputados. Los representantes del Congreso son elegidos mediante el voto popular y por un periodo de cuatro años.

    El poder judicial está compuesto por la Corte Suprema de Justicia, que es el máximo tribunal de justicia del país, la Fiscalía General de la Nación, la Corte Constitucional, que se encarga de velar por la integridad y supremacía de la Constitución, el Consejo de Estado y el Consejo Superior de la Judicatura.

    Tradicionalmente, la vida política colombiana ha basculado en torno a la alternancia de los partidos Liberal y Conservador, dentro de los cuales se diferencian numerosas corrientes internas. Otras formaciones políticas son el Partido Social de Unidad Nacional (PSUN), más conocido como partido de la «U», Cambio Radical (CR), la Alianza Social Indígena (ASI) y Convergencia Ciudadana (CC). En las últimas elecciones, celebradas en mayo de 2006, se presentaron dos grandes coaliciones: la izquierdista Polo Democrático Alternativo (PDA) y la conservadora Primero Colombia (CU), encabezada por el presidente Álvaro Uribe.

    Servicios del Estado

    En el campo sanitario, las cifras oficiales muestran que la tasa de mortalidad, especialmente en los casos de madres embarazadas y niños, ha descendido notablemente, aunque hay grandes diferencias entre los índices del campo y los de las ciudades. Asimismo, en determinadas zonas del país siguen persistiendo enfermedades endémicas, como el paludismo y la anquilostomiasis. También continúan dándose casos de malnutrición y de las enfermedades derivadas de ellos.

    Por su parte, la educación primaria es gratuita y obligatoria y alcanza una cobertura nacional del 85 %, aunque en las zonas rurales se calcula que una tercera parte de los niños no mantiene una escolarización regular. Entre los principales centros de educación superior se cuentan la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y la Universidad Pedagógica Nacional, todas ellas en Bogotá, y otras de ciudades como Medellín, Barranquilla o Cartagena.

    Historia

    Desde los orígenes hasta la época colonial

    Calle colonial dentro del recinto amurallado de Cartagena de Indias, con la catedral al fondo. La ciudad fue fundada por Pedro de Heredia en el siglo XVI y el conjunto histórico está considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    El territorio de la actual Colombia estuvo habitado por diferentes culturas amerindias. A antiguas civilizaciones desaparecidas mucho antes de la llegada de los europeos, como la de San Agustín, hay que añadir las de otros pueblos, como los catios o los panches, asentados a lo largo del curso del río Magdalena, y los guajiros y araucos, que habitaban los llanos orientales. A todos estos pueblos, los españoles los llamaron genéricamente caribes. Dentro de las tribus del grupo quechua, procedentes del sur, destacaron los quimbayás, que alcanzaron una notable pericia en la elaboración de metales y, en especial, en la metalurgia del oro.

    Los pueblos chibchas, que habitaban las zonas altas de la cordillera Oriental, poseyeron una organización social más compleja y avanzada que los otros pueblos mencionados. No alcanzaron una entidad unitaria, pero poseían muchos rasgos culturales comunes. Su centro más importante se encontraba en Bacatá, cerca de la actual Bogotá.

    El dominio español

    La primera presencia española en tierras colombianas se remonta a 1499, cuando Alonso de Ojeda, compañero de Colón en su segundo viaje, dobló el cabo de La Vela, en la península de La Guajira. Entre 1500 y 1501, Rodrigo de Bastidas recorrió la costa caribeña descubriendo la desembocadura de los ríos Magdalena y Hacha, la bahía de Cartagena y el golfo de Darién, mientras que la costa colombiana del Pacífico fue explorada por Francisco Pizarro en 1525.

    La conquista propiamente dicha se inició ese mismo año cuando Bastidas fundó la ciudad de Santa Marta. Desde ella se organizaron numerosas expediciones tierra adentro, en torno a los cauces de los ríos Cauca y Magdalena. La presencia española en la zona caribeña se consolidó con la llegada del primer gobernador de la región, bautizada entonces como Nueva Andalucía, Pedro de Heredia, quien fundó Cartagena de Indias en 1533.

    En 1536 partió desde Santa Marta una importante expedición que marchó hacia el interior de regiones hasta entonces desconocidas. Las tropas españolas, al mando de Gonzalo Jiménez de Quesada, alcanzaron las tierras altas andinas y las llanuras fértiles y de clima apacible en las que florecía la civilización chibcha. Las tropas españolas atacaron a los chibchas y saquearon sus tesoros y sus templos. En las cercanías de su principal asentamiento, Bacatá, Jiménez de Quesada fundó en 1538 Santa Fe de Bogotá. Paralelamente a esta expedición habían salido otras dos que convergieron en la sabana de Bogotá. Una era la de Sebastián de Belalcázar quien partió de Quito y marchó hacia el norte, fundando durante su trayecto las ciudades de Cali y Popayán en 1536. La otra fue la de Nicolás de Federmann quien, desde Venezuela, recorrió la cordillera Oriental. En años posteriores se erigieron otras ciudades como Antioquia, fundada en 1541 por Jorge Robledo. Tras su exploración y conquista, estas tierras recibieron el nombre de Nueva Granada, que ya le había sido dado por la expedición de Jiménez de Quesada a la sabana de Bogotá.

    Poco a poco, la colonia se fue organizando. Así, en 1550 se estableció la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, dependiente del Virreinato de Perú. Muy pronto llegaron misioneros franciscanos y dominicos y, poco después, jesuitas. Las ciudades de Santa Marta y Cartagena se convirtieron en sedes episcopales, mientras que Bogotá fue designada en 1573 centro principal de la provincia eclesiástica de Nueva Granada y sede arzobispal. Las órdenes religiosas construyeron numerosos centros educativos, sobre todo en Bogotá.

    El asentamiento de españoles, la instauración de la encomienda, es decir, la asignación de indios para el libre aprovechamiento de su fuerza de trabajo, y la transmisión de enfermedades como la viruela, provocaron una disminución considerable de la población indígena, y la lengua chibcha desapareció en muchas zonas en el siglo XVII. Al mismo tiempo, el mestizaje se extendió con rapidez y a ello se unió el arribo de esclavos africanos de raza negra, que llegarían a constituir un significativo grupo étnico de la población colombiana con posterioridad.

    El advenimiento de la dinastía de Borbón a España en 1700 determinó notables cambios políticos, económicos y administrativos en las colonias americanas. En 1717 se creó el Virreinato de Nueva Granada con jurisdicción sobre las actuales Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador y cuya capital estaba en Bogotá. Aunque se suprimió en 1723, se reinstauraría en 1740. El reinado de Carlos III de España (1759-1788) trajo nuevas reformas que supusieron un notable progreso para Nueva Granada. La población aumentó, al igual que el comercio interno, y se estrecharon las relaciones con la metrópoli. Se introdujeron nuevas industrias, como la textil en las ciudades de Socorro, Boyacá y Pasto. Los virreyes fomentaron el movimiento cultural en la capital del virreinato. Así nacieron los primeros periódicos y teatros y se formó una corriente intelectual ilustrada que adoptó ideas cada vez más liberales. Por otra parte, los hijos de familias españolas nacidos ya en las colonias, los criollos, adquirieron un creciente protagonismo social y pasaron a controlar los resortes políticos y administrativos del virreinato, lo que a la postre habría de resultar concluyente en la gestación de los movimientos independentistas.

    El periodo revolucionario y la independencia

    Las últimas décadas del siglo XVIII fueron testigo de los incipientes signos de movimiento revolucionario. Un primer antecedente tuvo lugar entre 1780 y 1781, con la revuelta de los comuneros en la ciudad de Socorro. Más adelante, proliferaron las actividades conspirativas y pronunciamientos intelectuales, como los de Pedro Fermín Vargas, en 1791, y Antonio Nariño, en 1794. Nariño, considerado uno de los inspiradores del proceso de independencia, fue detenido y condenado a prisión ese año por distribuir clandestinamente ejemplares de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano.

    La invasión francesa de la península Ibérica aceleró el proceso independentista. Aunque en un primer momento el virrey, Antonio Amar y Borbón, consiguió el reconocimiento de Fernando VII como rey por parte los criollos, pronto estallaron insurrecciones en varias ciudades. Finalmente, en Bogotá se creó la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada, que desposeyó al virrey de su cargo el 20 de julio de 1810. Posteriormente, en julio de 1813 se declaró oficialmente la completa independencia de lo que en ese momento se llamó la Federación de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Sin embargo, muy pronto comenzaron las divisiones entre patriotas y las discordias entre territorios. Por un lado, muchas ciudades, como Cartagena o Antioquia, vieron con desagrado la preeminencia de Bogotá. Por otro, se acrecentaron las tensiones entre los defensores del federalismo, la burguesía de las provincias, y los del centralismo, criollos y clases altas de la capital.

    En medio de esta división política, las tropas españolas reaccionaron. En 1815, el general Pablo Morillo partió desde Venezuela, se apoderó de Cartagena y de allí marchó a Bogotá, que fue ocupada en mayo de 1816. Inmediatamente se restauró el virreinato y acabó la aventura de los patriotas colombianos que habían sido independientes por espacio de cinco años, de 1810 a 1815, lustro al que se conoce popularmente como la patria boba.

    Las autoridades españolas impusieron una radical represión que acabó con la muerte de varios caudillos independentistas. Ello provocó una airada reacción por parte de los criollos y su unión contra los españoles. Aprovechando esa contingencia, Simón Bolívar, que se encontraba a la sazón en Haití, desembarcó en Venezuela en 1817 para liberar la región del Orinoco. El 7 de agosto de 1819 se enfrentó en la batalla de Boyacá a las tropas españolas a las que derrotó, lo que permitió su entrada en Bogotá unos días después.

    En diciembre se proclamó la República de la Gran Colombia, cuya extensión abarcaba las actuales Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador. Bolívar fue designado presidente y su lugarteniente, Francisco de Paula Santander, vicepresidente. Además, la naciente república aprobó en el Congreso de Cúcuta de 1821 una Constitución de corte unitario, que habría de provocar importantes divergencias políticas en el país. Tras expulsar definitivamente a los españoles de América, las ideas centralistas de Bolívar chocaron con las concepciones más liberales y federalistas de Santander, lo que llevó al primero a proclamarse dictador en 1828, en un intento por evitar la desintegración de la Gran Colombia. No obstante, pronto se sucedieron las revueltas y las luchas entre partidarios y detractores de Bolívar. A ello se sumó la desmembración del territorio, con la independencia de Venezuela en 1829 y la de Ecuador en 1830. Ante esta situación, Bolívar renunció a la jefatura del Gobierno y murió poco después.

    De la República de Nueva Granada a los Estados Unidos de Colombia

    En 1831 se reunió en Bogotá una nueva convención que proclamó el nacimiento de la República de Nueva Granada, marcada por la lucha civil y la división entre el partido Conservador y el Liberal, dueños de la escena política durante más de un siglo. Un año más tarde se aprobó una nueva Constitución y ocupó la presidencia Francisco de Paula Santander, quien se mantuvo en el cargo hasta 1837. Le sucedió José Ignacio Márquez y bajo su mandato estallaron sublevaciones y rebeliones entre los conservadores, centralistas, y los liberales, federalistas. En el marco de esta controversia entre ambos, que habría de mantenerse con continuos episodios de violencia durante décadas, ocuparon el poder sucesivamente los generales conservadores Pedro Alcántara Herrán, quien en 1843 promulgó una nueva Constitución que permitía un gobierno prácticamente autocrático, y Tomás Cipriano de Mosquera. Éste gobernó entre 1845 y 1849 e impulsó obras públicas como la construcción de las primeras líneas de ferrocarril, así como las infraestructuras necesarias para la navegación fluvial en el Magdalena.

    En las elecciones de 1849 triunfó el liberal José Hilario López, quien, en 1851, decretó la abolición de la esclavitud y de la tenencia comunal de tierras. Esta medida, destinada a favorecer la propiedad privada de las fincas por parte de los indígenas, revertiría no obstante en una pérdida de esas tierras, ya que, no habituados a este régimen de posesión, los indios fueron progresivamente privados de sus terrenos por parte de los grandes terratenientes.

    En los comicios de 1853 resultó ganador el también liberal José María Obando, durante cuyo mandato se implantó el sufragio universal masculino. Entretanto, la situación política se hizo cada vez más inestable, con diversos alzamientos militares en distintas provincias. En las votaciones de 1857 salió elegido Mariano Ospina Rodríguez, quien sancionó una nueva Carta Magna en 1858, lo que dio paso a la creación de la Confederación Granadina y el establecimiento de un régimen federal. El estallido de la guerra entre liberales y conservadores en 1860 le permitió al general Mosquera volver a la presidencia.

    En 1863 la confederación tomó el nombre de Estados Unidos de Colombia, entidad política que se mantendría vigente durante algo más de dos décadas y que se caracterizaría por la continua sucesión en el poder de presidentes, algunos con mandatos muy breves, con las guerras civiles (1877-1878, 1885-1886) como telón de fondo. Entre los primeros mandatarios de esta etapa cabe destacar a Manuel Morillo Toro y Rafael Núñez. El primero introdujo el telégrafo, la iluminación pública de gas, alivió la deuda externa y fomentó las obras públicas. El segundo animó la expansión de las líneas de ferrocarril y la navegación fluvial e introdujo el servicio de cable submarino.

    La República de Colombia

    Tras la guerra civil concluida en 1886, Rafael Núñez sancionó una nueva Constitución que dio paso a la República de Colombia. A su muerte, se recrudeció la discordia civil entre 1894-1895. Tras un breve paréntesis, el conflicto estalló en 1900 y se prolongó hasta 1904 en la llamada guerra de los Mil Días, que dejó el país arruinado y con un elevadísimo número de muertos. Aprovechando la situación de debilidad interna, Panamá se desmembró del territorio colombiano y declaró su independencia en 1903. El principal valedor de esta decisión fue el Gobierno de los Estados Unidos, que ya tenía prevista la construcción y el control del futuro canal de Panamá, que comunicaría el Pacífico con el Atlántico y que se construyó entre 1904 y 1914, fecha en la cual Colombia reconoció finalmente la independencia panameña.

    Entre 1904 y 1909 ocupó el poder el general Rafael Reyes, quien gobernó de forma autocrática, pero durante cuyo mandato se inició una progresiva recuperación económica basada en el incremento del comercio exterior, sobre todo de productos agrícolas como el café -Colombia pasó de producir el 3 % del total mundial de este cultivo en 1900 a cubrir el 18 % a finales de la década de 1920-. El crecimiento también se fundamentó en el avance de la industrialización nacional y en un estrecho control de la política monetaria, para lo que se creó el Banco Central. En la década de 1910 se establecieron, además, algunas reformas políticas que conllevaron el descenso de la hostilidad entre conservadores y liberales. Este periodo de bonanza concluyó con la crisis mundial de 1929, que tendría repercusiones de extraordinario alcance en Colombia, dada la dependencia de su economía de productos como el café o el banano, cuyos precios se hundieron en los mercados internacionales.

    En tan grave escenario y tras más de tres décadas de gobierno conservador, en 1930 se produjo el acceso al poder de los liberales, de la mano de Enrique Olaya (1930-1934) y Alfonso López (1934-1938). Bajo estos dos mandatos se realizaron importantes mejoras sociales en beneficio de los trabajadores y campesinos. Además, se extendió la educación primaria, haciéndose obligatoria y gratuita, se construyeron carreteras y ferrocarriles y se estimuló la creación de industrias. Sin embargo, también se favoreció una importante concentración de las empresas extranjeras, sobre todo estadounidenses, en sectores como el petrolero, lo que revirtió en una reducción de los ingresos por exportación.

    La división entre los liberales permitió el triunfo conservador en las elecciones de 1946 al ganar Mariano Ospina Pérez (1946-1950). Comenzó entonces una etapa de grandes tensiones sociales y enfrentamientos que culminaron con el asesinato en Bogotá del jefe del ala izquierda del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. El episodio desató movilizaciones en todo el país, en especial en la capital, por lo que la insurrección pasaría a ser conocida como «el bogotazo», y fue duramente reprimido. En 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla protagonizó un golpe militar que le aupó al poder. Aunque contó al principio con el apoyo de sectores conservadores, los dos partidos mayoritarios acabaron por enfrentarse a su régimen, que fue debilitándose.

    El Frente Nacional

    Tanto el partido Conservador como el Liberal estaban dispuestos a acabar con Rojas Pinilla y para ello ambas formaciones firmaron en 1957 la declaración de Sitges por la que instituyeron el Frente Nacional (FN). Sus promotores fueron el liberal Alberto Lleras Camargo y el conservador Laureano Gómez y en ella se acordaba la alternancia de ambas formaciones en la presidencia, con una distribución equitativa de las carteras ministeriales para ambas formaciones. Este singular sistema de gobierno se mantendría durante cuatro cuatrienios presidenciales, hasta 1974.

    Con el triunfo electoral del FN en 1957, tras la caída de Rojas Pinilla tomó el poder el liberal Lleras Camargo, siendo sucedido por el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), el liberal Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y el conservador Misael Pastrana (1970-1974). El sistema de alternancia llegó a su agotamiento durante el mandato de este último, en el que las crisis económica y social propiciaron que se decretara en varias ocasiones el estado de sitio.

    Guerrilla, paramilitares e inseguridad

    A mediados del siglo XX comenzaron las primeras acciones de tipo guerrillero en el país, aunque el movimiento no cobró importancia hasta 1959. A partir de ese año, el influjo de la revolución cubana sirvió de estímulo para la creación de guerrillas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL). Inmediatamente aumentó la inseguridad rural, a la par que crecía la violencia en las grandes ciudades. Además, como reacción a las fuerzas guerrilleras de extrema izquierda hicieron su aparición grupos paramilitares en las áreas rurales, a la vez que comenzaba a aumentar el poder de los carteles de la droga. Así, durante varios lustros, Colombia vivió sumida en un clima de violencia, con secuestros, atentados, ataques terroristas y duros enfrentamientos entre las guerrillas y el Ejército, situación que generó un fuerte movimiento migratorio.

    Bajo este desalentador panorama, liberales y conservadores se presentaron por separado en las elecciones de 1974, resultando ganador el liberal Alfonso López Michelsen, sucedido en 1978 por su correligionario Julio César Turbay Ayala. En esos años, la actividad guerrillera se recrudeció con la aparición del Movimiento 19 de Abril (M-19), que en 1980 protagonizó el asalto a la Embajada de la República Dominicana en Bogotá. En 1982 accedió a la presidencia el conservador Belisario Betancourt, quien potenció una comisión nacional de paz y aprobó una ley de amnistía que permitió alcanzar una tregua con algunos grupos guerrilleros. Sin embargo, las negociaciones se rompieron y el M-19 aprovechó el momento para protagonizar el asalto al Palacio de Justicia de Bogotá, que se saldó con la muerte de casi todos los guerrilleros así como de decenas de civiles.

    En 1986, el poder volvió a manos del liberalismo con la elección de Virgilio Barco. Bajo su mandato se retomaron los contactos con las guerrillas que fructificaron en la desmovilización de gran parte del EPL y del M-19 y su integración en la vida política, con la denominación Alianza Democrática M-19. En 1990 el también liberal César Gaviria Trujillo ganó los comicios. Una de las primeras medidas que tomó su Gobierno fue la promulgación de una nueva Constitución. Además, Gaviria tuvo que hacer frente al recrudecimiento de las acciones terroristas provocadas por las organizaciones de narcotraficantes, cuyo principal exponente fue el jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Tras entregarse, este poderoso líder de la delincuencia organizada se fugó de la prisión en la que estaba recluido y, tras meses de búsqueda, fue muerto en diciembre de 1993. En 1994 triunfó de nuevo el liberalismo y accedió al poder Ernesto Samper, durante cuyo mandato se produjeron escándalos relacionados con la creciente penetración de los carteles del narcotráfico en la sociedad colombiana.

    El fin de siglo y el nuevo milenio

    Los comicios de 1998 devolvieron el poder a los conservadores, tras el triunfo de Andrés Pastrana, quien se mantendría en el poder hasta 2002. Sus esfuerzos se encaminaron a conseguir la pacificación del país y por ello reinició las conversaciones con los grupos guerrilleros. Uno de los momentos de esta fase de negociación tuvo lugar en 1999, cuando se reunió con el líder de las FARC, Manuel Marulanda, más conocido como Tirofijo. En el año 2000 se diseñó el Plan Colombia, un programa de financiación internacional destinado a fomentar la pacificación, desarrollar la economía y luchar contra el narcotráfico.

    En 2002, el candidato del Movimiento Primero Colombia, Álvaro Uribe, se alzó con la victoria en la primera ronda. A nivel interno, el primer mandatario estableció una serie de condiciones para negociar con las guerrillas y las fuerzas paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), lo que se tradujo en la desmovilización parcial de estas últimas. En 2003 convocó un referéndum para que la población votara acerca de varias medidas de carácter fiscal y reforma política que fueron rechazadas. Un año más tarde impulsó una reforma constitucional que postulaba la posibilidad de reelección inmediata del presidente y que fue aprobada en 2005.

    En los comicios de 2006, el presidente Uribe salió reelecto con una holgada mayoría de más del 60 % de los sufragios, lo que fue interpretado como un refrendo popular a su política en relación con la represión de la violencia y la lucha contra el narcotráfico y a su programa económico. La política impulsada por el mandatario siguió una línea continuista con la de su presidencia anterior. A lo largo de 2007, el Gobierno colombiano intensificó las iniciativas de mediación con los grupos guerrilleros para la liberación de los rehenes que éstos mantenían secuestrados. Para ello contó con la participación activa del presidente venezolano, Hugo Chávez, en un periodo en el que se suavizaron las tensiones en las relaciones entre ambos países. En este contexto se produjo la liberación en enero de 2008 de Clara Rojas y Consuelo González, que tuvo un alto valor político.

    La presión del Ejército colombiano sobre los grupos guerrilleros vivió un episodio importante en marzo de 2008, cuando una fuerza fronteriza de Colombia penetró en suelo ecuatoriano para perseguir y abatir mortalmente al dirigente de las FARC, Raúl Reyes. Esta acción provocó una agudización de las tensiones entre Colombia, por un lado, y Ecuador y su aliado Venezuela, por el otro. Las autoridades venezolanas llegaron a ordenar el despliegue preventivo de su Ejército en la frontera común.

    En julio de 2008, un contingente militar colombiano logró la liberación de Ingrid Betancourt, destacada dirigente política y ex candidata a la presidencia de la nación que había sido secuestrada por las FARC seis años antes. Otros catorce rehenes fueron liberados en la acción militar, que fue recibida con satisfacción en todo el país y en el resto del mundo. Betancourt, que tenía la doble nacionalidad colombiana y francesa, había sido centro de una campaña muy activa a escala internacional para alcanzar su libertad. La liberación de rehenes prosiguió en los meses siguientes, y en marzo de 2009 el presidente Uribe ofreció a los rebeldes de las FARC la oportunidad de abrir conversaciones para resolver el conflicto si declaraban un cese de las hostilidades. Las FARC respondieron con la creación de un acuerdo de no agresión con el grupo guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN), con el propósito de concentrar sus esfuerzos en hostigar a las fuerzas gubernamentales.

    En política exterior, Colombia mantuvo una estrecha relación comercial y de apoyo militar con los Estados Unidos que suscitó las protestas y la enemistad del Gobierno venezolano presidido por Chávez. En noviembre de 2009, el máximo mandatario de Venezuela pronunció un discurso en el que preparaba a su Ejército para un posible enfrentamiento militar contra Colombia.

    Primer mandato de Juan Manuel Santos

    Concluido el exitoso mandato constitucional del presidente Álvaro Uribe, el candidato oficialista y ex ministro de Defensa del Gobierno de Uribe, Juan Manuel Santos, asumió la conducción de Colombia. Su mandato presidencial se extendería desde el año 2010 al 2014.

    Antes de la asunción oficial como presidente de Colombia, Santos viajó a la zona indígena de Sierra Nevada de Santa Marta con el fin de dar a su posesión del cargo una visión simbólica ante los mamos de las comunidades indígenas de los koqui (símbolo de buen gobierno), los arhuacos (símbolo de la fertilidad de la tierra), los wiwas (símbolo del agua y aire) y los kankuamos (símbolo de los alimentos).

    En sus primeros pasos en la jefatura del Estado, Santos puso en práctica una forma de gobierno que marcaba algunas diferencias con su antecesor Uribe. En primera instancia, buscó un acercamiento con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuya relación de manifiesta enemistad con Uribe había llegado a amenazar con una guerra no declarada entre Colombia y Venezuela. Una de las primeras medidas de Santos en el ejercicio de su cargo fue restablecer las relaciones bilaterales entre ambos países.

    Por otra parte, el presidente colombiano mantuvo la decisión de combatir la lucha armada en el país, contra las distintas facciones guerrilleras de Colombia, a la vez que buscaba vías de invitación al diálogo que pudieran cerrar un largo periodo de luchas violentas en territorio colombiano. Por una parte, varios notorios dirigentes de las FARC, como Víctor Suárez, conocido como Mono Jojoy, y Guillermo León Sáenz Vargas, llamado Alfonso Cano, resultaron muertos en incursiones del Ejército colombiano. Por otra, en noviembre de 2012 se abrieron en La Habana (Cuba) negociaciones entre el Gobierno colombiano y representantes de las FARC, que declararon un alto el fuego unilateral de dos meses.

    Otra de las prioridades del Gobierno colombiano se centró en mantener la línea económica vigente en el país, en la trayectoria exitosa marcada por el mandato del ex presidente Uribe. Con una cifra del crecimiento anual del PIB del 4 % en 2012, comparable a la de periodos inmediatos anteriores, la economía colombiana gozaba de reconocido dinamismo y pujanza. No obstante, algunos factores, como la excesiva dependencia de las exportaciones petrolíferas y el insuficiente desarrollo de las infraestructuras, revelaban algunos signos de vulnerabilidad. La tasa de desempleo, cifrada en el 10,3 % en 2012, era asimismo una de las más elevadas de la región sudamericana. Estos elementos impulsaron al Gobierno del presidente Santos a reforzar los lazos comerciales con otros países y a fomentar las inversiones internas, principalmente en las infraestructuras de comunicaciones. La formación de la Alianza del Pacífico, junto con Chile, México y el Perú, y un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos se enmarcaron dentro del esfuerzo del Ejecutivo de Colombia por fortalecer la proyección comercial y económica del país de cara al futuro.

    En el curso del mandato de Santos se recrudeció el conflicto fronterizo que enfrentaba a Colombia con Nicaragua. El estado nicaragüense había presentado en 2001 ante el Tribunal Internacional de La Haya una demanda para reclamar su soberanía sobre varios archipiélagos y para redefinir la delimitación marítima entre los dos países en el mar Caribe occidental. La sentencia del tribunal sobre el contencioso se hizo pública en noviembre de 2012 y establecía el dominio de Colombia sobre las islas de San Andrés y Providencia, además de varios cayos. Sin embargo, el país colombiano perdería, en virtud del fallo, cerca del 43 % de su espacio de soberanía en el Caribe. Insatisfecho con la sentencia, el Gobierno colombiano denunció ante la Organización de Estados Americanos (OEA) el llamado Pacto de Bogotá, en virtud del cual Colombia había reconocido el acatamiento obligatorio a los dictámenes del Tribunal de La Haya.

    Entre tanto, el Ejecutivo de Santos promovió la intensificación de las conversaciones con las FARC y otras organizaciones guerrilleras para la búsqueda de un marco de acuerdo que permitiera poner término a este largo proceso de enfrentamiento civil. En septiembre de 2012, el mandatario admitió públicamente las negociaciones, que tuvieron lugar inicialmente en Cuba. El avance de estos contactos suscitó algunas críticas en sectores políticos próximos al anterior presidente Uribe, aunque reforzó la imagen pública de Santos y favoreció sus aspiraciones de renovar su mandato al frente de la jefatura del Estado. Así, en las elecciones presidenciales celebradas en junio de 2014, Juan Manuel Santos fue elegido por segunda vez presidente de la nación con el 51 % de los votos, con una corta ventaja sobre su rival, Óscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático. La victoria de Santos estuvo precedida por el triunfo de la coalición que él encabezaba en los comicios legislativos de marzo de ese año, aun a expensas de la pérdida de la mayoría parlamentaria en el Senado.

    Segundo mandato de Juan Manuel Santos

    En el curso de su segundo mandato presidencial, Santos mantuvo las rondas de negociaciones de pacificación con las FARC. Después de que esta organización anunciara, en diciembre de 2014, un alto al fuego unilateral, el presidente mostró su disposición a responder positivamente a esta iniciativa con el cese temporal de las hostilidades. No obstante, en abril de 2015 grupos de las FARC lanzaron un ataque en la región de Cauca en el que perdieron la vida once militares colombianos. El fin del alto al fuego fue respondido por las fuerzas del orden colombianas con ataques aéreos contra las posiciones de los guerrilleros. Aun así, las conversaciones entre las partes prosiguieron, y desde sectores gubernamentales se expresó cierto optimismo acerca de un posible fin cercano del conflicto.

    La emergencia sanitaria suscitada por la extensión de la epidemia del virus zika en el continente americano tuvo en Colombia uno de sus centros de mayor relevancia. La expansión del virus en la región había sido calificada de “explosiva” por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de manera que, sólo en Colombia, en los inicios de 2016 se había detectado la infección en más de veinte mil personas. De ellas, unas dos mil eran mujeres embarazadas, considerado un grupo de alto riesgo por la posibilidad de que el virus causara malformaciones graves en el feto. Las autoridades sanitarias colombianas iniciaron una intensa campaña de información y lucha contra la epidemia.

    En el terreno económico, en 2015 Colombia persistía como uno de los estados con mayor desempleo de la región latinoamericana, con un 9,4 % de la población activa. El acelerado descenso de los precios del petróleo en los mercados internacionales tuvo un reflejo negativo en los balances comerciales del país y motivó el diseño de una reforma fiscal dirigida a compensar estas pérdidas de ingresos.

    Las conversaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y los representantes de las FARC entraron en una fase decisiva a lo largo de 2016. Con la mediación del Ejecutivo de Cuba y de destacados dirigentes de la región latinoamericana y otras partes del mundo, la negociación llevó en agosto de 2016 a la firma en La Habana de un documento consensuado donde se contemplaban las condiciones del fin del conflicto y de la reintegración de los guerrilleros en la vida civil y pública del país. Este acuerdo, rubricado formalmente por las partes a finales de septiembre de ese año en territorio colombiano, debería ser ratificado mediante un plebiscito por la población.

    Sin embargo, el referéndum celebrado el 2 de octubre arrojó un resultado inesperado que socavó la figura del presidente Santos. Con una baja participación, inferior al 40 % del electorado, los votantes se inclinaron, por una muy exigua mayoría (50,2 % frente al 49,8 %), hacia el rechazo del acuerdo. El ex mandatario Álvaro Uribe había encabezado la repulsa al resultado de las negociaciones, al argüir que no debía facilitarse el acceso al escenario político colombiano de los guerrilleros de las FARC. Entre tanto, los representantes del Gobierno y de la guerrilla hicieron un llamamiento a la tranquilidad y abogaron por mantener activo el plan de pacificación.

    La determinación del Gobierno colombiano y los dirigentes de las FARC de poner fin al conflicto y el decidido apoyo de la comunidad internacional reimpulsaron el proceso de negociación. Especialmente significativa fue la concesión del Premio Nobel de la Paz de 2016 a Juan Manuel Santos. Como fruto de las conversaciones, los representantes de las dos partes rubricaron un nuevo acuerdo modificado, que fue refrendado formalmente a finales de noviembre por el Senado y la Cámara de Representantes de Colombia.

    En esta misma senda, el Gobierno colombiano buscó un acuerdo semejante con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), último grupo guerrillero de cierta envergadura activo en el territorio y que contaba en sus filas con unos dos mil combatientes. En los inicios de septiembre de 2017, los representantes gubernamentales acordaron con los principales dirigentes del grupo guerrillero, con Pablo Beltrán a la cabeza, un cese el fuego bilateral de 102 días que entraría en vigor en octubre. El acuerdo se rubricó unos días antes de que el papa Francisco realizara una visita oficial a Colombia en la que viajaría a las principales ciudades del país y expresaría su apoyo a la normalización de su vida política. La Iglesia católica, junto con las Naciones Unidas, se había significado como una de las entidades valedoras de las iniciativas de apaciguamiento en territorio colombiano. En diciembre Gustavo Bell, que fuera vicepresidente de la nación durante el Gobierno de Andrés Pastrana, se puso al frente de las negociaciones con el ELN para profundizar en el proceso de pacificación.

    Por otra parte, el balance a finales de 2017, transcurrido un año desde el acuerdo de paz con las FARC, reveló en líneas generales un cumplimiento de lo pactado. Los guerrilleros completaron su desarme y desmovilización en el plazo comprometido, lo que tuvo como consecuencia una notable reducción en los índices de violencia asociados. No obstante, los observadores políticos señalaron la persistencia de varios problemas en el proceso de integración en la vida pública de las FARC. La inseguridad física de sus miembros y la indefinición jurídica de su situación se unieron a las dificultades a que se enfrentaban los antiguos guerrilleros para acceder a medios de vida pacíficos, en particular el acceso a las tierras y la propiedad. Asimismo, el paquete de medidas legislativas anunciadas para favorecer la distensión y mejorar los procesos integradores acumulaba un notable retraso.

    Una de las consecuencias percibidas tras el término del conflicto armado con las FARC y el alto al fuego temporal suscrito por el ELN fue una reducción en el número global de homicidios cometidos en el país. Sin embargo, esta evolución positiva, explicada en parte por el descenso del número de armas en circulación, no evitó que la inseguridad ciudadana persistiera como uno de los problemas más acuciantes para la sociedad de Colombia. La muerte a lo largo de 2017 de alrededor de un centenar de líderes sociales, denunciado en una declaración oficial por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se destacó como uno de los hechos elocuentes en este ámbito.

    En el terreno político, las FARC se constituyeron en agosto de 2017 en un partido político legal, con las mismas siglas y el nombre de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. A principios de noviembre, la formación eligió como su candidato a las elecciones presidenciales convocadas para mayo del año siguiente a Rodrigo Londoño, alias Timochenko, quien fuera principal dirigente del grupo guerrillero y su representante en las conversaciones de paz. De esta forma, las FARC quisieron poner de manifiesto su fidelidad al legado revolucionario que habían defendido en el pasado al nombrar a una figura que, aunque muy apoyada entre los antiguos combatientes, era centro de controversias y suscitaba la división en el conjunto de la población de Colombia.

    A finales de diciembre, el cambio de rumbo en la política colombiana con respecto al conflicto civil que asoló el territorio en las décadas anteriores vivió otro episodio singular cuando Everth Veloza, también conocido como HH, fue entregado a las autoridades de Colombia por orden de un tribunal de los Estados Unidos tras cumplir condena en este país. Veloza había sido uno de los jefes más significados de las fuerzas paramilitares conocidas como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que combatieron por medios ilegales a las guerrillas izquierdistas de las FARC y el ELN, entre otras, y terminaron por establecer confusas relaciones con el narcotráfico. La noticia se conoció en las mismas fechas en que se esperaba la extradición a los Estados Unidos, por sus lazos con el tráfico de estupefacientes, de otro de los principales dirigentes de aquellas fuerzas paramilitares disueltas en la década de 2000: Daniel Rendón Herrera, conocido como “Don Mario”.

    El desarrollo político en Colombia durante 2018 estuvo marcado por la perspectiva de la celebración de elecciones presidenciales en los meses de mayo y junio. En la primera ronda electoral ninguno de los candidatos alcanzó el 50 % de los sufragios, por lo cual fue necesario concurrir en una segunda vuelta. Los políticos más votados fueron Iván Duque, representante del Centro Democrático y Gran Alianza por Colombia, con el 39,34 % de los sufragios emitidos, y Gustavo Petro, de Colombia Humana, que reunió el 25,08 % de los apoyos. Iván Duque contaba con el apoyo expreso de los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, mientras que Petro era considerado el candidato de las formaciones izquierdistas. En la convocatoria definitiva celebrada el 17 de junio, Duque volvió a destacarse por delante de su rival y recabó el respaldo del 53,98 % de los electores. De este modo se ganó el derecho a ser investido como nuevo presidente de Colombia. Por su parte, la antigua ministra de comercio exterior durante el Gobierno de Pastrana, Marta Lucía Ramírez Blanco, se convertiría en la nueva vicepresidenta de la nación.

    A lo largo de 2019, el proceso de pacificación en Colombia siguió su curso, con algunas iniciativas contrarias. Entre ellas destacó la declaración, en agosto, del antiguo comandante rebelde de las FARC Iván Márquez, quien hizo un llamamiento a sus partidarios para que volvieran a tomar las armas. En sentido totalmente opuesto, el que fuera máximo dirigente de la formación rebelde, Rodrigo Londoño, Timochenko, expresó su apoyo repetidamente a dicho proceso y, como gesto significativo, en el mes de diciembre protagonizó una charla pública amistosa y relajada con el ex presidente Santos.

    En el mes de noviembre de 2019 se convocaron en varias ciudades colombianas movilizaciones sociales que tuvieron un seguimiento multitudinario. La desconfianza de los manifestantes en la acción política del presidente Duque actuaron como catalizador de las protestas, que reclamaban medidas contra la corrupción, la defensa de los pueblos indígenas y el encauzamiento del proceso armado residual con los rebeldes de las FARC que no habían depuesto las armas. Como sustrato de las manifestaciones se situaba el descontento popular con la desigualdad económica y social existente en Colombia y el sentimiento de que en las instancias políticas se habían instaurado prácticas corruptas que afectaban negativamente al desarrollo del país.

    Sociedad y cultura

    Ciencia y tecnología

    Destaca el trabajo del botánico español José Celestino Mutis, quien en el siglo XVIII señaló con su Flora de Bogotá o de Nueva Granada el punto de partida de los estudios botánicos en Latinoamérica. También pioneras fueron las investigaciones del geógrafo y naturalista Francisco José de Caldas, autor de Estado de la geografía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá, y jefe del cuerpo de ingenieros del ejército independentista.

    Modernamente es reseñable la labor investigadora de Manuel Elkin Patarroyo, creador en 1986 de la primera vacuna contra el paludismo.

    Literatura

    Las manifestaciones literarias de Nueva Granada fueron de menor entidad que las de los virreinatos de Nueva España o Perú. A raíz de la independencia, experimentó notable auge la poesía romántica, con autores como Gregorio Gutiérrez González y José Joaquín Ortiz. Con Epifanio Mejía dio comienzo una poesía más realista, mientras que el primer literato de raza negra destacado en Colombia, Candelario Obeso, sentó las bases de la poesía social. El movimiento modernista tuvo como exponentes destacados a Antonio Gómez Restrepo y José Asunción Silva, autor de Nocturnos y Crepúsculos y creador de un estilo que ejercería notable influencia en las premisas modernistas, en las que se inspirarían también autores como Guillermo Valencia y Julio Flórez.

    Las corrientes innovadoras de la lírica entraron en Colombia a través del grupo conocido como Los Nuevos, fundado por el poeta León de Greiff. En estas corrientes cabe incluir la producción de autores como Rafael Maya, Luis Vidales o Porfirio Barba Jacob.

    En el campo de la prosa, la literatura decimonónica siguió una línea de índole costumbrista dentro de la cual sobresale la novela María, de Jorge Isaacs, una de las referencias esenciales del Romanticismo latinoamericano. Ya en el siglo XX se desarrollaron diversas corrientes renovadoras. En este contexto cabe situar la obra de autores como José Eustasio Rivera (La vorágine), y las de otros, integrados en movimientos como «Piedra y cielo» y el llamado nadaísmo. Entre ellos destacan nombres como los de Eduardo Carranza, Germán Arciniegas, también notable ensayista, Jorge Rojas, Gonzalo Arango o Jotamario Arbeláez.

    La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la difusión a nivel mundial de las obras de la llamada generación del Boom, en la que se encuadró inicialmente la figura predominante de las letras colombianas, Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982. Sus obras (Cien años de soledad, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera) son unánimemente reconocidas como uno de los puntos de referencia esenciales de la moderna literatura en lengua española. Otros autores destacados de esta corriente fueron Álvaro Mutis, Eduardo Caballero Calderón o Manuel Mejía Vallejo.

    Entre las figuras relevantes de las modernas letras colombianas cabe citar a figuras como Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios), Fanny Buitrago, Rafael Humberto Moreno-Durán, Germán Castro Caycedo, Germán Espinosa, Juan Franco Ramos, Jorge Franco, Juan Gustavo Cobo Borda, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Enrique Serrano, Ricardo Silva Romero o Juan Gabriel Vásquez.

    Artes plásticas

    Colombia posee un rico y variado patrimonio cultural desde tiempos prehistóricos. Las excavaciones arqueológicas han dejado al descubierto la enorme perfección técnica en el trabajo con metales y los grandes avances de las civilizaciones precolombinas en la fabricación de cerámicas.

    Los restos más antiguos encontrados son útiles de piedra pertenecientes al Paleolítico, en los yacimientos de El Abra y en Tequendama, en el altiplano de Bogotá, mientras que en el de Puerto Hormiga se han localizado primitivas cerámicas. La cultura de San Agustín, asentada en torno al curso bajo del Magdalena, dejó túmulos funerarios y esculturas en piedra. En los valles del los ríos Nariño y Cauca sobresalieron las culturas quimbayá y calima, caracterizadas por su dominio de la orfebrería y su conocimiento de la filigrana. Pero fueron los pueblos chibchas quienes contaron con una mejor organización social y cultural. Su manifestación artística más destacada también fue la orfebrería, en la que emplearon la llamada tumbaga, una aleación de oro y cobre que solía contener plata. Por su parte, de las culturas taironas, asentadas en la Sierra Nevada de Santa Marta, se conocen numerosos restos de ciudades, una de las más conocidas es Buritaca (Ciudad Perdida), en las que se desarrollaron notables obras de ingeniería.

    Ciudad Perdida, Sierra Nevada de Santa Marta (departamento de Magdalena). El lugar, administrado como Parque Arqueológico Nacional por el Instituto Colombiano de Antropología, reúne un complejo entramado de caminos y construcciones de los antiguos indígenas de la zona.

    Durante la época colonial se levantaron numerosos edificios, que perduran en la actualidad, en las principales ciudades del país como Cartagena, Bogotá, Tunja y Popayán. Por lo general, los edificios coloniales eran austeros y sólidos en el exterior mientras que en el interior la profusión ornamental era muy rica. Así, una de las características más destacables de ese periodo fue el desarrollo y perfección que adquirió el artesonado mudéjar, presente en varios monumentos de la capital, como las iglesias de San Francisco y la Concepción.

    De los primeros tiempos de la conquista española cabe destacar los claustros de los conventos de Santa Clara y Santo Domingo de Bogotá, Santo Domingo y San Agustín, de Tunja, y San Francisco, de Cartagena. Durante el siglo XVII se construyeron algunas de las iglesias más hermosas de Colombia, como la de la Compañía de Jesús, la de San Agustín y del Sagrario en Bogotá. El arte barroco, aunque no destacó sobremanera, tuvo sus mejores manifestaciones en la ciudad de Popayán, con exponentes como la catedral de San Francisco.

    La moderna arquitectura colombiana experimentó cierto auge a partir de mediados del siglo XX, con el impulso de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Bogotá. En este contexto cabe citar los nombres de Rogelio Salmona, autor del Archivo General de la Nación en la capital, Eugenia Cardozo, responsable del proyecto del auditorio León de Greiff, también bogotano, y otros como Guillermo Bermúdez o Germán Samper.

    La escultura tuvo un lugar destacado en el virreinato de Nueva Granada. Gran parte de las obras producidas siguieron modelos hispanos, especialmente de la escuela sevillana, como la Virgen del campo, esculpida en piedra. Uno de los mejores ejemplos conservados es el retablo mayor de San Francisco, en Bogotá, esculpido en la primera mitad del siglo XVII. La escultura moderna también contó con exponentes de relieve como Edgar Negret y Juan Carlos Rojas, que se constituyeron en principales exponentes de las líneas escultóricas de vanguardia.

    En el siglo XVII desarrollaron su obra en el Virreinato de Nueva Granada pintores como Francisco del Pozo y Alonso de Narváez, aunque el artista más importante del periodo colonial fue Gregorio Vázquez de Arce y Cevallos, una de las grandes figuras de la pintura barroca latinoamericana, que realizó una abundante producción de temática religiosa y especialmente mariana. En las últimas décadas del virreinato y desde la independencia predominaron las tendencias pictóricas academicistas.

    A finales de siglo XIX se introdujo el impresionismo de la mano de Andrés Santa María. A partir de 1920 surgieron nuevas tendencias. Una, de orientación nacionalista contó con figuras como Antonio Jaramillo y Marco Ospina. La otra se adhirió a las nuevas corrientes vanguardistas y en ella sobresalieron Eduardo Ramírez Villamizar y Alejandro Obregón, quienes introdujeron la abstracción en la pintura colombiana. A partir de la década de 1960 desarrollaron su labor pintores que alcanzarían notable difusión en los círculos artísticos internacionales, como Enrique Grau y, sobre todo, Fernando Botero, autor de pinturas y esculturas «infladas» y distorsionadas y creador de un personalísimo estilo expresivo. Otros nombres relevantes son los de Pedro Nel Gómez, Mario Lozano, Manuel Hernández o Gustavo Zalamea.

    Estatua ecuestre (Hombre a caballo) realizada por el escultor colombiano de renombre universal Fernando Botero.

    Patrimonio cultural

    La tradición precolombina y la historia de Colombia hallan notable expresión en diversas instituciones culturales de la capital, como el Museo del Oro, el Museo de Arte Colonial y el Museo Nacional. También tienen notable importancia para la vida cultural de Colombia la Biblioteca Nacional y la del Banco de la República, así como la casa de Don Juan, en Tunja, o el Museo Zea, en Medellín.

    Entre los lugares de Colombia que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) pueden citarse el puerto, las fortalezas y el casco histórico de Cartagena, el centro histórico de Santa Cruz de Mompox y varios parques arqueológicos de culturas precolombinas como el de San Agustín o el de Tierradentro.

    Vista parcial del amurallamiento que envuelve el casco histórico de la ciudad de Cartagena.

    Artes escénicas y música

    La tradición teatral colombiana tiene como referente las creaciones de autores que desarrollaron su producción entre los siglos XIX y XX, como Santiago Pérez y José Caicedo Rojas, creadores de dramas históricos enraizados en el academicismo de su época, y Adolfo León Gómez o Federico Rivas Frade, más orientados en la línea costumbrista y popular.

    Entre los espacios escénicos destacados cabe citar el Teatro Colón de Bogotá, uno de los de mayor raigambre de Sudamérica, y el Auditorio León de Greiff, de la Universidad Nacional de Colombia, ambos en Bogotá.

    La cultura indígena, la española y la africana han dejado sus huellas en la música colombiana, que cuenta con diversos y variados ritmos. Entre otras muchas danzas populares se puede destacar la cumbia, el bambuco, el pasillo, el fandanguillo y el vallenato. Este último, también conocido como música de acordeón y originario de la costa caribeña, es muy popular en todo el país y tuvo a una de sus grandes figuras en Emiliano Zuleta. Posteriormente, el vallenato alcanzó difusión internacional de la mano de Carlos Vives, quien incorporó fusionarlo con el pop y rock. En este último ámbito cabe reseñar también a los cantantes Shakira y Juanes, ganadores de numerosos galardones internacionales.

    Dentro de la llamada música culta son destacables las figuras de compositores como Juan de Herrera y Chumacero, de inspiración barroca, los decimonónicos Enrique Price, fundador de la Sociedad Filarmónica de Bogotá, y José María Ponce de León y, ya en el siglo XX, Guillermo Uribe Holguín, gran figura del nacionalismo romántico colombiano, Jesús Bermúdez Silva, Antonio María Valencia y Carlos Posada Amador.

    Cinematografía

    El primer intento de crear una industria cinematográfica en Colombia se produjo en 1913 con la fundación de la Sociedad Industrial Cinematográfica Latino Americana (SICLA). A pesar de tan pronta iniciativa, el cine colombiano contó con escasas producciones de difusión internacional a lo largo de buena parte del siglo XX. En 1978 se intentó dar un nuevo impulso al cine nacional con la creación de la Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine), que prestó apoyo estatal a la producción de largometrajes. Sin embargo, la iniciativa se vería truncada en 1993. A mediados de la década de 1980 se estrenó una de las películas colombianas más reconocidas a nivel internacional, La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera, que supuso el inicio de un nuevo auge del séptimo arte del país. Otros cineastas destacados de las últimas décadas fueron Lisandro Duque (Visa USA), Ciro Durán (La nave de los sueños), Luis Ospina (Pura sangre), Víctor Gaviria (La vendedora de rosas), Emilio Maille (Rosario Tijeras) o Felipe Aljure (El colombian dream). La creciente proyección del cine colombiano en el exterior dio lugar también a coproducciones de notable éxito, como La virgen de los sicarios, dirigida por el francés Barbet Schroeder.

    Deportes y ocio

    El deporte más popular en Colombia es el fútbol; la selección nacional cuenta con participaciones en diversos campeonatos mundiales y alcanzó en 2001 la victoria en la Copa América. También el béisbol, con grandes figuras de las Ligas Mayores estadounidenses, como Edgar Rentería, y el básquetbol gozan de creciente aceptación. Otra especialidad en la que sobresalen los colombianos a nivel internacional es el ciclismo. Entre los ciclistas colombianos de mayor prestigio cabe mencionar a Lucho Herrera, vencedor de una de las grandes pruebas por etapas del calendario internacional, la Vuelta a España, en 1987, y Santiago Botero, campeón del mundo contrarreloj en 2002.

    Imagen del ciclista colombiano Santiago Botero, campeón del mundo contrarreloj en 2002.

    También las tradiciones y fiestas populares, como el celebrado carnaval de Barranquilla, cuentan con gran arraigo, al igual que las corridas de toros, como sucede en otros países latinoamericanos. Entre los matadores de toros colombianos destaca una de las grandes figuras americanas de la tauromaquia, César Rincón.

    La tauromaquia es una tradición de fuerte arraigo en Colombia, de donde han surgido toreros tan afamados como César Rincón. En la imagen, plaza de toros de la ciudad de Bogotá.