Elemento climático

    Los climogramas son gráficos que permiten plasmar de forma visual las características del clima en un cierto lugar a lo largo del año.

    Los elementos climáticos sirven como unidades principales para definir el clima y sus variables y determinan su influencia en otros componentes del medio natural. Entre estos elementos, los más relevantes son la temperatura y las precipitaciones. Cuando los elementos del clima tienen tendencias hacia situaciones complicadas para los seres vivos en su conjunto, por fenómenos extremos de aridez o de enfriamiento que puedan producir la desertización, se habla de degradación climática, ya se produzca de forma natural o provocada.

    La temperatura es un factor muy característico del clima que varía de forma irregular. Así, tiende a disminuir desde el ecuador hacia los polos porque los rayos que emite el Sol, subperpendiculares en el ecuador, se van inclinando progresivamente y acaban siendo subparalelos a la altura de los polos.

    En la alteración de la temperatura influyen básicamente tres factores: nubosidad, plano de la eclíptica y sucesión de día y noche. La nubosidad depende de las estaciones atmosféricas. Los niveles máximos en los que varía la temperatura entre el día y la noche se producen en las zonas sin nubes, como los desiertos árticos o los desiertos tropicales.

    Por su parte, la inclinación del plano de la eclíptica sobre el del ecuador es otro elemento que influye en la temperatura. El máximo flujo térmico que llega a la superficie terrestre se encuentra entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio.

    Finalmente, la duración del día y la noche influye también en las modificaciones de la temperatura. Por ejemplo, en el ecuador el día dura prácticamente lo mismo que la noche durante todo el año, pero en los polos las diferencias crecen: durante la mitad del año es de día y en la otra mitad es de noche. Si se avanza desde el ecuador hacia los polos, la diferencia de temperatura entre estaciones se va acentuando.

    A su vez, las lluvias que caen en cada región componen otro elemento climático muy característico. La pluviosidad depende de las circulaciones atmosféricas, como la denominada "zonal", que establece la disimetría entre zonas climáticas; la "meridiana", que reparte por último los climas y las zonas lluviosas según la latitud geográfica, y térmica, que ocasiona que los vientos se inviertan en la periferia continental.

    Según las precipitaciones de cada zona se puede establecer una clasificación elemental de los tipos de climas. Se habla así de clima árido si las lluvias son escasas, entre 0 y 25 cm3; semiárido, con un régimen de pluviosidad leve, entre 25 y 50 cm3; subhúmedo, con lluvias más abundantes, entre 50 y 100 cm3; húmedo, de precipitaciones bastante elevadas, con valores entre 100 y 200 cm3, y muy húmedo, con un régimen de pluviosidad muy alto, superiores a 200 cm3.

    No obstante, la anterior clasificación no tiene en cuenta un fenómeno tan determinante como la evaporación, que depende de la temperatura e influye en la cantidad de agua que se queda en el suelo. Es un aspecto notorio, que hace que una misma cantidad de precipitaciones genere desiertos en las regiones cálidas o climas húmedos en las frías, donde no exista tanta evaporación.